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- UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES -
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
Psicología, Ética y Derechos Humanos

2º PARCIAL DOMICILIARIO

Cátedra: I
Prof. Tit. Reg: Lic. Juan Jorge Michel Fariña

Comisión n°: 3
Profesoras.: Lic. Mariana Pacheco
Lic. Flavia Andrea Navés

Alumna: Evelyn Marisol Maciel
L.U.: 33716231-0
e-mail: evelyn_m_maciel@hotmail.com

CURSO DE VERANO
2011

PELÍCULA: EL EXPERIMENTO
• TITULO ORIGINAL: The Experiment
• DIRECCIÓN: Paul Scheuring
• GUIÓN: Paul Scheuring y Mario Giordano
• REPARTO: Adrien Brody, Cam Gigandet, Maggie Grace, Forest Whitaker, Clifton Collins Jr., Fisher Stevens
• AÑO: 2010
• PAÍS: Estados Unidos
• PRODUCTORA: Inferno Distribution / Inferno Entertainment / Magnet Media Productions / Natural Selection / Tax Cr
• GÉNERO: Thriller
• DURACIÓN: 96 minutos

El film está basado en la remake de la película alemana “Das Experiment” dirigida en el año 2001 por Oliver Hirschbiegel. A su vez, la idea original está basada en el experimento que se llevó a cabo en el año 1971 por un psicólogo estadounidense, Phillip Zimbardo, profesor en la Universidad de Standford. Dicho estudio fue denominado “el experimento de la cárcel Standford” cuyo objetivo era estudiar la influencia que tiene un ambiente extremo (en este caso la vida en prisión) en la conducta de las personas según el rol social que les toque llevar a cabo.
Al comienzo de la película se visualizan luchas salvajes de animales y en un pestañar de ojos ya no son los mismos animales luchando sino que lo que se vislumbra son otros animales: hombres en situaciones de violencia extrema. Las escenas entre los animales y los salvajes hombres lastimándose, no ya por la supervivencia, sino por la violencia en sí misma, transcurren de manera intercalada para unificar todo en una sola palabra: salvajismo.
Travis (Adrien Brody) aparece en escena, un joven de unos veinti tantos años cuyo trabajo en un asilo de ancianos como acompañante termina al ser despedido por un recorte de presupuestos, situación que lo enfrenta a tomar una decisión al respecto.
Sentado en su sofá con el diario en la mano descubre el siguiente anuncio: “Se requieren sujetos para experimento. 2 semanas. No se requiere experiencia. 1.000$/día”. Finalmente asiste al lugar en donde establece un vínculo con Michael Barris, otro postulante de 42 años, sonriente y de buen semblante.
Un aparente científico, de bata blanca, les comunica a los postulantes que se trata de un experimento que estudia el comportamiento simulando las condiciones de vida en una penitenciaria. La única condición explícita para participar es que nunca hayan servido a la ley, y si bien el experimento se realizará en un ambiente seguro, se les advierte que algunos sujetos serán privados de sus derechos civiles durante las dos semanas en las que transcurre el estudio. Luego de realizarles una serie de estudios en donde indagan acerca de sus vidas y sus personalidades, 26 sujetos quedan seleccionados.
Una vez que llegan al lugar donde se realiza la experiencia son divididos en dos grupos de manera deliberada: el grupo de los guardias y el de los prisioneros.
Si bien tienen un listado de reglas a seguir, la regla principal refiere a que si se utiliza una fuerza o violencia excesiva por parte de cualquiera de los involucrados, el experimento se termina. Una luz roja y una sirena les indicarán que han roto con alguna de las normas y que el experimento será dado por terminado sin tener la posibilidad de retirarse con el dinero.
El experimento no se desarrolla como pensaban, la mayoría de los guardias llevan al extremo el cumplimiento y la interpretación de las normas hasta el punto en que termina todo en un caos.
ANÁLISIS

