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Psicología, Ética y Derechos Humanos

Segundo Parcial
Alumnas: García, Marta LU.: 59238840
Isidro, Ma. Pía LU.: 329180670
Comisión 5 curso de verano
Docentes: García Karo, Tamara
Capurro, Silvia.

El encanto del erizo
El Encanto del erizo es una película francesa basada en la novela de Muriel Barbery “La elegancia del erizo”, dirigida por Mona Achache.
La película narra la historia de una niña de 11 años llamada Paloma quien relata su historia familiar de una manera un tanto peculiar. Dice pertenecer a una familia adinerada de la alta burguesía francesa, su padre es político, una persona brillante que pasa escaso tiempo con su familia.
Su madre desde hace un tiempo ya que hace psicoanálisis y sin embargo, Paloma señala que no sólo ha adherido a tal doctrina, sino que también lo ha hecho al champagne y antidepresivos.
Paloma tiene una hermana mayor, Colombe, de quien opina que compite con su madre en relación a quien es menos neurótica y con su padre en relación a sus capacidades intelectuales.
A lo largo de su discurso se va tejiendo una trama en la cual el agua es el escenario donde fluyen peces, que lejos de nadar en extensiones indefinidas, lo hacen capturados en una pecera. Con esta hermosa metáfora, Paloma quiere ilustrar el sentido absurdo de la vida que la rodea, creyendo ilusoriamente que la misma se agota allí.
La vida de los adultos se juega en el plano de la pecera, donde cada uno se golpea la cabeza contra los vidrios que los contienen. Si hay algo de lo que ella dice estar segura, es que a la pecera no va a ir; es por esto que la niña decide suicidarse al finalizar el año escolar, luego de cumplir 12 años.
Es interesante el mundo de ideas que se van enredando alrededor de la concepción que la niña ha creado de la muerte, siendo la misma un acontecimiento banal que resulta difícilmente comprendida por los adultos.
Sin embargo, más allá de planificar su muerte, decide no dejarse morir sino vivir lo que le queda de vida tal como los héroes que mueren escalando el Everest en Taniguchi.
Su Everest consiste en hacer una película para mostrar los sinsabores de la vida, la suya y la de los demás. Pretende no dejar nada librado al azar a la hora de tomar una decisión poco comprensible.
Paralelamente al entorno familiar que constituye el fundamento de su decisión, Paloma vive en un edificio donde, a medida que pasan los días, aparecen personajes que parecen no pertenecer a la pecera.
Sorpresivamente el azar irrumpe de manera inexplicable en su plan.
La portera del edificio, la Sra. Renée Michel parece llevar una vida tan absurda como las familias burguesas vecinas, sin embargo esconde una naturaleza extraña que capta la atención de Paloma. La niña parece dejar un espacio abierto, casi sin saberlo, ya que reconoce que uno no se imagina la rapidez con la que ciertas personas pueden atravesarse en los proyectos que más se valoran. Esto fue dicho en un momento en que ella decide robar a su madre los comprimidos de antidepresivos con los cuales planeaba ir muriéndose al finalizar el período estipulado de 165 días.
Instantes después se encuentra en la cocina de la Sra. Michel en busca de su gato que se había escapado, y es allí que un libro sobre la mesa de la cocina llama a ese punto, a esa magnífica sensación que traduce la palabra “interés”.
Al cabo de unas horas, aparece otro personaje en escena, es el nuevo propietario de uno de los departamentos del edificio, que había quedado deshabitado desde la muerte de su anterior dueño, días atrás. Su nombre es Kokuro Ozu y parece haber generado inquietud no sólo en Paloma sino también en la Sra. Michel.
Palabras que se deslizan permiten el encuentro de dos personas amantes lectoras de Leon Tolstoi con ganas de cambiar la dimensión de sus días apagados. Allí comienza a crearse una relación amorosa donde los personajes comparten los placeres que despliegan una sutil voluptuosidad que desagarra la hostil pecera.
Kokuro abre un campo poco explorado por Paloma, expande los límites de ese Universo Simbólico delatando la estrechez con la que la niña está acostumbrada a mirar el mundo. “Yo creo en el resplandor y la sensibilidad de un roble” le dice Ozu a la niña. Ambos están interesados en la vida de aquella portera que parece esconder un misterio.
La Sra. Michel es retratada imaginariamente por Paloma como un erizo, estando por fuera cubierta de púas pero guardando en su interior cierta dimensión refinada, tal como esos animalitos falsamente indolentes, ferozmente solitarios y tremendamente elegantes, siendo las mismas, las palabras empleadas por la niña.
