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Psicología, Ética y Derechos Humanos
- Ciclo de Formación Profesional -

Titular: Prof. Lic. Juan Jorge Michel Fariña

Código 71 Cátedra 1

Docente: Lic. Dora Serué

Alumnas: -María Eugenia NOGUERA FLORENTÍN

maenoguera@gmail.com

DNI 31.963.910

- Daniela Mariana ROCA

Danielaroca_86@hotmail.com

DNI 32145119

Comisión 02

2do cuatrimestre 2009 - Segundo parcial

Emily: “Vendiste tu alma cuando usaste
tu primer par de zapatos de Jimmy Choo”

A continuación se desarrollará el despliegue de un recorte sobre la película “The Devil wears Prada” (David Frankel, 2006), historia que tiene como protagonista a Andy Sachs, una joven recientemente recibida de periodista que empieza a incursionar y dar sus primeros pasos en Runway; una de las revistas más importantes a nivel internacional de diseño y moda.
Podríamos decir que tanto la apariencia de Andy como su modo de pensar respecto a la moda desentonan con las cualidades del resto de los empleados de la empresa. Toda la cultura organizacional se ve homogeneizada por el culto al diseño, lo estético, el arte y la belleza y esto lo vemos reflejado en el comentario de Emily Charlton, primera asistente de la Jefa de Redacción Miranda Priesly, quien enuncia al ver el aspecto desprolijo y descuidado de Andy en su primer entrevista: “Recursos humanos tiene un raro sentido del humor”.
La mencionada Miranda Priesly como ícono y referencia en el ámbito de la moda, quien suele ser conocida por su tiranía y exigencia en el trabajo, va a ser quien entrevista a Andy y finalmente le otorga el puesto, como segunda asistente.
Los primeros momentos de la película evidencian entonces este “desentonar” de la protagonista con el mundo de la moda, como un aparente “mundo paralelo” del que se desentiende; no sólo a nivel externo, por la apariencia y vestimenta de Andy, sino también por el modo de pensamiento que utiliza para describirlo. Ante todo esto, recibe del entorno comentarios hirientes, peyorativos, como cuando Emily le dice: “Debes entender que este es un trabajo difícil para el que no eres la indicada”. Andy percibe su desentornar pero justifica su incorporación laboral pues es “un trabajo para pagar el alquiler”. A su vez, a medida que van pasando los días tanto desde el mismo entorno laboral, como también de conocidos, recibe referencias de que “es el trabajo que toda chica quisiera tener”; “matarían por un trabajo así”, “si hace las cosas bien, le va a abrir muchas puertas” y su contrapunto, “si hace algo mal, es el final de su carrera”.
Pero a medida que van pasando los días y que Andy puede encontrar lograr un equilibrio en el desempeño de sus funciones, lograr ser efectiva y eficaz ante los pedidos de Miranda, empieza a generarse un cambio drástico en su imagen, que completa el proceso de incorporación y homologación al ámbito laboral. No podemos dejar de situar la presencia de la singular escena donde pasa a buscar a su novio por su lugar de trabajo y éste no la reconoce.
Ya a mediados de la película se desarrolla la Semana de la Moda en París, como evento central en la vida de Miranda y por el cual Emily estaba muy entusiasmada, puesto que al ser la asistente primera era ella quien debía viajar acompañándola. Pero es entonces que a medida que Andy comienza a trabajar de forma más ordenada, Emily comienza a flaquear en su desempeño, lo que deriva en la trágica escena donde Miranda le comunica a Andy que va a ser ella quien viaje y no Emily. En la primer reacción, Andy refiere que no puede hacerle eso a Emily, pero Miranda refiere “Si no vas, supondré que no te interesa tu futuro en Runway, ni en ninguna otra publicación. La decisión es tuya. Eso es todo”. Al día siguiente, cuando Andy debe comunicarle a Emily que será ella quien viaje, durante la llamada telefónica, ésta última es atropellada por un auto.
La escena luego se desarrolla en el hospital, donde estando Emily internada refiere: “eras tú la que dijo que no te importaban estas cosas… No te interesaba la moda, querías ser periodista… Vendiste tu alma cuando usaste tu primer par de zapatos de Jimmy Choo”.
Finalmente, para completar el recorte utilizaremos la escena donde Andy le recrimina a Miranda la traición que cometió ante Nigel, diseñador y colaborador de Runway, dejandolo fuera de un proyecto, que este soñaba hace mucho tiempo, cercenando su desarrollo independiente de la revista. El diálogo nos parece sumamente pertinente:
Miranda: “Nunca pensé que iba a decir esto pero realmente veo mucho de mí en ti. Ves más allá de lo que la gente quiere, de lo que necesita y puedes elegir por ti misma”
Andy: “No creo que yo sea así. (pausa) No haría lo que le hiciste a Nigel. No podría hacer algo así”.
Miranda: (Sonríe) “Ya lo hiciste. (la mira) A Emily”.
Andy: “No fue por eso. Fue distinto. No tenía otra opción”.
Miranda: “No, elegiste. Elegiste abrirte camino. Si quieres esta vida esas decisiones son necesarias”.
Andy: “¿Si esto no es lo que yo quiero? ¿Si no quiero vivir como tú vives?
Miranda: “No seas ridícula. Todo el mundo quiere esto. Todas quieren vivir como nosotras”.
Luego la escena concluye cuando ella se baja del auto y decide no continuar acompañando a Miranda; “renunciando” de alguna manera a sostener el lugar de asistente.

