por 

Isoldi, Damián
L.U.: 282850980

Psicología, ética y derechos humanos.
Segundo parcial. Segundo cuatrimestre 2009.

El presente trabajo toma como objeto de análisis el libro de Bernard Schlink, El lector. Se efectuará un recorte diferente, ya que es otra la singularidad en situación tomada, al realizado por Fariña en “Etica y cine” sobre el film homónimo. Se trata de ubicar en el circuito de la responsabilidad subjetiva la decisión de Michael Berg sobre no declarar el analfabetismo de Hanna, en el juicio que se realiza en su contra.

Introducción a El lector

El narrador de El lector es Michael Berg quién, a los 15 años, mantiene una relación amorosa con Hanna Smith, de 36 años. “En la noche siguiente me enamoré de ella” declara Michael después de su primer encuentro sexual. Después de algunos encuentros, él supo su nombre. Ella no le preguntaba nada sobre su vida ni entendía por qué a él sí eso le interesaba. Lo poco que le contó “me lo contó como si no fuera su vida, sino la de otra persona a la que no conocía mucho y tampoco le importaba”
Los encuentros entre ellos se sucedían como un ritual, primero él le leía (Emilia Galotti, Intriga y amor, Guerra y paz) después se duchaban y hacían el amor. Así pasaron el verano, hasta que un día ella se fue. “Nunca más amaría tanto a una persona para que me hiciera daño perderla” , él pensaba durante el tiempo posterior a su partida.
Después de un tiempo, en el marco de un Seminario en Derecho, para el cual debía asistir a un Proceso contra criminales de guerra; volvió a verla. Ella era una de las acusadas porque durante el régimen nazi fue guardiana en un campo de concentración donde realizaba la selección de mujeres para mandar a Auschwitz y participó en la “marcha de la muerte” durante la cual las sobrevivientes del campo murieron en una Iglesia prendida fuego sin el auxilio de las guardianas.
Hanna es condenada a cadena perpetua a partir de asumir haber sido la autora del informe sobre lo sucedido durante el incendio. Antes de la sentencia, Michael descubre el secreto de Hannah: era analfabeta.

