Inicio > Acceso Docentes > cuatrimestre 2009 > El corazón delator >

por 

El corazón delator - Edgar Allan Poe
Este cuento está narrado en primera persona. El protagonista (de quien no sabemos el nombre) comienza diciendo que, sin saber cómo, se apoderó de él la idea de matar al viejo, a pesar de que no le molestaba el anciano en sí, incluso explica que nunca tuvo problemas con él ni tampoco le interesaba su dinero. Lo que en realidad le molestaba era algo que había en el viejo: uno de sus ojos. Este ojo lo describe como el ojo de un buitre, “azul pálido, nublado, con una catarata”. Y cada vez que el viejo lo miraba con ese ojo el personaje se sentía muy perturbado. Entonces comenzó a espiar al viejo mientras dormía. Cada noche, con sumo cuidado abría la puerta de la habitación donde el anciano descansaba, introducía la cabeza e iluminaba levemente el ojo de buitre con una linterna. Durante siete noches encontró el ojo cerrado. Entonces lo observaba durante unos momentos y luego se iba. Pero ocurrió que la octava noche, cuando ya había logrado abrir sigilosamente la puerta y meter su cabeza en la habitación, se resbaló uno de sus dedos y golpeó contra la puerta. El anciano se despertó y preguntó “¿quién anda ahí?”. Si bien a causa de la profunda oscuridad el viejo no logró ver que el personaje del cuento estaba espiándolo desde la puerta, se quedó despierto en su cama intentando oír o ver algo más. El protagonista se quedó muy quieto, hasta que finalmente decidió encender la linterna como lo hacía cada noche, pero esta vez cuando alumbró vio el ojo abierto. Verlo le generó gran inquietud como siempre, pero se contuvo y se quedó observando ese ojo frío que tanto lo alteraba. Pero de pronto comenzó a escuchar un ruido sordo, “semejante al producido por el tic-tac de un reloj envuelto en algodones”. Ese sonido era el del corazón asustado del viejo, y escucharlo le produjo una angustia incontenible, que lo llevó a introducirse con un grito en la habitación, derribar al viejo de la cama y luego tirarle la cama encima, produciéndole la muerte por asfixia. Constatar la muerte del anciano le trajo tranquilidad porque sabía que el ojo no iba a molestarlo más. Entonces descuartizó el cadáver y escondió los restos debajo del piso de la habitación. Pero una vez que había finalizado con esta tarea, llegó la policía, alertada por alguien que había escuchado el único grito que emitió el viejo al ser atacado. El protagonista, seguro de su impunidad, hizo pasar a los agente a la casa y les permitió revisar, bajo la excusa de que el anciano estaba de viaje. Al constatar los policías que todo estaba en orden, los invitó a sentarse en la misma habitación donde habían ocurrido los hechos, y entablaron una alegre charla. Pero de repente, algo puso fin a su tranquilidad. Comenzó a escuchar un extraño ruido: se dio cuenta que era el latido del corazón del viejo. Intentó disimular su turbación, pero finalmente no pudo soportarlo más porque que se hacía cada vez más fuerte y opresor, y le hacía creer que los policías también lo escuchaban y se estaban burlando de él. Finalmente, en medio de un grito confesó el asesinato.

Articulando el circuito de la responsabilidad, y ubicando las categorías de necesidad y azar, intentaremos situar la responsabilidad subjetiva del personaje del cuento de Edgar Allan Poe.

Con respecto a las cuestiones del azar y la necesidad, debemos recordar que tanto azar como necesidad son aspectos que escapan a la intervención humana. El azar es contingente, no hay una relación causa-efecto, como sí la hay en la necesidad. Por ejemplo, tomemos el momento en que el protagonista estaba espiando al viejo mientras dormía y su mano resbaló y golpeó contra la puerta, y el ruido produjo que el anciano se despierte. Aquí podríamos encontrar a la necesidad en el ruido que provoca un objeto al chocar contra otro, en función de la velocidad a la que se produce el choque y de las masas de ambos objetos. Esta cuestión de la física escapa al sujeto y tiene una clara relación causa-efecto. Pero por otro lado, el hecho de que su mano se resbale fue azaroso, porque no había nada que previera que eso podría ocurrir.

