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por 

Psicología Ética y Derechos Humanos
Cátedra I Fariña, Juan Jorge Michel
Prof. Prácticos Alfano Adriana Lilian
Ayudantes:
Cadú Jeanrenaud María Eugenia
Capurro Silvia Karina
Segundo Parcial

Comisión: 7
Alumna: Ferreira, Evangelina LU 31727874-0
Primer Cuatrimestre de 2010.
EN ROJO: LA RESPONSABILIDAD POR LA TRANSFERENCIA
Preguntarse si Alejandro Ariel en su comentario sobre la película “El color de la noche” centra el análisis sobre un personaje en particular tiene una respuesta clara: Bill, el analista.
Ariel es muy preciso cuando dice que intentará “entender qué en el manejo de la transferencia precipitó ese pasaje al acto, provocando que el suicidio tuviera lugar allí, en ese preciso momento.”(Ariel, 2004) Es decir, que responsabiliza al psicólogo por el manejo de la transferencia, dando lugar con sus intervenciones un efecto drástico que es la decisión de la paciente de abandonar no sólo la sesión sino la vida misma, suicidándose en medio de un encuentro con su terapeuta.
En palabras de Jinkis el sujeto es culpable de lo que dice y de lo que hace, y en este sentido es que Ariel atribuye la responsabilidad a Bill. Cabe aclarar que aquí se está hablando de la responsabilidad subjetiva, no interesa en este punto situar a un sujeto autónomo y la correspondiente responsabilidad jurídica, sino que estoy haciendo referencia al sujeto del inconciente.
En su comentario Ariel sostiene: “Él se da cuenta cuando ella le dice lo que le dice. Se da cuenta del espejo en el que ella iba ella a mirarse, advierte qué espejo era el que ella no tenía. Se da cuenta e intenta agarrarla antes de que empiece a correr. (…)
Por último se nos cuenta el dolor, la sorpresa y el síntoma que permanece en el analista. Porque el dolor es obvio, la sorpresa es obvia, pero ¿por qué el síntoma? Él hace un síntoma histérico: deja de ver el rojo que aparece un instante después del suicidio. Me interesa situar el síntoma en el analista como un modo de respuesta.”(Ariel, 2004)
En este párrafo el autor ya nos deja entrever su hipótesis. Él hace mención a la desesperación en aumento a que ese manejo de transferencia conduce. De este modo deja sentado sobre quién se deposita la responsabilidad en el film, y es en el terapeuta. Es Bill quien con su intervención deja a la paciente, a quien debiera sostener, sin un espejo donde reflejarse. Es un terapeuta que se corre de su lugar dejando de sostener a su paciente, a quien no le queda otra salida más que el pasaje al acto. Él esto lo sabe, ya que así lo informan su expresión de sorpresa, dolor y horror ni bien la ve correr hacia la ventana de su magnífico consultorio. También informa de ello el síntoma que inmediatamente hace el analista, deja de ver el color rojo como modo de respuesta.
Podría acusarse que Michelle de todos modos iba a matarse, prueba de ello es la “felatio mortal” del inicio. Sin embargo, ella no se suicidó cuando estuvo sola y desesperada, no lo hizo cuando -según podemos conjeturar junto a Ariel- no tuvo una imagen en la que reflejarse en su casa. Ella después de todo, logró encontrar la prenda que le faltaba, ella puedo pintarse, y hasta consiguió llegar al consultorio de su analista donde acusó que “el psicoanálisis es una mierda.”(Ariel, 2004)
Cuando uno ve el film no puede evitar preguntarse si en este caso la paciente no estaba en lo cierto. De hecho, ¿qué otra cosa encontró más que un profesional que todo lo sabe? Bill dejó su función de psicólogo de lado, o más precisamente no hablo desde una posición de neutralidad. El analista con su intervención impide que se despliegue la asociación libre y en lugar de preguntarse por qué está tan enojada, se cansa, se enoja él, Bill, con Michelle.