No declarar, en el circuito de la responsabilidad subjetiva

A diferencia de la responsabilidad jurídica donde se es responsable en caso de ser culpable, en la responsabilidad subjetiva se trata del pasaje por la culpa, como condición para la responsabilidad. Culpa como producto de la interpelación subjetiva y no como sentimiento de culpa, cuya función anestésica permite eludirla. La lógica del circuito de la responsabilidad subjetiva es la retroacción. No se establece el tiempo 1 sino porque en un tiempo 2, cronológicamente posterior, se produce una interpelación subjetiva que resignifica al tiempo 1. Ese primer tiempo implica una acción “una conducta orientada por un determinado objetivo y entendiendo que tal iniciativa se agota en los fines para los cuales fue concebida” Pero, esa acción tiene un plus, un exceso a partir del cual se constituye el tiempo 2 que cuestiona al sujeto que la realizó, no como un sujeto autónomo sino como sujeto dividido, efecto del deseo inconciente.
Antes de la sentencia, Michael Berg se da cuenta que Hanna es analfabeta, por lo tanto, no pudo haber escrito el informe y tampoco leído las acusaciones sobre ella. Decide hablar con el juez pero, en la entrevista con él, no dice nada. Al finalizar, “sentía cómo la anestesia con que había asistido a los horrores del proceso se apoderaba ahora también de mis sentimientos y pensamientos (…) sentí que era algo bueno. Que aquello me permitiría volver a mi vida cotidiana y seguir viviendo en ella”
Adviene entonces el tiempo 2; Michael lee para Hanna.
La suposición de seguir con su vida no se cumplío. Reconocía que en otras mujeres buscaba el mismo tacto, el mismo olor y sabor que el de Hanna. “Siguió atormentándome la idea (…) de si al amarla me hice culpable, de si debería haberme librado de ella de palabra y de obra, y de cómo podría haberlo hecho” Hanna continuaba estando presente, se le imponía una y otra vez, hasta que decide leer para ella quién “se convertía en la entidad para la que ponía en juego toda mis fuerzas, toda mi creatividad y toda mi fantasía crítica” Durante 8 años, Michael leyó para Hanna, enviaba los cassettes a la cárcel pero nunca algún otro comentario; ni siquiera cuando ella, por medio de pequeños escritos, le mostró que había aprendido a leer.
La decisión de no haber declarado en el juicio el secreto que descubrió no culminó en la posibilidad de seguir con su vida cotidiana. En su vida cotidiana, años después de la sentencia, devino el lector de Hanna. Se produce la puesta en marcha del circuito, la interpelación subjetiva que se produce a partir efectos inesperados de la acción del tiempo 1 “hace que se retorne sobre la acción por la que se “debe” responder”
Creo necesario ubicar la pertinencia por la pregunta sobre la responsabilidad de Michael en la decisión de no declarar, teniendo en cuenta la complejidad del planteo literario y a fin de evitar caer, como sostiene Fariña en dos reduccionismos posibles, a saber: “asignar responsabilidad al sujeto allí donde ésta no existe (… o) relevar a un sujeto de su responsabilidad atribuyendo lo sucedido al azar y/o necesidad cuando en realidad debe responder por su acción”
Es decir, es necesario evidenciar que la acción de Michael no estaba absolutamente determinada por el azar y/o la necesidad sino que, en la hiancia entre ambos, es responsable de su no declaración. Además, la distancia entre los tiempos 1 y 2 tampoco tiene que estar determinada por esas categorías.
Cae dentro del orden de la necesidad el hecho de que Michael estaba enamorado de Hanna sin saber que ella había sido guardiana de un campo de concentración, ella nunca habló de su pasado. Cualquier suposición sobre que él debería haber tenido algún tipo de conocimiento, inconciente incluso, de su pasado es adjudicar una responsabilidad parapsicológica –podría decirse- más que subjetiva. Por su parte, señalar algo sobre las condiciones eróticas del objeto de amor, tampoco permitiría establecer porque fue Hanna su elección.
Que haya decidido anotarse en un Seminario que tenía como eje el proceso contra Hanna y que el momento en que se le revela el secreto haya sido antes de la sentencia y no otro, por ejemplo, después del juicio, podemos ubicarlo dentro de la categoría del azar, ahí donde no hay conexión causal. Pero, ni la necesidad ni el azar determinan absolutamente su acto. Incluso podría ubicarse que el tiempo 1 es precedido por todo un tiempo en el cuál Michael se debate, moralmente, su posibilidad o no de hablar. Incluso recurre al padre (filósofo especialista en Hegel y Kant) para que le aconseje, abstractamente, cómo actuar.
Por otro lado, el tiempo 2 es genuinamente tal porque al haber devenido lector de Hanna establece una conexión con aquello que él conocía de ella y ocultó, resignifica el tiempo 1; pero no se subsume absolutamente en el orden de la necesidad ni del azar. Michael es responsable de su acto.
“El tiempo 1 y el tiempo 2 son todavía tiempos de dormir en el guión ajeno” Es decir, hay una permanencia en la dimensión de la moral si la respuesta que se espera del sujeto por su acto se produce como sentimiento de culpa o como mecanismos de defensa que, como sostiene D’Amore, dicen sí a la interpelación pero manteniéndose en el plano de la moral, sosteniendo la ilusión del yo autónomo cuyos actos se realizarían con intención, discernimiento y libertad (como sostiene el discurso legal sobre los actos jurídicos)

Ni tu secreto, ni el mío. Hipótesis clínica

En el tiempo 2, Michael deviene el lector de Hanna. Sólo así consigue dormirse por las noches -luego de su separación con Gertrud. Y así se mantiene hasta el suicidio de Hanna, aunque ella, habiendo aprendido a leer y escribir, le ofrecía otros modos de “relacionarse”. Como dice Michael “no me planteaba la posibilidad de que Hanna, ahora que sabía leer, quizá ya no necesitase mis cintas (…) era mi manera de dirigirme a ella, de hablar con ella” Hanna se constituye en la oyente de esas lecturas. Como sostiene Lacan “no sólo el sentido del discurso depende de quien lo escucha, sino que es de su acogida de la que depende quién lo dice”
Este tiempo evidencia que el tiempo 1 no se agotó en sí, que Michael no pudo volver a su cotidianeidad después de que la verdad revelada en el juicio transformó su historia de amor en una historia que roza lo siniestro. “Lo siniestro es aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo antiguo, a lo familiar” . Secretamente familiar, dice Ulloa, la mujer amada fue guardiana de los campos de concentración. En aquello amado, anhelado se desarrolla lo oculto, lo secreto. “Peores eran los sueños en los que aquella Hanna dura, autoritaria y cruel me excitaba sexualmente; me despertaba rebosante de deseo, vergüenza e indignación. Y con el miedo de no saber quién era yo mismo” . De lo que se trata es, como dice Freud del Hombre de las ratas, de “el horror ante su propio placer ignorado por el mismo” .
Podría formular como hipótesis clínica que el acto de no declarar el secreto de Hanna revela el deseo inconciente de no declarar su propio secreto: el de haber amado a “una criminal” y así, tratar de eludir lo que eso puede cuestionar de la propia persona (como lo evidencia la última frase citada). Así, sintió que no declarar anestesiaba sus pensamientos y sentimientos. Después del juicio se encerró a estudiar compulsivamente, se fue a vivir sólo, no hablaba con nadie con quien se cruzase. Cuando años más tarde se encuentra con un compañero del juicio que le pregunta por su relación por Hanna, Michael sale corriendo y sube al tren. Michael renunció a su deseo y a la división que el mismo establece. Queda sometido a los signos del Otro, de Hanna, para que lo afirme en su existencia como el lector.