Es en base a este recorte que vamos a intentar desplegar el circuito de la responsabilidad subjetiva, incluyendo referencias inherentes a las categorías de azar y necesidad, como así también, las de culpas y responsabilidad.
Para iniciar el análisis nos gustaría situar la diferencia que existe entre: la responsabilidad jurídica y la subjetiva, siendo que ambas, son para el sujeto modos distintos de confrontarse con el campo de la responsabilidad.
En el primer caso, podríamos decir que implica la función de la noción de sujeto autónomo, es producto del texto jurídico e implicaría el poder de “auto-gobernarse”, decidir voluntariamente sobre la vida propia, de forma libre. Es así como la responsabilidad se circunscribe al terreno de la conciencia, refiriendo al sujeto imputable por definición y a aquel al cual se lo considera capaz de responder por sus actos.
Además, podríamos situar que respecto al campo normativo, existirían puntos conflictivos respecto a la noción de autonomía y responsabilidad; puesto que: “la paradoja es que el campo normativo sustenta, la idea de un sujeto autónomo, dueño de su voluntad e intención; pero, al mismo tiempo, a ese sujeto considerado autónomo se le otorga el derecho de responsabilizarse o se le quita. Las causas de inimputabilidad y justificación establecen los límites a la autonomía del sujeto (…)”.
Por otra parte la responsabilidad subjetiva implicaría que el sujeto es siempre imputable desde los término éticos, pues implicaría para el sujeto la confrontación justamente con aquello que “perteneciéndole, le es ajeno”; aquello que desconoce de sí mismo. Es por ello que podemos decir que esta línea se funda en el supuesto de la determinación inconsciente de la conducta del hombre. Más adelante retomaremos esta cuestión.