Más adelante en su comentario, el autor dice: “ “vos ocupas esos dos lugares, vos te perseguís a vos misma…”. Pero eso no es analizar, esa es la intervención en la transferencia que vuelve a cerrar lo que cura había abierto, esa es la intervención que adquiere responsabilidad respecto de que ella se quede sin más futuro que caerse, tirarse del mudo. Él le dice mirate al espejo y verás quién te persigue… y ella acusa al golpe. Él la ha abandonado en el espejo. Es la imagen de un analista que ha desistido de la transferencia. (…) y ella le dice, finalmente, en qué espejo querés que me mire. Es allí que él comprende que ella se va a matar, sabe de pronto del espejo en el cual él ha desistido de sostenerla, sabe que el otro espejo es la ventana en el cual ya no se sostiene. El analista, caído de su lugar, sabe que tiene que volver a agarrarla. La mira por el reflejo del espejo e intenta correr hacia ella. Pero ella se sale de la ficción, de la posibilidad de un relato que no fue posible. Ya es tarde: él corre y agarra nada.”(Ariel, 2004)
En síntesis, lo que Ariel hace en su comentario es informar que el sujeto de la responsabilidad subjetiva es el analista. Además, deja en claro su hipótesis sobre la responsabilidad de este analista que cae de su posición de neutralidad dejando como efecto de sus intervenciones, más precisamente cuando le dice que ella es su propia perseguidora, el pasaje al acto de su paciente.
CIRCUITO DE LA RESPONSABILIDAD
Analizaré el circuito de la responsabilidad considerando que existe un tiempo 1, donde el terapeuta lleva adelante una acción, una conducta con un objetivo determinado y entendiendo que el mismo se agota en los fines para los cuales fue pensado. Sobreviene un Tiempo 2, es decir, una interpelación que el sujeto recibe a modo de un llamado a responder. Algo le indica que su acción iniciada en el Tiempo 1 no tuvo los resultados esperados. Cabe aquí interrogar acerca de la responsabilidad del sujeto, es decir, ¿cuál es la responsabilidad del terapeuta en el suicidio de su paciente? Existe una distancia entre el T1 y T2 que da lugar a una hipótesis clínica acerca de aquello respecto de lo cual se espera una respuesta de parte de Bill.
Quisiera reparar en que desde esta perspectiva, el sujeto es responsable por aquello que perteneciéndole le es ajeno, o lo que es lo mismo, aquello que desconoce de sí mismo. La responsabilidad de la que se trata no es ni moral, ni social, ni jurídica sino subjetiva.
Como sostiene Mosca, “la responsabilidad interpela a un Sujeto, quien debe o puede, dar “respuesta, responder por su acto” (Mosca, 1998). Habla de la singularidad del sujeto en acto.
Asimismo, es importante señalar que el sujeto surge como un efecto de la responsabilidad subjetiva. Por esta razón es que se sostiene que la responsabilidad es “otro nombre del sujeto, del sujeto en acto”. (Mosca, 1998)
Me interesa citar a D´Amore para avanzar luego sobre este tema, “(…) el hecho de “saberse” culpable de la situación en juego permite la posibilidad de otro tipo de responsabilidad no clivada. Por lo que reformula la definición clásica: “Responsable: no digo consciente de lo que hace ni que se hace cargo de lo que dice, sino culpable de lo que hace y dice”.
Por lo que la respuesta esperable queda supeditada a ese pasaje por la culpa; en la que ya no cuenta la intención y la pretendida autonomía de la conciencia, pues introduce una dimensión deseante más allá de ella. La culpa es en este sentido, una condición sin clivaje. Es la culpa, lo que ob-liga responder.” (D´Amore, 2006)
Coincidiendo con los planteos de Ariel, puedo sostener que este personaje de ficción resulta interpelado cuando su paciente salta por la ventana de su consultorio. Esta interpelación o llamado que podemos situar en un Tiempo 2 (T2) lo remite en la lógica de la retroacción propia del circuito de la responsabilidad, a un Tiempo 1 (T1) al que resignifica. Este tiene que ver con los dichos de este analista a su paciente y el manejo de la transferencia. Tiene que ver también con su decisión de ya no ser el garante en relación al reflejo que sostenía a la paciente.
¿Qué liga estos dos tiempos lógicos que la película nos deja discernir? Un síntoma, ya que el terapeuta luego de ver a Michelle yaciendo en el pavimento deja de ver el rojo de su sangre a su alrededor. A partir de ese momento Bill se sostiene en un síntoma histérico que lo deja daltónico. Pero no sólo eso, también la culpa lo lleva a decidir dejar de ejercer y partir a Los Angeles en búsqueda de la compañía de un amigo. Estas respuestas no son aún un Tiempo 3. “No hay forma de no responder pues la interpelación exige respuesta. La fuerza simbólica de la interpelación proviene de la internalización de la ley simbólica(…) La interpelación es en términos económicos lo que genera deuda, culpa en sentido lato. Se trata aquí de la economía de lo simbólico. (...) No hay singularidad en la vuelta al surco moral porque la respuesta resulta un taponamiento de la dimensión ética”. (D´Amore, 2006)
Hay que llegar al final del film para poder hablar de un T3 en el que el sujeto responderá a la interpelación con un acto ético, antes sólo hay culpa y síntoma que coinciden con lo reprimido.
La partida del protagonista a Los Ángeles no resulto tan pacífica como él esperaba. A los días que arribó a casa de su amigo, también psicólogo, este fue asesinado. La sospecha del asesinato recaía sobre alguno de los miembros del grupo de los lunes que este profesional atendía y que Bill pudo conocer en una de sus sesiones. A pesar de su decisión de no volver a atender y por pedido de los pacientes de los lunes, el terapeuta tomó a su cargo al grupo sin ser esta una respuesta ética. En un momento el analista dice al grupo “Hace seis meses le hablé fuerte a una paciente y se suicidó frente a mí. (…) Le fallé así que no puedo ayudarlos”. Estos dichos dejan entrever que su culpa aún es morosa ubicándose del lado de la moral, es decir, que es el yo el que está intentado dar razones pero no lo logra ya que se encuentra excluido. Por otro lado, Bill realizó todas las averiguaciones posibles para aclarar la muerte de su amigo. Esta vez el film deja ver un sujeto barrado, ya no es el profesional que todo lo sabe, sino que en su ignorancia se arriesga, investiga y hasta salva la vida de una paciente, ya no la conduce al suicidio. Es en medio de una historia de amor, muerte, perseguimientos en la ruta, acoso de un comisario, atención a un grupo nada simple, etc. que el protagonista va a descubrir que su amante tiene “personalidades múltiples”. Ella no sólo es su Rose, sino que también es Richie, uno de los pacientes de los lunes. Pero no termina allí, ella también encarna a Bonnie, la amante del resto de los pacientes. Rose tiene un hermano, Dale quien llevó a la bella Rose a convertirse en su hermano muerto –Richie-. Bonnie en cambio, surgió cuando la terapia comenzó a surtir efectos en ella, aunque Rose todavía estaba demasiado aterrorizada para salir a la vida. En la última escena podemos ver al personaje que lleva adelante Bruce Willis en una situación muy difícil, llega a la carpintería de Dale donde encuentra a Richie con clavos en sus manos. Él la libera, porque momentos después ya se trata nuevamente de Rose, pero lo sorprende el hermano de ella. Llegan Rose que había logrado escapar y el comisario para ayudarlo, pero mientras el comisario queda en problemas, clavado a una pared con los clavos que le dispara Dale, Rose corre a lo alto de una torre. Aquí se acerca el final y la parte que me interesa señalar. Bill adivinando la intención de Rose la sigue y hasta podría decir que la convence de no suicidarse, pero ella tiene la mala suerte de caer. Afortunadamente este psicólogo tenía un excelente estado físico y heroicamente la salva. El film termina mostrando a ambos abrazados esa noche en la torre, pero he aquí el detalle de color, él ahora distingue nuevamente el rojo. El analista logra resolver su síntoma, puede nuevamente ver el color de la sangre.
Es posible conjeturar que este es el T3 en el que el sujeto responde por su acto. Y es culpable de este acto, siguiendo a Lacan, por haber cedido en su deseo.
Llego a esta conclusión, basándome en la hipótesis clínica siguiente: El deseo del analista está relacionado con querer sentir, su deseo era enamorarse, amar y ser amado. Este deseo queda expresado desfiguradamente –no querer sentir- en un síntoma histérico: daltonismo para el rojo. En efecto en uno de los dos encuentros que Bill tiene con quien podría pensarse que es su analista o supervisor, este le dice “Negarse a ver el rojo es negarse a sentir”. También podría apoyarme para sostener esta interpretación en las connotaciones pasionales y emocionales de ese color.
