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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Cátedra I de Psicología, Ética y
Derechos Humanos
Titular: Juan Jorge Michel Fariña

Alumnas: Candi, Maricel: L.U.: 32.290.952-0
Tel: (2474) 15401390
Mail: mary_marycandy@hotmail.com

Vázquez Ríspoli, Micaela: L.U.: 33.087.78-90
Tel: 4 901 7077
Mail: micaela_vr@hotmail.com

Profesor de Prácticos: Fraiman, Carlos

Comisión: 13

- Primer Cuatrimestre 2o1o-

Segunda evaluación: análisis del Film “El Color de la Noche” (1994)

Para el análisis de la responsabilidad subjetiva, nos centraremos en el personaje que interpreta en esta película Bruce Willis, un analista llamado Bill Capa. A su vez, tendremos en cuenta el comentario realizado por el Profesor Alejandro Ariel sobre la primera escena, que dura 5 minutos, de dicho film para desarrollar el siguiente escrito.
Partiremos estableciendo los tiempos lógicos del Circuito de la Responsabilidad subjetiva que organizan esa escena: tomamos como primer tiempo lógico la intervención que hace el analista cuando le dice a su paciente Michelle "Mírate al espejo, dime qué ves". Según Fariña “en un Tiempo 1, el personaje lleva adelante una acción, una conducta orientada por un determinado objetivo y entendiendo que tal inciativa se agota en los fines para los cuales fue concebida”. Bill Capa interpreta que Michelle siempre tiene un perseguidor y que su perseguidor es ella misma, es por eso que le plantea la pregunta “¿Quién es tu perseguidor hoy?”. Luego la interviene con esa frase que planteamos como Tiempo 1 para que ella se enfrente en el espejo con su propia imagen y pueda tomar conocimiento de la interpretación que él elaboró.
El Tiempo 2 lo posicionamos cuando Michelle le responde "Veo tu reflejo sobre mi hombro. Veo que no hay nada que me guste. De hecho creo que prefiero la vista desde afuera" momento en que el analista se da cuenta que ella va a saltar. Momento, entonces, en que se ve interpelado por la resignificación de su intervención del primer tiempo. Fariña explica “Un Tiempo 2, es decir, una interpelación que el sujeto recibe a partir de indicadores que lo ponen sobre aviso de que algo anduvo mal. Su acción iniciada en el Tiempo 1 fue más allá o más acá de lo esperado”. La iniciativa del analista en esa intervención no se agotó allí sino que fue tomada por su paciente como disparador para arrojarse por la ventana. La resignificación del primer tiempo se produce cuando Bill Capa reacciona volteando su cabeza al escuchar las palabras de Michelle poniéndolo sobre aviso de que algo anda mal, pero ya es tarde, no puede hacer nada, más que gritar su nombre mientras ella corre hacia la ventana.
Entonces, esta distancia entre el tiempo 1 y el tiempo 2 permite elaborar una hipótesis clínica enlazando estos dos tiempos. Considerando que la hipótesis es un intento de conjeturar la relación entre el tiempo 1 y el 2, y la resignificación del primero, creemos que la hipótesis que propone Alejandro Ariel al respecto es que el analista ha desistido en la transferencia. Encontramos pertinente en este momento relatar brevemente el desarrollo de la sesión: a Michelle se la muestra enojada descalificando al psicoanálisis, alzando la voz, y diciendo que éste y su analista son los enemigos. Michelle estaba exteriorizando su bronca con lenguaje sexual y arrojando una frase de odio relacionado con el pene de su analista por ser él su enemigo. Pero Bill no deja que continúe. Vuelve a plantearle su idea de que ella todas las semanas se inventa un enemigo diferente, de que todo el tiempo alguien la está persiguiendo. Él, desde su posición de sabiduría, interpreta que la bronca de ella hacia él en la transferencia en realidad no es hacia él, sino hacia ella misma. Bill cree que Michelle tiene que buscar quién la persigue, es decir, tiene que darse cuenta “que ella es su propio perseguidor”. Ariel plantea que lo que el analista no logra comprender es que es ella la que lo acorrala a él, que ella lo persigue a él, diciéndole que no entiende nada, que no sabe nada, enfrentando la posición de sabiduría en la que él se sitúa. Y ante lo cual, en vez de abrir y desplegar el tema de la bronca, de hacer que ella hable y descargue, vuelve a ponerse en la posición de saber y utiliza la única idea que le queda, la vuelve a poner en el doble lugar: ella es su propio perseguidor. Su intervención en la transferencia cierra la escena. Ya en este momento, él cae de su posición de analista. Para Michelle no queda nada de dónde sostenerse. Cuando Bill le pide que se mire en el espejo y diga qué es lo que ve, Michelle no mira un espejo, mira la ventana, y ve el reflejo de Bill sobre su hombro, ve que no hay nada que le guste, dice que prefiere la vista desde afuera. Entendemos entonces que si ya no tiene nada que la sostenga adentro, si Bill ha desistido de la transferencia, ha caído de ese lugar, ¿será entonces quizá que Michelle quiera atravesar ese reflejo, ese “no hay nada que me guste”, y de esta manera no verlo más, prefieriendo así la vista de afuera?
