por 

Psicología, Ética y
Derechos Humanos
Cátedra: J. J. M. Fariña (I)
2ª Evaluación – Comisión 13

Ayudantes TP Carlos Fraiman Alejandra Martínez
Alumna
De Marco, Paula V. LU. 295910510

THE READER
Sinopsis
Michael Berg, de 15 años de edad, se siente descompuesto camino a su casa en Berlin, Alemania. Hanna Schmitz, una mujer de 36 años, lo encuentra y lo asiste: le limpia la cara y lo acompaña hasta las cercanías del lugar donde Michael vive con la familia. Él cae enfermo de escarlatina. Un tiempo después, ya recuperado, se acerca a la vivienda de Hanna con un ramo de flores para agradecer su ayuda durante aquella tarde de lluvia. Corría el año 1943 cuando comenzaron una relación amorosa.
El trabajo de Hanna hasta el momento era de cobradora de billetes en un tranvía de la fábrica Siemens. Mantenía con Michael una relación física, que emocionalmente podría considerarse distante. En una discusión llega a decir a Michael “no importas tanto como para molestarme”. Sin embargo expresa que le gusta que Michael le lea en voz alta y él lo hace. Hasta ese momento el muchacho dice haber pensado que no era bueno en nada. Cada vez que se ven él le lee, convirtiéndose esto en una especie de ritual de la pareja.
Hanna recibe, con preocupación (a juzgar por su expresión facial), la noticia de que por su “excelente trabajo” será ascendida hacia la oficina. Al día siguiente Michael cumple años, y parece esperar algo de Hanna que no se agota en tener relaciones sexuales y leer libros. Pero a la actitud distante habitual de ella se ha sumado una inquietud, de la que todavía no se sabe la causa, y que de alguna manera no le permite salir de su intranquilidad. Discuten. Él parece reclamarle afecto y cercanía (“nunca te molestas en preguntar cómo estoy”). El muchacho exclama: "¡siempre soy yo quien tiene que disculparse!”. Hanna responde "¡no tienes que disculparte, nadie tiene que disculparse!". A continuación ella lo baña.
Bañarse juntos era otra actividad (junto con la de leer libros) que la pareja solía repetir con frecuencia. Pero en este caso puntual, después de la disputa, con esponja en mano ella lo baña a él. Se mantiene fuera de la bañera. Después de eso él la besa, ella llora y hacen el amor (mientras tanto ella se ve angustiada).
Por sugerencia de Hanna, Michael se retira de la casa para asistir a la fiesta de cumpleaños que sus amigos le habían preparado. Estando allí, algo parece tenerlo intranquilo. Regresa al departamento de Hanna y nota con desconcierto que no está allí, como tampoco sus pertenencias. Hanna ha desaparecido. Esto destroza los sentimientos de Michael quien aparentemente retorna a su casa después de días con un aspecto deplorable. Allí encuentra a su familia almorzando. Su padre pide que se le traiga algo de comer y afirma: “creo que todos sabíamos que a la larga volverías a nosotros”. La madre intenta acariciar su pelo, pero Michael sin siquiera mirarla corre el rostro… algo parece haber cambiado en su interior.
Ocho años después Michael se encuentra estudiando derecho en la universidad. Por invitación de un profesor comienza a asistir a los juicios por los crímenes nazis. La propuesta es analizar no si los crímenes estuvieron mal sino si fueron legales en el contexto en que se llevaron a cabo. Atónito Michael tropieza con que Hanna es una de las acusadas junto con otras 5 mujeres.
Hanna no había aceptado el ascenso en la oficina que le ofrecieron en 1943, en cambio, decidió reclutarse en las SS como guardia. En 1944 trabajó en Auschwitz y luego la trasladaron a un campo cerca de Carcovia donde ayudaba a trasladar prisioneros.
El resto de las acusadas negaban haber sido parte del proceso de selección de prisioneras que luego serían aniquiladas. Hanna admitió haberlo hecho explicando que cada una de las 6 guardias elegía 10 prisioneras. Esto ocurría todos los meses, “las viejas debían hacer espacio para las nuevas”. Ella indica que este era su trabajo, lo que había que hacer, e incluso pregunta al juez qué hubiera hecho él en su lugar.
Llana Mather, quien escribió un libro narrando la experiencia, y su madre sobrevivieron. Llana confirma aquello de que las guardias elegían prisioneras pero agregando un dato: “Hanna Schmitz lo hacía de otro modo”: las recibía dando lugar para dormir y comida, especialmente a las jóvenes (que parecían ser sus preferidas) y luego hacía que esas mujeres le leyeran. Elegía a las débiles y enfermas, parecía protegerlas pero después las despachaba. Vemos como Hanna es capaz de cuidar, pero también de matar acatando órdenes.
El juez menciona particularmente una noche en la que en la Iglesia donde se alojaban 300 prisioneras hubo un bombardeo. A causa de esto la edificación comenzó a incendiarse. Todas intentaron huir pero las puertas habían sido cerradas. Ninguna de las guardias fue a abrirlas aunque todas las prisioneras fueran a morir quemadas. Sólo Llana y su madre sobrevivieron.
Ya habiendo presenciado varias sesiones del juicio los alumnos debaten. Michael manifiesta intentar entender lo ocurrido, pero no todos acompañan esta postura: “todo el mundo lo sabía”, por lo tanto, todos eran culpables.
Durante el juicio se pregunta a las acusadas porqué no abrieron las puertas de la Iglesia. El juez no recibe respuesta. Presenta un escrito que supuestamente fue firmado por todas las guardias. El documento es la prueba de que ellas estuvieron al tanto de lo que ocurría esa noche. Ante la insistencia del juez Hanna explica que no podían abrir las puertas porque eran las guardias y su trabajo, por lo tanto, consistía en no dejar escapar a las prisioneras. “¡Eramos responsables de ellas!” exclama Hanna en medio de su discurso. Entonces el juez concluye que entonces tomaron una decisión: no dejar escapar a las prisioneras.
