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Psicología, Ética y Derechos Humanos

Segunda evaluación

Alumno: Pablo I. Manzi

LU: 29150413/0

Comisión: 21

Profesor: Adelqui Del Do

2do cuatrimestre de 2009

Segunda evaluación – Psicología, Ética y Derechos Humanos

Situación tomada de la película “El lector”

Título original: The reader

Dirección: Stephen Daldry.
Países: USA y Alemania.
Año: 2008.
Duración: 124 min.
Género: Drama.
Interpretación: Kate Winslet (Hanna Schmitz), Ralph Fiennes (Michael Berg adulto), David Kross (Michael Berg de joven), Lena Olin (Rose Mather/Ilana Mather), Bruno Ganz (profesor Rohl).
Guión: David Hare; basado en la novela "El lector" de Bernhard Schlink.
Producción: Anthony Minghella, Sydney Pollack, Donna Gigliotti y Redmond Morris.
Música: Nico Muhly.
Fotografía: Chris Menges y Roger Deakins.
Montaje: Claire Simpson.
Diseño de producción: Brigitte Broch.
Vestuario: Ann Roth.
Estreno en USA: 10 Diciembre 2008.
Estreno en España: 13 Febrero 2009.

La historia comienza en Neustadt, un pueblo de Alemania Occidental, un día de lluvia durante la segunda Guerra Mundial. Michael Berg, un joven de 16 años se siente enfermo y decide bajar del tranvía en medio de la lluvia, ya que no había pagado el boleto. Una mujer lo encuentra sentado en el umbral del edificio en el que vive, todo mojado y tiritando de frío, por lo que decide darle abrigo y acompañarlo caminando hasta su casa. De acuerdo con las indicaciones del médico, Michael pasa tres meses aislado y en cama, pero en cuanto se siente mejor va a la casa de la mujer que lo ayudo con un ramo de flores en la mano y decidido a agradecerle por su acción. En ese encuentro el la espía mientras ella se cambia para ir a trabajar y luego sale corriendo, cuando advierte que ella lo descubre espiando por la puerta entreabierta. Días más tarde, Michael regresa para pedir perdón por el gesto que había tenido y se ofrece a cargar el carbón escaleras arriba hasta el departamento de la mujer. Esta, luego de ver como se había ensuciado le pide que tome un baño, ya que no puede volver a su casa en esas condiciones. Durante el baño la mujer se aparece desnuda y lo seduce, preguntándole al joven si fue por eso por lo que había vuelto y mantienen relaciones sexuales. Michael luego debe dar explicaciones a sus padres por el horario en que llega a su casa y al mismo tiempo les pide reincorporarse a clases, ya que se sentía realmente saludable. Sale rápidamente de la escuela y aprovecha el tiempo de recreación que debería pasar con sus compañeros para ir a la casa de la mujer. En un tercer encuentro, luego del sexo, le dice que su nombre es Michael y que quiere saber como se llama ella, a su vez, le comenta que estaba leyendo una obra en el colegio de Emilia Galotti. Ella le dice que su nombre es Hanna y que le encantaría que le leyera la obra; en este momento el le da el libro pero ella no lo acepta y en cambio le dice: ”prefiero que lo leas vos”. Los encuentros se siguen dando en forma frecuente y cambian el orden de las acciones, es decir, primero él le lee algún libro, como La Odisea o La dama y el perrito, y luego hacen el amor. En una de las situaciones, luego de una pelea, Michael le pregunta si ella lo ama y Hanna asiente con la cabeza.
El fin de semana largo salen de paseo por primera vez juntos, en bicicleta, y cuando paran a comer ella mantiene el menú en sus manos sin poder precisar que es lo que quería almorzar, mientras mira a un grupo de chicos que ríen al leer los nombres de algunos platos. En ese momento le dice que lo que él elija estará bien, ya que no se puede decidir. Finalmente, en su vuelta al trabajo, Hanna recibe la visita de su jefe, quien le comenta que van a ascenderla, por lo que ya no pedirá boletos en el tranvía sino que trabajará con el en la oficina administrativa. Al día siguiente ella empaca todas sus cosas y abandona su hogar, lo que sorprende a Michael que va a visitarla y encuentra la casa vacía y no encuentra explicación.
