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PELÍCULA : “EL LECTOR”

TÍTULO ORIGINAL: The Reader
DIRECCIÓN: Stephen Daldry
REPARTO: Kate Winslet (Hanna Schmitz), Ralph Fiennes (Michael Berg- adulto), David Kros, Lena Olin (Rose), Bruno Ganz (Profesor Rohl).
AÑO: 2008
PAÍS: Estados Unidos y Alemania
GUIÓN: David Hare. Basado en la novela “El lector” de Bernhard Schlink.
GÉNERO: Drama

SINOPSIS

La historia comienza situada en la ciudad de Berlín (Alemania) en el año 1995, en donde muestra a un Michael Berg adulto quien observa por la ventana un tren que va pasando, y al verlo le hace recordar cuando era un adolescente. En ese momento, la historia se retorna hacia el año 1958 y se sitúa en la ciudad de Neustadt, en lo que en ese momento era Alemania Occidental. En un viaje en tren, Michael comienza a sentirse mal físicamente y cuando desciende del mismo, debe detener su marcha por los dolores que sentía. Al verlo en esa situación, una mujer llamada Hanna lo ayuda a recomponerse de ese malestar. Una vez repuesto, el joven vuelve a la casa de esta mujer para agradecerle lo que ella había echo por él. Es así que de a poco comienzan a vincularse más íntimamente, llegando a establecer una relación sentimental sumida en la clandestinidad, debido a la gran diferencia de edad entre ambos. Además, no solo los unirá la relación amorosa sino que además, las constantes sesiones de lecturas de diversos libros serán parte de la comunión entre ambos. Lecturas que siempre eran llevadas a cabo por Michael, mientras Hanna lo escuchaba atenta, ya que ella no sabía leer. Luego pasan 8 años en la historia donde no se vuelven a ver. Michael ya está en la Universidad estudiando Derecho, y en el marco de un seminario concurre como estudiante a la presencia de un juicio acerca de hechos ocurridos durante el genocidio nazi perpetrados en la Segunda Guerra Mundial. Michael se sorprende al ver a su antiguo amor, Hanna, entre los acusados de esos delitos aberrantes. Es que Hanna había sido guardia de seguridad durante el exterminio nazi. Durante el juicio, comienza una etapa de interpelación para Hanna quien deberá responder acerca de acciones cometidas en un tiempo anterior. Ella en ningún momento niega haber sido una de las guardias de los campos de Auschwitz, sin embargo, cuando el resto de sus compañeras la acusan de que solamente ella había escrito el informe con las directivas siniestras, Hanna lo niega tenazmente diciendo que el mismo fue escrito entre todas las guardias de las SS. A partir de esta disputa, el juez le pide una muestra de la escritura de Hanna para determinar la caligrafía del informe escrito. Ante la vergüenza que le provoca el que todo el mundo se entere que ella no sabe leer ni escribir, se culpabiliza directamente sobre la escritura de ese informe, para evitar la necesidad de tener que escribir ante el tribunal. Con esta decisión, Hanna es inmediatamente condenada a cadena perpetua. Allí, la historia se posiciona en 1977, y Michael, ya siendo padre, viaja con su pequeña hija a su pueblo natal, Neustadt. Michael le manda a Hanna cintas con las historias que le leía anteriormente, y con esto ella comienza a aprender a leer y a escribir sola en la prisión. Michael le dice que la va a recoger a la salida de su encarcelamiento, pero ella se suicida en la cárcel ahorcándose, antes de su liberación.

ANÁLISIS

El análisis recaerá sobre el personaje de Hanna Schmitz, quien será expuesta a una interpelación sobre acciones cometidas en un tiempo anterior. A partir del recorte de este caso, se analizarán los tres tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad, es decir, se abordarán los dos primeros tiempos y luego se determinará si es que hubo o no un tercer tiempo. Posteriormente, se formulará una hipótesis clínica acerca de los deseos inconcientes de la protagonista analizada.

