por 

Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Cátedra I

2° Evaluación Parcial

Prof. Titular Regular: Lic. Juan Jorge Michel Fariña
Ayudante T.P.: Lic. Adriana Alfano
Co-ayudantes: Lic. Silvana Capurro
Lic. María Eugenia Cadú Jeanrenaud

Comisión de T.P: N° 7 – Miércoles 18:00 a 19.30 hs.
1° Cuatrimestre de 2010

Alumnas:

Herrera, Paula Alejandra L.U. 26.592.353/0
pauly_herrera3004@hotmail.com Celular 156527 0031

Salas, Karina Vanesa L.U. 30.436.717
Kari2610@hotmail.com Celular 156099 8009

CONSIGNA DE EVALUACIÓN

1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.

2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.

3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.

4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.

5. Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre).

En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

1- Los comentarios de los autores refieren dos niveles de análisis sobre la responsabilidad subjetiva. Uno que remite al personaje de Hanna, y en un segundo nivel al personaje de Michael.
Hanna es una joven analfabeta, quien ha atrabajado como guardia en los campos de concentración nazis, y luego es juzgada por los actos cometidos. Previo a esta situación, Hanna había mantenido una relación sentimental con Michael, un joven varios años menor, hasta que repentinamente ella decide abandonar la ciudad donde ambos vivían, y sin explicación alguna. Años después y de manera casual, Michael, ya estudiante de derecho, presencia el juicio de Hanna, siendo esta una experiencia perturbadora para él. La historia transcurre luego en los años posteriores a la condena, cuando Michael comienza a grabar sus lecturas y a enviárselas a Hanna a la cárcel, tal como ocurría en sus encuentros pasados, donde él solía ser su “lector”. El reencuentro cara a cara sucede días previos a la liberación de Hanna, preparando el desenlace de la historia.
En un primer nivel de análisis, los autores sostienen que la declaración de culpabilidad de Hanna, es en aquel primer momento, para evitar responder por otro crimen que sí le pertenece, y que no se trata precisamente del analfabetismo. Que existe otra escena que es necesario rastrear para devolverle al sujeto esa verdad que atesora pero de la que nada sabe. En un segundo momento, es el reencuentro con Michael y la distancia que él impone, donde Hanna puede leer que no sólo tiene una deuda con los muertos por el crimen que le adjudican, sino con su propio deseo, el de esa posición una a una con los cuerpos cuidados y bañados de sus lectoras en el campo. Esta hipótesis se sustenta en la secuencia donde Hanna se declara culpable de un crimen que no cometió, respondiendo por la vergüenza que siente de ser analfabeta, en la escena donde ante el requerimiento del juez para dar prueba de su escritura, temblando frente al block de notas y una lapicera, ella prefiere responder que es culpable antes de que descubran su analfabetismo. Se plantea que la declaración de Hanna es para evitar responder por un otro crimen, y que no es el analfabetismo. Aquella otra escena de la que ella nada sabe. Se plantea que el único registro de su vergüenza es no saber leer ni escribir, por lo que demuestra allí una incapacidad para leer su acto, ya que su vergüenza queda desplazada a la banalidad de su analfabetismo. Podemos ver en la escena del juicio que Hanna parece no comprender que las demás mujeres nieguen haber hecho lo que hicieron. Explica a los jueces que llegó a ser guardia de un campo de concentración simplemente porque ofrecían un trabajo y ella lo tomó. Y agrega que no liberó a las prisioneras de un edificio en llamas porque su tarea consistía en impedir que escapen.
Hanna finalmente podrá leer su acto, a partir del momento en que registra en Michael la imposibilidad de aproximarse a ella, esta es la vía por la que retornan a Hanna los efectos de su acto. A punto de quedar en libertad y superado su analfabetismo, es ahora capaz de interpretar, a través de la distancia de Michael. Se hace evidente en el film cuando veinte años más tarde se reencuentran, Michael la visita, y su trato es distante, podemos notar en ella un gesto de extrañeza, y de comprensión al fin, de que para él, el acto que ella cometió es imperdonable. En el diálogo de esa escena, luego de que Michael le pregunta si ha dedicado tiempo a pensar en el pasado, ella responde que antes del juicio nunca tuvo que hacerlo, y que ahora no importa lo que piense ni lo que sienta, “los muertos siguen muertos”. Y concluye que ha aprendido en la cárcel, ha aprendido a “leer”. Podemos interpretar en esa frase de Hanna, en ese “leer”, ella finalmente puede registrar la situación, que se ha sentido convocada a responder por los actos cometidos. Finalmente su toma de posición es radical, reúne sus pertenencias, hace su testamento y termina con su vida elevándose sobre los libros que ya no alcanzan a sostenerla.