El film muestra ahora a Michael en la universidad estudiando Derecho, y actualmente cursando un seminario que incluye, como instancia práctica, la asistencia a un juicio oral por los crímenes de guerra nazi. Para su sorpresa una de las acusadas es Hanna Schimtz, aquella mujer con la que había mantenido un romance varios años atrás y de quien nunca supo más nada. Ella, frente a la pregunta del juez de por qué renunció a su trabajo y se alisto en la SS, argumenta que necesitaba empleo y que escuchó que ofrecían trabajo como guardias. Michael shockeado por la situación, escucha el relato de una testigo Ilana Mather, sobreviviente junto con su madre, quien escribió un libro donde describía el proceso de selección de aquellas mujeres a las que iban a matar, a cargo de las 6 acusadas. Cinco de las acusadas niegan ser parte del procedimiento pero Hanna dice que todas formaron parte del mismo y que elegían 10 personas por mes para que vuelvan a Aswitchz. El Juez le pregunta: “¿Se dio cuenta que enviaba a estas mujeres a la muerte?” Y ella argumenta que no había espacio porque llegaban más mujeres y no podíamos mantenerlas a todas… ¿usted que hubiera hecho? ¿no debería haber renunciado a Siemmens? La testigo agrega que Hanna Schmitz elegía distinto al resto, tenía favoritas, les daba comida y un lugar donde dormir a cambio de que le leyeran algunos libros. A continuación, la madre de la chica, cuenta el episodio en el que ambas sobrevivieron. Dormían las presas en una iglesia y un bombardeo causó un incendio en la misma, pero las puertas estaban cerradas y las guardias no las abrieron pese a los pedidos de auxilio, por lo tanto, a excepción de ella y su hija, todas las presas murieron calcinadas. Al día siguiente el juez muestra a las acusadas un reporte de las SS que todas firmaron, pero que alegaban no saber del mismo hasta luego de haber sucedido la totalidad de los hechos. El magistrado pregunta por qué no destrabaron las puertas y Hanna le responde que no podían, porque eran guardias y su trabajo consistía en vigilar a los prisioneros, no podía dejarlos escapar. “Si abríamos las puertas sería el caos, ¿cómo reestableceríamos el orden? No podíamos dejarlas salir, éramos responsables por ellas. En ese momento las demás acusadas manifiestan con gritos que Hanna era quien estaba a cargo y el juez explica que las 5 hicieron formalmente esa acusación ante el tribunal, a lo que ella responde que no es cierto, que todas eran guardias. Ella asegura no haber escrito el informe y por lo tanto le piden una muestra de su letra para compararla con la del informe y le acercan un cuaderno y una lapicera. En ese momento se angustia y entre sollozos manifiesta que la prueba no es necesaria ya que ella escribió el reporte. Michael, al presenciar este hecho, empieza a comprender aquella situación con el menú y cuando rechazaba leer los libros, prefiero que él mismo se los leyera en voz alta. Finalmente, el juez sentencia a las otras 5 acusadas como colaboradoras en los homicidios a 4 años y 3 meses de prisión, mientras que Hanna es sentenciada a cadena perpetua por directamente culpable de los 300 homicidios.
El film pasa luego al año 1995, cuando Michael va con su hija Julia a su pueblo natal, para visitar a su madre. Encuentra los libros en su habitación y empieza a leerlos con un micrófono y a grabarlos en cassettes, los cuales luego son enviados por correo a Hanna junto con el reproductor. Ella escucha las lecturas en su celda hasta que un día se acerca a la biblioteca y pide el libro la dama y el perrito, el cual abre al tiempo que reproduce la cinta en el grabador, con intenciones de ir identificando las palabras en el texto. Comienza entonces poco a poco a escribir algunas frases y le empieza a contestar rústicamente algunas cartas a Michael, en las que destaca comentarios sobre algún personaje de los libros. Cuando se cumplen 20 años de Hanna en prisión, una trabajadora social se comunica con Michael pidiendo que se responsabilice por ella, ya que pronto quedará en libertad, no tiene a nadie más que a él y no tendrá futuro sin un trabajo y un lugar donde dormir. Él va a visitarla y le informa de un lugar y un trabajo que podría desempeñar cuando salga, asimismo le pregunta: ” -¿Pensaste en el pasado? –Antes del proceso nunca pensé en el pasado. Nunca tuve que hacerlo. -¿Y ahora? –Que importa que pienso o siento, los muertos siguen muertos. –No pensé que aprenderías. –Pues aprendí niño…Aprendí a leer”.
Finalmente ella se suicida el día que quedaría en libertad y deja un testamento, donde pide a Michael que lleve la plata de la caja de Té, junto con los ahorros del banco, a la hija de la sobreviviente del incendio de la iglesia. Él viaja hasta la casa de Mather y esta rechaza el dinero porque asegura sería como absolverla por lo que hizo, pero quiere quedarse con la caja de té ya que tenía una en el campo y se la habían robado. Michael le pregunta si puede donarla a alguna organización que se ocupe de la alfabetización y ella le responde que la utilice como crea necesario. Luego lleva a su hija a Neustadt nuevamente, a la tumba de Hanna y le dice que tiene una historia que quiere contarle.

