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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología Ética y Derechos Humanos
Cátedra I

Parcial domiciliario | Curso de Verano 2010

Película: El color de la noche
(Richard Rush)

Alumnas
Florencia Jones L.U.: 32359929/0
Francisco Schmitt L.U.: 28142090/0

Ayudante de Trabajos prácticos : Gabriela Levy Daniel
Co-ayudante de Trabajos prácticos : Flavia Naves

Fecha de Entrega: Jueves 25 de Febrero

1) Tomando en cuenta el cometario sobre el film elaborado por Richard Rush, el personaje sobre el cual recae el análisis de la responsabilidad subjetiva es el Dr. Capa, psiquiatra y psicoanalista.
La escena en cuestión, en la cual se analiza la responsabilidad subjetiva del personaje mencionado, se desarrolla en el consultorio del mismo, al cual llega Michelle, paciente suya, visiblemente angustiada, movilizada. Comienza a insultarlo y también insulta al psicoanálisis, se percibe cierto sarcasmo de parte de ambos, el Dr. Capa se muestra arrogante ante el discurso de su paciente considerándolo “monótono” quizás cansado de las repeticiones. Luego de ciertos “manejos” de la transferencia, durante la cual el analista pareciera evadirse de la situación en la que su paciente lo acorrala, el se muestra inmutable y arrogante, interviene desde una posición de poder y autoridad diciéndole “mire al espejo y dígame que ve”, el comentario se lo realiza a espaldas de ella, mostrando claramente que “le da la espalda”, ella le pregunta “en que espejo”, el responde “en el que quieras”, reafirmando su intervención, ella sin moverse decide entonces mirarse en el gran ventanal que daba directo al vacío, a la nada, ahí se ve reflejada y ella describe una visión desoladora, le dice que lo ve a el por sobre su hombro (puesto que no se mira en el mismo espejo que el) y le dice “veo que no hay nada apenas que me guste”, se produce un quiebre, el terapeuta pareciera despertar de repente, pareciera tomar conciencia del efecto de sus palabras sobre la fragilidad de su paciente, pero ya era demasiado tarde, ella se había arrojado al vacío, había pasado al acto, consumado su suicidio, el no alcanzó a detenerla, o podría pensarse más bien que la soltó, que ella le estaba pidiendo a gritos que la ayude, le estaba pidiendo un espejo, no una ventana donde encontramos el vacío del otro lado, un espejo en el cual mirarse, armarse, reconocerse, quien sino el analista podría ocupar ese lugar durante el análisis, en la transferencia.
Sin querer ser demasiado meticulosos, nos es menester para vislumbrar el análisis de la responsabilidad subjetiva la escena que precede a la descripta anteriormente, en el film y cronológicamente en el tiempo del mismo, una en la cual, el personaje de la paciente entra en una desesperación al no encontrar una máscara, el autor supone que hay en esa escena una energía pulsional que ella no liga. Pierde el pulso y desarrolla un cuadro de angustia, en el cual participan la sexualidad y la muerte, cuando ella toma un revolver, se lo coloca en su boca pintarrajeada y no solo que no dispara sino nos figura lo que Rush nombra como un “felatio mortal”.
Digamos que en ese estado la paciente concurre a su terapia.
El autor plantea como hipótesis “el manejo de la transferencia precipito ese pasaje al acto, provocando que el suicidio tuviera lugar allí en ese preciso momento”.Con respecto a la transferencia nos parece pertinente citar un artículo en el que Freud habla acerca de la misma;
En el comienzo del articulo de las puntualizaciones del amor de transferencia Freud comienza planteando que los psicoanalistas jóvenes al empezar su practica están preocupados de que es lo que van a tener q interpretar. Dice que es una tarea más difícil la otra, no la interpretación, sino la que corresponde al manejo de la transferencia. La idea de manejo, de compulsión, en el sentido de que hay algo desbocado en la transferencia, que puede tener que ver con ciertas puestas en acto, repeticiones.
Si bien Freud, en su escrito “técnico” no impone reglas, desarrolla que la cura debe realizarse bajo la ley de neutralidad y el principio de abstinencia, para lograr manejar aquel fenómeno de la transferencia.
Entonces podemos observar a grandes rasgos el protagonismo de la transferencia en un análisis y visualizar cierta posición que debería tomar el analista.