Paloma cree que todos los seres humanos son erizos en la vida, pero a menudo sin elegancia. Invade en su relato cierta tonalidad apagada, cubierta por un insensato sin-sentido que de pronto comienza a tomar cierto color. Sin embargo, ya transcurridos varios días de su lapso estipulado, Paloma al acercarse hacia el final, comienza a ingerir un comprimido de ansiolíticos de la caja de su mamá, al menos una vez por semana.
Su lógica calculadora formula ecuaciones dando como resultado su muerte anunciada, debido a la intoxicación de su cuerpo. Cree morir simplemente porque lo quiere. Pero puede observarse allí la emergencia de la duda, puesto que se pregunta qué sucedería si existiera la posibilidad de convertirse en lo que aún no ha sido, si habría podido lograr algo distinto de lo que ella cree haber sido destinada.
En cierta escena de la película, la niña decide darle un comprimido de los que hace tiempo ya viene ingiriendo, a un pececito de color que vive en una pecera perteneciente a su hermana. Paloma filma este acontecimiento con la consecuente muerte de aquel animalito. Decide tirarlo al inodoro.
La hermana se percata de tal suceso y va hacia Paloma para interrogarla acerca de lo sucedido. Ellas discuten, Colombe ve a Paloma como alguien intolerante que no quiere a los demás, frente a lo cual la niña parece no inquietarse en medida alguna. Finalmente acuerdan un pacto en el que la hermana que se rehusaba a ser filmada por Paloma, ahora lo permitiría a cambio de ir a la casa de la “malhumorada” portera en busca de una entrega de un paquete importante.
A partir de allí, Paloma comienza a frecuentar la casa de la Sra. Michel y ellas empiezan a compartir un espacio donde la literatura y los placeres sutiles de la vida conducen a Paloma a ampliar el escenario de su película, siendo la Sra. Michel y el Sr. Kokuro Ozu retratos de una pecera que comienza a desmoronarse.
Ambos personajes empiezan a tejer una historia de amor donde el cine, los libros, la comida japonesa son parte de un detrás de escena que llena la pantalla y causa en el espectador la feliz sensación de lo hermosa que es la vida.
Paloma es espectadora de esta incipiente historia y la impulsa a Michel a guiarse por su deseo, dejando atrás sus miedos y dudas.
El día del cumpleaños de Ozu, este invita a cenar a Michel. Cuando ella estaba en su casa acomodándose para salir, escucha cierto ruido extraño que proviene del inodoro. Se acerca y descubre que hay un pequeño pececito de color vibrando desde lo más profundo de las aguas.
La cena tuvo el mejor de los desenlaces, Kakuro se abre e invita a la Sra. Michel a iniciar una relación como a ella le guste. Esa misma noche, el desvelo la encontró con ganas de leer su novela favorita, Anna Karenina. Suena el despertador, y Michel inicia si día como el resto, sacando la basura a la calle. Allí se encuentra con Jean Pierre, un vecino un tanto loco que está bailando en la mitad de la calle. Corre a apartarlo de allí y, como un fugaz rayo tormentoso, es embestida por la furgoneta de la dueña de la lavandería del barrio.
Michel, ya desde el otro lado, ríe. Paloma se siente desconcertada, una tristeza profunda la inunda desde lo más hondo de su ser. De golpe todo se detiene. Ella se pregunta: ¿esto es morir? Ya no volver a ver a los que quieres, ya no volver a ver a los que te quieren. Si eso es morir, es verdaderamente la tragedia que dicen.

Hipótesis clínica, análisis del circuito de la responsabilidad subjetiva.
Comenzaremos por situar a Paloma considerando su entorno, su lugar de pertenencia ya que creemos que su discurso se asienta sobre las cadenas discursivas de su familia.
Los datos que aparecen en la sinopsis provienen de las palabras de la misma niña quien se presenta como alguien que está segura de conocer profundamente a cada integrante de su familia; allí aparece un padre inteligente y brillante, ocupado y condescendiente, pero algo despreocupado de su familia.
Una madre adherida al psicoanálisis desde hacía 10 años y al mismo tiempo adicta a antidepresivos y champagne. Mujer muy ocupada de sus plantas a las cuales les hablaba afectuosamente.
La hermana estudiante de historia, también interesada en cultivar su intelecto y según la expresión de Paloma, competía por ser más o menos neurótica que su madre.
Estos tres hilos que nos conducen a lo hablado en ella, lejos de haber sido hipótesis elaboradas por la niña, son quizás lugares desde donde ella pudo armar su lógica implacable, quedando manifiesto en su lugar de enunciado. Ese lugar que la aloja es la fachada construida sobre los discursos del Otro que la determinan.