El segundo nivel de análisis de la responsabilidad remite al personaje de Michael y su actitud evasiva, la cual obstaculizaría la posibilidad de una interpelación. Se puede apreciar en diferentes escenas, como por ejemplo, su deserción en la cárcel antes de la visita, o cuando ella comienza a enviarle cartas pero el nunca las contesta. Michael sostiene una posición de amante y lector, y a la vez de jurista empeñado en absolverla, pero no la escucha realmente. La postura de Michael será no sin consecuencias como lo expresa la cita traída por los autores: “Hasta entonces yo había sido espectador, pero ahora me veía implicado, podía intervenir, podía influir en la decisión final. Era un papel que no había buscado ni elegido, pero lo tenía, quisiera o no, tanto si decidía hacer algo como si me limitaba a comportarme pasivamente”. El final queda abierto a la posibilidad de que Michael cuente su historia a su hija y sea ella quien, a través de su capacidad de asombro, pueda darle un nuevo significado a los hechos.
2- Tomaremos el personaje de Hanna para explicar el circuito de responsabilidad. El primer tiempo, donde el sujeto lleva a cabo una acción para lograr un determinado fin, en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso y que se supone se agota en los fines para los que fue realizada. Este primer tiempo lógico se recorta en la escena del juicio donde Hanna se declara culpable de un crimen que no cometió, prefiere responder que es culpable. Este accionar no está libre de motivaciones inconscientes que se expresan más allá de la intención de su yo, aunque ella crea que se trata solo de ocultar su analfabetismo. Su incapacidad para leer no se limita a los libros, tampoco puede “leer” la situación por la que esta siendo juzgada. La vergüenza que siente por su analfabetismo es análoga a un síntoma, que tiene sus fundamentos en la esfera de lo inconciente.
El segundo tiempo, donde el sujeto es interpelado por un acto, que vive como ajeno pero que le pertenece, y donde se resignifica su acción. Aquí el universo particular soportado en su Yo se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo del mismo. Es el momento en que emerge una singularidad que en consonancia con lo universal demuestra la incompletad del universo previo, junto con la caída de los ideales que allí se sostenían. Tras haber superado su analfabetismo, días previos a su liberación, Hanna se reencuentra con Michael, y puede ahora “leer” en él una distancia, la cual remite a lo imperdonable de sus actos pasados. El acto de Hanna cobra para ella misma una nueva significación. Podría decirse que se siente interpelada, y es a través del sentimiento de culpa que puede dar cuenta de una deuda con los muertos. La condena que asumió Hanna ya no puede ser sostenida en la vergüenza por su analfabetismo. Retroactivamente se halla el lazo asociativo entre el tiempo 1 y 2, si algo ha emergido en el 2 tiempo desligado del universo particular este buscará re ligarlo hallando una explicación a su presencia.
La hipótesis clínica que subyace es que la declaración de culpabilidad de Hanna es en un primer momento para evitar responder por un otro crimen del cual ella desconoce. La figura de culpa en primer plano es la vergüenza por su analfabetismo. En un segundo momento, es el reencuentro con Michael y la distancia que él impone, donde Hanna puede leer que no sólo tiene una deuda con los muertos por el crimen que le adjudican, sino con su propio deseo, con los cuerpos cuidados y bañados de sus lectoras en el campo. Podemos atribuir a este momento el sentimiento de una culpa moral por lo acontecido.
Podríamos atribuir a Hanna un secreto deseo de ser madre, un oculto deseo maternal expresado a través de la relación que mantenía con sus lectores, sobre los cuales confería una actitud de protección, amor y cuidado. Una deuda pendiente consigo misma que no ha podido saldar, como un deseo que no ha sabido “leer”.
