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Consigna de Evaluación

1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.

2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.

3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.

4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.

5. Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre).

1 - Partiendo del análisis llevado a cabo por Alejandro Ariel acerca del film “El color de la noche”, puede comprenderse que la responsabilidad subjetiva recae sobre el personaje del Dr. Capa (Bruce Willis), el analista que se convierte en testigo del suicidio de su paciente. Según suceden los hechos, su paciente, una mujer adulta, se encuentra en un estado desesperante. Ocurre en la primera escena del film mientras ella se encuentra frente a un espejo intentando maquillarse. Ariel en el texto “En rojo: la responsabilidad por la transferencia”, lo describe de modo magnífico, poniendo en palabras el dramatismo de una escena marcada por lo inefable. Ya desde el título queda plasmado de manera explícita quién es el portador de la responsabilidad. Sin embargo, lleva a cabo un desarrollo que intenta poner en algún orden los elementos que componen la escena, no con el fin de realizar una denuncia, sino con el propósito de interpretar que fue lo que allí aconteció. La mujer se maquilla, desliza su rouge sobre su boca y sobre lo erógeno el rojo dibuja un exceso, un goce que se repite abriendo progresivamente una hiancia enorme que ya no volverá a cerrarse sino con lo inexorable: la muerte. Primero una búsqueda desesperada de aquello que Ariel describe como una máscara que la mujer no llega a encontrar. Nada del orden de lo imaginario pude cubrir el agujero que se ha abierto, ese vacío queda al descubierto. Un primer intento provisorio por cerrarlo se produce cuando la paciente de Cappa lleva un arma a su boca. Cuando parece que va a llegar el fin, ese exceso de goce encuentra una vía que le sirve como canalización temporaria: una fellatio. Ya en sesión, se produce el desenlace que el autor del texto describe de manera precisa y acertada indicando cuál es el escenario donde se desarrolla el conflicto: la transferencia. Por ser justamente en la transferencia la responsabilidad subjetiva pesa sobre el analista y es a partir de allí que Ariel elabora su hipótesis. De modo simplificado, puede decirse que para el autor del texto, el Dr. Capa no percibe lo evidente, la paciente en transferencia convoca a un lugar, exige un depositario para sus tormentos. Sin embargo, donde debiera haber uno hay dos. El Dr. Capa esta presente en imagen y voz, sosteniendo su orgullo y haciendo una defensa de su persona frente a los ataques verbales de su paciente cargados con una fuerte tonalidad sexual. Su lugar es de omnipotencia. Se ríe, ironiza y no interpreta. Primer indicador. ¿Qué sucede con Capa a nivel contratransferencial? ¿Por qué se cansa de interpretar? ¿Qué sucede con el analista a nivel inconsciente allí donde la responsabilidad debería convocarlo desde lo conciente? La paciente agota sus recursos imaginarios para mostrarle su fallo. Lo increpa diciéndole que es igual a su ex marido, lo llama daltónico y le dice que para él todo es blanco o negro. Y en el fin de su existencia, agotada de dar pistas, ante la indicación del analista para que vea en el espejo quien era su perseguidor, ella le responde que lo ve, que ve su reflejo sobre sus hombros. Capa está presente y es la sombra gigante que se cierne sobre los hombros de la paciente y la empuja al vacío. Está acertado en cuanto a que hay un persecución, ella tiene a su perseguidora en el espejo. Pero él también, tiene su espejo desde donde pareciera que observa a su paciente. Sin embargo en ese espejo está también su perseguidor bajo la forma omnipotente del narcisismo. Capa, se está mirando a él mismo idealizado. Repite viejas interpretaciones, no practica la abstinencia. Todas las manifestaciones de su paciente giran en torno a la muerte y la sexualidad, pero el psicólogo queda fijado en su “falicidad”. En palabras de Ariel, él vuelve a cerrar lo que la cura había abierto, esa es la intervención que adquiere responsabilidad respecto de que ella se quede sin mas futuro que caerse, tirarse del mundo. De este modo, la hipótesis de Ariel está delineada sobre la transferencia y señala que el analista ha caído de su lugar y su paciente ha caído sobre el pavimento. Como respuesta, el Dr. Capa replica con una conversión histérica. Deja de percibir el color rojo. Con el síntoma responde ante la situación traumática reprimiendo el recuerdo penoso. Desde el punto de vista freudiano a través del estudio de las perturbaciones psicógenas de la visión, se obtiene la información de que el ojo en tanto órgano que posee características de excitabilidad e inervación puede verse perturbado en su función una vez que este pasa al servicio del yo. Su erogeneidad puede ser reprimida tanto parcial como totalmente. Y este es el caso de Capa y implícito en la hipótesis de Ariel, constituyendo otro de sus indicadores.

