por 

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

FACULTAD DE PSICOLOGÍA

PSICOLOGÍA ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS
2do PARCIAL

CÁTEDRA: Fariña, Juan Jorge Michel
INTEGRANTES:
• Goncalves Elías, Soledad LU. 33607049-0
• Di Doménico, Agostina LU. 29493666-0
DOCENTE:
• Ianina Samolevich
COMISIÓN: Nº 1
FECHA DE ENTREGA: 7/06/2010
1º CUATRIMETRE 2010

CONSIGNAS DE EVALUACIÓN

1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.

2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.

3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.

4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.

5. Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre).

En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

Michael Berg: I was fifteen. I was coming home from school.
I was feeling ill. And a woman helped me.

En el film The Reader (Stephen Daldry, 2008) nos presenta una historia difícil, donde los “buenos” y los “malos” intercambian permanentemente sus ropas. Acompañamos a la protagonista de esta historia, Hannah Schmidt, en la búsqueda de su verdad.
En el comentario sobre la película los autores no explicitan una hipótesis clínica, pero nos dan los elementos para inferirla. De momento intuimos que no es por los crímenes de guerra que Hannah debe responder, mucho menos por su analfabetismo que tanto la avergüenza: se tratará, en todo caso, del orden de algo de su propio deseo.
Para iniciar el análisis es de interés situar la diferencia que existente entre la responsabilidad jurídica y la subjetiva, dos diversos modos de confrontarse con el campo de la responsabilidad. En el primer caso, podríamos decir que implica la función de la noción de sujeto autónomo, es producto del texto jurídico e implicaría el poder de “auto-gobernarse”, decidir voluntariamente sobre la vida propia, de forma libre. Es así como la responsabilidad se circunscribe al terreno de la conciencia, refiriendo al sujeto imputable por definición y a aquel al cual se lo considera capaz de responder por sus actos.
A la luz de las acciones por las que Hannah es juzgada, algunas escenas nos impresionan como desconcertantes: no se puede decir que Schmidt no es una “buena samaritana”, ya que ella y Michael precisamente se conocen cuando el joven Berg (de momento, un perfecto desconocido) cae enfermo y ésta decide acompañarlo hasta su hogar. Nos cuesta conciliar a la Hannah a las órdenes de las temibles S.S. con la joven mujer en la iglesia, que se conmueve hasta las lágrimas al escuchar a un coro de niños.
Pero el texto de Gutiérrez sobre Adolf Eichmann puede ayudarnos a entender estos escenarios contradictorios: allí los paralelismos entre Schmidt y los dichos del funcionario alemán son evidentes. En particular cruce de la ficción con la realidad, y al ser interpelado en la corte, Eichmann declara “yo tenía órdenes y debía ejecutarlas de acuerdo a mi juramento de obediencia (…)”, o “(…) era un instrumento en las manos de fuerzas superiores (…)”. En nuestra ficción Hannah esgrime argumentos similares cuando se le pide que de cuenta de sus acciones, y se deslinda de la responsabilidad por considerarse un engranaje más de una siniestra máquina. “Sólo cumplía órdenes”, dice ella ante el juez. Hannah tenía indicación específica de no dejar escapar a las prisioneras, inclusive si esto significaba no abrir las puertas del lugar donde se encontraban recluidas en caso de un voraz incendio. Gutiérrez dice que a Eichmann debe reprochársele no el haber dado las órdenes que precipitaron el genocidio, sino más bien haberlas acatado “hasta el patetismo”; inferimos que éste es también el caso de Hannah. Si una situación está regida completamente por elementos del orden de la necesidad o del azar, no hay espacio para la responsabilidad subjetiva. No obstante, nuestra historia no sólo se explica en base a los dos primeros órdenes: fue azaroso el primer encuentro de Michael y Hannah, así como la presencia del joven estudiante en el juicio. En nuestra protagonista la necesidad se anuda con la obediencia: era necesario seguir las órdenes de sus superiores en el marco del régimen fascista, así como debió aceptar la sentencia de cadena perpetua cuando fue juzgada por sus acciones durante dicho régimen. Pero la responsabilidad del sujeto aparece la grieta entre necesidad y azar .
Hasta aquí nuestra protagonista sólo se ha confrontado con el orden jurídico y moral, respondiendo a las leyes y a la sociedad de su tiempo. Distinta es la posición del sujeto indeterminado, sujetado a su deseo. En la dimensión subjetiva, el sujeto es siempre imputable desde los términos éticos: se trata para el sujeto de la confrontación justamente con aquello que “perteneciéndole, le es ajeno”, los límites de su yo. Se dice que el sujeto es responsable por definición, no hay escape ante la confrontación con su deseo.
Trataremos de dar cuenta de la posición de Hannah estableciendo un circuito de dos momentos lógicos, no cronológicos. En este recorrido es posible acompañar al sujeto en sus acciones, y la posición que tome respecto de una decisión particular.
Un primer tiempo se compone de una acción que se realiza en consonancia con el universo de discurso que rodea al sujeto, y donde ,se supone, la acción se agota en los objetivos para los que fue realizada. Implica la presencia de un sujeto autónomo, conciente y “dueño” de sus actos. Dicha acción se produce cuando la protagonista decide declararse culpable por los crímenes de las prisioneras, hecho que motiva el proceso judicial. Se la acusa de firmar ciertos documentos que la incriminan, y se le pide una muestra de su “firma” para ser comparada con dichos escritos. Ya sabemos que Hannah no sabe leer ni escribir, nunca podría haber firmado esos papeles; pero, de alguna forma, atribuirse el crimen de decenas de mujeres le resulta más posible que reconocerse analfabeta. Para no enfrentar su vergüenza, Hannah se atribuye toda la culpa (incluso la que no le corresponde).
Oscar D’amore distingue varias posiciones que el sujeto puede adoptar ante la culpa, ya sea negándola, proyectándola a otros o respondiendo con síntomas. Otra variable, que se aplica a nuestro personaje, es la forma culpógena: aquí el sujeto se atribuye más de lo que le corresponde, en el afán por escapar de una carga que no puede enfrentar. D’amore advierte que estas formaciones taponan la aparición del efecto sujeto, pero también nos dice que “no hay responsabilidad subjetiva sin culpa”: seguramente esta formación servirá de trampolín para que se abra un segundo tiempo, que convoque al sujeto desde otro lugar.
Efectivamente Hannah es llevada a prisión, y allí recluida se abre el espacio propicio para la aparición de un segundo momento. Aquí el universo particular, soportado en las certidumbres yoicas, se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo del mismo. Tiempo propicio para la aparición de una singularidad que, en consonancia con lo universal, demuestre la incompletud del universo previo junto con la caída de los ideales que allí lo sostenían. De acuerdo a esto podríamos señalar que, en relación a la película, un segundo momento tiene que ver con la decisión de Hannah de aprender a leer. Esto es precipitado por las acciones de Michael al grabarle en casettes todos los libros que leían antes, e incluso otros. Ella los escucha hasta que un día decide ir a la biblioteca de la prisión, y tomándolo comienza su “autoaprendizaje”. Esta posibilidad que se da ella, sin darse cuenta, de aprender a leer, resignifica, reinterpela, su analfabetismo del primer momento. El aprender a leer en la cárcel, estaría sobreimprimiéndose al tiempo uno (declararse culpable), resignificándolo.
Gracias al segundo tiempo, y en el movimiento de resignificación que propicia sobre el primero, estamos en condiciones de introducir una hipótesis clínica; ésta explicará el por qué del movimiento retroactivo que permite a Hannah acceder a otra posición subjetiva. El deseo, la fantasía inconsciente y la fantasía materna atrapa a Hannah en la serie de Michael, su amante adolescente, y las jóvenes prisioneras que también le servían como lectoras. El analfabetismo siempre fue “la excusa”, el puente que le permitió establecer relaciones de estas características, el elemento que le permitía estructurar su fantasma.
En “El Muro” (J.P. Sartre, 1939), el relato gira en torno de la certidumbre de los hombres ante la muerte. Ibbieta se encuentra cautivo de un régimen donde, si no delata a su amigo Gris, será fusilado. Azarosa fue la respuesta que produjo para “hacer una broma” a sus captores, con la coincidencia temporal de que Gris justo se hallaba en ese refugio. Salvar a su amigo entregando su vida a cambio es una elección que se le presenta, implica una posición subjetiva: no es dueño de la situación, pero esto no lo deslinda de responsabilidad.
En un tiempo 1 Ibbieta produce una “broma” para engañar a los falangistas, en un segundo tiempo esta acción le retorna desde el informe del panadero García: “mataron a Gris!”, declara. Ibbieta, en la creencia de haber burlado al azar, ve ahora retornar su jugarreta de la forma más siniestra. Adviene un nuevo sujeto en el tiempo 3, un Ibbieta que ríe y llora al mismo tiempo, perplejo de lo que ha logrado como sujeto de deseo: vivir más tiempo.
En “The Reader”, al igual que en el cuento, el tiempo 1 es gobernado por una intención consciente y con un fin determinado: evitar la vergüenza. En el tiempo 2 dicha vergüenza le vuelve al sujeto como una interpelación, pero no con los resultados del cuento de Sartre: Hannah no es capaz de acceder a la responsabilidad por su deseo, y se quita la vida. Pareciera que estar a la altura del propio deseo no es tarea sencilla...