El análisis recae sobre el personaje de Barris, a través del cual se intentará dar cuenta de su responsabilidad subjetiva, desplegada en tres tiempos lógicos en el caso de que se pueda ubicar en este personaje un cambio y una toma de posición subjetiva. Finalmente se ensayará una hipótesis clínica para anudar los dos primeros tiempos a partir de donde se intentará ubicar aquello que resignifique su accionar en apariencia egosintónico, se trata de una lectura de aquello que se considera que el sujeto debe responder. A su vez, se analizarán conceptos desarrollados a lo largo de la materia tomando como ejemplos situaciones de la película seleccionada.
Michael Barris, personaje que ocupará el rol de guardia, es un hombre adulto de 42 años, cuya apariencia prolija, tranquila y amable nada dice del monstruo en el que se convertirá finalmente. Se podría definir su universo de la siguiente manera: hombre creyente desde muy pequeño que ha participado de equipos de ayuda en el colegio, así como también en los Boy Scouts. Un hombre solitario, tranquilo, estructurado, que convive con su madre, la cual lo maltrata y humilla verbalmente por ejemplo al llamarlo “caca de gallina”. Día tras día este universo ilusoriamente cerrado, comienza a resquebrajarse.
El responsable del experimento o al menos aquel que les imparte las reglas a los participantes, pareciera ser un científico respetable, es decir, toda una autoridad. El supuesto científico, supuesto porque en ningún momento de la película se presenta como tal, luego de seleccionar a aquellos sujetos que tendrán el papel de guardias, les indica que lean en voz alta las siguientes reglas:

1. Los prisioneros deben comer tres comidas al día y todo debe ser consumido.

2. Habrá 30 minutos de grabación diaria.

3. Los prisioneros deben estar solo en sus áreas designadas.

4. Los prisioneros hablarán solo cuando se les hable

5. Los prisioneros no deben tocar a los guardias bajo ninguna circunstancia.

Este listado es muy importante porque en un primer momento parece ser un código claro y preciso que no presenta dificultades. Pero la lectura literal de las normas sin atender a los elementos del caso singular conlleva a la mera obediencia, dando lugar a problemas éticos.
Sin embargo, el experimentador agrega: “Aquellos que rompan las reglas deben ser castigados proporcionalmente. Si una persona se va, el experimento se termina. Si un prisionero rompe con las reglas, tienen 30 minutos para elegir una acción disciplinaria adecuada”. Además de las implicaciones éticas que se pueden delimitar en este experimento, se observa en las últimas indicaciones un carácter de ambigüedad ineludible. ¿Qué significa proporcionalmente? ¿Qué sería una acción disciplinaria adecuada? Esta figura de autoridad les imparte una serie de órdenes que deben acatar estrictamente, introduciendo claramente un margen de interpretación que deja a su criterio. Es desde esta cuestión que se plantean los problemas dado que la obediencia a las órdenes no alcanza o no es necesaria para todos los casos. Esto es dado que desde el universo particular de cada sujeto no puede leerse ninguna norma dado que de esa manera lo singular se escapa corriendo el riesgo de caer en particularismos que intentan anteponerse a lo universal.
El primer dilema en el que se encuentra el grupo de los guardias transcurre en el momento en que uno de los prisioneros, jugando al basquet, le pasa a uno de los guardias la pelota y le golpea la cara al no poder éste recibirla con sus manos. Esta situación, que desencadena una seguidilla de situaciones que dan lugar a lo que sucede después con Barris, obliga a los guardias a confrontar lo sucedido con las reglas. No es algo que puedan resolver rápidamente, aplicando alguna de las reglas, sino que deben deliberar acerca de qué deben hacer porque las normas no son tan claras como parecen.
Uno de los guardias que promete ser el más malo de todos, determina que hay que castigar al prisionero porque la regla n° 5 no fue respetada. Frente a esta situación, Barris dice: “Ellos lo vieron, sabían que era un accidente”. Ya aparece algo del orden de la apelación a un Otro que todo lo sabe y todo lo ve, así como también aparece una manifestación en relación a no castigar a su compañero por algo azaroso. Algo de la culpa en relación a lo moral puede avizorarse, sería algo así como “no se debe castigar a un compañero”.
Finalmente el castigo fue que realicen todos los prisioneros flexiones de brazos. Al observar que todos los prisioneros están haciendo lo que se les ordenó, Barris en un primer plano sonríe y se evidencian sentimientos de orgullo y regocijo. Nuevamente, algo aparece en relación a este personaje que comienza a mostrar elementos de su universo que en un principio no aparecían, particularmente aparece algo en relación al placer que le produce su lugar de poder.
Es a partir del segundo día del experimento que ubicaremos el circuito de la responsabilidad. El mismo está compuesto por un tiempo 1 en el cual se realiza una acción determinada que concuerda con el lenguaje del universo en el que se halla inmerso el sujeto y que, en apariencia, se agota en los fines para los que fue realizada. Un tiempo 2 que confronta la acción del tiempo 1 con algún indicador que le señala un exceso en lo acontecido, la acción es resignificada interpelando al sujeto que debe responder respecto de aquello que desconoce pero que le es propio. Puede haber un tiempo 3 en donde la respuesta del sujeto no viene dada desde su universo particular, ahora resquebrajado, sino que se trata de la emergencia de un sujeto en acto, una toma de posición respecto de lo universal. Es a partir de este momento que se verifica la responsabilidad subjetiva. No solo se trata del advenimiento del sujeto dividido sino que también algo del propio deseo pudo ser ubicado.