Si se acepta que la responsabilidad subjetiva puede plantearse en un circuito de tres tiempos lógicos, este recurso debe dar cuenta en su recorrido del accionar del sujeto y su posición en esa decisión. En un primer tiempo el personaje lleva adelante una conducta con fines determinados en el supuesto de que sus acciones se agotan en los fines para los que fue concebida. En el caso de Hanna Schmitz se podría mencionar el cuidado del joven enfermo, que se encontraba mojado, tiritando de frío y vomitando en el umbral de su casa y al cual ella arropa, le da cobijo y luego lo acompaña hasta su hogar. Dentro del tiempo 1 también se ubicaría las situaciones en las que ella rechaza la opción del leer el libro, pidiéndole a él que los lea en voz alta ya que los disfruta más o arrojándolos simplemente, cuando el se los ofrecía para que lea algún párrafo, al tiempo que comenzaban a hacer el amor. Aquí también resultaría oportuno referir a la renuncia a su trabajo, justo luego de haber sido notificada de un futuro ascenso al área administrativa, lo que la lleva al abandono de su hogar y la búsqueda de un nuevo empleo, que finaliza con el alistamiento en las SS. Y por último, ya dentro de las filas del ejército alemán, las escapadas con algunas de las prisioneras para que le leyeran algunos libros a cambio de comida y cobijo para dormir; las selecciones del grupo de mujeres que debían volver a Aswitchz para se ejecutadas y el hecho de no abrir las puertas de la iglesia cuando ésta se incendiaba con todas las prisioneras encerradas dentro. El tiempo 2 es el tiempo de la interpelación, en donde las acciones del sujeto se ven confrontadas con algunos indicadores que le señalan un exceso en lo acontecido, es decir, que algo anduvo mal y las cosas fueron más allá de lo esperado. Surge entonces una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo y aquí podemos destacar las escenas del Juicio. Citando a Carlos Gutiérrez: “La escena Judicial interpela al acusado concediéndole la palabra para hablar en su nombre respecto a su acto. En este sentido, opera como un organizador simbólico de primer orden para situar la responsabilidad conminando al sujeto a leer su acto en un marco de legalidad instituido. De este modo, esta interpelación opera como la ocasión propicia en la que puede emerger una posición subjetiva que se sustraiga de la acción criminal para inscribirse como acto del sujeto en un campo de legalidad” El juez pregunta a Hanna en el tribunal ¿Usted participó en el proceso de selección de aquellas mujeres que debían ser transportadas de nuevo a Aswitchz? ¿Se dio cuenta que enviaba a esas mujeres a la muerte? Y luego ¿Por qué no destrabaron las puertas de la iglesia? Si bien un sujeto responsable es aquel del quien se espera una respuesta, esta no debe ser del tipo evitativa, negadora o renegadora de su situación. Hanna admite haber participado en el procedimiento de selección junto con las otras 5 guardias, ya que no había espacio por los arribos de nuevas mujeres cada mes y le repregunta al juez, preguntándose en realidad a sí misma, ¿usted que hubiera hecho? ¿No debería haber renunciado a Siemmens? Luego manifiesta que no destrabaron las puertas de la iglesia porque no podían, ya que eran guardias y su trabajo consistía en vigilar a los prisioneros. De manera que si abrían las puertas las prisioneras intentarían escapar y sería un caos, y pregunta ¿Cómo reestableceríamos el orden? No podían dejarlas salir porque, en su trabajo de guardias, eran responsables por ellas. Hasta ese momento Hanna había aceptado los cargos que le imputaban, pero cuando la acusan de estar a cargo y ella lo desmiente, le acercan un cuaderno y una lapicera para comprobar la letra con la que se escribió el informe y ese resulta ser un momento crucial en la interpelación. Ella se declara culpable, eximiéndose así