2 - El circuito de responsabilidad para este caso podría delinearse del siguiente modo: el tiempo 1 de la acción corresponde a la indicación del psicólogo que precipita el pasaje al acto llevado a cabo en el consultorio y que trae como consecuencia el suicidio de la paciente atormentada. Es el tiempo de la omnipotencia. Los reproches de su paciente provocan una resistencia donde el analista se ve conmovido en algo del orden sexual. Abandona la transferencia y aparece la imaginería narcisística. Ante este hecho, se produce un tiempo 2, es decir, el tiempo de la interpelación sobre la responsabilidad. El Dr. Capa se ve interpelado en su subjetividad que se manifiesta como perplejidad. Devela que contratransferencialemente hay algo mas, un exceso que el protagonista desconoce y que puede plantearse en términos sexuales. Ante esta situación pueden hipotetizarse varias respuestas. La primera de ellas, es la que establece Ariel a través de su hipótesis clínica expresada en términos de conversión histérica. La culpabilidad que pesa sobre la responsabilidad subjetiva del personaje principal del film, hace que éste responda con un síntoma. Ahondando en lo preestablecido de esta hipótesis, puede agregarse que el síntoma constituye una respuesta frente a la presentificación de la pulsión de muerte. Esta se desmezcla y se hace perceptible como goce que fluye sobre el pavimento, cuya representación visual es el rojo, ahora devenido un gris denso, cromado sin brillo (fálico) que anuncia la presencia de lo real que no se deja simbolizar. La denuncia de la paciente acerca del daltonismo de su analista cobra valor profético. Durante el film, el Dr. Capa lo expresa relatando a su supervisor la escena, donde le explica que la percepción del rojo era equivalente a una vibración de color transmitida desde el infierno. A partir de ese momento, el analista se ve perseguido por sus propios tormentos, por situaciones amenazantes representadas bajo la coloración de un rojo que él no percibe (la sangre, el automóvil que lo acecha) Otra respuesta posible, que se mantiene en el orden de la culpa es la del abandono de la profesión, la impotencia. Después de lo acontecido Capa se siente incapaz de continuar con su profesión. Realiza un viaje en busca de refugio en lo de un colega amigo que termina asesinado en circunstancias poco claras. Las sospechas acerca de la muerte del colega están vinculadas al grupo terapéutico sobre el que se encontraba trabajando. A pedido de ellos Capa se pone al frente del grupo, luego de confesar su fracaso, su dolor y su falta de confianza. A partir de este momento comienza a configurarse la posibilidad de un tercer tiempo vinculado a un cambio de posición. El psicólogo inicia el cambio sostenido e impulsado por el deseo. En primera instancia por el deseo sexual debido a una reciente vinculación amorosa. En segundo lugar, por el deseo de descubrir al asesino. Y en tercer lugar, porque la conjugación de ambos renueva su deseo profesional. El contexto en el que se desarrolla la acción puede definirse en términos de muerte y sexualidad. Ambos factores configuran el paisaje de lo que acontece. Sin embargo, nuevamente el psicólogo se encuentra en situación de perseguido. Su vida corre riesgo y es víctima de un engaño que devela la trama oculta. Rose, la amante de Capa, tiene una doble vida en el grupo bajo el disfraz de su hermano muerto Richie, y simultáneamente resulta ser el vinculo sexual de todo el grupo. Es la amante de todos, su denominador común. Y su hermano mayor el asesino oculto. El analista queda envuelto nuevamente en la escena que revive sus temores: muerte, sexo y un fantasma que lo atormenta, ahora bajo el nombre Richie. Y en esta instancia se configura el tiempo 3. Esta vez el analista no hace resistencia y vehiculizado por la pulsión sexual produce el cambio. Tras el engaño, el Dr. Capa podría haber apelado nuevamente a su omnipotencia, a su orgullo herido. Sin embargo, su narcisismo queda a un lado y privilegia al paciente. A tientas va intuyendo los indicadores en un rojo que no ve. Pero hay algo que si percibe. La circularidad de la historia lo enfrenta nuevamente a un exceso de goce, el goce a través de la sangre que brota del cuerpo de Rose que tras matar a su hermano busca las alturas par terminar con su vida. La pulsión de muerte se hace presente nuevamente pero la pulsión sexual la contrarresta. El goce propio del analista comienza a circular, se le hace interpretable. Capa se anticipa, le salva la vida y el síntoma cede.
3 - Desde el desarrollo llevado a cabo pueden identificarse diferentes elementos correspondientes a las categorías de azar y necesidad. Tomando el concepto de necesidad como aquello que se presenta como inexorable puede situarse a la muerte. La muerte está presente con un determinismo signado por la fatalidad. La paciente del Dr. Capa iba a morir. Coqueteaba con la muerte, practicaba juegos sexuales con su arma y la llevaba consigo en su cartera. Parecía que la decisión estaba tomada. En el film el analista relata que sus colegas buscaban exculparlo apelando al determinismo presente en su paciente. Sin embargo, el Dr. Capa no encuentra consuelo en esas opiniones. Su responsabilidad subjetiva surge donde confluyen azar y necesidad a través de la culpa. Podría decirse que el azar quiso que sus palabras fueran el disparador. Algo del orden del azar en las palabras conmovió la estructura de la