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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Segunda Evaluación

Cátedra: Fariña, Juan Jorge Michel
Comisión 4: Noailles, Gervasio
Cambra Badii, Irene

Salomone, Javier
LU: 33.025.618/0
salo.javier@gmail.com

2do Cuatrimestre
2009
RECORTE:
Tomaremos para la realización de este trabajo el cuento “El Corazón Delator" de Edgar Alan Poe. El texto está relatado en primera persona. El narrador comienza dándonos algunas pistas acerca de sí mismo, nos cuenta que siempre fue muy nervioso, pero sin embargo, no está de acuerdo con aquellos que lo llaman loco: “Atiendan y observen con qué cordura y con qué tranquilidad puedo contar toda la historia”. Enseguida nos cuenta las razones por las cuáles asesinó al viejo que vivía con él. “Tenía el ojo de un buitre, un ojo azul pálido, velado con una membrana. Cada vez que me echaba la vista encima, se me helaba la sangre”. “Fui tomando la decisión de matar al viejo para librarme del ojo para siempre”.
Comienza a relatar luego el modo en que decidió matarlo, “deberían haberme visto” siempre jactándose de la extrema cautela con que realizaba sus acciones y de su agudísimo oído “oía todas las cosas del cielo y de la tierra y, además, muchas cosas del infierno”. Todas las noches, exactamente a las doce y en plena oscuridad, empujaba con mucha suavidad la puerta del cuarto del viejo, e introducía una linterna cerrada y su cabeza por completo. Abría la linterna mínimamente, apuntando al ojo de quién sería su víctima. Al encontrarlo cerrado desistía de su propósito.
La octava noche, fue tan grande su cautela y su destreza al abrir la puerta, que río entre dientes al sentir el alcance de sus facultades, y el viejo debe haberlo oído pues se movió en la cama. “Ustedes creerán que me eché atrás. Pero no.” Amparado en la oscuridad, nuestro narrador continuó con su labor y cometió otra torpeza, su dedo resbaló y produjo un sonido. Esta vez el viejo saltó de la cama. El protagonista, se mantuvo inmóvil y luego de un buen rato, abrió la linterna, y encontró el ojo abierto de par en par. Enseguida oyó, con su finísimo oído, el latir del corazón del viejo, cada vez más fuerte. “¡Algún vecino podía oír ese sonido!” Fue la preocupación que puso al narrador en movimiento. Ingresó a la habitación con un alarido, el viejo gritó, y el lo asesino ahogándolo con el colchón. Tomó grandes precauciones para esconder el cuerpo en el suelo de la habitación del viejo y cuando terminó, tres policías golpearon a su puerta.
Un vecino había oído el grito y ellos debían registrar el lugar. Completamente seguro por las precauciones que había tomado, nuestro protagonista, les rogó que registraran la casa “a fondo”. Los llevó a la habitación del viejo y dispuso sillas, en las cuales comenzaron a charlar, los agentes parecían satisfechos con la actitud del cronista. Sin embargo, de golpe, éste comenzó a percibir, muy apagado al principio, pero cada vez más fuerte un zumbido. “Era un sonido apagado y presuroso, como el que hace un reloj cuando está envuelto en un paño”. Los agentes no oían nada, pero nuestro relator comenzaba a hablar con más vehemencia, intentando tapar el ruido que cada vez se hacía más fuerte. “Y los hombres seguían charlando tan tranquilos y sonriendo ¿era posible que no lo oyeran? ¡Santo Cielo! ¡No, no! ¡Lo oían, lo sospechaban, lo sabían!¡Estaban burlándose de mí! (...) -¡Malvados! –grité- ¡Basta ya de disimular! ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten las tablas! ¡Ahí..., ahí! ¡Está latiendo su horrible corazón!”

DESARROLLO:
Tomaremos como sujeto de nuestro análisis al narrador del cuento. La pregunta que nos haremos, es cuál es la responsabilidad del sujeto en el hecho de haber sido descubierto. Tomaremos dos momentos del relato, para ubicarlos en el circuito de la responsabilidad. El primero, el momento en que los policías se presentan a su puerta. El asesino les ruega que registren a fondo y los lleva y hace sentar en la habitación en la cuál ha enterrado al viejo. El segundo momento, inmediatamente posterior, es cuando vuelve a escuchar el corazón del viejo y sospecha que los policías se burlan de él, e irritado por esto confiesa su crimen.