El resto de las guardias incriminan a Hanna de ser líder del grupo y de redactar el documento anteriormente mencionado por el juez. Ella lo niega rotundamente afirmando que todas lo escribieron. Es entonces cuando el juez pide que escriba algo en un papel para corroborar si se trataba de la misma letra.
Una serie de recuerdos invaden en ese momento la mente de Michael quien concluye que Hanna no sabe leer ni escribir. Pero Hanna se rehúsa a defenderse manifestando esta verdad. El secreto de su analfabetismo es más vergonzoso que un asesinato. (Ahora sabemos el porqué de su preocupación ante el ofrecimiento del puesto en la oficina de Siemens y su posterior desaparición de la vida de Michael).
El joven Michael, inquieto y turbado, debe decidir si revelará o no un secreto decisivo para la condena de Hanna Schmitz. Busca el asesoramiento de su profesor, alegando tener información que favorece a una de las acusadas lo que traería consecuencias directas sobre su tiempo de condena. “Tienes la obligación moral de revelarlo a la corte” advierte el profesor, y también afirma: "Lo que sentimos no es importante (...) La única cuestión es lo que hacemos”. A pesar de esto, Michael no revela la verdad, tampoco puede hablar con Hanna. Calla. Guarda el secreto.
Todas las guardias son declaradas culpables del homicidio de las 300 prisioneras, pero a diferencia del resto, que reciben una condena de 4 años y 3 meses de prisión, Hanna a causa por su confesión y rol especial, es sentenciada a cadena perpetua. Él llora amargamente.
Siendo ya un adulto Michael se casa y tiene una hija, Julia. Luego se divorció, algo de lo que el espectador se anoticia por una visita que él y Julia hacen a su madre. La mujer, que a duras penas acepta el ver tan poco a su nieta, recibe la noticia sorprendida de que él fuera a compartir esto con ella pero no asistiera el funeral de su padre.
Durante el período que Hanna permanece en la cárcel y luego de la separación de Michael, los protagonistas se mantienen en contacto. Michael graba las lecturas de distintos libros en cassettes y se los envía a Hanna. En cierto momento, ella comienza a pedir los libros que Michael graba en la biblioteca e intenta leerlos ayudándose de la escucha de las cintas. Finalmente aprende a leer y escribir, y envía la primer nota manuscrita a Michael, quien parece recibirla muy sorprendido. Él comienza a almacenar sus cartas pero no responde ninguna de ellas. Sin embargo, sigue enviándole grabaciones.
Siendo algo mayor Julia había viajado a París buscando irse “lejos”. Se reencuentra con su padre quien considera que ella se fue “Lejos de sus padres”, y reconoce que él “era difícil” y que no siempre fue abierto con ella (ni con nadie). Michael parece encontrar en su propio distanciamiento las causas del de Julia. La muchacha, conmovida, le confiesa que siempre creyó que su padre se comportaba así por su culpa.
Michael es informado por personal de la prisión acerca de que prontamente Hanna será puesta en libertad. Él es la única persona con quien ella tuvo algún contacto a lo largo de estos años. Se le pide que se responsabilice por ella y la ayude a reinsertarse al mundo moderno.
Michael va a visitar a la ya anciana Hanna a la cárcel. Le promete un trabajo con un amigo sastre y una vivienda. Ella se muestra alegre y agradecida. Cuando es interpelada por Michael acerca de si pensó en el pasado y qué siente Hanna responde: “No importa lo que sienta. No importa lo que piense. Los muertos siguen muertos”. Michael creyó que ella aprendería algo. Hanna dice haber aprendido a leer.
Luego del reencuentro, en su calabozo y haciendo pie sobre los libros, Hanna se suicida. No sin antes escribir un testamento en el que manifiesta su voluntad de dejar un dinero a Michael para que entregara “a la hija que sobrevivió al incendio”, para que ella decida qué hacer con él. Este último deseo de Hanna lleva a Michael a Estados Unidos.
Llana Mather no demostró demasiado interés en saber de Hanna: para la mujer nada explicaría su comportamiento. Es la primera vez que Michael Berg habla con alguien de su relación amorosa con Hanna: “tenía casi 16 años cuando me enredé con ella. El romance sólo duró un verano. Pero…”. Llana lee algo, no sabemos qué, en ese silencio que corta la frase de Michael.
Ella afirma que en los campos nada se podía aprender y que no vaya a los campos para sentirse mejor ni para lavar las culpas de Hanna.
Michael informa a Llana de la última voluntad de Hanna y le entrega una lata que contiene el dinero. La Sra. Mather no necesita ese dinero, pero posa su atención en la lata ya que ella tenía una igual cuando era pequeña, donde guardaba cosas a las que atribuía valor sentimental. Decide conservarla. En cuanto al dinero, ella no quiere usarlo en nada ligado a la exterminación de judíos pues lo sentiría como una absolución y no es lo que desea. Entonces Michael le propone donarlo a una organización que fomente la alfabetización. Llana Mather acepta ofrecerla a alguna organización judía.
La película finaliza cuando, en Enero de 1995, Michael lleva a su hija Julia a un lugar, donde había ido a pasar unos días (durante aquel verano) con Hanna. Allí había una Iglesia donde antiguamente cantaba un coro. Escucharlo había sido muy conmovedor para Hanna. Ese era el lugar donde Michael la había hecho enterrar.
Frente a la tumba Julia pregunta quién es Hana Schmidtz. Su padre explica que para contárselo es que la llevó hasta ahí y dice lo siguiente: “Yo tenía 15 años. Iba regresando a casa de la escuela. Me sentía mal. Y una mujer me ayudó.”, convirtiéndose estas, en las últimas frases de la película.