Es a partir de ese pequeño esbozo de lo que implica este fenómeno en el psicoanálisis que podemos ver como el Dr. Capa falla en el manejo de transferencia, cegado quizá por su arrogancia, negando como su paciente lo acorrala, haciendo caso omiso de la desesperación y angustia que ella demostraba, haciendo oídos sordos del papel de la sexualidad en ese vinculo transferencial, y desentendiéndose absolutamente de lo que en realidad su paciente demandaba, mostrándose dueño de la verdad en esa situación, hasta queriéndosela imponer, cuando se sale de su lugar, para evadir el acorralamiento y vuelve luego a colocarse por encima de ella, sentándose en el escritorio, la miraba desde arriba. Y ahí interviene. “Mírate al espejo y encontraras al enemigo”. Intervención que termina luego en un pasaje al acto, en el suicidio de su paciente. Y según Richard Rush esa es la intervención que adquiere responsabilidad respeto de que ella se quede sin más futuro que caerse. “el la ha abandonado en el espejo. Es la imagen de un analista que ha desistido de la transferencia.”
2) Respecto del circuito de responsabilidad ubicamos, en la escena de la paciente que se suicida, 3 tiempos lógicos que dan cuenta del circuito:
En un primer tiempo, el tiempo de la acción que se piensa se agota en los fines para los que fue concebida, pensamos aquí al sujeto en pleno uso de sus facultades mentales. Podemos situar en la trama de la película la intervención del analista cuando le dice a su paciente que se mire al espejo y le diga que ve. En un segundo tiempo, el tiempo de la interpelación del sujeto, tiempo que da cuenta de que algo sucede, que algo no marcha bien, podemos ubicar la frase que la paciente le dice a su analista: “veo que no hay nada apenas que me guste”, en ese momento el terapeuta es interpelado, gira sobre si mismo y ya es demasiado tarde, su paciente vuela, arrojándose por el gran ventanal que da a la calle, la larga y solitaria caída refleja quizá la que hace ya mucho tiempo se puede pensar que ella venía sufriendo…se consuma un pasaje al acto producto de su intervención. Encontramos un tercer tiempo en la película, el momento de la resignificación del tiempo uno, donde como dice Oscar D¨Amore:”se diluye el sentimiento de culpa. Se produce el efecto sujeto, hay acto” El analista responde por su deseo inconsciente. El acceso al deseo se paga con culpa estructural. Es aquí, en este tercer tiempo donde para el psicoanálisis se encuentra la responsabilidad, en esta relectura del tiempo uno, cuando se enfrenta a su deseo inconsciente y se reconoce en ese lugar. El tercer tiempo lógico lo ubicamos cuando luego del accidente el analista ve a su paciente muerta sobre el asfalto y nota que la sangre que sale de ella tenía un vívido color rojo que al cabo de unos instantes comienza a transformarse en una visión grisácea, situamos aquí un síntoma conversivo histérico, en el cual el terapeuta da acuse de recibo respecto a la interpelación que en un segundo tiempo le hace su paciente. Pudimos notar un cambio de posición subjetiva; el terapeuta abandona luego de lo sucedido su tarea analítica y se lo nota visiblemente distinto a la primera escena de la película en la que ocupaba una posición privilegiada en lo más alto de un gran edificio, el analista parece caer de su lugar de autoridad y sabiduría, se derrumba, y se estrella contra el piso, la dura realidad que le devuelve una imagen de alguien quebrado, el espejo de la realidad del que no puede evadirse por más que lo intente…
3) Podemos ubicar en la escena del suicidio de la película elementos de azar, es decir, elementos que implican cierta incertidumbre, que escapan al sujeto por ejemplo: que el analista tenga su consultorio en el último piso de un gran edificio. Que haya muchos espejos en su consultorio y el analista pueda haber hecho la intervención que hizo, el hecho de que haya una gran ventana que daba justo a la calle y que la misma estuviese sin cortinas por lo cual ella podía verse reflejada en la misma. En cuanto a los elementos de necesidad, fenómenos que suceden por fuera de la voluntad humana: la ley de la gravedad, el hecho de que el analista, en el momento en que ella decide arrojarse al vacío, se encontraba a una distancia tal que no pudo compensar la velocidad que la paciente toma para arrojarse al vacío. Que el vidrio se rompa por el peso de su cuerpo.
4) El texto de Oscar D´Amore plantea a la culpa como la condición para el circuito de responsabilidad subjetiva, y que la misma depende de una operación simbólica, que viene a ser la interpelación subjetiva que se da en el tiempo 2, que viene resignificar el tiempo 1 por la interpelación, a través de la culpa. La interpelación, nos dice, es lo que genera culpa en el sentido lato. Es lo que exige una respuesta, que retrocede al ámbito de lo moral, esta respuesta es particular.