Como dijimos anteriormente, Bill reacciona volteando su cabeza ante las palabras de Michelle que lo ponen sobre aviso de que algo anda mal. En ese momento podemos ver una sensación de perplejidad en su cara. Creemos que en esa expresión es que él se está imaginando el posible desenlace trágico. Y efectivamente es tarde, el deselace imaginado está sucediendo, sólo le queda por gritar su nombre mientras la ve correr hacia la ventana. Michelle ya ha desaparecido. Él camina en estado de confusión y sorpresa, lentamente hacia la ventana, temiendo ver la escena final. Se encuentra con un charco de sangre roja esparciéndose alrededor del vestido verde de Michelle. Y es entonces cuando el color rojo desaparece, se desvanece y lo ve en la gama de los grises.
En relación a la respuesta que puede dar el sujeto con respecto al circuito de responsabilidad subjetiva, D´Amore explica: “la interpelación subjetiva es la puesta en marcha del circuito. Luego, la culpa ob-liga a una respuesta ad-hoc a la interpelación; es decir, dado el tiempo 2, que es el tiempo de la interpelación en el circuito, se funda en su resignificación el tiempo 1, facilita una respuesta que, aunque no es considerada todavía tiempo 3, responde a la interpelación”. Esto quiere decir, que cuando Bill se ve compelido a dar una respuesta al enfrentarse con la resignificación de su intervención, lo hace a través de un síntoma histérico. Por esto, no hay efecto sujeto de la responsabilidad subjetiva. Queremos decir, no se abre el tercer tiempo lógico que da lugar a la responsabilidad subjetiva, sino que la culpa en la formación sintomática se encuentra “anestesiada”. Entendemos por culpa el hecho de hacerse cargo de un daño por el que hay que pagar, es decir, se está obligado a responder por esa deuda. La culpa es el reverso de la responsabilidad, y justamente, la culpa aparece como sustituto cuando la responsabilidad se encuentra ausente en el sujeto. En Bill Capa podríamos decir que la culpa aparece cuando se ve interpelado por las palabras de Michelle que resignifican su interveción, pero no aparecen figuras de la culpa como por ejemplo remordimiento, pensamientos atormentadores, arrepentimiento. Sino que, en lugar de ellas, se manifiesta el síntoma histérico como respuesta a esta interpelación, y anestesiando de esta manera, la culpa. De modo que, el síntoma histérico surge como obturador de la emergencia subjetiva.
Mosca comenta que la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre Necesidad y Azar, es decir que cuando aparece alguno de ellos, surge la pregunta por la responsabilidad que adquiere el sujeto en una situación. Con respecto al Azar puede definirse como aquellos hechos casuales, que ocurren “accidentalmente”. En términos más coloquiales nos referimos a Azar como “coincidencia” o “suerte”. Necesidad alude a aquellos sucesos ajenos a la voluntad humana, hechos que van a ocurrir inexorablemente y cuando eso sucede se releva al sujeto de toda responsabilidad. Para hablar de Necesidad, cotidianamente lo hacemos con el término “destino”.
En nuestra situación encontramos como elemento de Necesidad la Ley de Gravedad, que es la que atrae el cuerpo de Michelle al centro de la tierra, ésto en relación a su caída. Como elementos de Azar podemos ubicar dos: primero, el hecho de que el consultorio esté ubicado casualmente en un piso tan elevedo. Y segundo, la escena previa a la sesión donde se muestra a Michelle en su casa frente al espejo en un estado de crisis, que resulta una coincidencia que su analista en terapia le pida que realice la misma acción: mirarse al espejo.
Por último, nos centraremos en la comparación de nuestro caso con el de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro”, de Sartre. Para empezar cotejaremos los elementos de Azar y Necesidad entre el cuento y nuestro film. En “El Muro” podemos establecer como elemento de Azar el hecho de que haya coincidido la burla que Ibbieta le quiso hacer a los falangistas con la pelea de Gris con su primo, es decir, fue casualidad que estos dos episodios coincidieran en el tiempo. En relación al elemento de Necesidad ubicamos el momento en que el comandante de los falangistas le dice a Ibbieta “es su vida por la tuya”. En otras palabras, esta decisión de perdonarle la vida a Ibbieta a cambio de la vida de Gris es ajena a la voluntad del personaje, o sea, esa decisión no la puede modificar Ibbieta. Y es inexorable que haya una muerte al menos: la de él o la de su amigo. Tanto en nuestra situación de la película como en este cuento encontramos elementos de Azar y de Necesidad, que sin embargo éstos no liberan a los sujetos de su responsabilidad. Es decir, en ambos casos los sujetos deben responder por sus actos.
