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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGIA

PSICOLOGÍA, ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS

CATEDRA: JUAN JORGE MICHEL FARIÑA
COMISIÓN: 12
DOCENTE: MONTESANO HAYDÉE
ALUMNAS:
CARAMUTO, LUCIANA ROMINA DNI 28.520.073
GARCÍA, MELINA NATALIA DNI 27.167.361

SEGUNDA EVALUACIÓN. PARCIAL DOMICILIARIO
FILM ASIGNADO: “THE READER” de STEPHEN DALDRY

“Cómo usted ve: son los destinos de uno.
Del hombre, animal inesperado,
que a veces tiene las suertes que no son suertes,
y otras veces sufre carencias que no son tales.”

Mempo Giardinelli, La Revolución en bicicleta

1. El análisis de la responsabilidad subjetiva sobre el comentario de la película “El Lector”, se centra en el personaje de Hanna, interpretado por Kate Winslet. El autor propone la siguiente hipótesis clínica: “Hanna no sabe leer, pero no sólo libros, sino fundamentalmente su propia posición, respecto a una situación que la implica seriamente pero de la que aparece desentendiéndose”. Hanna es acusada de cometer crímenes de lesa humanidad en la Alemania Nazi, durante la Segunda Guerra Mundial. Con ella se procesan otras cinco imputadas, acusadas de dejar morir a trescientas prisioneras durante un incendio en una Iglesia, además de colaborar con la serie de crímenes cometidos durante esa época. El resto de las imputadas, saben leer bien la responsabilidad que les cabe en los hechos y por eso tratan de evadirla. Pero ella no comprende por qué no dicen la verdad sobre lo que hicieron. No tiene problemas en explicar a los jueces cómo llegó a ser guardia de un campo de concentración, sencillamente tomó un trabajo que le ofrecieron. Según su relato, ella cumplía con su deber, que consistía en no dejar escapar a las prisioneras, por eso no las liberó de la iglesia en llamas. También alega la falta de espacio para todas las prisioneras cuando elegía las diez que iban a morir en las famosas “marchas de la muerte”. Necesariamente había que hacerlo: “no podíamos mantener a todas”, dice ella. Fue, como dice Fariña, una obediente eficiente. En ningún momento Hanna se siente interpelada por las preguntas del juez. El único registro que tiene es el de su vergüenza por no saber leer ni escribir. Su cortedad es tal que prefiere inculparse en lugar de confesar su secreto. Es esta desproporción entre su incapacidad para leer su acto y su vergüenza desplazada al analfabetismo, lo que autoriza al autor a establecer la hipótesis mencionada.
2. Sugerimos los siguientes tiempos lógicos para la hipótesis que plantea el autor: En un tiempo 1 Hanna lleva adelante una acción, una conducta orientada por un determinado objetivo, que es trabajar, entendiendo que tal iniciativa se agota en los fines para los cuales fue concebida. En la película, Hanna toma un trabajo que le ofrecen, y obedece las órdenes que le imparte la autoridad. Dicho trabajo implica cometer crímenes, actos altamente repudiables pero de los que ella parece no dar cuenta. Simplemente considera que es su obligación hacer lo que le dicen. En un tiempo 2, adviene la interpelación, que Hanna recibe a partir de indicadores que la ponen sobre aviso de que algo anduvo mal en eso que hizo. Su acción iniciada en el tiempo 1 fue más allá de lo esperado. Ese tiempo, se ve reflejado en la escena donde se encuentra con Michael en la cárcel luego de más de 40 años. Ella intenta acercar su mano a la de él, éste en primer lugar le cede la suya y luego la rechaza quitándola rápidamente de la mesa. Allí Hanna, que ya aprendió a leer libros, alcanza a leer en Michael ese último pre-texto: que para él, su acto es imperdonable. La imposibilidad de él, su distancia, es la vía por la que retornan a ella los efectos de su acto, para que pueda finalmente leerlos. Aquí ella se siente por primera vez juzgada, interpelada por Michael y decide finalmente terminar con su vida.
3. Encontramos un elemento de necesidad que es el juicio que se realiza por los crímenes cometidos. Allí se encuentra implicada la protagonista. Decimos que es un elemento de necesidad porque corresponde al orden de lo inexorable, insoslayable. El juicio inevitablemente iba a suceder, o estaba sucediendo, ajeno a la voluntad de cualquiera de los protagonistas. Lo que corresponde al orden del azar es justamente que el joven Michael se encontrara allí, participando del mismo, como estudiante de abogacía.
