por 

Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Materia: Psicología Ética y Derechos Humanos

Cátedra: Fariña, Juan Jorge Michel

Profesora: Pérez Michielli, Soledad

Comisión: 18

Alumno: Sánchez, Emiliano Hernán

LU: 30036187/0

Año: 2009

Cuatrimestre: Segundo

Segundo Parcial

Sinopsis

Título Original: The Reader
Año: 2009
Dirección: Stephen Daldry
Reparto: Kate Winslet
David Kross
Ralph Fiennes
Bruno Ganz

“El Lector” (2009) es una adaptación de la novela homónima de Bernhard Schlink (1944-) publicada en 1995.
Michael Berg (estudiante de 15 años) conoce a la cobradora de tranvías Hanna Schmitz (36 años, analfabeta), con la que inicia un amorío que finaliza abruptamente ante la inesperada desaparición de Hanna. En los varios encuentros que mantienen Hanna y Michael, éste lee en voz alta para Hanna distintas obras literarias, asistiendo a la diversa serie de emociones por las que ella pasa a través de la escucha de las mismas.
Vuelven a encontrarse años después, cuando Michael es estudiante de derecho en la Universidad y Hanna –junto con otras guardias de Auschwitz- es acusada de presunta responsabilidad de la muerte de varias prisioneras judías durante la guerra. Pudiendo defenderse, Hanna es sentenciada a cadena perpetua mientras que sus compañeras reciben condenas menores. Hanna admite haber estado a cargo del grupo y redactado el informe final, aún cuando sea analfabeta.
Durante el juicio, quizás la prueba fundamental haya sido el testimonio de una sobreviviente que, exiliada en Estados Unidos, publica un libro con su relato. En el mismo, cuenta como Hanna tenía “preferidas” entre las prisioneras. Esta relación de preferencia dio pie, entre las cautivas, a comentarios acerca de la sexualidad de la guardia, pero fueron sorprendidas al conocer que las elegía para que le leyeran en voz alta.
Las demás acusadas orientan su defensa hacia la determinación de que Hanna fue la redactora del informe a la superioridad donde se explicaba que las guardias no habían tenido noticia del incendio, hasta después de ocurrido (donde que casi todas las prisioneras habían muerto).
Nuestro análisis se centrará en la escena del juicio en la que, uno de los jueces, interroga a Hanna sobre su participación en la muerte de las prisioneras.

Hanna está compareciendo ante el Tribunal. Las demás acusadas están en un costado del juzgado.
Juez: -¿Por qué no destrabó las puertas? (pregunta a Hanna). Les he preguntado a todas y no obtengo respuesta (dirigiéndose al resto). Dos de las víctimas están aquí y merecen una respuesta. Aquí está el informe de la SS. Todos tienen copias. Este es el informe, aprobado y firmado por todas ustedes, inmediatamente después del evento. En el informe escrito todas ustedes alegaron que no supieron del incendio hasta después de que sucedió. Pero eso no es cierto; ¿no es verdad? No es cierto.
Hanna:- No sé qué es lo que pregunta (desorientada)
J: - Lo primero que pregunto es: ¿por qué no destrabó las puertas?
H: -Es obvio. Por la razón obvia. No podíamos.
J: -¿Por qué no podían?
H: -Éramos guardias. Nuestro trabajo era proteger a las prisioneras. No podíamos dejarlas escapar.
J: -Ya veo. ¿Y si escapaban? ¿Entonces usted sería culpada, acusada y quizás ejecutada? ¿Y bien?
H: -Si abríamos las puertas hubiera sido el caos. ¿cómo hubiéramos restaurado el orden?
(…)
H: -No podíamos dejarlas escapar. Éramos responsables por ellas. (habla cada vez más rápido. La respiración se acelera y se dificulta. Tiene los ojos llorosos. Golpea la mesa)
J: -Entonces usted sabía lo que estaba sucediendo. Usted tomó una decisión. Las dejó morir antes de arriesgarse a que escaparan.