Cuando realizamos el circuito de responsabilidad subjetiva sobre el film, logramos visualizar un tiempo 3, en el cual creemos encontrar un efecto sujeto en el que entraría en juego un deseo inconsciente, por el cual el sujeto también se responsabiliza por su acto. Es justamente como consecuencia de esta responsabilización que no encontramos figuras de culpa, es decir que al responder a la interpelación con un efecto sujeto, nos otorga un tiempo 3, cerrando el circuito de responsabilidad subjetiva.
Podríamos decir que al el Dr. Capa, al sentirse insultado en su persona, en su sexualidad (ella le desea que Dios le encogiera el pene, lo compara con su ex marido, insulta al psicoanálisis, insulta a su palabra), toca su subjetividad, el se evade, se defiende, desde su consultorio fálico, desde su amada posición arrogante, se coloca sobre encima de ella para defenderse, para salir de aquel acorralamiento al que lo expone su paciente y contraataca con su intervención ¨mírate al espejo y encontraras tu perseguidor¨.
Entonces encontramos culpa en el tiempo 2, en el instante en el que el da cuenta de los efectos de su intervención, cuando ella expresa veo que no hay nada apenas que me guste, pero hablamos de responsabilidad cuando logra su deseo inconsciente que es evadirse de ella, defenderse, “sacársela de encima” (el se re ubica para mirarla desde arriba cuando se siente acorralado), e interviene, y ahí es cuando gana su deseo inconsciente. Ella deja de ver al perseguidor en su analista, se encuentra en una realidad en la que se desencuentra, se cae de la escena, pasa al acto. Y una vez consumado el suicidio, el se responsabiliza por su intervención.
5)Podríamos realizar un paralelo entre lo q significa la ley de neutralidad y el principio de abstinencia en un psicoanálisis y la neutralidad que pretende lograr Ibietta cuando se despoja de todo aquello que lo aferraba a la vida, con el propósito de enfrentar su destino de la manera menos dolorosa. El personaje principal del cuento El muro, cuando es sentenciado a muerte, pasa las supuestas últimas horas de su vida despojándose y despidiéndose de sus seres queridos hasta que lograr creer que estos ya no les interesan, le son ¨neutros¨.
Parecido a lo que hace un analista cuando esta llevando a cabo un análisis con un paciente. Este no debería dejar que se filtren y entren en juego en la terapia, sus deseos, sus juicios, su persona, para poner como prioridad su posición en la función del analista. En esto esta basado la ley de neutralidad de la cual nos habla Freud en uno de sus escritos técnicos.
Pero en ambos casos, tanto en el de Ibietta como en el del Dr. Capa hay algo que se termina sobreponiendo a ese intento de neutralidad, sus deseos inconscientes, lo que nos permite visualizar el circuito de responsabilidad subjetiva.
Ambos en afán de cumplir con su propósito, uno el de llevar a cabo la cura en psicoanálisis a través de su intervención y el otro el de hacer una “jugarreta” elaboran un primer tiempo. En el caso del Dr. Capa lo ubicamos en la escena cuando interviene solicitándole a su paciente que se mire al espejo para encontrar a su perseguidor, siendo que previamente el había sido acusado de serlo por su paciente, y en el caso de Ibietta el de hacerle una jugarreta a los falangistas, porque sentía que ya no tenía mas nada que perder.
El tiempo 2 lo ubicamos en Ibietta en el momento en que el panadero le informa sobre la muerte de Ramón Gris, y es ahí donde se genera la interpelación subjetiva donde se interroga el tiempo 1. Y a esta interpelación responde con la afirmación, con el efecto sujeto, en el que podemos ubicar un tiempo 3, con llantos y risas al mismo tiempo, dando cuenta de la división del sujeto, de la resignificación de aquella jugarreta en el tiempo 1, de su deseo inconsciente de vivir que le otorga la responsabilidad subjetiva.
En el caso del Dr. Capa, el tiempo 2 lo ubicamos en el momento que el da cuenta de lo que iba a suceder con su paciente, el instante en el que se interroga, el tiempo del temblor. Y al suceder esto, al concretarse el suicidio de su paciente, también satisface su deseo inconsciente de sacársela de encima, que nos da un tiempo 3 en el circuito de responsabilidad subjetiva.
Para el Dr. Capa su carrera y su vida caen al mismo tiempo en que lo hace su paciente cuando se lanza por la ventana de su consultorio. Capa ya no será capaz de ver el color rojo.

Bibliografía
• D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Freud, S.: (1925) Puntualizaciones sobre el amor de transferencia. En Obras Completas, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1986.
• Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.
• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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