BIBLIOGRAFÍA:

- D’amore, Oscar: “Responsabilidad subjetiva y culpa”, en “La transmisión de la ética. Clínica y deontología”, de Salomone, Gabriela y Domínguez, María Elena.
- Domínguez, M. Elena: “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis”, en “La transmisión de la ética. Clínica y deontología”, de Salomone, Gabriela y Domínguez, M. Elena
- Fariña, Juan Jorge Michel: “Responder por la vergüenza”, página web.
- Fariña, Juan Jorge Michel: “Responsabilidad: entre necesidad y azar”, página web.
-Gutiérrez, Carlos E. F.: “Eichman y la responsabilidad”, en Dossier de Ética y Ciencia.
- Laso, Eduardo: “Las coordenadas de la obediencia. Milgram a través de la lectura de Zygmunt Bauman”, en Dossier de Ética y Ciencia.
- Mosca, Juan Carlos: “Responsabilidad: otro nombre del sujeto”, en “Ética un horizonte en quiebra”, de Juan Jorge Michel Fariña.
- Salomone, Gabriela: “El experimento de Stanley Milgram. Cuestiones éticas y metodológicas”, en Dossier de Ética y Ciencia.
- Salomone, Gabriela: “El sujeto autónomo y la responsabilidad”, en “La transmisión de la ética. Clínica y deontología”, de Salomone, Gabriela y Domínguez, María Elena.
- Salomone, Gabriela: “El sujeto dividido y la responsabilidad”, en “La transmisión de la ética. Clínica y deontología”, de Salomone, Gabriela y Domínguez, María Elena.



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