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2º Parcial

Psicología, Ética y
Derechos Humanos

Lic. J.J. Michel Fariña

Comisión: 13

Profesor: Lic. Carlos Alberto Fraiman
Ayudante: Lic. Alejandra Martínez

2º cuatrimestre - 2009

Alumnas:

Loza, Maria Julieta – LU: 23418806/0
julilozaperez@yahoo.com – 15 5977-0295

Rusterholz, Julieta Claudina – LU: 32069483/0
julirusterholz@hotmail.com – 15 5892-2168

CONSIGNA DE EVALUACIÓN

• Elija un film, un texto literario o alguna otra producción narrativa en la que se despliegue y pueda ser recortada una singularidad en situación. En caso de elegir una creación cinematográfica, la misma debe haber sido realizada entre el año 2005 y el presente (salvo condiciones excepcionales, las cuales deben ser autorizadas por el docente a cargo de la comisión de trabajos prácticos).

• En ese recorte, escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre.

• Analícela ubicando sus coordenadas en los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad y explicitando la hipótesis clínica que establezca respecto de qué debe responder el sujeto, en términos de responsabilidad subjetiva.

• Incluya las referencias relativas a las categorías de necesidad y azar, así como a las de culpa y responsabilidad.

• Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente– el efecto particularista.

TEXTO LITERARIO A ANALIZAR

“Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde; y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: “Eloi, Eoi, lamá sabactani?”, que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado” (...) Entonces Jesús, dando un gran grito expiró”
Marcos 15. 33 – 37
“El evangelio según Marcos” de Jorge Luís Borges.
La escena se sitúa en la estancia Los Álamos, en Junín, en año 1928. Su protagonista, Espinosa, es un joven de 33 años, que por una inteligencia perezosa era aún estudiante de medicina. El autor lo define “sin otros rasgos dignos de nota más que esa facultad oratoria que le había hecho merecer más de un premio en el colegio inglés de Ramos Mejía y de una casi ilimitada bondad. No le gustaba discutir; prefería que el interlocutor tuviera razón y no él.” Invitado por su primo a la estancia, accede inmediatamente, “no porque le gustara el campo sino por la natural complacencia y porque no buscó razones válidas para decir que no.”
La estancia era grande pero un poco abandonada, allí conoce a los Gutres, el padre, capataz del campo, el hijo singularmente tosco y una muchacha de incierta paternidad. “Casi no hablaban.” A poco de llegados el primo tiene que ausentarse una semana, por asuntos inesperados de negocio y él decide no acompañarlo. Esa misma noche se desato un temporal que desbordo la laguna inundando todo. “Los caminos para llegar a la estancia eran cuatro: a todo los cubrieron las aguas. Al tercer día, una gotera amenazó la casa del capataz; Espinosa les dio una habitación que quedaba en el fondo, al lado del galpón de las herramientas. La mudanza los fue acercando comían juntos en el gran comedor. El diálogo resultaba difícil ; los Gutres, que sabían tantas cosas en materia de campo, no sabían explicarlas.” En la casa no había muchos libros, Espinosa, que se había dejado crecer la barba y solía demorarse frente al espejo mirando su cara cambiada, buscando, encontró una Biblia en inglés, que en las páginas finales los Guthrie –tal era su nombre genuino- habían dejado escrita su historia, eran oriundos de Iverness, llegando al continente a principios del siglo XIX y se habían cruzado con los indios. “Carecían de fe, pero en su sangre perduraban como rastros oscuros, el duro fanatismo del calvinista y las supersticiones del pampa.
Hojeó el volumen, y sus dedos lo abrieron en el comienzo del Evangelio según Marcos. Para ejercitarse en la traducción y acaso para ver si entendían algo, decidió leerles ese texto después de la comida. Le sorprendió que lo escucharan con atención y luego con callado interés. Acaso la presencia de las letras de oro en la tapa le diera más autoridad. Lo llevan en la sangre, pensó. (…) Recordó las clases de elocución en Ramos Mejía y se ponía de pie para predicar las parábolas.” Una corderita que la muchacha cuidaba se lastimo con un alambre y Espinosa la curó con unas pastillas, la gratitud de esa curación no dejaba de sorprenderlo, sus tímidas órdenes eran acatadas inmediatamente, los Gutres lo seguían por las habitaciones como si estuvieran perdidos. Concluido el evangelio de Marcos quiso leer otro, pero el padre pidió que por favor leyera este nuevamente para entenderlo bien y él accedió. Una noche soñó con el diluvio y unos golpes (que se presentaban como martillazos de la fabricación del arca) lo despertaron y pensó que eran truenos. Otra de las noches la muchacha toco a su puerta y desnuda se recostó en su lecho,. “Era la primera vez que conocía a un hombre. Cuando se fue, no le dio un beso; Espinosa pensó que ni siquiera sabía cómo se llamaba. Urgido por una íntima razón que no trató de averiguar, juró que en Buenos Aires no le contaría a nadie esa historia.”
Al día siguiente, el padre preguntó si Cristo se dejó matar para salvar a todos los hombres. “Espinosa, que era librepensador pero que se vio obligado a justificar lo que les había leído, le contestó:
- Sí, para salvar a todos del infierno. (…)
-¿Qué es el infierno?
-Un lugar bajo tierra donde las ánimas arderán y arderán.
-Y también se salvaron los que le clavaron los clavos?
Sí – Replicó Espinosa, cuya teología era incierta.”
Había temido que el padre exigiera explicaciones de lo ocurrido con la muchacha. Después del almuerzo pidieron que leyera los ultimo capítulos y lo hizo. Durante la siesta lo despertaron los martillazos y “vagas premoniciones.” Al atardecer se levantó y salió al comedor. “Dijo como si pensara en voz alta:
-Las aguas están bajas. Ya falta poco.
-Ya falta poco –Repitió Gutrel, como un eco
Los tres lo habían seguido. Hincados en el piso de piedra le pidieron la bendición. Después lo maldijeron, lo escupieron y lo empujaron hasta el fondo. La muchacha lloraba. Espinosa entendió lo que le esperaba del otro lado de la puerta. Cuando la abrieron, vio el firmamento. (…) El galpón estaba sin techo; habían arrancado las vigas para construir la Cruz.”