En el texto de Mosca, se sugiere que la “responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar”. Pero no debemos caer en ninguna de las dos formas de reduccionismo, dos errores posibles. El primero de ellos es el de asignar responsabilidad al sujeto allí donde ésta no existe. El segundo error, radica en relevar a un sujeto de su responsabilidad atribuyendo lo sucedido al azar y/o necesidad cuando en realidad debe responder por su acción. De esto debería dar respuesta nuestra protagonista, de la razón de su ser en la razón deseante, constituyente del campo de la subjetividad, en lo culpable y también en lo incalculable y no representable de su ser. Aquí Hanna quiere atribuirle a la necesidad, la responsabilidad por algo de lo cual ella debe dar una respuesta. Aquí da una respuesta pero una respuesta del orden de la necesidad. Ella no parece implicada en absoluto. “De nuestra posición de sujeto somos siempre responsables….”, dice Lacan. Evidentemente nosotros leemos la responsabilidad subjetiva en Hanna pero ella misma no puede hacerlo.
4 Como figura de la culpa en Hanna, podemos encontrar la Vergüenza, su vergüenza por no saber leer ni escribir. Su vergüenza desplazada a la casi banalidad de su analfabetismo, es un primer síntoma, que no le permite hacerse responsable de su vida ni de los actos cometidos. Esta figura de la culpa vela otra escena que es necesaria rastrear para devolverle al sujeto esa verdad que atesora pero de la que nada sabe. Siguiendo la obra de Freud, éste sostiene que la realidad del síntoma, que define el campo de lo analizable, no concierne sino a los modos singulares de replantear la relación de un sujeto con su saber. A este descubrimiento, Lacan agrega una dimensión: cada vez que el sujeto se aproxima a su verdad, troca esta vedad por lo que él llamó objeto “a”. Hanna está lejos de acercarse a su verdad, muy por el contrario ella se encuentra perfectamente ubicada en la posición de objeto. Podemos decir que uno de los cuatro modos de objeto a, la voz, en Hanna se hace presente en el modo en que ella prefiere que le lean, ella misma se posiciona aquí como “objeto a ser leído”. Difícilmente la dimensión subjetiva pueda aparecer hasta tanto no haya un corrimiento desde ese lugar de objeto del que Hanna está presa. Ello no parece suceder en el film. Incluso en el momento culminante donde se quita la vida, lo hace por la misma vergüenza que sigue estando, ahora por poder leer lo que hizo y sentirse culpable, pero no desde su posición subjetiva responsable. Creemos que hubiese podido hacer algo con su vida después de la cárcel si esta dimensión hubiese aparecido. Conjeturamos que podría haber cumplido su condena, aceptado la responsabilidad jurídica que le compete en relación a la respuesta que debe dar a la sociedad y continuar con su vida. Como troca su vida por la angustia, podemos decir que Hanna no alcanzó esa posición. La culpa se constituyó aquí en el reverso de la responsabilidad. Cuando la responsabilidad del sujeto se halla ausente, aparece, como sustituto, el sentimiento de culpa. Los pensamientos atormentadores, el remordimiento, el arrepentimiento, la vergüenza en el caso de Hanna, son algunas de sus figuras. En cualquier caso, no más que formas desplazadas (en el Yo) de la responsabilidad ausente en el sujeto.
En el personaje de Michael, también podemos marcar como figura de la culpa, el arrepentimiento, que siente por no haber hablado y haber influenciado en la decisión final de Hanna. Este sentimiento lo lleva a sostener una fidelidad a su pasado amoroso a través de sus lecturas grabadas para ella durante años. El azar, que hizo que Michael esté justo presenciando ese juicio en sus épocas de estudiante, confrontó al protagonista con la posibilidad de hacer algo con su propia historia. La responsabilidad subjetiva es ignorada por este personaje, por eso aparece la culpa, para velar aquello que no pudo resolver, por no haber podido escuchar, aunque más no sea por una vez, a Hanna. En su papel de amante le lee desaforadamente, pero nunca la escucha; escapa cada vez que ella desea hablar: desde la primera cita en la cárcel, donde no concurre a la entrevista, hasta cuando la despide, precipitando el final.