A continuación intentaremos articular en la situación elegida la dinámica que conlleva el circuito de la responsabilidad subjetiva, ésta última puede plantearse vía un circuito de tres tiempos lógicos, que en su recorrido puede dar cuenta del accionar del sujeto y su posición respecto a dicha decisión .
En este sentido podemos determinar como primer tiempo del circuito, cuando Andy acepta la propuesta y reemplaza a Emily en el viaje a Paris. Esta acción se realiza en consonancia con el universo de discurso que rodea al sujeto y donde se supone, la acción se agota en los objetivos para los que fue realizada. Se podría recalcar el “se supone”, puesto que en la posible aparición de un segundo momento lógico se resignificaría lo acontecido, emergiendo una pregunta sobre la posición que tenía el sujeto al comienzo de llevar adelante la acción.
El segundo momento respecto a la película trabajada, lo ubicamos como aquel donde la realidad se le impone al sujeto, podríamos situarlo en la confrontación que se da entre Andy y Miranda, sobre cómo se “traiciona” a un otro, para obtener un beneficio propio. Andy le recrimina a Miranda lo que hizo con Nigel, pero Miranda retruca que ya ella lo ha hecho con Emily. Es entonces allí donde suponemos podría aparecer una interpelación en Andy sobre cómo ha actuado en un primer momento.
Gracias al segundo tiempo y en el movimiento de resignificación del primero, podríamos introducir la presencia de una hipótesis clínica como la encargada de explicar el movimiento retroactivo que se genera. “Es decir, si algo ha emergido en el segundo tiempo des-ligado del universo particular, éste buscará re-ligarlo hallando una explicación a su presencia. Finalmente será necesario un tiempo tres que verifique la responsabilidad subjetiva, una toma de posición en relación a lo universal inscribiendo un acto que produzca un sujeto.” A medida que desarrollemos la interpelación del primer momento vamos a desplegar si en este caso emerge el tercero.
¿Hubo una traición hacia Emily? ¿Qué llevó a Andy a aceptar el viaje? Parte de sí sabía que no podía aceptar el viaje por lo importante que era para Emily el mismo y por otro lado, ante la indisposición de Emily, siendo la segunda asistente de Miranda, su trabajo entonces era acompañar a la Jefa de Redacción de Runway: ¿podía negarse?. La indisposición de Emily, o sea el accidente (ser atropellada por un vehículo) podría ser considerada como efecto del azar, donde acontece algo ajeno al orden humano, y no hay una conexión entre causa y efecto como sí sucede en la necesidad, se refiere a lo que es real, la determinación, pues esta última podríamos considerarla en el hecho de que Andy debe viajar, pues al no estar disponible Emily, ella la sucede en la relación jerárquica respecto a Miranda. El Profesor Fariña retoma los aportes de Juan Carlos Mosca, quien refiere que en caso de que exista una combinación de ambos, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad, justamente porque la responsabilidad del sujeto se encuentra entre la grieta que acontece entre la necesidad y el azar . En el caso de Andy, ¿había otras opciones? Suponemos que sí, que efectivamente hay una elección en viajar entre otras opciones. No olvidemos que rechazar el viaje, según Andy, implicaría un perjuicio para su desarrollo profesional, pues estaba significó la amenaza que esboza Miranda. Según las palabras de Miranda, ella “elige”, entonces, es allí donde podemos introducir que probablemente fue algo mas allá de su “yo” lo que direccionó la elección.
Sobre ello y retomando el concepto de hipótesis clínica introducido más arriba podríamos intentar situar la posible presencia del deseo. Hipotetizar un deseo en Andy, aparente empuje a destacarse, superarse, lograr lo que ella quiere, representado en su perseverancia para desarrollar las tareas de forma eficiente y eficazmente, a pesar de las diversas trabas que se le presentan durante el transcurso de la película. En realidad parecería poner en evidencia un esfuerzo a encajar, a ser aprobada que se pone en juego en cómo se amolda al entorno laboral; una adaptación y sumisión que también implica una renuncia a su propia subjetividad.
Es entonces que lograríamos situar que el aceptar el viaje, podría ser la representación, presentificación de un deseo, deseo obviamente inconsciente que como tal apela a la satisfacción pero a un costo importante, aparece la culpa. D’Amore afirma “no hay deseo sin culpa” , y donde podríamos pensar que gracias a la emergencia de ésta última se activa una operación predominantemente simbólica: la interpelación subjetiva. La culpa “ob-liga responder” ; la interpelación exige una respuesta.