El esquema sería algo así:

En la escena que sigue, los presos se encuentran comiendo una comida muy desagradable por lo que no pueden terminar ninguno su plato. Uno de los guardias les indica que hay reglas, a lo cual un prisionero responde: “el uniforme no es real, hermano”. Hay claramente un señalamiento acerca del nivel que estaban empezando a tomar las cosas debido a tomarse muy enserio su papel de autoridades que a su vez responden a otra autoridad que los observa y que por ende puede castigarlos. La escena termina en todo un descontrol donde se observa a los presos tirándole encima al guardia toda su comida.
Es a partir del momento que sigue que ubicaremos el comienzo del circuito. Luego de pensar un rato, Barris dice: “Tengo una idea, yo hice un juramento a una fraternidad una vez. Durante la semana infernal, los hermanos, ellos quebrantarían nuestra voluntad. Tratarían de humillarnos para la iniciación que iba a venir. Las reglas eran muy parecidas a las de acá. No podían herirnos, pero podían hacer algo mucho peor, podían humillarnos”. “Eso es lo que tenemos que hacer. Tenemos que humillarlos”. Aparece aquí nuevamente la humillación, significante que resuena a partir de los dichos de su madre que lo humilla verbalmente al denominarlo “cada de gallina”. Se podría pensar que esto pertenece al orden de la necesidad, aquello que de alguna manera lo determina y que tiene que ver con su propia humillación y degradación. Para él humillar es lo peor que se le puede hacer a alguien, es lo peor que le hicieron a él. Por lo que castiga de esta manera a sus compañeros, ahora sus prisioneros.
La humillación fue despertarlos en la noche arrojándoles el frío humo de los matafuegos y esposar a Travis, prisionero que enfrento al guardia en la escena del almuerzo, a una celda. “Esto es por incentivarlos”, le explica Barris. Según él, no se trata de una deliberación propia, sino que lo hicieron porque Travis se lo busco y las reglas dicen que hay que hacer algo al respecto. Se dirige al resto de los prisioneros que estaban asustados y azorados advirtiéndoles en un tono autoritario “no habrá más incidentes como los de hoy, ¿entendido?”. Barris ha tomado el rol de autoridad en ese lugar. Se observa en él agitación, expresiones de felicidad y orgullo. Luego de realizar un breve discurso acerca de cómo se deberán realizar las cosas de ahora en más, se dirige rápidamente al baño, muy agitado y observa que tiene una erección. Se mira en el espejo y en un primer momento tiene una expresión de sorpresa y desconcierto. Finalmente sonríe y se retira rápidamente. Algo de la situación lo ha excitado, no fue una simple acción que ejecutó para cumplir con las órdenes sino que esa erección indica que se trata de algo que le pasó a él con esa situación, que se trata de él y de nadie más.
En el tiempo 1 se ubicará el momento en donde explícita que hay que humillar a los prisioneros como castigo por no acatarse a sus órdenes. Barris ejerce una acción con una determinada intención y un objetivo que cree que terminará en el momento en que la acción alcanza su fin. El tiempo 2 interpela al sujeto, si se puede hablar de sujeto a esta altura, resignifica el tiempo 1 y convoca al sujeto a responder. Las respuestas pueden ser muy variadas, pero sólo aquella que divida al sujeto, que produzca un sujeto en acto dará cuenta del tercer tiempo que es el tiempo de la responsabilidad subjetiva. En este caso, en el tiempo 2 se ubicará el momento en donde Barris tiene una erección luego de lo acontecido. Su cuerpo le está indicando que aquella situación le produjo placer. Algo de lo singular emergió, ya no se trata de una acción deliberada que responde a cuestiones que lo trascienden sino que es en ese momento que algo del orden de lo pulsional, de su goce se está poniendo en juego.