Por otro lado, debemos articular el cuento en función al circuito de la responsabilidad:
El primer tiempo del circuito siempre es una acción, que se supone realizada por el sujeto de la conciencia. Por lo tanto podríamos situar como primer tiempo el hecho de matar al viejo. Esta idea había sido concebida por el personaje hacía algún tiempo a partir de su anhelo de librarse de ese ojo de buitre que lo turbaba y lo perseguía, pero lo que finalmente lo lleva a actuar es otra cosa: es la ansiedad que le produce el sonoro latido del corazón del viejo, quien se encontraba pávido ante esa situación inquietante. El protagonista se llena de angustia ante este corazón que cada vez late más fuerte y más rápido, se precipita sobre el anciano y lo mata.
En el segundo tiempo hay una interpelación y el sujeto de la conciencia se desvanece, porque se da cuenta que aquello que realizó en el tiempo 1 no se agotó allí. Entonces este segundo tiempo es de conmoción porque aparecen figuras de la culpa (como por ejemplo la angustia) que develan la responsabilidad. En este punto podríamos señalar la interpelación que le produce al personaje volver a escuchar el latido del viejo: mientras hablaba con los policías se sentía tranquilo y triunfante, pero de repente comenzó a escuchar un ruido que al principio le pareció sólo un zumbido. Pero el ruido fue incrementándose, y entonces pensó que “era un ruido sordo, ahogado y continuo, semejante al producido por el tic-tac de un reloj envuelto en algodones”. Esta definición es la misma que había dado sobre el latido del viejo en el momento anterior a matarlo. Por lo tanto, en este momento el sujeto de la conciencia, que creía que había realizado un acto que ya había concluido, se desvanece porque este tiempo 1 vuelve sobre él, y en su lugar aparece la angustia, que incluso se ve reflejada en lo físico porque palidece y comienza a costarle respirar.
En un tercer tiempo podríamos encontrar el acto de confesión. La interpelación surgida en el tiempo 2 lo lleva a un estado de conmoción tal que finalmente dice “me di cuenta que era preciso gritar o morir”. Y a continuación, en medio de un grito, confiesa: “¡No disimuléis más! ¡Lo confieso todo! ¡Arrancad estas tablas! ¡Aquí! ¡Es el latido de su implacable corazón!”.
En este momento se podría decir que hay un cambio de posición porque el sujeto no tenía planeado confesar el homicidio. Al contrario, se sentía satisfecho del trabajo que había hecho para deshacerse del cuerpo y limpiar las evidencias. Por lo tanto, el cambio de posición que ocurre no es desde el aspecto moral, porque está claro que no se plantea el asesinato como algo condenable social, judicial o religiosamente, o sea desde el eje de lo particular. Sino que todo nos lleva a pensar que el cambio de posición la produce el latido, que vuelve para perseguirlo desde un más allá y le muestra que el crimen no logró su finalidad, y lo lleva a creer que la confesión es el medio para poder librarse finalmente del ojo, del corazón y del viejo.
Sin embargo, la forma de relatar el asesinato nos hace pensar que no hubo un reposicionamiento completo, porque sigue sin tener una razón valedera que explique por qué mató al viejo, y además no se plantea en ningún momento por qué pudo haber ocurrido que volviera a escuchar el latido. Pero esto lo podríamos articular con la hipótesis clínica, y podríamos plantear la posibilidad de que el protagonista tuviera una estructura psicótica y padeciera de alguna enfermedad mental, por lo tanto un reposicionamiento subjetivo le llevaría mucho más trabajo. Pero si pudiéramos confirmar esta hipótesis cabría preguntarnos ¿hasta dónde puede o debe hacerse responsable un psicótico? Dentro de la responsabilidad jurídica, o sea en el eje particular dentro del cual se encuentran las leyes, un psicótico es considerado inimputable sin lugar a dudas . Pero desde la posición psicoanalítica y tomando al acto como una singularidad del sujeto, sabemos que “el campo de la responsabilidad subjetiva confronta al sujeto con aquello que perteneciéndole le es ajeno” . Por lo tanto, más allá del tipo de estructura que tenga el sujeto debería hacerse responsable por su saber no sabido, por aquello que proviene de su inconsciente. Entonces, sabemos que el sujeto debe responsabilizarse por aquello que retorna desde lo real en forma de sonidos e ideas delirantes, pero podemos preguntarnos cómo se debe hacer responsable y hasta qué punto, y dónde se ubicaría su deseo como trasfondo de sus actos (por falta de herramientas teóricas sobre psicopatología preferiría dejar estas preguntas abiertas…)

Entonces, con relación a la hipótesis clínica, vemos que al comenzar el relato, el personaje dice “soy muy nervioso (…) lo he sido siempre. Pero ¿por qué decís que estoy loco? La enfermedad ha aguzado mis sentidos, pero no los ha destruido ni embotado”. No aclara a cuál enfermedad se está refiriendo, pero luego, más adelante en el cuento se pregunta “¿No creéis que es una hiperestesia de los sentidos aquello que consideramos locura?”. Esto nos lleva a pensar que tal vez ya tenía un diagnóstico de padecer algún tipo de psicosis antes de que ocurrieran los hechos que son relatados en el cuento, pero él minimiza esta cuestión diciendo que es solamente una gran sensibilidad de los sentidos. Igualmente esta excusa confirmaría nuestra hipótesis porque, por ejemplo en la esquizofrenia, uno de los síntomas son las alucinaciones. Por lo tanto, escuchar el latido del corazón del viejo en una forma tan clara y sonora, tanto antes como después de matarlo, podría ser una alucinación auditiva, pero el personaje cree que eso es simplemente el resultado de una gran sensibilidad de su oído.
Otro síntoma que aparecería muy claro en el relato son las ideas delirantes, porque para el protagonista la fuente de todos sus tormentos era el ojo del anciano. Simplemente su ojo. “Siempre que caía ese ojo sobre mí se helaba mi sangre. Y así, poco a poco, gradualmente, se me metió en el cerebro la idea de matar al anciano y librarme para siempre de este modo de aquellas mirada”. Al final del relato, cuando el personaje empieza a escuchar nuevamente el latido mientras hablaba con los policías, volvemos a encontrar este síntoma de delirio, porque el protagonista estaba convencido de que los policías también estaban escuchando el latido y que sabían que él mató al viejo, y que no decían nada al respecto porque se estaban burlando de él: “¡Sabían! ¡Estaban divirtiéndose con mi terror! Así lo creí y lo creo ahora.”



NOTAS

Película:

Titulo Original:

Director:

Año:

Pais:

Otros comentarios del mismo autor: