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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología
PSICOLOGÍA, ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS

Titular: Fariña, Juan Jorge Michel
Docente T.P: Perez Ferretti, Fernando
Alumna: Couto, Ana Florencia
L.U: 294067970
Fecha de entrega: 27/02/11

El ladrón de Orquídeas

"El día que la mujer pueda amar, no para huir de sí misma,
sino para encontrarse, y no para renunciar,
sino para afirmarse, entonces el amor será tanto para ella
como para el hombre una fuente de vida y no un mortal peligro"
Simone De Beauvoir (1968)

¿Por qué debo pedir disculpas por mi existencia?, se pregunta desde el comienzo del film Charlie Kaufman; un guionista contratado por Columbia Pictures para adaptar el libro “El ladrón de orquídeas”.
Melancólico, inseguro, con inhibiciones que le impiden confrontar situaciones en las que se pone en juego su deseo; este personaje se interroga hasta el final por su existencia y, aunque plagado de dudas, sabe que el único convocado a responder por esto, es él mismo.
Pero el personaje central de este trabajo no será él, sino el de Susan Orlean. Una reportera de la revista “The New Yorker” a quien le compran los derechos por el libro publicado tres años antes, que Charlie debe adaptar ahora.
Susan es una mujer casada que pertenece a la clase media intelectual norteamericana. Ejerce su profesión con éxito en Miami pero vive su vida con aburrimiento, pesadez y desmotivación, ya que aparentemente su vínculo matrimonial está atravesando una meseta desde hace tiempo.
En medio de este contexto, le interesa escribir sobre un hombre (John Laroche) que había sido arrestado por robar una especie de Orquídea –la orquídea fantasma- de una reserva estatal de Florida. Comienza entonces su labor entrevistando a John, a quien describe en primera instancia del siguiente modo: “John Laroche es un hombre alto, flaco como un palo, de ojos claros, hombros caídos. Guapo, a pesar de que le faltan los dientes de enfrente”.
De este hombre a quien le faltaban los dientes se burlaba al principio frente a su esposo y sus amigos en medio de una cena de intelectuales. Se burlaba de esa falta que John no intentaba disimular ni velar frente a nadie. Pero se burlaba frente a ellos y luego, a solas frente a la imagen que le devolvía el espejo, esa falta la alcanzaba de otro modo, y la burla se convertía en una pregunta por su propia falta.
Su curiosidad por este ser diferente se va incrementando con las sucesivas entrevistas, hasta que un día escucha a John hablar de las orquídeas con una intensidad tal que la conmueve y la lleva a pensar: " Yo quería desear algo tanto como la gente deseaba esas plantas. Pero... yo no soy así. Yo creo que sí tengo una pasión libre de vergüenza. Quiero saber cómo se siente que algo te apasione".
A partir de allí, Susan empieza a viajar a la casa de John en Florida y ambos se involucran en una relación pasional extra matrimonial.
En este punto me detengo para situar un Tiempo 1 en el que ubico aquel accionar que pertenece a las coordenadas de un particular: la acción repetida de viajar a Florida para “saber cómo se siente que algo te apasione”.
Pertenecer a la institución matrimonial, a una clase intelectual, ejercer una profesión, incurrir en una infidelidad, todas estas situaciones reproducen los valores morales de una época, de un particular y por tanto, pueden ser leídas con las categorías que ese universo maneja.
En este universo que se pretende consistente, Susan vive dormida en los significantes del Otro, y cuando encuentra en las palabras de John un elemento que hace rozar el universo previo con cierta inconsistencia elige transgredir la norma viajando a Florida para buscar, según ella, una pasión.
No hay en este accionar de ella ningún elemento imprevisible, incierto que se ponga en juego. Es una acción que supone una rutina secuencial dentro de su vida rutinaria previa.
Siguiendo las mismas coordenadas podríamos intentar respondernos qué elementos generales del caso se juegan en lo general de una pasión.
“La idea de la pasión está ligada a una determinada idea del mundo. En un mundo sólido, el movimiento es vida. En la solidez el movimiento produce subjetivación porque opera sobre la estructura alienante que condiciona al sujeto (…) Contra la solidez: pasión.
En la pasión, el sujeto está constituido previamente al encuentro amoroso: el sujeto tiene su mundo, sus ideales, su novela neurótica; y el encuentro busca colmar esas significaciones internas.”
Simone de Beauvoir definiría esa solidez desde el concepto de inmanencia (1968): " Un ser no esencial no puede descubrir lo absoluto en el fondo de su subjetividad; un ser consagrado a la inmanencia no sabría realizarse en actos (...) Soñará confundirse con el sujeto soberano (...) perderse en cuerpo y alma en quien le es designado como lo absoluto, lo esencial"
El Tiempo 1 de este circuito de la responsabilidad sería entonces, un tiempo que se desarrolla en las coordenadas de la transgresión a la norma, un punto de fuga a partir del cual Susan iría en busca de algo que por el momento se enuncia como anhelo de pasión.
Intenta racionalizar el motivo de este anhelo: " Estaba empezando a pensar que la razón por la que es bueno que algo te interese apasionadamente es que reduce el mundo a un tamaño más manejable”. ¿Qué la lleva a pensar que su universo se tornará más consistente y seguro una vez sumergida en esta pasión? No lo sabemos aún, ni siquiera sabemos qué es una pasión para esta mujer que por ahora ubicamos dentro de un particular.
Lo que me interesa destacar en este primer tiempo es que dice ir en busca de una pasión libre de vergüenza, y que la vergüenza como figura de la culpa aparece velando algo impreciso pero del orden de la responsabilidad subjetiva.
Transita entonces, por este primer tiempo, yendo al encuentro con John de manera sistemática.
Todo parecía andar bien hasta que una de esas noches, luego de haber aspirado una droga que John extraía de las orquídeas, en medio de una relación sexual, acontece algo imprevisto: Charlie Kaufman, el guionista encargado de adaptar el libro de Susan, aparece escondido detrás de un vidrio espiándolos.
Este episodio que sitúo como el Tiempo 2 del circuito se sobreimprime al Tiempo 1 de la acción emprendida por ella que debía agotarse en los fines para los cuales había sido llevada a cabo, es decir, en la transgresión a la norma.
Frente al descubrimiento de este hecho incalculado que sorprende a ambos, Charlie intenta en vano huir de la casa, porque John lo persigue hasta atraparlo y lo fuerza a entrar de nuevo.
¿Cómo reacciona Susan frente a esta situación inesperada? ¿Qué podía hacer frente a un tercero que la estaba espiando?
Podía denunciarlo, aunque se estuviera denunciando a sí misma. Podía intentar convencerlo de no publicar esa información. Podía incluso, en las mismas coordenadas de lo ilegal que supone que alguien ajeno a la casa invadiera su privacidad, ofrecerle un arreglo por su silencio. En fin, podría haber tomado distintos caminos. Sin embargo, en medio de la desesperación decide matarlo.
¿Por qué decide matarlo? ¿Qué hay de responsabilidad en la pasión?
El Tiempo 2 se sobreimprime al Tiempo 1, porque el accionar desplegado en el tiempo 1 no se remite a una búsqueda genuina que la confronte con su fallida existencia, con la falta –en- ser, sino a un accionar sintomático con que intenta responder anticipadamente a la pregunta por la femineidad no desplegada.
La pregunta por la pasión esconde la idea de que hay Otro que goza. Y la responsabilidad que le cabe es la de intentar sostener esa ficción: la del goce del Otro.
¿Por qué se enamora de John?
Porque él representa para ella a aquel que sabe; y saber del deseo es saber de la causa del deseo: si se sabe, se lo tiene. “Yo quería desear algo tanto como la gente deseaba esas plantas”.
Ella supone que en aquel lugar un sujeto posee ese saber simbólico y el saber es el goce del Otro. John adviene al lugar del portador del semblante del objeto ‘a’ porque parece tener el objeto de satisfacción, de la felicidad, del deseo. Al Sujeto supuesto saber y al portador del semblante se lo ama. Lacan dice sobre este engaño: “lo que le falta a uno, no es lo que está escondido en el otro. Y ahí está todo el problema del amor”.
Enamorada, se ofrecerse como objeto causa del deseo de John, lo que le permite creerse agente de su castración, negando así su inconsistencia previa que no es sino la de cualquier existente.
Cuando se encuentra frente a la mirada del Otro, emerge otra vez la vergüenza. Según Sartre (1943): “Mi conexión fundamental con el Otro – como – sujeto tiene que poder remitirse a mi permanente posibilidad de ser visto por el Otro”
La mirada del Otro “la conduce más allá de su fantasma, hasta el punto donde lo simbólico no responde, donde ya no hay respuesta al interrogante por la mujer”.
Allí donde emerge el Otro como sujeto es donde caen las consistencias del Otro goce.
¿Quién era esa mujer que estaba ahí convocada a responder… qué es ser una mujer?
1) No se encontraron indicadores de Particularismo en las escenas de la película.
2) En relación con el cuento “El Muro”, las escenas de esta película no abren un Tiempo 3 en el circuito de responsabilidad. El Tiempo 2 que interpela a Susan y la confronta con un punto ciego de su deseo, desemboca en una desresponsabilización que se manifiesta en el acto de matar a Charlie, suponemos, para que no hable. En cambio en el cuento de Sarte, el Tiempo 2 abre la posibilidad de un cambio que posiciona desde la implicación a Pablo Ibbieta. Implicación que aparece en la risa y el llanto.