En términos de Oscar D’Amore “La culpa es, una condición para el circuito de la responsabilidad subjetiva: es una condición sin clivaje. Es la culpa, lo que ob-liga responder.” En el caso de Barris pareciera que nada de culpa aparece sino que “…la culpa resulta ‘anestesiada’ y por lo mismo es proporcionalmente ajena a la responsabilidad subjetiva.” Podría ubicarse en relación a la culpa o podría pensarse que emerge algo del orden de la culpa, en una de las escenas en donde luego de haber castigado a un guardia por querer ayudar a un prisionero que sufría de diabetes, Barris le alcanza una jeringa para que se inyecte insulina. Pero solamente es un momento ya que a lo largo de todo el film su autoridad y su sadismo se revelan cada vez más. Es decir que, dado que el segundo tiempo es de interrogación y la respuesta es obligada, Barris responde pero no desde la dimensión universal-singular ni desde la lógica de la castración, sino que responde taponando toda emergencia de una singularidad. No asume ningún tipo de responsabilidad sino que justifica su accionar desde la obediencia. Respondiendo desde la negación anula el eje Universal-singular produciendo un efecto particularista, su respuesta es desde el universo particular dado que continúa durmiendo en los significantes del Otro. Es el Otro la autoridad que lo obliga a cumplir con las órdenes, es un Otro completo que observa y que castiga. Tal es así que su accionar se vuelve cada vez más sádico justificando en todo momento que lo hace porque la autoridad, los científicos que lo observan, así se lo indican.
Atribuirle al otro la responsabilidad de las propias acciones puede ser un alivio y aminorar la culpa desde la moral pero lo único que hace es achatar al sujeto, quitándole toda posibilidad de surgimiento. Como dice Fariña, seguir en el guión del Otro implica desentenderse de la interrogación.
Carlos Gutiérrez dice en su artículo sobre el juicio a Eichmann, un colaborador de Hitler, “… la obediencia no es ajena a la responsabilidad… la obediencia es el crimen. La responsabilidad del sujeto reside allí al ofrecerse como instrumento de la maquinaria.”
En Barris no se ubica ningún acto ético, la lógica de este personaje se basa en lo particular, en la lectura particular de las normas, en sobreponer las leyes particulares por sobre las leyes universales respecto del derecho que tienen las personas sobre sus vidas, su bienestar y su libertad. Es por esto que se puede hablar de particularismo dado que de esta manera lo Universal-singular queda anulado, por lo que tampoco se puede hablar de deseo inconsciente.
Con respecto a las categorías de Necesidad y Azar. La primera de ellas refiere a todo acto que no depende del propio accionar sino que sucede inexorablemente, de manera exacta y rigurosa. En cambio el azar desconecta causa y efecto para dar lugar a lo casual, lo fortuito, aquello impredecible y contingente.
En esta película lo azaroso no es lo que más predomina. Se podría pensar como azaroso el accidental episodio donde se golpea con una pelota a un guardia. El encuentro entre Travis y Barris a partir de donde establecen cierta conexión que agrava las posteriores acciones de Barris en relación a Travis. Respecto de la Necesidad se podría pensar algo en relación a la velocidad de la pelota, su peso, la fuerza con la que fue impulsada y la falta de reflejo por parte del guardia que inexorablemente condujo a que lo golpee en la cara. También el azar podría ubicarse respecto del momento y la ubicación de ese guardia que fue casual. La historia de Barris, su relación con su madre, lo que gira alrededor del significante humillación podría pensarse como algo del orden de la Necesidad, de la determinación inconsciente.