de hacerse responsable por su analfabetismo. Es decir, por un lado asume su responsabilidad en los hechos llevados a cabo contra los prisioneros en los campos de concentración en lo que respecta al marco jurídico y al lazo social, cuyo castigo podría operar en el campo simbólico; pero no se responsabiliza en tanto sujeto por su analfabetismo y las acciones llevadas a cabo en función de su deseo. Esto le acarrea una sentencia mucho mayor que a las otras 5 acusadas, fallo que hubiera sido diferente si ella demostraba que no fue quien redactó el informe. La vergüenza y la angustia que experimenta Hanna cuando le acercan el cuaderno y la lapicera, pone de aviso a un sujeto interpelado por eso que, aún vivido como ajeno, le pertenece y perturba su relación consciente, confrontándolo con un punto de inconsistencia. Respecto a esto resulta pertinente citar a Gabriela Zalomone: “La indicación freudiana es escuchar la verdad que se produce en su decir y que compromete al sujeto, aún más en esos puntos donde el yo, que se pretende autónomo, no puede dar cuenta. Es este punto donde Freud ubica la responsabilidad: en relación a aquel propósito inconsciente que, ajenamente a la voluntad del yo, propició la acción.” Podemos entonces diferenciar la noción de responsabilidad subjetiva, la cual se configura a partir de la noción de sujeto inconsciente, un sujeto no autónomo, que no es dueño de su voluntad e intención y en el que el deseo se abre paso; de la responsabilidad jurídica, que podemos ubicar en el campo de la moral, en función del sistema de referencias legales. La responsabilidad subjetiva atañe al sujeto en relación a aquello que desconoce de sí mismo y no refiere a las buenas costumbres o lo moralmente correcto. La responsabilidad interpela al sujeto a responder por su acto y refiere a la singularidad del sujeto en ese acto, es decir Hanna no sólo como una guardia más de los campos de concentración nazis que debe ser condenada, sino una guardia analfabeta cuyo acto es en función de su deseo inconsciente. Hanna es parte de la máquina burocrática nazi y como bien apunta Caligaris, allí se constituye un saber sabido y compartido donde los individuos funcionan sabiendo lo que deben hacer, como instrumentos de ese saber y al margen del contenido del mismo. En este régimen totalitario hay una tendencia a la alienación del sujeto cada vez más a su posición instrumental, como engranaje en la máquina burocrática y por lo tanto se reduce la responsabilidad y se empobrece totalmente la subjetividad. Aquí podemos situar la respuesta de Hanna al juez sobre el episodio del incendio en la iglesia, argumentando que no podían abrir las puertas ya que eran responsables por las prisioneras. De esta manera se reduce la subjetividad a la instrumentalización. Ahora bien la cuestión que se debe indagar, desde la responsabilidad subjetiva, no tiene que ver con el orden judicial, la culpa por el crimen y el castigo correspondiente; sino que interesa la subjetivación de la acción. Esta no es una acción cualquiera sino una que vuelve finalmente sobre Hanna, cuando ella se pone en acto. Juan Carlos Mosca sugiere que la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. “Es decir, que cuando rigen por completo necesidad o azar, o una combinación de ambos, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad. Pero basta que se produzca una grieta, una vacancia entre ellos, para que la pregunta por la responsabilidad adquiera toda su dimensión.” El orden de la necesidad refiere a aquellos hechos que se producen de manera inexorable más allá del designio humano, quedando por fuera la intervención del sujeto; por otro lado el orden del azar refiere a la coincidencia, es decir la suerte y por lo tanto desconecta la relación entre causas y efectos que la necesidad establece. En el caso de Hanna podríamos atribuir