En el primer momento, el sujeto está totalmente seguro de los recaudos que ha tomado y decide hacer pasar a los policías sin ningún temor. Tomando las categorías de azar y necesidad, podremos pensar que fue azaroso que hubiera de un vecino que escuchara el grito y llamara a la policía; del orden de la necesidad es la presencia de los policías en la puerta de la casa luego del llamado. Sin embargo, frente a eso, el asesino podría haberles negado el paso o podría haber intentado hacerlos permanecer en la casa el menor tiempo posible, sin embargo los sienta justamente allí donde ha enterrado al viejo. Es evidente que le cabe responsabilidad al sujeto en este hecho.
En un segundo momento se presentifica el sonido del corazón y él se ve obligado a confesar. Esto, en un primer análisis, parecería ser una cuestión más ligada al azar, puesto que no se evidenciaría una causa a partir de la cuál este sonido pudiera surgir para el sujeto. Sin embargo, podremos pensar que sí le cabe alguna responsabilidad al sujeto en esto, a partir de la siguiente hipótesis clínica: El sujeto deseaba de ser descubierto. Lo que lo lleva al asesinato es la satisfacción en ser mirado y ser oído. Por ende, el sujeto no ha hecho pasar a los policías para librarlos de sospechas, sino por el contrario, para que sean testigos de lo que ha hecho.
Para sostener esta hipótesis tomaremos otros momentos de la narración y algunas ideas de la teoría psicoanalítica lacaniana. No pretendemos realizar ningún tipo de diagnóstico, y comprendemos que, en tanto es una historia de ficción, puede no ajustarse exactamente al marco teórico. Sólo aprovecharemos los conceptos de la teoría para dar sosten a aquellos pasajes del cuento que nos parecen relevantes.
Un momento que nos parece importante es aquel en que, a oscuras introduciendo su cabeza en la habitación del viejo, decide continuar aún cuando sospecha que el viejo lo ha oído. “Ustedes creerán que me eché atrás. Pero no.” Esta aclaración demuestra la implicancia del sujeto en su decisión, comprende que aún está a tiempo de echarse atrás, sin embargo decide seguir. En este momento el sujeto fascinado por sus facultades y su sagacidad, no ha podido contener una risa. Sospecha que el viejo lo ha oído, sin embargo, decide seguir empujando la puerta. Nos parece importante este momento, puesto que en la sospecha de que el viejo lo haya oído, se encuentra la posibilidad de que esta vez sí, el ojo este abierto y el asesinato pueda ser consumado. En definitiva, no podrá atribuirse al azar, si esta vez el sujeto se encuentra con el ojo abierto. Podríamos tomar para nuestro análisis el momento posterior al segundo sonido que realiza el sujeto, frente al cuál el viejo se levanta y ya no hay dudas de que está despierto. Pero nos obliga a darle toda su importancia al primer momento la siguiente frase: “Sabía lo que estaba sintiendo el viejo y tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Sabía que él había estado despierto desde que oyó el primer leve ruido, cuando se movió en la cama. Desde entonces el miedo le embargaba cada vez con más fuerza”. Luego de esto ilumina el ojo que está abierto de par en par y comienza a escuchar el latido del corazón del viejo cada vez más fuerte. Ya no tiene vuelta atrás (los vecinos escucharán ese sonido), y dando un alarido asesina al viejo.
Es evidente que para el sujeto el objeto escópico tiene una importancia mayúscula, puede verse esto claramente en el terror que le produce el ojo del viejo. “Cada vez que me echaba la vista encima, me helaba la sangre”. O en la frase, “deberían haberme visto”. Que muestra claramente la importancia que porta para el sujeto, no el asesinato, sino que Otro sea testigo de sus facultades. El deseo de ser mirado cuadra muy bien con el horror ante la mirada presentíficada del viejo. Desde la teoría psicoanalítica puede decirse que el objeto que causa deseo lo causa en tanto permanece oculto, en el instante en que se presentifica lo que sobreviene es la angustia. El punto más claro en que encontramos esta exigencia de ser mirado es justamente en la necesidad de que el ojo del viejo esté abierto para realizar el asesinato. Es decir, que el viejo lo viera asesinándolo. Pensamos entonces que la frase “no me irritaba el viejo, sino el mal de ojo” podría interpretarse como “no era matarlo lo que yo deseaba, sino que hubiera testigos”. También hemos dicho que cobra importancia la satisfacción en oír y ser oído. El sujeto está orgulloso de su agudo sentido del oído y se ocupa de mencionarlo cada vez que hace uso de éste. Es así como en el exacto momento en que se encuentra frente al horror del ojo abierto, se le presenta también el sonido del corazón cada vez más fuerte, provocándole un terror incontrolable. Vemos también que la presentificación del sonido del corazón, lo lleva a pensar en la posibilidad de que Otro atestigüe su labor: “¡Algún vecino podía oír ese sonido!”. El sonido del corazón parece ser el medio por el cuál un tercero se hace presente en la escena.