HIPÓTESIS CLÍNICA

En la irreductible tensión entre el tiempo 1 y el tiempo 2, que se resignifican retroactivamente, se ubica la Hipótesis Clínica:

Barris no asume responsabilidad por sus acciones, taponando así toda posible emergencia de una singularidad. Tiene un sádico placer que satisface degradando y humillando al otro. Responde a la interpelación frente a la emergencia de lo pulsional, con la negación adjudicando la responsabilidad de sus actos a la obediencia a las reglas impuestas por la autoridad.
La humillación tiene el carácter de determinación inconsciente. Humilla al otro como fue humillado él. Es este gran Otro, su madre, que lo ubica como un objeto al que hay que humillar porque no vale nada, es “caca de gallina”. De ese lugar pareciera que quiere correrse, haciendo al otro lo peor que le podían hacerle a él. Pero no da cuenta de esto sino que niega, tapona la falta, no acepta la castración.

El circuito quedaría de la siguiente forma:

Por eso no hay tercer tiempo dado que el sujeto se escuda en la obediencia, en la negación, que son distintas posibilidades frente a la interpelación que se diferencia del efecto sujeto de la responsabilidad subjetiva.

Cabría preguntarse si se puede justificar un accionar cruel y sádico desde la fuerza que ejerce una situación sobre la conducta de un individuo. Más allá de la situación, esta la responsabilidad y el deseo. Deseo del cual no puede Barris dar cuenta al no asumir su responsabilidad subjetiva.

El mismo Freud a lo largo de su obra y principalmente en “Malestar en la cultura” se ocupó de la hostilidad y la agresividad propia del ser humano cuyo ingreso a la cultura le impone resignar satisfacer sus pulsiones agresivas para vivir en comunidad.
Sin embargo, aquello que hace a nuestra condición humana no le quita responsabilidad al sujeto respecto de lo dice y hace, tal como lo expresa Jorge Jinkis en su texto “Vergüenza y responsabilidad”, respecto de aquello que desconoce pero le pertenece.

BIBLIOGRAFÍA

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• Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.

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• Michel Fariña, J. Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de cátedra. Desgrabación de cláse teórica. Publicado en la página web de la cátedra.

• Michel Fariña, J. (1992). Ética profesional. Dossier bibliográfico en salud mental y derechos humanos. Acápite 3.3: el status de la responsabilidad sobre los actos.

• Michel Fariña, J. (1998). Lo universal-singular (Cap. III). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

• Mosca, J. C. (1998): Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

http://www.prisonexp.org/espanol. Página Web principal acerca del Experimento de la cárcel de Standford.



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