Nos resulta interesante comparar una cuestión que en algún punto tiene cierta similitud en ambas situaciones, la importancia que tiene un significante para el desenlace de cada historia: “cementerio” para el cuento; “espejo” para la película.
La elección que hace Ibbieta de la palabra “cementerio” no es por Azar. Le atribuimos a Ibbieta la responsabilidad de escoger ese sitio al cual condujo a los falangistas. Tanto Gris como Ibbieta tuvieron que elegir un lugar. Antes de tomar esa decisión, cada uno pensó en el otro. Y como dice Fariña: “Ello nos permite conjeturar que Gris e Ibbieta tuvieron una cita a ciegas de inconciente a inconciente en el cementerio en la que, sin saberlo, permutaron sus vidas”. Lo que queremos proponer es que el significante cementerio está cargado de significación para ambos. Creemos que no es azaroso que los dos amigos de infancia hayan elegido el mismo lugar. Allí hay algo en común entre ellos, que nunca con seguridad vamos a saber. Ibbieta es responsable de querer vivir un poco más. El deseo de vivir lo manda a Gris al cementerio, o sea, a su muerte. Sólo si Gris moría, podría Ibbieta vivir más.
De la misma forma, encontramos una gran importancia en juego del significante “espejo” en nuestro film. Ésto tiene lugar en la escena anterior a la de la sesión. Michelle se encuentra en su casa, frente al espejo. Suena una cajita musical mientras toma un lápiz labial y comienza a maquillarse, perfilándose una situación infantil. Se levanta en búsqueda de algo que no encuentra, y notamos que la desesperación surge en el cuerpo de Michelle. Vuelve a sentarse frente al espejo para retocar su maquillaje, pero esta vez perdió los límites de su cara. En estado muy exaltado se pintarrajea como un payaso, como si fuese una niña jugando con las pinturas de la madre. Vemos a una mujer, con la actitud de una nena, angustiada y desbordada. Su imagen en el espejo le genera violencia, bronca. A continuación, saca una pistola y se la mete en la boca, pareciera que va a apretar el gatillo. Pero en el momento en que se mira al espejo con la pistola en la boca, su actitud cambia. Nuevamente aparece lo infantil, una regresión oral, y como dice Ariel “una felatio mortal”. Se la ve gozosa de esa imagen que le devuelve el espejo, ella es sólo una imagen. La siguiente escena es en el consultorio de Bill Capa. Éste le pide que se confronte con su propia imagen cuando le dice que se mire al espejo. A la expresión de Fariña, aquí metió la cola el Azar. Es pura coincidencia (como también lo fue en el cuento) que coincidieran estos dos episodios en el tiempo, uno a continuación del otro. Es como si el espejo ya viniera con una carga importante para Michelle, que luego en terapia no puedo contener, sumándole que su analista ya había desistido en la transferia y no había nada que la sostenga. Entonces, como dice Ariel en el comentario, había irrumpido una energía pulsional que no pudo ligar en la primera escena, que vuelve a imponérsele en la sesión pero que tampoco logra ligar y se suicida, atravesando esa imagen que ya no quería ver más. Podemos decir entonces que Michelle en la primera escena, donde se confronta con el espejo, no se dispara al ver esa imagen gozosa. Pero, sin embargo, en sesión cuando Bill le pide a través de su intervención que se mire al espejo y diga qué ve, esta imagen que le disgusta es la que actúa como disparadora para que ella termine con su vida.
Para finalizar, situaremos algo que nos llamó la atención respecto de la película. Cuando Bill se ve interpelado y se tiene que confrontar con su propia pregunta “Mírate al espejo, y decime qué ves ” ¿Habrá sido puro Azar que como respuesta él deje de ver un color?

Bibliografía

• Ariel, A.: En rojo: la responsabilidad por la transferencia. Comentario sobre el Film: “El color de la noche”. Publicado en la página web de Ética y Cine.

• D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

• Michel Fariña, J.: Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de cátedra. Desgrabación de cláse teórica. Publicado en la página web de la cátedra.

• Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996): Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.

• Mosca, J. C. (1998): Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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