Por último, el tercer tiempo, se trata de la toma de posición en relación a lo universal inscribiendo un acto que produzca un Sujeto (barrado). Donde el sujeto debe poder responder por sus actos, asumiendo su responsabilidad subjetiva. Es el momento en que Hanna, poco antes de ser liberada, reúne sus pertenencias, hace su testamento y elige terminar con su vida. Es muy representativa la escena donde se sube lentamente a los libros, los que han servido de sustento a lo largo de su vida, pero que ahora no alcanzan a soportarla. Deja en su testamento una latita conteniendo un dinero el cual pidió fuera entregado a una de las sobrevivientes que estuvo en los campos de concentración donde ella trabajaba como guardia. Este es el punto de ruptura, de quiebre de sentido donde se manifiesta la falta estructural del sujeto. La posición de obediencia frente a la referencia moral se ve conmovida, para Hanna ya no es suficiente sostener aquellas muertes solo en el cumplimiento de su tarea de guardia. Se propicia un punto de inconsistencia que da lugar a la responsabilidad fundadora de un nuevo sujeto.
3- Los elementos de necesidad presentes son las condiciones históricas en las que tiene lugar el régimen nazi, durante la segunda guerra mundial y el surgimiento de las SS en Alemania. Cabe mencionar la condición de particularismo histórico, aquellos que consideraban a la raza aria como superior y pretendían que este rasgo particular devenga condición universal, lo que configuró una de las mayores aberraciones contra los derechos humanos.
Posteriormente las condiciones que llevaron a realizar los juicios por los crímenes de guerra cometidos en los campos de concentración. Todas estas circunstancias rigen por fuera de la intervención del sujeto, hay una relación necesaria entre el efecto y la causa que lo determina.
En cambio el azar, donde no existe una conexión entre causa y efecto, posee un carácter fortuito y accidental. Tampoco aquí interviene el sujeto. Un elemento de azar en la historia es la presencia de Michael en el juicio de Hanna, lo cual provocará un desencadenamiento de situaciones que llevaran finalmente a una toma de posición singular de Hanna. Es justamente en la grieta entre necesidad y azar donde tendrá lugar la responsabilidad subjetiva.
4- Hanna responde que es “culpable” y responde por la vergüenza de su analfabetismo, no lo hace por su responsabilidad en las muertes que la incriminan. Como contraparte, podría decirse que es tan fuerte su vergüenza, que asume la culpa en el juicio solo por su condición de analfabeta. Según el texto “Veinte años son nada” cuando la responsabilidad del sujeto se halla ausente, aparece como sustituto el sentimiento de culpa, este puede surgir bajo la forma de arrepentimiento, remordimiento, pensamientos atormentadores, incluso modos de altruismo. Representan formas desplazadas en el Yo de la responsabilidad ausente en el Sujeto. Podemos enunciar que la figura de culpa en Hanna es la vergüenza por su analfabetismo, la que se manifiesta con la fuerza de una formación sintomática, al punto de sostener una condena perpetua haciéndose cargo inclusive de un hecho que no le pertenecía (como el informe que ella no había redactado).
Un elemento que empobrece para Hanna su responsabilidad, es su actitud de “obediencia”, lo que constituye una de las formas de sometimiento al “Otro”. Hanna se exculpa así de la responsabilidad en sus actos, se muestra como una obediente eficiente. Se puede apreciar claramente en la escena cuando responde al juez, refiriéndose al motivo por el que no abrieron las puertas de la iglesia para evitar que las prisioneras murieran quemadas: “Somos guardias. No podíamos dejarlas escapar. Habría sido un caos! Éramos responsables por ellas!” Inclusive ella le espeta al juez qué hubiese hecho él en su lugar.
La responsabilidad jurídica, trata de un cuestionamiento a la persona (a su Yo conciente), se plantea en función de la noción de sujeto del derecho, sujeto autónomo, la cual limita la responsabilidad al campo de la conciencia, la voluntad y la intención; un sujeto responsable es aquel capaz de responder por sus actos, elecciones y decisiones. Queda explícito en el pasaje del film donde el profesor explica en su clase luego de presenciar el juicio: “Las sociedades piensan que se rigen por algo llamado moralidad, pero no es así, se rigen por la ley. Uno no es culpable de nada solo por trabajar en Auswitz (…) Para probar el homicidio debes probar la intención. La cuestión no es si estuvo mal, sino si fue legal. La ley es limitada, pero por otro lado, la gente que mata es conciente de que esta mal”.
La responsabilidad jurídica implica un clivaje entre la responsabilidad y la culpa. Hanna es responsable de ese acto por lo tanto es culpable. Ella responde desde el lugar de un sujeto conciente, dueño de su voluntad e intención.
La responsabilidad jurídica conlleva en este caso una dimensión de responsabilidad subjetiva; tal como hemos dado cuenta en párrafos anteriores, en la determinación de Hanna subyace una motivación inconciente al declararse “culpable”, pero será recién desde una posición ética cuando ella esté dispuesta a confrontarse con su acto.