Entonces, esta presentificación, no es producto del azar. Frente a los policías, que a pesar de estar en el lugar del crimen, parecían empecinados en no descubrirlo, este objeto (el sonido) genera la necesidad de que los policías lo oigan y por ende ya hayan descubierto el asesinato. Permite entonces al sujeto confesar. Según nuestra hipótesis, el sujeto debe responder frente a aquello que lo obliga a confesar, ya que desde el principio el asesinato era la búsqueda de que Otro fuera testigo del mismo lo. Escuchar el sonido era la manera de motorizar sus acciones frente a una mirada que parecía engañada y superada. De hecho, lo que lo mueve a confesar no es tanto lo insoportable del sonido, sino la indiferencia de los policías frente al mismo.
Relacionaremos ahora lo dicho con los conceptos de la moral particular y con lo universal-singular. Tal como lo plantea Fariña, estas la categoría de la moral particular, se refiere a aquellas cuestiones que se definen dentro de las normas ya establecidas en una época, cultura, o situación; la categoría de singular-universal, por el contrario, se refiere a aquello que no está contemplado por las normas y amplía el espacio del discurso. Diremos que un sujeto existe en el momento de un acto singular, es decir, cuándo toma una decisión que no es la simple aceptación de las normas establecidas. Para el caso que hemos tomado, nos interesa pensar en un tercer momento en el circuito de la responsabilidad, que será el momento en el cuál, el asesino cuenta su historia. Queremos plantear este momento como un acto singular, puesto que a diferencia de la confesión, en la cuál el sujeto dice lo que cree que los otros ya han averiguado, en la narración logra romper con el particularismo, para afirmar su propia verdad subjetiva. El texto está escrito, sobre todo, para dar respuesta sobre lo que el sujeto ha realizado. Si, como afirma en su relato, el sujeto es tomado por loco, podemos suponer que no ha sido interpelado por la justicia o la policía.
Consideramos que la narración podría ser entonces un intento de recobrar la subjetividad que la sociedad, desde su moral particular, le niega. “¿Cómo voy a estar loco? Atiendan y observen con qué cordura y con que tranquilidad puedo contar toda la historia”. En el mismo llamado que realiza para ser reconocido como sujeto (tanto como el sujeto que ha realizado el crimen como el sujeto que ha confesado, puesto que todo es parte de la narración) Y vemos cómo en esta misma introducción a la historia, el sujeto da cuenta de las dos satisfacciones que han dado origen a toda la acción. Escuchen y miren, pide. Es así como vemos que el sujeto, tras su confesión, que tan sólo brindaba la ubicación del cadáver, se muestra ahora dispuesto a realizar una confesión mucho más amplia, en la cuál dará cuenta, no sólo del crimen cometido y confesado, sino más aún, de las satisfacciones pulsionales que el mismo ponía en juego. Planteados entonces, el primer tiempo en que el sujeto busca ocultar su crimen, el segundo, que da la pauta de que no encubrir el asesinato lo que motivaba al sujeto; el tercer tiempo es aquel en el cuál el sujeto podrá decir el objetivo mismo del asesinato y de la confesión. Ser mirado y ser oído.

BIBLIOGRAFÍA:
- http://www.literature.org/authors/poe-edgar-allan/tell-tale-heart.html 16/11/09 (versión en idioma original del cuento “Tell tale heart”)
- Poe, E. A., “El corazón delator”. En Narraciones extraordinarias, editorial Gradifico, Buenos Aires, 2001
- Michel Fariña, J.J. (1998) Lo universal-singular como horizonte de la ética, En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
- Mosca, J.C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra, Eudeba, Buenos Aires.
-Salomone, G.Z. El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos. Letra Viva. 2006
- Dominguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos. Letra Viva. 2006
- Czerniuk, R.: (2000) Althusser: un nombre público en Superyó y filiación. Destinos de la transmisión, Laborde Editor, Rosario.
- Mazzuca, R. Y colaboradores, Las psicosis: fenómeno y estructura, Bergasse 19, Buenos Aires 2008.



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