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Psicología Etica y Derechos Humanos
Cátedra I

• Profesor titular: Lic. Juan Jorge Michel Fariña

• Tema: Análisis de la película ‘El color de la noche’

• Comisión: 17 (Martes de 18:00 hs a 19:30 hs)

• A.T.P.: Lic. Viviana Carew

• Alumna: Ibarra, María Florencia - LU 33709754/0

• Cuatrimestre: 1º Año: 2010

Análisis de la película ‘El color de la noche’

La película ‘El color de la noche’ (Color of night) se centra entorno a un psicólogo, Bill Capa (Bruce Willis), quien decide instalarse en la ciudad de Los Ángeles después del suicidio de una paciente en su consultorio, quien se arroja a través de la ventana en plena sesión y cuya imagen, desangrada en el asfalto, genera en él la pérdida de la visión del color rojo. Esta situación actúa sólo como disparador que justifica el síntoma y el traslado a un entorno diferente, en el cual se encuentra nuevamente con la muerte, esta vez de su amigo, quien se encontraba alterado por amenazas de muerte que consideraba provenientes de un miembro de la sesión grupal que llevaba a cabo los días lunes y que, posteriormente, el protagonista se hará cargo a la vez que intenta resolver el crimen. Al final, culmina con una situación en la que revive o se pone en juego nuevamente un suicidio de una de las pacientes con la que se había involucrado sentimentalmente, que en este caso logra evitar y que le permite recuperar la visión de dicho color.

Desde el punto de vista de Alejandro Ariel, la situación a analizar implicaría los primeros minutos de la película, desde su inicio hasta la transformación del color rojo de la sangre en distintas escalas de gris. En la misma, resulta importante la responsabilidad del analista en el manejo de la transferencia, que no logra alojar ni tramitar la desesperación de una energía pulsional que la paciente no puede ligar. En otras palabras, considera como una forma de respuesta al síntoma histérico que se forma a partir del abandono de la transferencia y, con ello, de la paciente. Esa situación abre una brecha en el universo que él creía cerrado y que sostenía con un lugar de poder a partir del cual interpretaba siempre lo mismo, rompiendo con la abstinencia en lugar de escuchar verdaderamente al sujeto y quedando así en un mero plano especular donde la importancia está situada, con sorna, en quién persigue a la paciente ese día, de lo contrario podría dar cuenta de esa desesperación que se pone en acto.
De esa forma, algo de la realidad aparece para resignificar ese universo yoico de certeza y que se exterioriza, primero en la sorpresa e incredulidad frente al hecho y posteriormente en el síntoma, mostrando que no existía sin fallas. Entonces, siguiendo el punto de vista de este autor, se constituye la escena de la sesión de terapia en dos tiempos, donde a una acción y una interpelación responde una producción sintomática, marcando el acento en la transferencia y la responsabilidad del analista sobre el manejo de la transferencia que lleva a la paciente al acto.
Pero cuánto de lo reflejado caracteriza la posición subjetiva es digno de análisis, cuánto de lo particular se juega allí entre medio de lo universal y lo singular. Esa dimensión se abre frente al protagonista en la escena, donde no alcanza a percibir que no hace más que empujar una y otra vez a un paciente que estaba al borde de la caída, donde un goce mortífero termina arrastrándolo, llevándose consigo su capacidad para ver el rojo de la sangre.
Tomando la escena inicial como apertura del universo simbólico cerrado, algo escapa a la intervención analítica y la confianza del protagonista en la creencia de que escucha al paciente. La implicancia aparece con el síntoma conversivo, porque podría vivir daltónico toda su vida, algo que aparenta hacer después del chequeo, tratar de seguir con su vida negando de alguna forma lo ocurrido aunque no sea por medio de las palabras, pero el universo ya no es completo, ya se ha abierto y de esa forma nuevos elementos ingresan para ser reorganizados. En otras palabras, el primer tiempo lógico de la responsabilidad, en la que el sujeto realiza su acción orientada a determinados fines (y que se agota en ellos) en el marco de un universo cerrado puede establecerse en el momento de la interpretación, en el momento del ‘¿Quién te persigue hoy?’, donde su acción voluntaria y conciente marca la responsabilidad moral de su acto, además de estar relacionado con un síntoma egosintónico que parece estar asimilado a la forma de ser o el carácter del protagonista.
Sin embargo, se plantea un segundo tiempo, donde el universo particular se resquebraja, dando lugar a una pregunta, una interpelación en relación a la posición del sujeto frente al acto por medio de una singularidad vivida como ajena al yo, que muestra los puntos de inconsistencia y, con ello, su falla. De esta manera, el tiempo 2 se funda por medio de la resignificación del tiempo 1 y constituye el verdadero inicio del circuito, al que se relaciona un síntoma egodistónico del cual el Dr. Capa por un momento parece querer librarse, realizando una consulta con un especialista, y marcando la ligazón con la imagen del suicidio, ligando por medio de la culpa los elementos disonantes para después continuar con su vida cotidiana sin cuestionarse concientemente acerca del problema visual.
Vale destacar que la interpelación requiere inexorablemente de una respuesta. Si la responsabilidad también implica, según Freud, algo que el sujeto desconoce de si mismo, en un tercer tiempo de la responsabilidad intentaría hacer algo con aquello que ha descubierto, marcando una diferencia en la acción respecto al estado anterior. En otras palabras, la responsabilidad subjetiva implica una posición distinta en relación a lo universal, donde la acción deviene en un acto por parte de un sujeto dividido que acepta la lógica de la falta y se hace responsable, suplementando el tiempo 1. Este tiempo 3 puede caracterizarse al final de la película, cuando logra evitar el suicidio del personaje de Rose (con la que no sólo posee una relación amorosa, sino que momentos antes descubre que es uno de los pacientes, quien tiene diversas personalidades) lo que le permite recobrar la visión del color rojo al permitirse escuchar y poner el cuerpo ante la situación, haciéndose cargo de la responsabilidad subjetiva que atañe y marcando una conexión con el deseo inconsciente. Es solo así que logra elaborar lo ocurrido en el primer tiempo, por medio de un cambio de posición subjetiva.
Respecto a la Necesidad y el Azar, estas variables se ponen en juego en distintos momentos, siendo la responsabilidad el campo que se ubica en una grieta o margen entre ambas, dando lugar a la aparición de una singularidad en situación. En esta película no puede decirse que se encuentren una u otra por completo, ni siquiera una combinación entre ambas, de lo contrario no existiría una responsabilidad por parte del sujeto. Quizás exista mayor preeminencia de la necesidad (que establece conexión entre causas y efectos) en el espacio terapéutico que se muestra al comienzo, en cuanto a la interpretación creativa que requiere para continuar con el tratamiento, estableciéndose una grieta ante el cual el protagonista no responde adecuadamente, siendo la respuesta particular el suicidio y la formación del síntoma en el analista.
En otras palabras, es necesario que la separación entre el tiempo 1 y 2 no tenga por causa exclusiva al azar o la necesidad, permitiendo la interrogación del sujeto acerca de su responsabilidad y así esperar una respuesta particular de éste conforme a su deseo.
La hipótesis clínica liga al sujeto con su acto, ubicando algo de la intencionalidad inconciente. En el caso de ‘El Muro’ de Sartre, Ibbieta es responsable por el deseo de seguir viviendo, algo de un saber no sabido ajeno al sujeto pero que le pertenece a él y debe hacerse responsable por ello. La acción en si, el tiempo 1 del esquema, se centra en la broma que éste cree realizar, intentando desafiar al azar ante la necesidad que los falangistas le presentan: su vida o la de Ramón Gris, compañero de armas que se encuentra escondido en casa de sus primos. Responde ante la pregunta sobre su paradero que éste se encuentra en el cementerio, dando cuenta de una afirmación voluntaria y conciente dentro de su universo de certeza, que cree colmado por el hecho, equiparable al momento en que Bill Capa realiza la interpretación acerca del perseguidor de su paciente.
Justamente, un hecho lo hace volver sobre la certeza de su accionar yoico, convirtiéndose en una pregunta que caracteriza el tiempo 2 o de la interpelación, marcado por el hecho de que él continua viviendo cuando esperaba ser fusilado después de que no encontraran en el cementerio a Ramón Gris, recibiendo la confirmación de la muerte de su compañero durante la mañana, puesto que el azar había actuado, éste se había peleado con los primos y había decidido esconderse en ese lugar puesto que no podía recurrir a la casa de Ibbieta, porque éste se hallaba preso. De esa forma se llega a la respuesta de la interpelación.
Es necesario marcar la diferencia entre respuesta y responsabilidad, el sujeto siempre responde pero no siempre se hace responsable, por lo que no necesariamente se desprende del tiempo 1 una respuesta. Existen modos tales como la culpa cristalizada, la negación, la proyección, la angustia, las producciones sintomáticas, entre otros; y se puede vincular con el comentario que A. Ariel realiza de la película, que sitúa como fin el síntoma histérico de Bill Capa.
En el caso de ‘El Muro’, existe un tercer tiempo, caracterizada por un acto: la risa de Ibbieta y el posterior llanto. Es el tiempo de la Admiración, en el cual el sujeto se hace responsable de la satisfacción del deseo inconsciente de seguir viviendo, siendo la risa el indicador, adjudicándole la responsabilidad por la idea que se encontraba detrás del ‘morir por la causa’, mientras que el llanto indica la culpa a nivel conciente. En el presente análisis se encuentra un tercer tiempo en la película ‘El color de la noche’, situado en el momento en que recobra la visión del rojo, momento en el que se hace plenamente responsable a nivel subjetivo de lo ocurrido, dejando de emplear otros modos de respuesta.
Considerando el campo normativo en el marco del análisis de la película, es necesario resaltar que éste se encuentra organizado sobre una lógica de universo cerrado que dificulta la articulación con la lógica del sujeto, puesto que requiere de una ponderación e interpretación que lleva al sujeto a responder desde una posición moral o una posición ética, dependiendo de la resolución que pueda encontrarse al aplicar el esquema aquí utilizado, si se produce el efecto sujeto, lo cual llevaría a un acto desde una posición ética o no. Desde el punto de vista de la responsabilidad jurídica moral/social que se encuentra limitado al yo freudiano de la metapsicología, hay pocos o nulos indicios a lo largo del film, sólo se muestra brevemente la conmoción mediática que el suicidio produjo en Nueva York, pero no hay cuenta de los cuestionamientos éticos de la práctica ni elementos judiciales al respecto, salvo la figura policial sobre los crímenes posteriores. Desde este marco, el terapeuta tiene como respaldo su criterio profesional, del cual es responsable y que no debe confundirse con sus valores morales sino lo que compromete respecto a los avatares psíquicos del paciente dentro del campo limitado por los principios éticos.
Por otro lado, desde el código de la American Psychological Association (APA, 2002 (2003)), se pueden ponderar algunas de las siguientes normas éticas que se encontrarían en discusión de acuerdo a la película:

- A la hora de hacerse cargo del grupo terapéutico:
2.06 Problemas y conflictos personales
(a) Los psicólogos se abstienen de iniciar una actividad si conocen o deberían conocer que existe una posibilidad considerable de que sus problemas personales les impidan desempeñar sus actividades laborales de manera competente.
(b) Cuando los psicólogos advierten problemas personales que pueden interferir en el correcto desempeño de su trabajo, toman las medidas adecuadas, tales como consultar u obtener ayuda profesional, y determinan si deberían limitar, suspender o concluir sus tareas laborales.

3.05 Relaciones múltiples
(a) Existe una relación múltiple cuando un psicólogo desempeña un rol profesional con una persona y: 1) al mismo tiempo desempeña otro rol con la misma persona; 2) al mismo tiempo tiene una relación con una persona relacionada o muy allegada al individuo con el cual el psicólogo mantiene la relación profesional.

3.12 Interrupción de los servicios psicológicos
Salvo que el contrato especifique lo contrario, los psicólogos hacen esfuerzos razonables para facilitar la prestación de los servicios psicológicos en caso de que sean interrumpidos por factores tales como enfermedad del terapeuta, muerte, indisponibilidad, mudanza, o jubilación, o por la mudanza o limitaciones financieras del cliente/paciente.

4.05 Revelación de información
(a) Los psicólogos pueden revelar la información confidencial con el apropiado consentimiento de la empresa cliente, el cliente/paciente individual u otra persona legalmente autorizada en nombre del cliente/paciente, excepto en los casos que esté específicamente prohibido por ley.
(b) Los psicólogos revelan información confidencial sin el consentimiento del individuo en los casos que indica la ley, o cuando ésta lo permita para fines legítimos, tales como (1) proveer servicios profesionales necesarios; (2) obtener consultas profesionales apropiadas; (3) proteger al cliente/paciente, al psicólogo o a otras personas de daño; u (4) obtener del cliente/paciente el pago de los servicios, en cuyo caso la revelación estará limitada al mínimo necesario para alcanzar tal propósito.

Para finalizar, cuando se repite la misma escena de un sujeto en caída, al protagonista le permite apropiarse de su propio deseo, de actuar en concordancia con él y poner en juego lo no elaborado de la primera situación. Negarse a ver el suicidio de la paciente era negarse a ver el rojo que lo recordaba. Lo particular se juega en esa forma de elaboración, en la forma que adquiere frente al acto de involucrarse, de no quedarse en el lugar de sujeto supuesto saber, frío y acartonado, acusador simplemente. Ensuciarse las manos y trabajar con aquello que no puede tener un nombre, aquello que no aparece en la superficie pero que se juega por detrás de todos los sucesos y que terminan conectándose en la última situación, entonces se entiende porqué se implica tanto en esas muertes. Es poner el cuerpo y hacerse responsable de lo ocurrido en vez de negarse a ver.



NOTAS

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