EL CIRCUITO DE LA RESPONSABILIDAD SUBJETIVA
Tiempo 1: leer y disculparse. Tiempo 2: vergüenza.

“Irresponsable es el niño, o el insano, o el “obediente” (…) o todo aquel sometido a algún Otro, sea bajo la forma del azar, las determinaciones del destino o la autoridad” .

El sujeto del inconsciente es aquel que desconoce algo de sí mismo y que no es dueño de su intención. A partir de este sujeto se configura la responsabilidad subjetiva. Ésta se distingue de la responsabilidad jurídica, una de las formas que toma la responsabilidad moral.
La responsabilidad subjetiva no tiene que ver con lo moralmente correcto o lo socialmente compartido.
Freud nos invita a encontrar la verdad que se esconde detrás de los dichos del sujeto, aquello de lo que no puede dar cuenta ese yo que se pretende autónomo y señor de su voluntad. Responsabiliza al sujeto de aquello que este no reconoce como propio.
A continuación detallaré el recorte escogido para dar cuenta del circuito de la responsabilidad subjetiva recorrido por Michael Berg.
Es posible establecer un tiempo 1 en el que, durante el período en que transcurrió la particular relación amorosa entre los protagonistas, mantienen aquella discusión en la que él expresa: "siempre soy yo quien tiene que disculparse" (a lo que ella le responde "no tienes que disculparte, nadie tiene que disculparse").
Vemos en este primer tiempo que la acción que se lleva a cabo, la manifestación verbal de Michael, ocurre “en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada” .
Recordemos que esto acontece en el momento previo a la intempestiva partida de Hanna
El tiempo 1 es confrontado con uno posterior en el que se hace visible la “incompletud del universo previo” . El tiempo 2 transcurre cuando el azar obra lo inesperado, ambos personajes son reunidos en el juicio. Michael logra arribar a la conclusión de que Hanna pedía ser leída porque era analfabeta, cosa que nunca revelará a causa de la vergüenza que su condición le provoca.
El muchacho se interpela respecto a si debe dar parte de su saber a alguien vinculado con el juicio o callar para no avergonzar a Hanna. Finalmente, el joven Michael, el aún “kid”, calla.
Hipótesis clínica