Bibliografía
 Alemán, J. (2003) Nota sobre Lacan y Sartre: El decisionismo. En “Derivas del discurso capitalista: notas sobre psicoanálisis y política”. Málaga: Miguel Gomez ediciones.

 Cantarelli, M. , Corea.C (25/02/2011) “Subjetividad contemporánea. Varones y mujeres: de la pasión a la decisión”, en www.estudiolewkowicz.com.ar

 D’Amore, O.(2006) Responsabilidad y culpa. En “La transmisión de la ética. Clínica y deontología”. Buenos Aires: Letra Viva

 De Beauvoir, Simone (1968) “El segundo sexo”. Buenos Aires: Ediciones Siglo Veinte.

 Lewkowicz, Ignacio (1998) Particular, Universal, Singular. En “Ética: un horizonte en quiebra”. Buenos Aires: Eudeba

 Marquez, L (25/02/2011) “El dulce pesar de existir”, en www.labutaca.net/53berlinale/elladrondeorquideas.htm

 Mosca, J.C. (1998) Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En “Ética: un horizonte en quiebra”. Buenos Aires: Eudeba

 Salomone, G.Z (2006) El sujeto dividido y la responsabilidad. En “La transmisión de la ética. Clínica y deontología”. Buenos Aires: Letra Viva

 Sartre, Jean-Paul (1993) “El ser y la nada”. Buenos Aires: Losada.

 Shejtman, Fabián (2006) “Cizalla del cuerpo y del alma”. Buenos Aires: Berggasse 19.



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