5. En el cuento de Sartre “El Muro”, propone la emergencia de una singularidad en situación. De acuerdo a los tiempos lógicos, en el circuito de la responsabilidad subjetiva, el Tiempo 1, en donde el personaje lleva adelante una acción y entendiendo que tal iniciativa se agota en los fines para los cuales fue concebida, podemos localizarlo, en Ibbieta, cuando al ser interrogado por el paradero del Sr. Gris, improvisa una broma para burlarse de los falangistas. Sabiendo que Gris está escondido en casa de su primo, les dice “Gris está escondido en el cementerio”. Luego localizamos el Tiempo 2, en donde sucede la interpelación al sujeto, Ibbieta se entera de que esa mañana lo mataron a Gris y nada menos que en el cementerio. Su acción iniciada en el tiempo 1 se resignifica a partir de esta noticia. Esta distancia entre tiempo 1 y tiempo 2 da lugar a la formulación de una Hipótesis Clínica acerca de aquello respecto de lo cual se espera una respuesta de parte de Ibbieta. Pero no se trata de la responsabilidad social o jurídica por la muerte de Gris, sino de la responsabilidad subjetiva. Pero para que el tiempo 2 sea genuinamente tal e interrogue verdaderamente al sujeto es necesario que se cumpla una acción más: que la distancia que separa el tiempo 1 y el tiempo 2 no se deba exclusivamente al azar y/o necesidad.
Ibbieta, en primer lugar, es responsable (siempre hablando de responsabilidad subjetiva) de haber hablado, de su deseo de querer vivir, por lo menos un poco mas, desafía al azar. Era altamente improbable que Gris estuviera en el cementerio, pero no imposible, de hecho estaba allí. Y en segundo lugar, es responsable por la elección de la palabra “cementerio”. Esta palabra, elegida por Ibbieta, aparenta ser tomada al azar pero no lo es. Cementerio pasa a ser un significante cargado de deseo no a priori, sino a posteriori. No se trata de una mera asociación entre cementerio y muerte, sino del efecto de resignificación que adquiere para Ibbieta las palabras de Gris, relatadas por García, quien antes de morir, le habría dicho: “me escondería en lo de Ibbieta, pero dado que esta preso, me iré a esconder al cementerio” (palabras de Gris). Un término adquiere valor significante solo a posteriori de un significante 2 que le da el carácter de tal. Por eso es recién allí cuando Ibbieta termina de quebrarse y podemos marcar un Tiempo 3 donde se ríe hasta llorar o llora hasta reír, instancia que nos muestra, según el mismo Sartre que esa elección lo hace sujeto, la elección constituye al sujeto aquí. Vemos que, incluso en esta situación, donde parecía que ya no había decisión de vida en Ibbieta, elige, toma una decisión, la de hablar, corroborando el pensamiento sartreano de que cualquiera que sea la situación, el sujeto siempre puede decidir.
En el caso de nuestra protagonista, Hanna, podemos marcar también dos tiempos lógicos en el circuito de la responsabilidad subjetiva que siguen los lineamientos planteados en el caso del cuento “El Muro”. Pero comparando con Ibbieta, no vemos claramente los indicadores que den cuenta del tiempo 3, ya que luego de la interpelación del sujeto en el tiempo 2, Hanna se quita la vida.
A diferencia de Ibbieta, consideramos que Hanna, actuó de “mala fe” (según la lectura de Sartre por Jorge Alemán) porque ella buscó excusas para su vida, en la determinación de la situación, que justificaran los actos cometidos. Se quiso amparar en que el medio le había impuesto una determinada elección: ella debía cumplir órdenes. Buscaba justificaciones en un determinismo absoluto, sin poder responder por las decisiones tomadas. En cambio, Ibbieta no se excusó en un determinismo cuando decidió hablar, a pesar de ser expuesto a tener que hacerlo. Hanna sí lo hizo, cuando fue interrogada por la muerte de las prisioneras en la Iglesia, alegando que estaba haciendo su trabajo, no podía dejar que se escapen.

Para finalizar y a modo de corolario, mientras que el protagonista del cuento, Pablo Ibbieta salva su vida, priorizando su deseo inconciente de querer vivir, responsabilizándose por él, Hanna, prisionera de su culpa, luego de haberse leído así misma, no puede responder más que con su propia muerte.

BIBLIOGRAFÍA

1. Fariña, Juan Jorge Michel. Responsabilidad: Entre necesidad y Azar. Ficha de Cátedra.
2. Sartre, Jean Paul. El muro, Editorial Losada, Buenos Aires, 1972.
3. Alemán, J. Nota sobre Lacan y Sartre: el decisionismo. En “Derivas del Discurso Capitalista: notas sobre psicoanálisis y política”. Miguel Gómez Ediciones, Málaga, 2003.
4. Fariña, Juan Jorge Michel/Serué, Dora. Responder por la vergüenza. Ficha de Cátedra.
5. Freud, Sigmund. La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En “Algunas Notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto”. Obras Completas. Tomo XIX, Amorrortu Editores, 1984.



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