“Justamente allí, donde el neurótico podría declararse irresponsable, Freud lo hace responsable de un deseo. Deseo que viene del Otro como demanda ante la cual el sujeto se somete. Se somete al mandato superyoico para liberarse de la culpa” .

Según la Real Academia Española la palabra disculpa está compuesta por un prefijo dis, que indica la negación de un término posterior, en este caso culpa. Una disculpa es, por definición, una razón que se aporta para excusar una culpa. Disculparse entonces, tiene que ver con pedir indulgencia.
Disculparse es necesario para mantener vínculos emocionales estrechos. Solo a mayor distancia disminuirán los impactos y por lo tanto, menor será la necesidad de disculparse.
En el segundo tiempo Michael no reveló que Hanna no sabía leer ni escribir para evitar hacer algo que la avergüence. Tampoco buscó hablarle en un intento de que ella misma confesara la verdad detrás de la verdad.
El juicio fue una oportunidad de reencuentro para Michael, aún sin que hablaran y sin que sepamos si ella lo notó presente allí. Poner a la luz el secreto del analfabetismo, podría implicar serios riesgos de volver a perderla, tal vez en este caso (por el peso que esta condición le significaba a Hanna) para siempre.
A la frase "¡Siempre soy yo quien tiene que disculparse!" (del tiempo 1) podríamos agregar: si no hago nada que te moleste ya estoy disculpado de antemano. Aquella vez en que sí hablé, te fuiste, entonces esta vez no voy a decir nada.
Además, para vos “¡nadie tiene que disculparse!”. Si para ser disculpado debo presentar razones y a vos las razones no te interesan, no hay modo de que sea disculpado si revelo tu secreto.
Michael es una persona que sí reconoce la necesidad de disculparse (por algo lo venía haciendo hasta la discusión del tiempo 1), pero descubrió que ante alguien como Hanna, a quien él amaba, no servía. Para ella lo hecho, hecho está: “No importa lo que sienta. No importa lo que piense. Los muertos siguen muertos”. Calló entonces, y así sostuvo el deseo del Otro, ocultar lo único que Hanna sí reconocía como objetable: ser analfabeta.
Estas acciones, que van más allá de la voluntad consciente de Michael, fueron una forma de sujetarse a Hanna aunque más no sea conservando una relación al estilo de ella, sin disculpas, un vínculo paradójicamente separado por rejas, distante (como los que luego repetiría: con una compañera en la universidad, con su madre, con su esposa y hasta cierto momento con su hija).

¿El surgimiento de un nuevo sujeto?

“Si la gente como tú no aprende de lo que le pasó a gente como yo, entonces, ¿qué caso tiene todo?" .