La responsabilidad subjetiva es ese otro nombre del sujeto, del sujeto en acto. En esta dimensión el sujeto es siempre culpable, y lo es de lo que hace y dice, respondiendo a su deseo. Cuando ya no existe en Hanna una vergüenza por su analfabetismo, esta es desplazada a una culpa moral, la cual actúa como hilo conductor que la llevará a una nueva posición de sujeto: su elección de terminar con su vida y el testamento que escribe son intentos de saldar una deuda con los muertos y probablemente con algo del orden de su deseo.
5- Tanto Hanna como Ibietta, responden de acuerdo con lo que ellos creen una elección propia, conciente, voluntaria, intencional, la cual se agotaría en el único fin para el cual fue realizada, y no en otros: Hanna, ante la pregunta del juez sobre su responsabilidad en la muerte de las mujeres en la iglesia en llamas, ha respondido que era “culpable”. Aún sin serlo por la totalidad de las 300 muertes que le incriminan. Acepta asumir la condena con tal de ocultar su analfabetismo, el cual le genera una vergüenza desproporcionada. Esta es su respuesta desde un nivel conciente e intencional. Su respuesta queda así enmarcada en el campo de la responsabilidad jurídica. En el campo de la responsabilidad subjetiva, Hanna no ha dado una respuesta responsable. Ibietta, ante la amenaza de muerte de los falangistas, debe responder por su vida, si delata a Gris salvará su vida, es su vida a cambio de la de él. Estos acontecimientos son del orden de la necesidad, la situación obliga a Ibietta a dar una respuesta, y éste decide responder con una burla a los falangistas, diciendo que Gris estaba “en el cementerio” cuando en realidad sabía que Gris estaba escondido en lo de su primo.
Veamos como en un segundo momento, estos personajes son “interpelados”, una sensación de extrañeza los invade, son convocados a dar una respuesta. Allí es donde se pone en juego algo del deseo inconciente del sujeto, quedando establecida una ligadura con aquello que ha quedado sin responder, re- significándose la respuesta que habían dado en aquel primer momento: Hanna, ya ha aprendido a leer y escribir, ha cumplido 20 años de cárcel y esta a punto de salir en libertad. Se encuentra con Michael, quien a través de su actitud distante y su interpelación sobre los hechos del pasado, ocasiona en Hanna una lectura diferente los hechos y de su propia posición frente a ellos. Ibbieta, al enterarse que Gris había sido asesinado, y que “en el cementerio” fue justamente donde lo descubrieron, se ve sorprendido, extrañado, interpelado por esa frase, de la cual él había sido autor, pero sin la intención de delatarlo. Fue el azar el que hizo que coincidiera su respuesta.
Ante este llamado a dar una respuesta, los personajes adoptarán una postura que da cuenta de la de un nuevo sujeto, la del sujeto en acto. Es la dimensión donde los personajes asumen su responsabilidad subjetiva: Hanna, al momento que elige terminar con su vida, deja en su testamento una latita que pertenecía a alguna de las niñas que estuvieron en el campo, mas un dinero de ella para que sean entregados a la hija que sobrevivió al incendio. Con este acto se asume responsable y culpable de las muertes. Ibbieta, luego de saber de la muerte de Gris, hecha a reír hasta las lágrimas. Es en esa risa donde se reconoce y hace propio el deseo de vivir, aunque sea un poco más. Con este acto Ibietta es responsable de haber deseado vivir.

Bibliografía:
 Jinkins, J. (1987) Vergüenza y Responsabilidad. Conjetural, n° 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.
 Michel Fariña, J. & Gutierrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. N° 3. Buenos Aires.
 Mosca, J. C. (1998) Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: Un horizonte en quiebra. Eudeba. Buenos Aires.
 Salomone, G. Z.: El Sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y Deontología. Vol. I; Fundamentos. Letra Viva. 2006.
 D’Amore, O.: Responsabilidad y Culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y Deontología. Vol. I; Fundamentos. Letra Viva. 2006.
 Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.
 Michel Fariña, J. (1998). Lo universal-singular (capítulo III). En Etica: un horizonte en quiebra. Eudeba, Bs. As.
 Gutierrez, Carlos (2009). “Eichmann y la responsabilidad”. En dossier de Etica y cine: Etica y Ciencia. De la Eugenesia al tratamiento contemporáneo de las diferencias humanas. Proyecto IBIS/Aesthethika. Grupo Blanco Ediciones. Bs. As.
 Michel Fariña, J. Responsabilidad: entre necesidad y azar.



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