El Juez pretende realizar una pericia caligráfica del Hanna para contrastarlo con el informe (cuya autoría denuncian las otras guardias). Asustada y temblorosa, Hanna acepta haberlo escrito, cuando se ve acorralada entre su incapacidad de leer y escribir y su libertad.
Introducción
En el presente escrito trabajaremos, teniendo en cuenta el doble movimiento de la ética, el segundo de ellos: una singularidad en situación. A lo largo del trabajo iremos analizando los distintos elementos descritos en el apartado anterior para poder arribar o no a la definición de una singularidad.
Para dar cuenta de este segundo movimiento, intentaremos ubicar la decisión de Hanna de no abrir las puertas de la iglesia durante el bombardeo en las coordenadas de los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad, y explicaremos la hipótesis clínica que se desprende de ello.
También incluiremos las referencias relativas a las categorías de necesidad y azar, así como a las de culpa y responsabilidad; además de referirnos a los ejes universal-singular y particular, entre otras cuestiones.
Circuito de la responsabilidad
En primera instancia debemos aclarar que el circuito de la responsabilidad es del orden del inconsciente. Es decir que el sujeto no tiene registro alguno de ello. Es un esquema referencial, a través del cual intentamos dar cuenta o “conceptualizar” un acto ético (luego veremos si la situación a analizar responde al orden de la dimensión moral o la dimensión ética, según la respuesta que brinde el personaje a este circuito).
En el circuito de la responsabilidad ubicamos primero el Tiempo 1 donde, el personaje lleva adelante una acción, una conducta orientada por un determinado objetivo y entendiendo que tal iniciativa se agota en los fines para los cuales fue concebida. Este es el tiempo de la afirmación; sujeto afirmado en sus dichos. En nuestro caso, la acción de Hanna sería la de no abrir las puertas durante el bombardeo, dejándolas encerradas a las prisioneras. Adviene luego un Tiempo 2, una interpelación que el sujeto recibe a partir de indicadores de la realidad que lo ponen sobre aviso de que algo anduvo mal (la acción llevada a cabo en el Tiempo 1 fue más allá de lo esperado). Esta interpelación subjetiva es la puesta en marcha del circuito. Durante el juicio, Hanna es interrogada por uno de los jueces, donde éste le dice: “¿Por qué no podían –abrir las puertas-?”. A lo que ella contesta: “Éramos guardias. Nuestro trabajo era proteger a las prisioneras. No podíamos dejarlas escapar”. Entonces, a través de la reacción de Hanna (habla cada vez más rápido, la respiración se acelera y dificulta, tiene los ojos llorosos, golpea la mesa) es que evidenciamos que los indicadores la pusieron sobre aviso de que su acción (llevada en el Tiempo 1) tuvo consecuencias (resignificación del Tiempo 1). O sea, fue más allá de lo que ella esperaba.
Cabe aclarar que, para que el Tiempo 2 sea genuinamente tal e interrogue verdaderamente al sujeto es necesario que la distancia que lo separa del Tiempo 1 no se deba exclusivamente a necesidad y/o azar (más adelante explicaremos estas categorías).
Por lo tanto, si el sujeto es interpelado, es llamado a responder. Es decir que el Tiempo 1 es ya un tiempo resignificado por la interpelación a través de la culpa. En palabras de Oscar D´Amore (2006:152): “La culpa hace a la retroacción, hace que se retorne a la acción por la que se debe responder”. Aunque la respuesta no es considerada todavía Tiempo 3 (aquel de la responsabilidad subjetiva). Para que se dé esto tiene que haber un cambio de posición subjetiva; es decir, el efecto sujeto. Así estaríamos ante singularidad en situación.
Pero en nuestro caso no sucede esto. No hay un cambio de la posición de Hanna. No hay un Tiempo 3. Por lo tanto no hay responsabilidad subjetiva. Aquí, el personaje queda girando en falso entre el Tiempo 1 y el Tiempo 2.
La respuesta que “elige” nuestra protagonista es la de la proyección. Esta es la alternativa a la interpelación que nos indica que “si el culpable es el otro yo no soy responsable” (D’Amore; 2006: 159). Luego de la interrogación del juez, Hanna contesta que no podían dejarlas escapar porque era SU TRABAJO (entendiendo implícitamente que ella debía seguir instrucciones). Es decir, la responsabilidad es adjudicada a sus superiores. Ella simplemente tomó el trabajo y acató las órdenes que le impartieron. No tuvo ninguna decisión respecto del acto porque esta decisión la ubica por fuera de ella (en el exterior). Aun así, la responsabilidad de Hanna es la de haber ingresado al régimen nazi, la de haber encerrado a las prisioneras en la iglesia y la de no abrirles la puerta durante el bombardeo. Pero ella no lo puede leer de esta manera.