La culpa es aquello que lleva a responder por un daño por el que hay que pagar. Contraer culpa implica contraer una deuda. Y “estar en deuda ob-liga a re-spondere, es decir, pagar la deuda” .
El tiempo 3 es aquel en el que se verifica la responsabilidad subjetiva. Debe darse una toma de decisión en la que se produzca un $. Se trata del sujeto de la renuncia “que puede sustraerse a dormir en los signos de un guión ajeno creyéndolo propio” .
Inicialmente consideré como posible tercer momento, de este circuito de la responsabilidad, aquel que acontece cuando Hanna está próxima a salir de prisión. Michael, por ser la única persona de quien ella ha recibido correspondencia, es convocado a ayudarla en su reinserción al mundo exterior después de 20 años. Siendo llamado a “hacerse responsable”, acepta el compromiso planteado: se reencuentra personalmente con Hanna (quien aún lo llama “kid”), ofreciéndole la posibilidad de tener una casa y un trabajo.
Vemos a un Michael que actúa, que da una respuesta. Hasta aquí podría pensar que ha surgido un nuevo sujeto, diferente al del tiempo 2. Un sujeto responsable porque da respuesta.
Sin embargo me pregunto, ¿a qué deseo corresponden las acciones llevadas adelante por Michael? ¿Es este el sujeto que se anima a no ser disculpado por Hanna?
El sujeto del tiempo 2 elige callar motorizado por el deseo de Hanna de ocultar su secreto. ¿Ha surgido aquí un sujeto que no calla? Y si no calla, como cuando la interpela para ver si aprendió algo de los campos de concentración, ¿lo que hace y dice (o no dice) da cuenta del advenimiento de un nuevo sujeto?
Michael elige brindar algo que cubre una falta de Hanna (trabajo, vivienda). Pero ¿esta es la respuesta que lo convierte en un nuevo sujeto responsable, no desde la mirada de Hanna o desde la del personal de prisión que lo contacta, sino ante su propia creencia de que sí es importante disculparse?
Cabe considerar algo que no creo sea un detalle: el trabajo que Michael ofrece no es en una oficina sino con un amigo sastre. Es que aunque Hanna ya no es analfabeta es posible que Michael imagine el hecho de que ella aún prefiera que le lean, tal como afirma cuando es visitada por él.
Hanna aprendió a leer gracias a las grabaciones que Michael le enviaba. ¿Cómo asegurarse de que Michael, inconscientemente, no buscaba que esto suceda? Y por lo tanto, ¿cómo saber que esta no fue, nuevamente, una forma de seguir dando soporte al secreto de Hanna para no volver a perderla? y por lo tanto, ¿este es el nuevo sujeto del tiempo 3 o sigue siendo un sujeto alienado en el deseo del Otro y la culpa?
Michael le ofrece algo que daría cuenta de una nueva falta (de trabajo y vivienda) de Hanna, ¡pero sabemos que lo único que Hanna reconoce como falta es otra cosa! Entonces, ¿está Michael enfrentando esta situación por fuera del temor a perder definitivamente el contacto con ella avergonzándola?
“La culpa, (…), subraya un “déficit” de Sujeto, la responsabilidad, un “superávit” de Sujeto. Superávit que (…) podrá anularse, en general deviniendo culpa (…). Anulando así imaginariamente lo real del acto, real que puede convocar la sorpresa e incluso la angustia, pero no primariamente la culpa.” . ¿En qué posición se encuentra Michael?
Michael no se disculpó y no se hizo responsable de su deseo de estar verdaderamente cerca de Hanna, por ejemplo haciendo algo para que disminuyera su tiempo de condena, o hablando con ella para intentar convencerla de que diga la verdad. Por temor, se conformó con casarse con otra de la que separó y luego enviar a Hanna unas cintas., manteniendo una relación a distancia.
¿Será correcto pensar que Michael recién deja de ser el “kid” que solo puede dar cuenta del deseo de Otro, al final de la película, en la escena que comparte con su hija Julia? Allí, parece manifestar el deseo acercarse, de abrirse a dar una explicación por su distancia, comunicando en lugar de callar, buscando compartir la historia que lo mantuvo como “ido” por años. Este posible $, a diferencia del que se encuentra con Llana Mather que todavía habla del deseo de Hanna, busca comenzar a escribir una nueva historia. Una historia que implique acortar la distancia, en ese caso en particular, con su hija.
Al parecer este sujeto busca volver a disculparse, liberarse del peso de la culpa asumiéndose limitado frente a Julia, para poder hacer algo nuevo. Tal vez este sí sea el sujeto “que está dispuesto a quebrar el último de los horizontes que aún permanecía intacto y abrir con decisión la puerta de la incertidumbre” .

Bibliografía:
Módulos IV y V de la bibliografía propuesta por la asignatura. Específicamente fueron citados los siguientes textos:

• Salomone G.Z., Dominguez M. E.: La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Fariña, J.J.M.: The Truman Show. Versión resumida de la clase dictada en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNLZ, 08/11/1999.
• Fariña, J.J.M.: Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Ariel, A.: La Responsabilidad ante el Aborto, Clase teórica dictada el 16/06/2001.
• Diccionario de la Real Academia Española.



NOTAS

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