CIRCUITO DE LA RESPONSABILIDAD

Primer Tiempo: Hanna Schmitz era empleada de una empresa llamada Siemens y en 1943 le llamó la atención un anuncio de empleo para enlistarse en las SS. A pesar de que en esa empresa le habían ofrecido un ascenso, Hanna le interesó más la propuesta para ocupar el puesto de guardia en las SS. Fue allí que comenzó a trabajar en los campos de concentración de Auschwitz y luego fue trasladada a un campamento más pequeño cerca de Cracovia. Su trabajo consistía en mover a los prisioneros al oeste, en el invierno de 1944, en las llamadas marchas de la muerte. Además, su trabajo incluía realizar un proceso de selección, donde cada mes 60 reclusas eran seleccionadas para enviarlas desde ese campo satélite hacia Auschwitz donde eran exterminadas. Acá vemos al sujeto enfrentado con una acción conciente. Hanna sabía perfectamente cuál era su trabajo.
Segundo Tiempo: A veintidós años de lo sucedido, Hanna es enjuiciada por la publicación de un libro de una sobreviviente del Holocausto judío en la cual, la escritora da los nombres de las guardias que desempeñaron funciones en los campos de concentración de Auschwitz. Aquí ubicamos el tiempo de la interpelación por parte de un juez ante un tribunal oral y público. Como vemos, en este contexto la interpelación es imposible de evadir, ya que exige una respuesta. En este sentido, la fuerza simbólica de la interpelación proviene de la internalización de la ley simbólica, y es por eso que la interpelación es exigencia de respuesta más allá de lo que el “yo” querría responder. La cuestión por aclarar la responsabilidad de Hanna en actos genocidas, lleva al juez a indagar acerca de si hubo o no consentimiento informado a la hora de establecer si era conciente de lo que implicaba su tarea en ese empleo:

- Juez: “Estoy tratando de establecer si se unió a las SS libremente bajo su propia voluntad.”
- Hanna: “Escuché que ofrecían trabajo. Estaba trabajando en Siemens cuando escuché que las SS estaban reclutando.”
- Juez: “¿Conocía el tipo de trabajo que esperaban que hiciera?”
- Hanna: “Estaban buscando guardias. Solicité el trabajo”
Esta pregunta que le formula el juez es motivada por el consentimiento informado que se asienta en el principio de autonomía del sujeto y vela por el derecho de las personas de someterse a un tratamiento sólo bajo su aceptación libre y voluntaria. Este método es coincidente con la noción de responsabilidad en sentido jurídico, ya que es una responsabilidad que se encuentra restringida a la conciencia.
Aquí vemos que Hanna no responde a la pregunta que le formula el juez y solo insiste en contestar acerca de cómo consiguió ese empleo, pero no menciona nada sobre el tipo de trabajo pretendido. Hay un cierto rechazo, en este momento, a responder acerca de ese primer tiempo porque lo que está jugando aquí es la cuestión del sentimiento de culpa. En este sentido, la interpelación implica ya una deuda por la que hay que responder para volver al surco de lo moral donde la respuesta es particular. Y esto se manifiesta cuando dice que “estaban buscando guardias y yo solo solicité el trabajo”, aquí hay una respuesta del orden de lo particular, que retoma la moralidad, pero no hay nada de aspectos singulares que nos hable acerca de deseos inconscientes puestos en juego.
En esta viñeta no hay singularidad porque se vuelve al surco moral, y por ello la respuesta que brinda Hanna aquí, resulta un taponamiento de la dimensión ética. En este sentido, la responsabilidad hay que referirla a la singularidad de un Sujeto en acto, y no a la “sustancia” de ese Sujeto.
Posteriormente, el juicio continúa como así también la etapa de la interpelación para Hanna. En el próximo fragmento comienza a aceptar los cargos que se le imputan:

- Juez: “Al terminar cada mes, 60 reclusas eran seleccionadas. Eran elegidas para ser enviadas desde el campo satélite hacia Auschwitz. Eso es correcto, ¿no?”
- Hanna: “Si, es correcto”
- Juez: “Y hasta ahora, todas sus compañeras acusadas, han negado específicamente ser parte de ese proceso. Ahora le preguntaré a usted. ¿Fue usted parte de eso?”
- Hanna: “Si”
- Juez: “¿Usted ayudaba a realizar la selección?”
- Hanna: “Si”
- Juez: “¿Admite eso?”
- Hanna: (Dice “si” con la cabeza)
- Juez: “Entonces, dígame, ¿cómo se realizaba la selección?”
- Hanna: “Había 6 guardias, asi que decidimos que elegiríamos a 10 personas cada una. Así lo hacíamos, todos los meses. Todas elegíamos a 10.”
- Juez: “¿Dice que sus compañeras acusadas formaban parte del proceso?”
- Hanna: “Todas éramos parte”

En esta otra viñeta Hanna asume la responsabilidad de su intervención en el genocidio nazi como guardia de seguridad, pero este gesto es genuinamente jurídico y no ético; ya que implica obligarse, hacerse cautivo para garantizar una deuda. Aquí la culpa no es más que la imputabilidad de un daño por el que hay que pagar, incluso con la cautividad del cuerpo en prisión. Esto implica, a su vez, un carácter económico que comprende esa deuda, porque contraer una deuda es contraer una culpa.
Aquí se ve claramente los dos conceptos que utiliza el derecho para determinar la responsabilidad de un Sujeto. Por un lado, está la razón cuando el juez le pregunta claramente si ella participó de la selección de las reclusas; y por otro lado, aparece la intención, es decir, el grado de participación en los hechos. Y como la intención es lo que liga de modo directo a la responsabilidad y la culpa, es lo que finalmente obliga a responder. Con respecto a la intención, Hanna siempre hizo hincapié en que “todas éramos parte” o “todas elegíamos a 10”, y este sentido grupal de la responsabilidad es lo que en alguna medida aminoraba la culpa individual de Hanna.
Como respuesta a esta parte de la interpelación encontramos a una Hanna culpógena, en el que prácticamente no hay implicación en lo sucedido, sino que se transforma en el denominado “sujeto-joya” que cuadra perfectamente en las coordenadas de una responsabilidad moral u objetiva.
A partir de la siguiente viñeta, el curso de la interpelación da un giro con lo expuesto anteriormente, en relación a la aparición de una verdad del sujeto del inconsciente en el marco de una responsabilidad subjetiva:

- Juez: “Las otras acusadas han declarado contra usted. Dicen que usted estaba al mando”
- Hanna: “No es cierto, yo solo era una de las guardias.
- Las otras acusadas: “Estaba al mando. ¡Lo estaba! Fue idea suya. Por supuesto que lo fue.”
- Juez: “¿Escribió usted el informe?”
- Hanna: “No, todas acordamos qué decir. Lo escribimos todas juntas. ¿Qué importa quién lo hizo?”
- Juez: “Necesito ver una muestra de su escritura”
- Hanna: “¿Mi escritura?”
- Juez: “Sí, necesito determinar quien escribió el informe”
- Hanna: “No es necesario. Yo escribí el informe”

A partir de aquí hay una forma distinta de confrontarse con el campo de la responsabilidad. En este fragmento, Hanna se declara culpable de algo que no cometió únicamente por un sentimiento inconciente de vergüenza que le provocó el hecho de que todos se enteren de su analfabetismo. Es por esto que, acá nos encontramos con una responsabilidad de otro orden, no responde ya a aspectos jurídicos, moralistas y objetivos, sino que responde a un sujeto no autónomo que, por definición no es dueño de su voluntad e intención. En esta última viñeta, ya no se trata de la realidad objetiva ni de medir sus dichos en relación a una verdad constatable, porque Hanna jamás pudo escribir aquel informe que la condenaría para siempre, sino que se trata de una realidad psíquica que está dentro de la dimensión del sujeto. En este sentido, Freud va a ubicar la responsabilidad en relación con aquel propósito inconsciente que, ajenamente a la voluntad del yo, propició la acción. Además, Freud, va a responsabilizar al sujeto de aquello que desconoce de sí mismo y en este sentido, Hanna jamás imaginó que esa vergüenza era mas fuerte que la de permanecer en el cautiverio eterno. Es decir, un aspecto que ella desconocía de sí misma salió a la luz ante una situación determinada, que expuso su vergüenza y que sin quererlo le jugó un test de sus propias prioridades.
Aquí se ve como la vergüenza nos habla de un sujeto interpelado por aquello que, aunque vivido como ajeno, le pertenece y perturba su intención conciente confrontándolo a un punto de sin sentido, como lo es el hacerse cargo de una cadena perpetua a cambio de no revelar que es analfabeta. Este punto de inconsistencia lo interpela, llama al sujeto a responder y también a decidir.
Tercer Tiempo: Este tiempo es el de la responsabilidad subjetiva propiamente dicha. A la hora de indagar si hay o no un tercer tiempo en el caso de Hanna Schmitz, se puede decir que en principio, se puede ver un indicio que podría señalar que habría un tercer tiempo, es decir, un nuevo posicionamiento subjetivo con un plus, donde el universo del sujeto se ha ampliado. En este sentido, el hecho de que Hanna haya recibido la mayor condena posible, no fue un impedimento para que a partir de su encierro perpetuo, tenga la voluntad de aprender a leer y a escribir después de los 50 años de edad. A partir de la motivación recibida por su ex pareja, comenzó a ir a la biblioteca de la prisión para, con ayuda de las grabaciones, buscar libros para comenzar a aprender a leer y a escribir. Esta posición es completamente distinta a del primer tiempo en donde, dentro de su universo analfabeto, se perdió de apropiarse de toda una significación de mundo que se encuentra en la lectura y la escritura, y que ella solo disfrutaba desde la palabra de otros. En este sentido, el analfabetismo estaba limitando la percepción de su mundo a un campo muy reducido. En este tercer tiempo, al haber aprendido a leer y a escribir, a Hanna se le amplía el universo de sentidos, que carecía en el primer tiempo, es decir, ahora es ella y solo ella quien puede leer y escribir por sí misma, sin depender de otro para que lo haga en su lugar. Este es el plus que se juega en el personaje de Hanna, se amplió el universo, ya que con la apertura al mundo letrado se le abre una nueva perspectiva, una nueva conciencia de mundo que desconocía en aquel primer tiempo, y que la llevará a reestructurar su propia subjetividad e identidad singular, con el agregado de esta nueva potencialidad y condición de posibilidad.
Pero, por otro lado, si se tiene una mirada más global, se podría ver que un tercer tiempo del circuito de la responsabilidad en realidad queda trunco, porque la protagonista termina suicidándose en la prisión. Esta decisión terminal no implicaría ningún universo ampliado y ningún reposicionamiento subjetivo; ya que sería motivada, en parte, por el proceso de interpelación del segundo tiempo, sin lugar de apertura a lo nuevo sino más bien a promover una clausura. Pueden deducirse varios factores que determinaron el final trágico de Hanna. Es así que ella queda muy desilusionada cuando Michael la va a visitar a la prisión, porque esperaba un acercamiento más profundo e íntimo, pero Michael fue bastante frío y distante, ya que cuando él se despide, ella se arrima para lograr un beso que finalmente nunca consigue. Es evidente que en ella quedó una sensación de malestar, porque lo que le estaba ofreciendo Michael no era amor, sino pura beneficencia y caridad. Al ver que Michael se distanció de ella, por el horror que le causó enterarse de su participación en el Holocausto, sintió que su vida no tenía más sentido. En la decisión también pudo entrar en juego los pensamientos nefastos de su pasado como guardia de las SS, y la imagen siempre presente en su mente de esas mujeres que le leían para ella, y que luego seleccionaría para su muerte. Y de forma paradójica, utilizará a aquellos mismos libros, que tantos años le llevó poder aprender a leerlos, para apilarlos uno a uno y prepararlos para que motivaran su suicidio.

HIPÓTESIS CLÍNICA

El deseo inconsciente de Hanna Schmitz se basa en que ella no hubiera querido aprender a leer jamás. Esto se sostiene en que hasta el momento en que era analfabeta, el hecho de haber participado como guardia de las SS con todo lo que ello implica, la mantenía en una posición de desconocimiento inconsciente de sus acciones sustentadas en su carácter de ignorante e inculta. Es decir, la posición de ser analfabeta encajaba perfecto para desentenderse de los hechos aberrantes en los que había participado, fundamentados en una posición de ignorante que le daba libertad y derecho a realizar cualquier tipo de acción, por más siniestra que sea, sin una verdadera conciencia racional y reflexiva de sus actos.
En cambio, cuando ella aprende a leer, ya no se encuentra en esa cómoda posición de ignorancia que le daba permiso para no reflexionar sobre sus acciones pasadas, sino que la lectura promueve a la reflexión y significa un ejercicio intelectual, por lo cual el peso de aquel pasado que la persigue tomó otro vigor. Por ejemplo, ahora ella misma, por su cuenta, podía agarrar cualquier libro que hablara sobre el Holocausto y enterarse del horror del que ella fue partícipe.
En la escena del film donde Michael va a visitarla a la cárcel, él le pregunta: “¿leés mucho?” y ella responde “prefiero que me lean”. Acá queda evidenciado el malestar que le provocó a Hanna el haber aprendido a leer. Por otro lado, cuando Michael le pregunta acerca de si piensa mucho en el pasado, en relación al Holocausto, ella deja en claro que antes del juicio nunca había reflexionado sobre aquel momento de su vida, entonces, Michael le dice que no estaba seguro de que ella hubiera aprendido, y Hanna le contesta con disgusto que ella sí aprendió, que aprendió a leer. El leer, entonces, queda ubicado como un puente psíquico asociativo que la lleva directamente a aquellos recuerdos perturbadores en sus días como guardia en Auschwitz.
Nuevamente aquí encontramos una paradoja, ya que por un lado, la vergüenza que le provocó que todo el mundo se entere que ella no sabía escribir fue lo que la condenó, pero la condena no fue hacia ella como sujeto psíquico, fue una condena del encierro físico, del cuerpo. En cambio, el haber aprendido a leer significó para ella una condena psíquica, que la obligó a responder sobre su accionar conciente como guardia y selectora de futuras víctimas en los campos de concentración; una condena que implica la necesidad de racionalizar su papel dentro del engranaje mecánico de una fábrica de muerte.

NECESIDAD Y AZAR

Necesidad: Sabiendo que la necesidad se define situacionalmente, las acciones de Hanna Schmitz como guardia de las SS, fueron absolutamente necesarias, porque su función dentro de esa situación particular, era la de custodiar a los prisioneros y de seleccionar a los más débiles y enfermos para su exterminio. Es decir, estas acciones, por más que sean consideradas como siniestras y repugnantes; eran las que requería el puesto en cuestión, eran acciones necesarias para el puesto de guardia de seguridad dentro del contexto de un campo de concentración de exterminio.
Azar: El hecho de que varios años después una sobreviviente del Holocausto haya publicado un libro en el que daba a conocer los nombres de algunas de las guardias que participaron de su cautiverio, fue una cuestión relacionada con el azar; ya que si esa sobreviviente no hubiera sacado ese libro, Hanna Schmitz quizás jamás hubiera sido enjuiciada ni condenada.