Por otro lado, nos es posible situar allí un nivel de enunciación que va más allá de lo que ella expresa, la idea acerca de la muerte y la decisión de su propio final es síntoma de estar atrapada en lo mortífero del entorno. Los discursos que la anteceden la disponen a situarse en esa oscuridad que vela todo tipo de deseo. La vida es absurda pero no tomada desde lo cómico que quizás pueda ser, sino desde su lado más oscuro, idea que confluye en la metáfora de los peces que viven dentro de una pecera; cual la vida de los adultos que se golpean la cabeza contra el vidrio de la misma. Para eludir ese destino, es que ha decidido suicidarse al cumplir 12 años, faltando 165 días para cumplirse.
Creemos poder ubicar allí una dimensión de lo particular en tanto las ideas y los interrogantes que la mueven a Paloma, forman parte del conjunto de valores, costumbres y creencias de su entorno más próximo, es de decir, su familia y su grupo de pertenencia en el cual ha crecido.
Aquel plan lo llevará a cabo con ansiolíticos que pertenecen a su madre. Nos cabe preguntarnos ¿Qué vida absurda se pretende aniquilar? ¿Quién habla en Paloma? ¿Qué significantes del Otro atraviesan a la niña? Ella aparece en un lugar de la estructura familiar que está situado por los mismos adultos quienes como tal la tratan. Ella logra desarrollar su peculiar personalidad, su voluminoso nivel intelectual, su gran riqueza de conocimiento a partir de los significantes que la determinan. Eso mismo de lo cual ella parece no estar muy feliz, es la condición de posibilidad para despertar su deseo, es su guía que alimenta las grandes dudas existenciales que inquietan a muchos seres humanos.
Tomando en cuenta el circuito de la responsabilidad subjetiva, es posible plantear un tiempo 1 en la decisión de Paloma de filmar su película valiéndose de una video cámara del padre con el objetivo de dejar registrada esa vida familiar, cotidiana, sin sentido que la incluye, pero de la cual quiere escapar. Como fundamento de la muerte que evitaría ese híbrido sufrir, la misma representa un acontecimiento banal, despojada de afecto alguno. Es una acción que se agota allí, con la propia filmación, sin buscar un cambio más allá.
Tiempo después, nuevos personajes aparecen en el horizonte. La Sra. Michel, portera del edificio donde Paloma vive capta la atención de la niña. La sutil percepción de ella descubre un ser enigmático que se esconde detrás de una fachada hosca.
Paralelamente entra en escena el Sr. Kakuro Ozu, un vecino japonés que se ha mudado recientemente al edificio. Es importante señalar que dicho acontecimiento ocurre por la muerte del antiguo propietario, dejando un vacío que Kakuro viene a llenar.
En el encuentro con él, Paloma descubre un lugar nuevo donde poder desplegarse y compartir pensamientos, palabras e interrogantes.
Sucede que en el mismo tiempo cronológico, Kakuro conoce a la Sra. Michel y también comparte la misma curiosidad que había despertado en Paloma. En el encuentro entre los dos adultos, hay un hermoso intercambio de palabras donde aparece una frase en boca de Michel que es captada por Kakuro quien la completa, aludiendo a la novela de Tolstoi, “Ana Karenina”. Esto da pie a nuevos intercambios entre ambos personajes en los que cada uno comienza a compartir las peculiaridades de cada universo.
Tanto Kakuro como Paloma sienten una fascinante intriga por “La portera”; la niña alude al recurso metafórico en el intento por describir aquella enigmática sensación que alimenta en su interior: “Michel se parece un erizo; uno de esos animalitos indolentes, ferozmente solitarios, cubiertos de púas por fuera, pero que esconden una sutil elegancia en su interior.”
Resulta pertinente citar aquí una escena que retomaremos hacia el final del trabajo en la que la niña, una vez que ya ha iniciado la ingesta de píldoras al menos una vez por semana, le da una de ellas a un colorido pececito que moraba en una pecera en el cuarto de su hermana. Paloma captura la atroz imagen de aquel animalito que poco a poco terminar flotando ya sin vida y al cual decide tirarlo al inodoro.
Después de esta escena ocurre algo que nos permitirá situar un tiempo 2, lo que llevaría a la interpelación de aquella dimensión oculta que se habita en el inconciente de la niña.