paciente y produjo el pasaje al acto. La asociación espejo – ventana pudo ser decisiva en lo azaroso. Incluso que la ventana se rompiera. La intención del analista era otra, que haya existido un exceso en la paciente no lo libera de la responsabilidad. El analista se sabe responsable de que haya ocurrido allí, frente a sus narices. No se refugia en la ignorancia sobre las consecuencias de sus palabras. Como sujeto del inconsciente nada hay de azaroso en el orden simbólico constituido a través de las palabras. Quizás fuera posible que los insultos de la paciente tocaran algo del orden sexual en el Dr. Capa y lo llevaran a desearle en secreto la muerte. De ahí que de la culpa surja el síntoma frente a lo real de la muerte simbolizado mediante la sangre. Quizás eso lo llevara a la verdad, al reconocimiento propio como sujeto deseante. Con el síntoma a cuestas elige visitar a su colega amigo, hecho que lo lleva a estar en contacto con el grupo terapéutico del que posteriormente se hace cargo y coordina. Secundariamente, este es otro elemento que puede identificarse también del lado del azar. También allí es responsable y es esta responsabilidad la que lo libera de la culpa a partir de un cambio de posición.
4 – Las figuras de la culpa pueden consignarse en relación a la hipótesis clínica desarrollada a partir de los intentos de respuesta que da el Dr. Capa. En primera instancia puede mencionarse el síntoma. Constituye una respuesta fallida ya que queda dentro del circuito de la culpa ahí donde el sujeto es interpelado. El síntoma viene a ocultar la señal de alerta simbolizada en el rojo de la sangre por la falla en la transferencia. Permite una escansión en el vínculo asociativo entre muerte y sexualidad. La vergüenza profesional y el autorreproche expresados frente a su supervisor también se encuentran del lado del yo, es decir, dentro del orden de lo conciente, en el orden de aquello que borra la responsabilidad. La confesión realizada desde el dolor y la impotencia a los miembros del grupo terapéutico constituye otra figura de la culpa. Por último, puede mencionarse en este mismo circuito el deseo de abandonar su profesión, el hecho de sentirse incapaz a raíz de lo vivenciado. Todas estas figuras producen un borramiento en la responsabilidad subjetiva. Constituyen remiendos concientes que sirven a formaciones de compromiso resultantes del proceso represivo y que obturan la respuesta, representan castigos superyoicos que ofrecen al sujeto padecimientos a cambio de no enfrentar el punto de inconsistencia que lleva a asumir la responsabilidad sobre los hechos. En ese sentido, constituyen respuestas que apuntan al sujeto de derecho. Si bien en el transcurso del film no se hace mención a la responsabilidad jurídica, puede vislumbrarse como el propio personaje establece su juicio profesional y su sentencia. Él mismo se condena a abandonar la profesión porque sabe que es responsable por la muerte de su paciente.
5 – De igual modo que en “El Muro” el personaje principal se ve afectado por una situación inesperada. Existe una acción con un fin determinado a la que sobreviene un exceso, algo fuera del orden de lo previsto. El vehículo es exactamente el mismo: la ironía. Tanto el Dr. Capa como Ibbieta apelan a la ironía como recurso donde pareciera que el fin es alimentar algo del orden personal. Ibbieta, en una situación en la que no tiene nada que perder utiliza la ironía para engañar a los falangistas. El Dr. Capa utiliza la ironía con el fin de demostrarle a su paciente que ella es su propio enemigo. Sin embargo en ambos, pareciera que el fin último está relacionado con engrandecer al yo, con celebrar el ingenio propio (¿la omnipotencia quizás?). Pero en ambos casos el fin llega mas allá de lo esperado y se toma la palabra en su dimensión literal que delata que algo del orden inconsciente les ha jugado una mala pasada a los personajes colocándolos de cara a un punto de inconsistencia que reclama una toma de posición a nivel subjetivo. Ibbieta señala “en el cementerio” y entrega a su compañero. El Dr. Capa señala el espejo – ventana y precipita el pasaje al acto. Ambos responden con la culpa. Sin embargo, en el nivel de la responsabilidad subjetiva, existe la posibilidad de pensar las situaciones desde otro punto de vista. Ibbieta inconscientemente pudo haber delatado a Gris al verse invadido por la angustia frente a la muerte inminente. El Dr. Capa ante los constantes agravios de su paciente cargados con una fuerte connotación sexual, pudo haber experimentado algo del orden de la angustia a nivel sexual que lo llevo a desistir de la transferencia y a hacerle frente a su paciente en una confrontación agresiva a nivel imaginario. Ambas respuestas interpelan al sujeto en su responsabilidad subjetiva y frente a ambas se movilizan situaciones vinculadas con la culpabilidad y la perplejidad, y en cada una se obtienen diferentes modos de responder a esa interpelación. Curioso es que los desenlaces son similares. En ambos, la última imagen que se obtiene es la del personaje principal envuelto en su propia contradicción, expresada en la combinación de la risa desesperada y el llanto, como una instantánea que perpetua la confrontación entre el esfuerzo conciente y la eficacia del inconciente en el preciso momento en que el ser se ve tocado por el llamado de la responsabilidad a nivel subjetivo.



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