al orden de la necesidad aquellas especificaciones características que el puesto administrativo, al que le ofrecen ascenderla, exige. Cualquier puesto de trabajo en una oficina administrativa requiere de la capacidad de poder leer y escribir, por la naturaleza misma del puesto, y eso escapa por completo a la intervención del sujeto. Por otro lado, se podría ubicar en el orden de lo azaroso el hecho de que justo la asciendan en Siemmens en plena Guerra Mundial, cuando en el Estado había una gran demanda de guardias para que se alistaran en el ejército. En cualquier caso no podría deslindarse a Hanna de su responsabilidad atribuyendo lo sucedido al azar y/o la necesidad, ya que ella debe responder por su acción. La responsabilidad entonces aparece entre el azar respecto del momento en el que le ofrecen el ascenso y la necesidad que el nuevo puesto conlleva. Hanna podría haber revelado su dificultad para leer y escribir, pidiendo permanecer es su antiguo puesto de trabajo chequeando boletos en el tranvía; o incluso podría haber renunciado igualmente a Siemmens pero buscar otro empleo en lugar de alistarse en las SS. De esta manera se abre el interrogante sobre la responsabilidad del Sujeto, es decir, cual fue el papel de Hanna en esto. Ahora bien, para la puesta en marcha de una hipótesis clínica o conjetura, resulta necesario que haya una distancia entre el tiempo 1 y el tiempo 2 y que esta no se deba exclusivamente a la necesidad y/o azar. Respecto de esta conjetura se espera una respuesta por parte de Hanna acerca de la responsabilidad, de que fue responsable el Sujeto. Hanna es responsable de haber ocultado su analfabetismo, a Michael, a su jefe, es decir, de su deseo de ser una mujer responsable y ejemplar. Por no confesar su incapacidad abandona al muchacho al que amaba y rechaza una posibilidad de ascenso, renunciando a su trabajo. Posteriormente acepta el empleo como guardia en los campos de concentración, en tanto no requiere de capacidades intelectuales de las que no dispone que pongan en evidencia su falta, y actúa como instrumento de la maquinaria nazi en pos de ser una guardia ejemplar a la que no se le pueda reprochar nada. Ella misma expresa ante el juez: “¿Cómo reestableceríamos el orden? No podíamos dejarlas escapar… éramos responsables por ellas”. Caligaris refiere a las memorias escritas por Rudolf Hoess, que resultan pertinente con lo dicho: “(…) no se halla respuesta y en verdad la respuesta de Hoess se resume en una palabra: Yo era un funcionario ejemplar (…) El está diciendo: Uds. Son lo errados porque mi goce no era matar personas, mi goce era ser un funcionario ejemplar y, para ser un funcionario ejemplar hasta estaba dispuesto a matar personas”. El tiempo 2, la interpelación, lleva al sujeto a resignificar sus actos, los cuales adquieren un sentido para él, por lo tanto es lógicamente anterior al tiempo 1. Aquellos actos cobran sentido para el sujeto en tanto se sabe culpable, sabe que eso le pertenece y es a partir de esto que los actos constituyen el tiempo 1 en el circuito de la responsabilidad, abriéndose así el campo de la responsabilidad subjetiva. Por su parte, la hipótesis clínica será la que explique el movimiento que supone “que el tiempo 2 se sobreimprime al tiempo 1 resignificando”. En palabras de María Elena Domínguez: “Resignificación que dará cuenta de una respuesta del sujeto que advierta un cambio de posición frente a sus circunstancias, de allí la potencialidad de un tiempo 3: el de la responsabilidad.” Antes de hacer referencia al tiempo 3, respecto de las consideraciones de Jorge Alemán, resulta claro que en Hanna frente a la angustia que provoca la prueba de caligrafía, ella no se elije a sí misma. Es decir, Frente a esa situación que describe el autor, que desborda al sujeto y en la que él mismo se ve apresado y atrapado, Hanna no