ANÁLISIS

El sujeto escogido para el análisis es el joven Espinosa.
Ubicamos la decisión tomada, que se presenta como el primero de los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad, cuando Espinosa abre el Evangelio según Marcos y decide ejercitarse en la traducción leyéndoles a los Gutres. El segundo tiempo lo situamos cuando Espinosa, luego de que le pidieron la bendición, lo maldijeron, lo escupieron y lo empujaron al fondo, entendió lo que le esperaba del otro lado de la puerta, cambiando su posición subjetiva respeto del primer tiempo. Sin embargo, el tercer tiempo no está claramente ubicable en el relato, éste termina sin que, aparentemente, Espinoza pueda elaborar una posición singular, que vendría a ser el plus que abre lo que denominamos tercer tiempo.
El primer tiempo, es “el momento en donde el sujeto realiza una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en que se haya inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los cuales fue concebido” , lo ubicamos ahí donde Espinosa, si bien decide abrir la Biblia, este libro que por otra parte contenía en sus últimas páginas la historia del linaje de los Gutres, y decide leerles el evangelio de Marcos para ejercitar su inglés, también va realizando otros actos que creemos forman parte también de este universo en el que él estaba inmerso. A sus treinta y tres años, se deja crecer la barba; recordando sus clases, se pone de pie cuando “predicaba las parábolas”; cura al cordero; da tímidas ordenes que son acatadas y les permite que lo sigan por toda la casa; accede a leer el mismo evangelio en más de una oportunidad; se entrega al sexo con la muchacha; contesta complacientemente las preguntas del padre por justificar lo que había leído; y la misma tarde de su muerte, dice en forma premonitoria: “Las aguas están bajas. Ya falta poco”.
Consideramos que todas estas situaciones son decisiones que va tomando y que se conjugan, como dice Domínguez, agotando los fines para los que fueron realizadas y viéndose confrontadas en el tiempo dos con un indicador que le señala en lo acontecido previamente : su muerte. En éste tiempo es donde “el universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo del mismo” . Es aquí cuando “Espinosa entendió lo que le esperaba del otro lado de la puerta”, que el Espinosa del tiempo uno se desvanece, emerge una singularidad, se interroga sobre su posición, aunque lo haga con una afirmación, demostrando la incompletud del universo previo. Lo interpela el darse cuenta de lo que le esperaba en el galpón, su propia muerte; una muerte como la que él mismo les había relatado a modo de sermón, una y otra vez, durante los últimos días. Cae en la cuenta de lo que fueron configuraron sus distintas conductas, y podemos suponer a Espinosa preguntándose: ¿Qué estuve haciendo en realidad, cuando creí estar sólo practicando mi inglés? Lo interroga el darse cuenta de que lo que había relatado a modo de prédica cristiana, una y otra vez, era su propia muerte; entender esto resignifica todos los hechos mencionados en referencia al tiempo uno.
El tiempo tres hace referencia a un cambio subjetivo, que si bien no está expresado en la obra, podemos suponerlo como el desenlace inevitable, y aunque es muy difícil ubicar un cambio subjetivo en la muerte, en la que justamente el sujeto deja de ser, es esto mismo aunque resulta paradojal, lo que nos mueve a ubicar la muerte misma como la responsabilidad subjetiva resultante del circuito del que hemos venido hablando.
Hipótesis clínica: podríamos situar a Espinosa, teniendo en cuenta algunas de sus características, dentro del espectro de las neurosis si tenemos en cuanta su posición ante las demandas del Otro y su alineación respecto al deseo del Otro que podemos ubicar en el inicio del relato. Sin embargo no se nos presenta clara esta hipótesis y a riesgo de forzarla demasiado la realizaremos en forma de pregunta para poder dar cuenta de algo referido a la irrupción del deseo: ¿se condena acaso Espinosa a ese fin con el rol que va asumiendo ante los Gutres? ¿qué es lo que lleva a su muerte?; ¿acaso el presentarse como una figura importante, a la cual se debe respetar y obedecer, ante los Gutres, lo había llevado a la muerte? ¿era su propio ego el que lo había terminado matando?; ¿qué buscaba Espinosa cuando comenzó a leer? ¿acaso no pensó que algo raro pasaba cuando los Gutres lo seguían por toda la casa, con los extraños martillazos que lo despertaban, con el extremo agradecimiento por curar al animalito de la muchacha, o que la misma muchacha se entregara?; ¿por qué acepto leer una y otra vez el mismo evangelio, por qué aceptó esta demanda que claramente no beneficiaba su práctica del idioma inglés? En este sentido se puede vislumbrar aquí el movimiento que supone “que el tiempo 2 se sobreimprime al tiempo 1 resignificándolo” .
Ubicamos a la diosa azar en el hecho de que el primo tenga que ausentarse durante una semana y principalmente en la tormenta que provoca una terrible inundación del campo, por varios días. La necesidad, diosa que para los griegos “regía justamente aquellos sucesos ajenos a la voluntad humana (...) donde la responsabilidad del sujeto carece de toda pertinencia” , aquí está entrelazada con estos hechos de azar, cuando él no va con el primo porque ya estaba un poco harto de su actitud pedante y su conversación solo de dinero. También nos encontramos frente a la diosa necesidad cuando a los Guntres se les comienza a inundar la casa y Espinosa tiene que darles una habitación dentro de la casa principal de la estancia. Asimismo es una necesidad suya empezar con estas lecturas luego de las comidas, ya que la situación se le presentaba incómoda por la falta de diálogo; aquí el azar lo localizamos en el libro que encuentra, y en el lugar donde sus dedos abren este mismo libro.
Hay necesidad además, en el hecho que precede la aparición de la muchacha desnuda en su cuarto, y es con este hecho también que podemos identificar a la culpa. Una culpa que no está muy clara y de la cual él no quiere enterarse, si no por qué, como dice el autor, “urgido por una íntima razón que no trató de averiguar”, decide que esta historia no se lo contaría nunca a nadie en Buenos Aires, ¿o es que acaso esto de no contarlo fuera una premonición, una intuición de lo que le esperaba? Culpa, incluso, frente a este padre, que luego se presenta con preguntas que nada tienen que ver con el tema que a él lo aqueja. Aquí también podemos pensar como la culpa es el reverso de la responsabilidad y podemos pensarla en Espinosa de esta forma: tal vez, él se dijo a sí mismo, frente al futuro inminente, “si yo no me hubiera aprovechado de la pobre muchacha anoche, esto no me hubiera ocurrido..!”