CULPA Y RESPONSABILIDAD

Culpa: Durante el tiempo de la interpelación, Hanna Schmitz parecía no sentir culpa de su accionar como guardia de seguridad en los campos de Auschwitz. Esto se vio cuando el juez le preguntaba acerca de si realmente era conciente de lo que implicaba su trabajo. Ella parecía evadir cualquier tipo de respuesta que implique remordimiento o lamentación por su accionar pasado. La culpa subraya un déficit en el sujeto, una vulnerabilidad de la identidad yoica, que durante el juicio la protagonista quiso mantener en todo momento. Esto se refuerza en el momento cuando prefirió recibir la condena máxima antes que mostrar al jurado que era analfabeta, es decir, siempre hubo una intención de mantenerse firme y entera durante la etapa del juicio. El verdadero sentimiento de culpa, y la aparición de sus fantasmas inconscientes vendrán años después cuando ella se haya alfabetizado. Este sentimiento de culpa, junto con los fantasmas aparecerá con una fuerza extrema que terminará por desestabilizar su equilibrio psíquico.
Responsabilidad: La protagonista siempre asumió su responsabilidad sobre su accionar durante el Holocausto en todo momento durante el juicio. Esto se manifiesta en lo que dijimos antes con respecto a que ella mantuvo una posición decidida y contundente durante las sesiones, carente de debilidades visibles, donde el hacerse responsable de sus actos le implicaba subrayar un superávit en el sujeto. Sin embargo, éste superávit también puede suspenderse al devenir la culpa, lo que implicaría una sustancialización del sujeto en el que éste se halla en falta. Y esto es lo que Hanna no quería demostrar durante el juicio, ya que el mostrarse en falta le hubiera implicado mostrar su vulnerabilidad.

EL ACTO ÉTICO

Al tratarse de la puesta en juego de lo universal – singular de la especie, realizado sobre una superficie particular, en el caso de Hanna Schmitz, el acto ético estuvo implicado en que ella cumplió perfectamente con su trabajo de guardia en el campo de Auschwitz. Al tratarse del sujeto y del sentido singular de su acto, aquí hubo un acto ético, ya que defendió a rajatabla su accionar durante el genocidio, y en el juicio daba diversos fundamentos que correspondían directamente con el orden de su ética singular, ya que cuando el juez le decía que esa selección que hacía era para llevar a las reclusas a la muerte, Hanna respondía que si no se liberaba espacio no iba a haber lugar para las siguientes. En este sentido, aquí hablamos de dos lógicas completamente diferentes. Mientras que el juez, hacía hincapié en un aspecto del orden de lo particular, que va en el sentido de una norma moral; Hanna iba en el orden de lo singular, en el sentido de un acto ético. Es por ello que, el acto ético reviste un carácter suplementario respecto de la moral, ya que ningún sistema moral puede colmar el horizonte ético.

LO UNIVERSAL – SINGULAR

Todo acto ético va en esta dirección. En el caso puntual de Hanna, lo universal, o sea, la “justicia de los dioses”, va a estar representado por el “no matarás”, es decir, matar a un semejante significa una condena del orden de lo universal, que es característico de la especie humana en su conjunto, y que supera cualquier cultura, raza, religión o etnia.
En el medio del eje universal – singular, encontramos la dimensión de lo particular, entendido como normas morales o “normas de la Tierra” que van a diferenciarse según diferentes culturas, por eso es un efecto de grupo al ser un sistema de códigos compartidos. Por ejemplo, en la cultura de la sociedad occidental donde transcurre la historia de Hanna, se condena con la privación de la libertad el haber matado a un prójimo. Es decir, la condena moral en este caso, se castiga con el cautiverio físico. Hay otros casos, en otras culturas, donde la condena puede implicar la pena de muerte.
Por último, se encuentra el eje de lo singular que es lo que le va a dar existencia al eje universal y lo va a ampliar. En el caso de Hanna, ella mantuvo la firme posición durante el juicio de defender las órdenes que le impartían como miembro del cuerpo de guardias de seguridad de Auschwitz. Ella entendió, desde su lógica ética singular, que lo único que hizo fue cumplir con su trabajo. Y el cumplir con el trabajo, es decir, ser responsable en el ámbito laboral, es algo aprobado por la lógica particular de la moral, pero sin embargo, esta decae cuando la responsabilidad para con el trabajo está directamente vinculada con acciones condenables desde la misma mirada particularista, como en este caso, matar al prójimo.