da la cara (en palabras de Alemán) y por lo tanto la responsabilidad no llega a ganar y abarcar la situación. Ella es culpable en términos de responsabilidad social, jurídica y por lo tanto moral, frente al tribunal y a la sociedad; pero no se responsabiliza subjetivamente por su acto. Será luego en la prisión y casi terminando su condena que se podría situar la noción de responsabilidad en tanto sujeto. Ella podría haber seguido escuchando los relatos, que Michael le enviaba a la cárcel, en el grabador que tenía en la celda. Sin embargo, sentada en el patio de la prisión, decide un día enfrentar aquello que le pertenece y de lo que se siente culpable, se responsabiliza por acto y comienza a pedir libros en la biblioteca con afán de poder aprender finalmente a leer y escribir. Resulta claro que, no sólo podría haber seguido escuchando los relatos, sino que además por su edad y por sus comentarios a Michael la semana anterior a su liberación, no lo hacía con la intención de progresar o tener más posibilidades laborales una vez libre. Esto se evidencia cuando él va a visitarla y le informa de un posible trabajo y un lugar donde hospedarse, le pregunta si pensó en el pesado y como piensa ahora, ella responde: “Antes del proceso nunca pensé en el pasado. Nunca tuve que hacerlo… ¿Ahora? ¿Que importa lo que pienso o siento? Los muertos siguen muertos.” Al instante él agrega que no pensó que ella pudiera aprender de eso, a lo que Hanna le responde con voz seca: “Pues aprendí niño… ¡Aprendí a leer! Finalmente, el suicidio termina con la resolución de la situación, ella ya dio la cara, se responsabilizó no sólo legalmente, cumpliendo su sentencia en la prisión, sino también subjetivamente por su acto, en función de su deseo y por lo tanto la función correctiva de la condena cede ante el valor simbólico del efecto sujeto. Ella no utiliza su nueva capacidad para conseguir un buen trabajo cuando quede libre y esforzarse por se una mujer responsable, ella simplemente se suicida y deja sus ahorros para la sobreviviente del episodio de la iglesia. Estamos entonces ante una singularidad en situación, el universo se amplió y hay otro sujeto, diferente del sujeto del tiempo 1.
El tiempo 1 se constituye como tal, resignificado por la interpelación a través de la culpa. La culpa hace que se retorne sobre la acción por la que el sujeto debe responder. La interpelación implica una deuda por la que hay que responder, para volver al surco de lo moral y por lo tonto la respuesta es del orden de lo particular. Allí no se puede identificar una singularidad puesto que la respuesta presenta un taponamiento de la dimensión ética. El sentimiento de culpa funciona como un sí, como una respuesta a la interpelación. En contrapartida, en la responsabilidad subjetiva, hay una respuesta a la interpelación pero en una dimensión ética. En la responsabilidad subjetiva estamos frente a un acto ético, ya que implica un acto en el que se produce un sujeto de deseo inconsciente. En el caso de Hanna, en principio ella responde a la interpelación desde lo particular y, entonces, el circuito de la responsabilidad se cierra en la culpabilidad, en la negación de la responsabilidad. Es sólo después, desde la prisión, 20 años después, que aparece la respuesta ética frente a la interpelación subjetiva y se diluye el sentimiento de culpa. Aparece entonces una singularidad en situación que hace esfumarse al particular anterior de la culpa, implica un acto ético en donde el tiempo 3 resignifica al tiempo 1 y cierra el circuito de la responsabilidad, con la responsabilidad subjetiva. Oscar D´Amore afirma: “(…) no podríamos plantear una dimensión ética sin moral, axioma homologable a este otro con el que vamos a trabajar: no hay responsabilidad subjetiva sin culpa, en donde ésta última resulta de factura particular y la primera una