Este tipo de respuesta a la interpelación la ubicamos en el eje “particular” porque se rige desde la moral. Como dice D´Amore en “Responsabilidad subjetiva y culpa” (2006: 153): “No hay singularidad en la vuelta al surco moral porque la respuesta resulta un taponamiento de la dimensión ética.” No hay efecto sujeto. No hay un acto en donde el sujeto de deseo inconsciente se produce. Es decir, no estamos en la dimensión ética (eje “universal-singular”).
También, es interesante la lectura que realiza Fariña en su texto “Responder por la vergüenza”, en la cual nos brinda una posible respuesta de Hanna explicando que su sentimiento de culpa se desplaza en vergüenza hacia su analfabetismo. Pero este desplazamiento se realiza sobre un objeto nimio velando otra verdad que ella desconoce, a saber: su incapacidad para leer su propia posición respecto de una situación que la implica seriamente (la acusación del crimen de las prisioneras).
Hipótesis clínica
Pero, ¿qué habrá tenido que ver Hanna con todo esto? La distancia entre un Tiempo 1 y un Tiempo 2 autoriza la puesta en marcha de una conjetura o hipótesis clínica acerca de aquello respecto de lo cual se espera una respuesta de parte de Hanna. Es decir, poder definir la posición deseante del Tiempo 1 que subyace a la acción. En Hanna sería la siguiente: no querer mostrar su analfabetismo, o dicho de otra manera, no querer quedar en evidencia como sujeto incompleto. Es decir, no mostrarse como sujeto barrado. ¿Cómo llegamos a esta conjetura?
Para explicarlo debemos tomar la respuesta de Hanna durante el interrogatorio en el juicio donde, ante la pregunta del juez para saber por qué no abrió las puertas, afirma que lo hizo para “protegerlas”. Además, debemos tener en cuenta lo que contó la hija de una de las sobrevivientes: que Hanna por las noches se llevaba algunas chicas para que le leyeran.
Si consideramos todo esto desde lo consciente se podría suponer que cualquier persona (neurótica) entendería los riesgos que corrían las prisioneras al estar encerradas en un edificio en llamas. Pero si lo consideramos desde el inconsciente (donde se aloja el deseo que subyace a la acción), el razonamiento lógico ya no entra en juego. Sino que lo que prima es el deseo mismo (sin censura), el deseo de no dejar traslucir su incompletud (analfabetismo); y para ello debe “protegerlas”. De esta manera le pueden seguir leyendo y así evitar la angustia de verse y (la posibilidad de) que la vean como sujeto incompleto.
Además, en consonancia con esta hipótesis, podríamos aplicar el texto de Contardo Calligaris, “La seducción Totalitaria”. En éste, el autor, a través de la postura de Albert Speer nos plantea el nazismo como una tentativa de salida de la neurosis por la pasión de la instrumentalización. Speer defiende la idea de que la guerra era necesaria porque estaban los medios para hacerla; lo que él llama “triunfo de la técnica”. Pero para Calligaris (1987) este triunfo de la instrumentalización sólo es posible en tanto los hombres mismos funcionan como parte de esta técnica (o sea, como instrumentos). Al decir del autor (1987: 3): “Para decir esto en otras palabras, pienso que donde él habla de efecto de la técnica (…), encuentro que podríamos hablar del efecto, del interés, y de la pasión humana, en salir del sufrimiento neurótico banal alienando la propia subjetividad, o mejor, reduciendo la propia subjetividad a una instrumentalización” (el remarcado nos pertenece).
Además, para terminar de comprender esta idea faltaría agregar que esta salida de la neurosis no tiene precio para el neurótico. Esto quiere decir que sería satisfactorio en la medida que figure un goce exitoso. Y el precio para acceder a este goce (y por ende para salir del sufrimiento neurótico) es tener que matar millares de personas, quemar una casa llena de gente, etc. En definitiva, lo que hizo nuestra protagonista en la situación analizada.
Azar y necesidad
En su texto, Juan Carlos Mosca sugiere que la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. Es decir que cuando rige por completo Necesidad o Azar, o una combinación de ambos, no es pertinente el análisis de este circuito de la responsabilidad. ¿Por qué? Porque el sujeto no tendría participación alguna, sino solo como mero espectador o personaje pasivo de la situación.
Necesidad era el nombre de la diosa que regía justamente aquellos sucesos ajenos a la voluntad humana. Es aquello inexorable, inmodificable. Y al decir inexorable es muy común que emerja en nosotros el término destino. Por eso ubicamos la categoría de Necesidad en lo que excede a las personas porque pre-existe a ellas. Es lo que funda la situación a trabajar.
En nuestra situación la necesidad podríamos ubicarla en la imposibilidad de que las prisioneras pudieran abrir las puertas de la iglesia si éstas se encontraban trabadas (por fuera); o en la reacción química de las bombas que produjo el incendio y luego el quemarse de las mujeres encerradas. También podríamos ubicarla, al igual que lo ejemplificó Fariña en su texto “Responsabilidad: entre necesidad y azar” (1996), en la ley de la gravedad que atrae a los cuerpos (en nuestro caso serían las bombas y misiles) hacia el centro de la tierra salvo que exista una fuerza igual o superior en sentido contrario.
Por otro lado, nos encontramos con la categoría del Azar que rige los eventos ajenos al orden humano pero que escapan a la categoría de Necesidad. El sujeto no participa en ella. Es lo inesperado, lo accidental. El nombre cotidiano que le designamos es el de suerte.
Para nuestro análisis el Azar estaría contemplado en que bombardearon esa iglesia como puedo haber sido cualquier otro lugar; en que la bombardearon en el momento en que estaban las mujeres cuando pudo no ser así; y también que hayan hecho noche ahí en lugar de seguir caminando o parar en otro lado, por ejemplo.
Teniendo en cuenta estas dos categorías podemos dar cuenta de la responsabilidad de Hanna de la decisión que tomó, la de no abrir las puertas durante el bombardeo. Si ella hubiese abierto las puertas seguramente el final de la situación hubiera sido otro para las prisioneras. Es así que encontramos significado a la idea descrita al principio de este apartado: “la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar”. O sea, son dos categorías necesarias para explicar el circuito de la responsabilidad, pero no suficientes. Porque no son una “respuesta” posible y porque sino tomamos la acción que lleva adelante Hanna, el circuito estaría incompleto.
Conclusión
A través del análisis de la película intentamos dar cuenta del circuito de la responsabilidad, con todo lo que ello implica. Así encontramos en Hanna algo del orden de la moral, que no logra ir más allá de la dimensión de lo particular, y tampoco implica responsabilidad subjetiva como respuesta al propio deseo del sujeto del inconsciente. Entonces, ¿qué es la moral si es algo de un orden distinto a la ética?
Teniendo en cuenta el texto “La responsabilidad ante el aborto” de Alejandro Ariel, podríamos responder que es la pertinencia de la conducta de un hombre con respecto a otros hombres. Está inscripta en una época histórico-geográfica. En palabras del autor: “La decisión en el campo moral calcula los pros y las contras, las ventajas y desventajas, toma en cuenta los consejos y las críticas. (…) La responsabilidad moral se reduce a ser amado u odiado…”.
Para finalizar no queremos pasar por alto la idea de “efecto particularista” ya que Hanna formó parte del régimen nazi. Este efecto se verifica en la pretensión de que un rasgo particular devenga condición universal. Esto es lo que sucedió con el nazismo. Éste desconoció la condición simbólica de la especie fundada en la diversidad (étnica, lingüística, cultural, etc.). Como lo comenta Fariña en su libro “Ética, un horizonte en quiebra”: “Las ambiciones del III Reich suponían (…) reducir la riqueza simbólica a una sola de las manifestaciones posible, el ideal ario”. (2004: 52)

Bibliografía
• Ariel, A: La responsabilidad ante el aborto. Inédito. Ficha de cátedra. Publicado en la web de la cátedra.
• Calligaris, C: La seducción totalitaria. En Psyché, 1987.
• Michel Farina, J. (1999). The Truman Show. Versión resumida de la clase dictada en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNLZ, 08.11.1999.
• Michel Fariña, J y Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.
• Michel Fariña, J. (2004). Ética: un horizonte en quiebra. Buenos Aires: Eudeba.
• Michel Fariña, J. Responsabilidad: entre necesidad y azar. Inédito. Ficha de Cátedra www.psi.uba.ar
• Salomone, G. y Domínguez, M.E. (2006). La transmisión de la ética: Clínica y deontología. Buenos Aires: Letra Viva.



NOTAS

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