CONCLUSIONES

De este recorrido se desprende como relevante el hecho de cómo una acción aparentemente fortuita, es un punto de quiebre en el devenir de un personaje que en un primer momento se presenta alienado a los significantes del Otro, sumamente complaciente y con una vida sin demasiado sobresaltos. A partir de este hecho ¿fortuito? se ponen en marcha una serie de conductas en el personaje que aparentemente no tienen conexión entre sí, ni se presentan como relevantes, más bien pertenecen a respuestas esperables, acordes al orden de lo Universal que no mostraban disonancia con el universo del deber ser, de la moral pero que en un segundo tiempo aparecen configuradas de otra manera, con otro sentido, donde se vislumbra, ahora sí algo del orden de la singularidad. Es decir, otra posición, una responsabilización respecto al propio deseo. En un momento determinado, el interpreta su propia muerte, que aparece en el final del relato como inminente, como una resignificación de los sucesos que se desarrollaron desde que él queda sólo en la estancia, aquí hay un cambio de posición en el sujeto que se da a partir de una escena que lo interpela, cuando entiende que su prédica y sus sermónes eran la antesala de una muerte anunciada. Ahí ubicamos algo de la responsabilidad. Algo del orden del deseo se ha manifestado allí donde todo parecía transitar el curso de lo esperable.
¿Es Espinosa responsable de esto que le deparó su destino? Luego de este recorrido podemos decir entonces que sí es responsable, quizás no culpable, pero sí responsable

BIBLIOGRAFÍA

Borges, J. L., Obras Completas, Tomo II, Emecé Editores, Buenos Aires, 2005.

Fariña, J. J., Responsabilidad: entre necesidad y azar, articulo de la página Web de la Cátedra.

Fariña, J. J., Ética un horizonte en quiebra, Eudeba, Buenos Aires, 2008.

Salomone, G., Domínguez, M., Clínica y Deontología, Letra Viva, Buenos Aires, 2006.



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