Dos respuestas posibles; según el corte.

A partir del tiempo 2, se abren dos respuestas posibles. Por un lado, se puede volver sobre el tiempo 1 y obturar toda respuesta posible más allá de la dimensión moral o, en cambio, puede abrirse a un tiempo 3, cuando la respuesta a la interpelación subjetiva sea tal que constituya una singularidad en esa situación.
Creo que según donde se ponga el punto final en la lectura de El lector podemos encontrar las dos respuestas posibles.
Si el corte lo hacemos en el penúltimo capítulo (el fin terminaría en este capítulo), podría decirse que la respuesta de Michael es la de un neurótico que, frente a su acto, responde con culpa. Él es culpable de haber amado –y continuar deseando- a una criminal. Culpable de haber gozado demasiado. “Anestesiado” es la palabra que utiliza el autor para calificar el estado de Michael después del juicio. Anestesia de los pensamientos, sentimientos y del cuerpo, que podría haberlo llevado a la muerte. Sabe todo sobre analfabetismo para tratar de comprender a Hanna y su decisión en el juicio. Después de su separación, leerle a Hanna lo calma, pero nunca responde sus notas y cuando la Directora del penal lo invita a la cárcel, aplaza el encuentro hasta el último momento.
Es el lector por sentimiento de culpa, no hay efecto sujeto; su respuesta se mantiene en la dimensión de lo particular.

En cambio, el último capítulo (diez años después de la muerte de Hanna) nos revela que él (Michael) es el escritor de la novela. Pudo escribirla cuando el motivo dejó de ser librarse de ella e hizo las paces con la historia. La historia “es verdadera y por eso la cuestión de si es alegre o triste carece de importancia” Ha construido su verdad histórica, independiente de la verdad material.
Responsabilidad subjetiva es otro nombre del sujeto, como el título de la clase de Mosca. De lector a escritor: Michael Berg dejó ese lugar al cual se había identificado desde sus primeras tardes con Hanna. Diez años después de su muerte, él puede ir más allá de la moral, más allá “de ser amado u odiado” porque esos son los motivos por los cuales el acto se dirime en la dimensión moral. La ética va más allá, es “la posición de un Sujeto frente a su soledad. Frente a lo que está dispuesto a afirmar, a afirmar y firmar” Michael logra escribir su historia con Hanna, inscribirse en ella. Relata la complejidad de la historia en términos que evitan poder decir de ellos que sólo han sido víctima y víctimario porque “hace desfallecer las capacidades clasificatorias de la lengua de la situación” Desorganiza así la moral, es un acto de nominación que acota el universo de partida como particular a partir de, como dice Ariel, una existencia que se afirma.

Bibliografía

-  Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto, Ficha de cátedra, mimeo, publicado en la página web.
-  Ariel, A.: Una poética del estilo en “El estilo y el acto”, ed. Manantial, Bs As, 1994.
-  D’Amore, O.: Responsabilidad subjetiva y culpa en “La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Volumen I: Fundamentos, Letra Viva, 2006.
-  Freud, S.: A propósito de un caso de neurosis obsesiva (El hombre de las ratas) en “Obras completas” vol X, Amorrortu editores, Bs. As., 1986.
-  Lacan, J.: Variantes de la cura-tipo en “Escritos 2”, Siglo XXI, Bs. As., 1971.
-  Lewkowicz, I.: Particular, universal, singular en “Etica, un horizonte en quiebra”, EUDEBA, Bs. As., 2008.
-  Michel Fariña, J.: Responsabilidad: entre necesidad y azar, desgrabación de la clase teórica dictada el 26-10-09.
-  Mosca, J.: Responsabilidad, otro nombre del sujeto en “Etica: un horizonte en quiebra”, EUDEBA, Bs. As., 2008.
-  Salomone, G.: El sujeto dividido y la responsabilidad en “La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Volumen I: Fundamentos, Letra Viva, 2006
-  Schlink, B.: El lector, Anagrama, Bs. As., 2007.
-  Ulloa, F.: La ética del analista ante lo siniestro en “Territorios”, número 2, MSSM, Bs. As., 1986.



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