LA MORAL DE LO PARTICULAR

En el momento en que expliqué el primer tiempo del circuito de la responsabilidad subjetiva, contaba que el mismo se llevó a cabo en el año 1944 en el marco de la Segunda Guerra Mundial, en plena Alemania nazi. En aquellos tiempos la moral de lo particular de aquella cultura o grupo que compartían un sistema de códigos en común, manifestaban la construcción de una minoría con aspectos agresivos apoyados en la humillación y la violencia. Durante la era del nazismo, aparecieron ciertas personalidades psicopáticas que lideraron procesos sociales, incentivando aspectos paranoides, que hacían aparecer a las minorías, y en este caso a los judíos, como amenazantes de la integridad propia. En este sentido, durante esta época en la que se desarrolla el primer tiempo de la película, el judío era visto como alguien que acaparaba dinero, es decir, quien extraía la potencia al pueblo alemán.
Hasta se utilizó a la ciencia para legitimar la discriminación y la posterior eliminación de los judíos. Con esto se buscaba que el racismo no resultara del odio, sino de una fusión original entre la medicina y el pensamiento social, lo que permitía dirigir el antisemitismo a las personas respetables e instruidas. Dentro de esta moral de lo particular en esa época y contexto del que habla el film, había una relación entre las prácticas aberrantes del nazismo y los mecanismos de consenso social para establecer su justificación: en primer lugar, se comenzaba ubicando la “enfermedad” en el lugar de la diferencia, infiriendo así sobre la supuesta peligrosidad de la persona; en segundo lugar, se deslizó luego a la presunción de epidemia como un “contagio” para de esa forma poder justificar el aislamiento. Y en tercer lugar, se comenzó a preparar el terreno para que aparezcan otros argumentos prácticos que justifique la eliminación final.
Diferente es lo que ocurre durante el momento del juicio en la película, en la década del 60, donde la moral de lo particular es otra. En este periodo, como dije, el que mata a un semejante, ya sea de cualquier etnia, cultura, religión o raza; será condenado con el encierro físico en la prisión.

EL EFECTO PARTICULARISTA

Nunca como en la época del nazismo, período que la película analiza, hubo un efecto particularista tan marcado. Este efecto es verificado en la pretensión de que un rasgo particular devenga condición universal. Esto está estrechamente vinculado con la violación a los derechos humanos. Es así que durante el nazismo, había mensajes de discriminación a los judíos en que los mismos eran descriptos con rasgos específicos y puntuales para todos los que provenían de esa religión, con pretensiones de deformidad y malformaciones. Por ejemplo, decían que “los judíos tenían otra nariz, otras orejas, otros labios, otro mentón, un rostro completamente diferente al nuestro, al alemán. Tienen los pies planos. Sus cabellos, sus ojos son diferentes a los nuestros. Tienen los brazos más largos. El judío piensa, siente y trata diferentemente de nosotros”.
Aquí se puede ver como el efecto particularista de la época en la que Hanna era guardia de seguridad del campo de concentración de Auschwitz, se verificaba cuando ese aspecto particular de reconocimiento de un grupo, ya sea de etnia, religión o lengua, que sólo debiera sostener, en una de sus variaciones posibles, la condición humana, aspira a colmarla, pretendiendo que todos sean eso. Es en el caso del nazismo donde se desconoció por completo la condición simbólica de la especie, fundada en la diversidad, realizada en una amplia gama de posibilidades. Sin embargo, las autoridades estatales impusieron al conjunto social que unos pocos rasgos de algunas personas eran característicos de la totalidad de esa raza en particular, y no solo eso, sino que además tornó esos rasgos como grotescos, desproporcionados y deformantes para instalar el odio y el rechazo en un comienzo; y posteriormente la intolerancia de su existencia.
BIBLIOGRAFÍA

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