¿Qué acontece en Andy? Podríamos situar que habría sentimientos de culpa en un principio por la idea de poder acceder al viaje, sentimientos manifiestos en la frase que enuncia al momento de realizar el llamado telefónico donde tiene que informarle a Emily que no va a viajar, repite mientras suena el teléfono: “no contestes el teléfono”. Todo ello nos lleva a pensar que en un primer momento Andy no quería darle la noticia, no quería conectarse con la realidad y evidencia de que efectivamente estaba actuando conforme a su deseo, pues al hacerlo perjudicaba a otro. En un segundo momento, podríamos situar emerge la culpa, posterior a la enunciación de Miranda, denunciando que porque Andy actuó conforme a su deseo, hubo un segundo perjudicado también y que en ese accionar no se diferenciaba del actuar de ella.
Al final de la película, el hecho de que renuncie al modo de vida que está llevando, “renunciando” a su empleo y a las posibilidades que con este se le podrían abrir en el futuro, nos permite pensar que estaría relacionado con la emergencia de la culpa en tanto entra en relación con lo que implica la culpa moral. Esta última, por ubicarse en las “antípodas de la culpabilidad del deseo” cercena el acceso al mismo, no permiten la emergencia y sostenimiento de las responsabilidad subjetiva, que implica que el tercer momento no se ha podido desplegar.
Aquí nos parece interesante incorporar lo que Mosca agrega: “El sujeto es siendo. Nunca del todo realizado, pero siendo. De eso debería dar respuesta, de la razón de su ser en la razón deseante, en lo calculable y también en lo incalculable y no representable de su ser”. Actuar conforme a su deseo, lo sepa o no.
Retomando el circuito de la responsabilidad subjetiva, nos parece que la emergencia del tercer momento, donde se verifica la responsabilidad subjetiva, siendo ésta una toma de posición respecto a la realización de un acto, vemos que Andy refiere en sus diálogos: “No creo que yo sea así. (pausa) No haría lo que le hiciste a Nigel. No podría hacer algo así”; “No fue por eso. Fue distinto. No tenía otra opción”. Entonces vemos cómo no logra posicionarse responsablemente frente a su actuar; la culpa obtura esta toma de posición.
No se puede entonces establecer como la presencia de un acto ético, como aquella decisión tomada a solas de la singularidad y que va más allá de los valores morales. Acá los valores morales tienen un peso importante, tanto sobre cómo se portó frente Emily; no está más allá de la intencionalidad yoica, por el contrario.
Se desembaraza de su deseo, se desentiende y por ende, se presenta como reverso de la responsabilidad subjetiva. Se evidencia la ligadura con el remordimiento, por no estar dispuesto a soportar su punto de inconsistencia no hay un efecto de sujeto, sujeto deseante.
Continuando con la justificación de esta hipótesis, tomamos los aportes de Juan Carlos Mosca quien señala que “responsabilidad” es otro nombre del sujeto y anuda a ello, lo que Lacan enuncia respecto a que de lo único que puede ser culpable un sujeto es de haber cedido su deseo y no haber actuado conforme a él. En la responsabilidad subjetiva emerge el sujeto. Este “efecto sujeto” que mencionamos recientemente, no puede pensarse desprendido del acto, pues es en el acto mismo en que el sujeto del deseo inconsciente hace su aparición; donde podríamos situar la emergencia de una singularidad en situación. Nos parece que Andy comienza actuando conforme a su deseo de progresar y tener éxito, pero luego se corre de él. Aquí nos parece ver escenificado que el sujeto renuncia a su deseo en base a mandatos superyoicos.

Para ir concluyendo podríamos decir que se nos abren muchas preguntas respecto a cómo Andy se posiciona frente a sus deseos y las posibilidades que tiene para conectarse con ellos. Podemos ver a medida que avanza el film cómo la protagonista se ofrece como objeto de goce del Otro, pues durante todo el film se muestra sometiéndose a las exigencias de Miranda, o exigencias morales intentando desentenderse de su propio deseo.

Bibliografía

- Dominguez, María Elena: “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis”; en “La transmisión de la ética. Clínica y deontología”, de Salomone, Gabriela y Dominguez, María Elena.
- Fariña, Juan Jorge Michel, “Responsabilidad: entre necesidad y azar”, página web.
- Mosca, Juan Carlos; “Responsabilidad: otro nombre del sujeto”, en “Etica un horizonte en quiebra”, de Juan Jorge Michel Fariña.
- Salomone, Gabriela; “El sujeto autónomo y la responsabilidad”, en “La transmisión de la ética. Clínica y deontología”, de Salomone, Gabriela y Dominguez, María Elena.
- Salomone, Gabriela; “El sujeto dividido y la responsabilidad”, en “La transmisión de la ética. Clínica y deontología”, de Salomone, Gabriela y Dominguez, María Elena.



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