singularidad. De esta articulación entonces se desprende que el acto ético no podría sino coincidir con el efecto sujeto. Es decir que el sujeto del acto coincide con el de la responsabilidad subjetiva.” La ética refiere a la posición del sujeto frente a su soledad y no la posición social respecto de los otros, sino frente a lo que está dispuesto a afirmar. El acto ético implica entonces una decisión, y no una acción, que está por fuera de lo moral y de la ley y que el sujeto realiza solo, sin ningún socio. Esta decisión tendrá consecuencias en quien lo produce, en cuanto tal, y en los demás, en tanto acciones. Es decir, lo que los demás ven y juzgan en Hanna es por sus acciones como guardia de la SS y su renuncia anterior a Siemmens, pero nadie puede juzgarla por su acto, por su decisión. Ariel afirma: “Entiendo que el tiempo 1 y el tiempo 2 son todavía tiempos de dormir en los signos de un guión ajeno. Un circuito que se cierra en sí mismo, mientras que el tiempo 3 es un tiempo que abre otro tiempo.” Para el autor, el sujeto, al ser él solo en la posición ética, y en relación a la responsabilidad por su acto debe responder ¿qué soy? por fuera del lazo social, es decir por fuera de la moral. Hanna asume la responsabilidad por su acto en su celda, 20 años más tarde y “puede quedar en paz con su existencia”, en palabras de Ariel, más allá de las demandas y la culpabilidad en el plano legal, en tanto deber del sujeto frente al Estado. Ahora bien, el discurso social desconoce la singularidad del sujeto por lo que Hanna no sería más que otra guardia más, responsable, como tantos otros, del genocidio nazi. Sin embargo, en el terreno de la responsabilidad del sujeto respecto del acto ético el interés esta puesto en la singularidad en situación, que la distingue de cualquier otro imputado en la misma causa en cuanto a su decisión. Hanna podrá ser condenada y considerada responsable socialmente, pero siempre desde lo particular del universo legal; sin considerar la singularidad de su acto. Singularidad que rompe con el universo previo establecido demostrando la incompletud del universo y por lo tanto abriendo camino a la universalidad. Fariña explica al respecto: “(…) para el psicoanálisis, el establecer la responsabilidad no podría ser nunca función de un “saber y entender promedio”, sino por el contrario, de las implicaciones singulares, y por lo mismo universales, de la acción cometida.” Desde el universo particular de lo legal y la concepción moral del bien y el mal, no hay lugar para la variedad de efectos que puede generar un suceso y las distintas maneras que encuentran los sujetos para poder responder al mismo. Consecuentemente, se pierde de vista la singularidad de cada situación y cada respuesta creada por el sujeto. Como cierre y para considerar la aparición de la singularidad en situación en el circuito de la responsabilidad, resultaría pertinente citar a María Elena Dominguez: “Tiempo donde el universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraja, posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo del mismo. Momento propicio para la emergencia de una singularidad que, en consonancia con lo universal, demuestre la incompletad del universo previo, junto con la caída de los ideales que allí lo sostenían. Acudiremos aquí al aprés coup freudiano para poder retroactivamente hallar en el lazo asociativo entre 1 y 2, una hipótesis clínica, que sitúe la naturaleza de esa ligadura. Es decir, si algo ha emergido en el segundo tiempo des-ligado del universo particular, éste buscará re-ligarlo hallando una explicación a su presencia. Finalmente será necesario un tiempo 3 que verifique la responsabilidad subjetiva, una toma de posición en relación a lo universal inscribiendo un acto que produzca un sujeto.”

Bibliografía

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