Esto no quiere decir que él estaba enamorado de su paciente. Pero si que este sujeto que deseaba enamorarse no pudo tolerar las acusaciones de Michelle. Al volverse su perseguidora le desea lo peor que le podría desear a un hombre, que se le marchite el pene para que mire al infierno, a donde él debe ir.
No es casual que el protagonista recupere el color rojo cuando se enamora de Rose. Este hecho no fue suficiente. Necesito salvarla, jugarse por su paciente, aceptar ser perseguido, para volver a ver el rojo. Este cambio que podemos ver que ya no es el soberbio de la primera escena, esto habla del efecto-sujeto, del Sujeto del antes y después, ¿de qué? Del acto ético.
NECESIDAD Y AZAR
Como sostiene Fariña, “Si Necesidad establece una conexión entre causas y efectos, Azar desconecta tal relación.” ¿Qué hay de azar y necesidad en este film? Casi nada.
Podría decir que la necesidad llevó a que esta paciente que se tiró del piso 30 no resultará ilesa. La fuerza de gravedad la atrajo al suelo donde se estrelló. En esa primera escena donde sitúo los dos primeros tiempos no puedo hablar de azar. Por el contrario, puedo suponer que la cita estaba concertada de antemano e incluso que hacía muchos años que se daba en el mismo horario y lugar. Tampoco fueron azarosas ni necesarias las palabras que el analista le dirigió a su paciente. Esa fue su elección.
En el resto de la película tampoco es posible hablar de azar o necesidad. Bill supo ni bien llegó que su amigo estaba amenazado de muerte, fue su responsabilidad quedarse ahí. De la misma manera nadie lo obligo a involucrarse sexualmente con una mujer a quién no conocía, ni siquiera sabía su teléfono o dirección. No fue necesario ni azaroso que él tome al grupo de los lunes sino que el aceptó el desafío.
Por estas razones es que pude avanzar con la hipótesis clínica, ya que para que el tiempo 2 cuestione verdaderamente al sujeto es necesario que la distancia que separa a ambos tiempos no se deba exclusivamente a azar y/o necesidad.
DE LA RESPONSABILIDAD JURÍDICA
Partiendo de la base que Bill era una persona imputable al momento del suicidio de su paciente ya que contaba con plena conciencia e intencionalidad, podría continuar ficcionando y conjeturar que algún familiar de Michelle podría haberlo acusado de mala praxis. Seguramente el abogado de la familia hubiese encontrado más de un dato para acusarlo de impericia, imprudencia y/o negligencia.
El abogado defensor de Bill podría acusar a su favor que el analista supervisaba el caso. No obstante, pensando que la hipótesis clínica explicada anteriormente es cierta y que el analista presentaba un malestar respecto de su soledad, ¿no debería haber considerado abstenerse de continuar el tratamiento para que sus problemas y conflictos personales no lo perjudiquen (2.06 Problemas y conflictos personales APA 2002)?¿se interrogó Bill acerca de la viabilidad de su propio tratamiento o supervisión? ¿tomó los recaudos suficientes para evitar dañar a su paciente (3.03 Evitar el daño)? Si el terapeuta ya hubiera captado una inclinación suicida de su paciente, ¿había informado esto a sus familiares? O si no tenía noticias de ello, ¿cómo era eso posible teniendo en cuenta la desesperación de esa mujer al inicio del film? ¿Era la primera vez que Michelle lo insultaba así o ero una escena repetida? Si era repetida, ¿había pensado él en una derivación? En cuanto al supervisor/terapeuta, ¿cuáles son los límites y alcances de la responsabilidad en este caso?
Continuando este hilo, los actos del sujeto autónomo habrían sido confrontados al orden de la legalidad y debería haber respondido por ellos socialmente. Habría que ver si esto lo llevaba también a asumir la responsabilidad subjetiva o le hubiera servido para sustraerse de ella. Sin embargo, no hay que olvidar que no toda responsabilidad subjetiva es judiciable. Sería pertinente entonces interrogar si Bill ha actuado conforme a su deseo.
EL MURO Y EL COLOR DE LA NOCHE
En “El Muro” y en “El color de la noche” los protagonistas son culpables de haber hablado, ya que ambos podrían haber elegido callar o decir otra cosa. Sin embargo, cada uno dijo lo que dijo. Ibbieta que Gris estaba en el cementerio y lo que Bill puede sintetizarse en “vos ocupas esos dos lugares, vos te perseguís a vos misma…”. En el Tiempo 1 ellos tenían un objetivo, bromear o interpretar, se encuentran con que algo se fue de control.
Por haber cedido en su deseo ambos personajes son responsables, y llegan a responder por ello. Ibbieta en esa risa mezclada con llanto o ese llanto mezclado con risa nos hace saber de un Tiempo 3, mientras que Bill lo hace evitando que Rose se mate.
Hay que destacar que ellos son responsables de su deseo, deseo que se termina expresando en vivir más en el primer caso y en enamorarse en el segundo.
El Tiempo 2 que interpela al sujeto también puede verse similar, ambos se cuestionan lo que dijeron luego de enterarse de que sus palabras dieron lugar a una muerte. Podría agregar, una muerte que ellos debían impedir, Ibbieta debía proteger a su amigo y líder Gris y Bill debía sostener a su paciente Michelle.
No obstante, hay una diferencia. En el caso de “El Muro” el azar y la necesidad juegan roles importes mientras que como ya consigné en la película no es tal. El azar hizo que tanto Ibbieta como Gris tuvieran que tomar una decisión para sobrevivir. Por un lado Ibbieta debía decir dónde se encontraba Gris a cambio de su vida, y por el otro Gris necesitaba un nuevo lugar donde esconderse. “El aparente nombre al azar “cementerio” se revela como no siendo tal. Noten sin embargo que “cementerio” pasa a ser un significante cargado de deseo no a priori, sino a posteriori. No se trata de una mera asociación entre “cementerio” y “muerte”, sino del efecto de resignificación que adquieren para Ibbieta las palabras de Gris, relatadas por García. Por eso es recién allí cuando termina de quebrarse y se ríe hasta que las lágrimas inundan sus ojos”(Fariña). Asimismo hay azar en el hecho de que la broma de Ibbieta coincida temporalmente con la huída de Gris al cementerio.
En cuanto a la necesidad, aparece en el anuncio de los falangistas “es su vida por la tuya”. Es decir, que esa situación era tal e Ibbieta no podía cambiarla.
Considero que en este punto la diferencia entre Ibbieta y Bill es crucial. Se sabe que Ibbieta estaba esperando su muerte desde la noche anterior y en eso toda su vida perdió el sentido que tenía, ahora se sabía mortal y ya nada le interesaba. Fue así que dicidió burlarse de los falangistas, de hecho, todo lo que hacían merecía burla. En cambio el terapeuta se encontraba en su consultorio, en una sesión con una paciente conocida. Podría pensarse que él debería contar con los saberes de su profesión, con el campo deontológico-jurídico y con su analista/supervisor para llevar a cabo exitosamente ese encuentro, pero no fue así. La necesidad interviene de manera totalmente distinta en ambos casos.

BIBLIOGRAFÍA
 Michel Fariña, J. (1992). Ética profesional. Dossier bibliográfico en salud mental y derechos humanos. Acápite 3.3: el status de la responsabilidad sobre los actos.
 Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.
 Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.
 Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
 Alemán, J. (2003): "Nota sobre Lacan y Sartre: El decisionismo". En Derivas del discurso capitalista: Notas sobre psicoanálisis y política. Miguel Gómez Ediciones, Málaga.
 Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
 D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
 Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página web de la cátedra.
 Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.
 Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.
 Ariel, Alejandro: En rojo: la responsabilidad por la transferencia.En www.eticaycine.org. Versión resumida de la clase dictada por el Prof. Alejandro Ariel durante 2004 en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Transcripción de Juan Jorge Michel Fariña
 Michel Fariña, J.: Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de Cátedra
 American Psychological Association: Principios éticos de los psicólogos y código de conducta. 2002. Traducción de la cátedra. IBIS (International Bioethical Information System). Hipertexto e hipermedia sobre ética profesional. Sistema multimedial en CD-ROM.



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