El azar mete su cola en el momento justo en que el gato de Michel se escapa y es Paloma quien lo regresa a la portería. En ese instante un libro abierto sobre la mesa capta su atención: “Elogio de la Sombra” de Junichiro Tanikazi, novelista japonés que retrata el arte atravesado por la tradición ancestral. El enigma que encierra el erizo como aquello que se aloja detrás de la sombra produce un salto a través del cual el deseo de Paloma empuja por correr el velo y expresar el ímpetu de querer vivir. El azar la coloca frente a una nueva situación ante la cual puede desentenderse de ella, o escucharla y así permitir que roce con lo existencial de su ser. Entre este suceso azaroso y la necesidad ubicada en el acto de caminar hacia la casa de la Sra. Michel para entrar al gato, hay un punto en el que la niña se ve interpelada en su discurso previo en el que la pecera era el símil de la vida. Ello la lleva a descubrir en “La portera” a Michel. Este suceso la conduce a incluirla en su film y a preguntarse si la vida que estaba dispuesta a capturar, resulta ser tan absurda como ella pensaba.
Se inicia una relación con Michel que amplía los muros que Paloma intentaba atrapar con su video cámara. Estos encuentros confluyen en un movimiento que lleva a Paloma a desviar la legalidad de su Universo previo, a torcer los límites que encuadraban sus anteojos. Aquí situaremos un tiempo 2 en el que una serie de hallazgos la guían por el sendero que interroga su deseo, que abre a un tiempo-espacio no explorado hasta ahora, en sintonía con la vida de Michel a quien la invita a ser parte de su película.
Ello introduce un giro que la interpela a ir un poco más allá de su idea inicial; se abre un lugar donde ambas encuentran puntos de conexión, ganas de compartir los segmentos de sus vidas difíciles de atrapar a simple vista. Paloma siente una verdadera atracción hacia aquella puerta que esconde una gran biblioteca, repleta de historias, muchas de ellas de amor, como la que se iniciaba entre la Sra. Michel y Kakuro. El encuentro con Kakuro y Michel fueron determinantes en este viraje de Paloma.
Hacia el final del film, el recorrido nos conduce hacia el desenlace de lo imprevisible. Una mañana, después de haber disfrutado de una velada hermosa con Kakuro que capturó su sueño y la dejó en vela leyendo Ana Karenina, Michel sale muy temprano por la mañana para encarar su rutina cuando se sorprende al ver a Jean Pierre, personaje enajenado que vive en la calle, bailoteando en el medio de la misma. Al advertir el peligro, no duda en correrlo del lugar siendo ella misma atropellada por un auto.
¿Cuál es el sentido de morir sino es para no sufrir más? Ese interrogante que mueve a Paloma a idear su plan suicida, lejos quedó, abierto al devenir de lo inesperado de la vida.
El sabor de sin-sentido tan arraigado en el plano superficial del imaginario de la niña, se transforma frente al agujero que la muerte real introduce. Una vida que se va da lugar a otra que tejerá una trama singular.
Este final sorpresivo aparece como el lugar del vacío que encausa el deseo de Paloma de vivir. Es desde esta muerte que ella da cuenta de lo trágico de la misma. “Entonces es así. De golpe todo se detiene. ¿Esto es morir? Ya no volver a ver a los que quieres, ya no volver a ver a los que te quieren. Si eso es morir, es verdaderamente la tragedia que dicen.” Hay allí un sujeto nuevo, donde podríamos ubicar un tiempo 3, caracterizado por el llanto y la sorpresa, donde ya no vienen palabras que intenten capturar el sentido de las cosas. La lógica de la causalidad ya no es capaz de atrapar lo susceptible de serlo, ya que se abre un Universo donde aparece lo inabarcable de la vida.
“Lo importante no es morir, sino lo que se hace en el momento de la muerte. Renée, la portera, estaba dispuesta a amar.” Estas palabras permiten ver a Paloma de manera muy distinta que al comienzo, hubo un movimiento en el que se produjo una interpelación a partir de la cual la niña pudo responder por aquello que comenzó a emerger, fue capaz de aceptar su tristeza por la muerte y así comenzar a amar.
La escena final de la película la muestra a Paloma en casa de Michel detenida ante la existencia de un pececito de color que ya no vivía en una pecera, sino que por el contrario, había explorado el sinfín de las cañerías del baño y que moraba momentáneamente en una jarra. Allí, ya no valía sentido alguno, dejamos el final en manos de las palabras de la niña, donde finalmente advino sujeto nuevo.
En el encuentro con el pez, se pregunta “¿qué sentido tiene esto? Si realmente lo tiene, se me ha escapado completamente”. Y se ríe.
Aquí hay acto singular, en tanto la niña ha podido recorrer el propio circuito que la llevó a volver al tiempo 1 y abrir un tercer tiempo donde la falta inaugura la singularidad de un ser deseante; donde ella pudo resignificar su concepción acerca de la vida y la muerte y empezar a ser protagonista de una historia impredecible, donde los días ya no tendrán aquel sabor amargo que la acechaban de antaño.

Bibliografía
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