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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

FACULTAD DE PSICOLOGIA

CATEDRA I: “PSICOLOGIA, ETICA Y DERECHOS HUMANOS”

TITULAR: JUAN JORGE MICHEL FARIÑA

DOCENTE: FERNANDO PEREZ FERRETTI

SEGUNDA EVALUACIÓN

“LECTURAS DE UN MONO-LINGÜISTA”

COMISIÓN: 01

ALUMNAS
• Casabella, Florencia Laura L.U.: 338777430
• Seilicovich, Cynthia Gabriela L.U: 337087660

Curso de Verano – Año 2012
Fabulancias
Lucila Di Benedetto
Si uno camina despacio por la calle Z del pueblo de Y en X, es posible que se cruce con Chiquijiro. Chiquijiro es un mono que aprendió a hablar, pero únicamente para decirle a la gente su epitafio.
Una señora gorda y aburguesada pasó una vez y se encontró con el mono. Quiso acariciarle la cabeza mientras decía “Qué lindo monito, qué maravilla ese monito”. El mono esquivaba. Después la miró de arriba a abajo y le dijo “Aquí yace la Sra. S., amante mediocre sólo para su marido”. Ella lo corrió indignada, pero Chiquijiro trepó rápidamente a un árbol hasta que la Sra. S se cansó y se fue.
Otra vez se cruzó en su camino el accionista multimillonario del pueblo, el Sr. Gaspar A. López de Alaña. El mono, que comía una mandarina putrefacta sentado en un barril de madera, se acercó. El Sr López de Alaña, desde su podio imaginario, lo miró despectivamente. Chiquijiro le ofreció un pedazo de su manjar terroso, y ante la negativa del adinerado le dijo “Aquí yace el hombre de la bolsa, Q.E.P.D”.
Un día pasó un borracho. Chiquijiro intentó primero arrebatarle la botella de ron, pero cuando lo logró y pudo notar lo barato del brebaje, se limitó a profesar: “Haga el favor y riegue mi tierra con aguardiente”. El borracho largó una risotada hiposa y dio unas palmaditas en la cabeza del mono antes de retomar el zigzagueo.
Cuando Chiquijiro se encontró con el poeta chabacano, el poeta lo miró y le acarició la cabeza diciendo “Oh, mi adorable involuto darwiniano, cuadrúmano visionario del porvenir, dime, fiel amigo, lo que podrá leerse en mi arcana tumba cuando ya no deambule entre los pueblerinos más que en espíritu, dejando atrás este efímero contorno humano”. El mono, que en esa ocasión jugaba a dar vuelta su labio superior, le dijo: “Les gusta cuando callo, porque estoy como ausente”. El poeta lagrimeó con vulgaridad.
Una tarde pasó Cortázar. “Buenas salenas, primate”. El mono no contestó; lo miró con firmeza desde los párpados arrugados. “¿Mi epitafio, che?”. Silencio... Cortázar se aburrió y se fue. Chiquijiro suspendió la práctica de ese día en adelante, nunca antes había enfrentado la inmortalidad.
Consigna

- Elija un film, un texto literario o alguna otra producción narrativa en la que se despliegue y pueda ser recortada una singularidad en situación.
- En ese recorte, escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre.
- Analícela ubicando sus coordenadas en los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad y explicitando la hipótesis clínica que establezca respecto de qué debe responder el sujeto, en términos de responsabilidad subjetiva.
- Incluya las referencias relativas a las categorías de necesidad y azar, así como a las de culpa y responsabilidad.
- Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente– el efecto particularista.

Lecturas de un mono-lingüista

La producción narrativa seleccionada fue “Fabulancias”, un cuento escrito por Lucila Di Benedetto. La historia relata la vida de Chiquijiro, un mono que habla pero sólo para decir a la gente sus epitafios. En cierta instancia del relato, dicho personaje se confronta con otro que le pide que enuncie su epitafio. A partir de ese encuentro, el mono suspende su práctica.
El motivo por el cual elegimos este cuento fue porque nos resultó interesante trabajar la producción narrativa de una autora no conocida popularmente y cuyo título constituye un neologismo (en el sentido de una palabra nueva para el diccionario de la lengua castellana) que replica el estilo singular de un escritor argentino mencionado en el relato.
Sin perder de vista que Chiquijiro es un mono y que los monos no hablan, tomaremos a ese personaje como una metáfora humana para poder desarrollar el análisis en cuestión.
Para comenzar, diríamos que hay un tiempo 1 del circuito de la responsabilidad que se inicia cuando el personaje lleva adelante una acción, una conducta con determinados fines, con el supuesto de que la misma se agotará en los objetivos para los cuales fue concebida. En el cuento este tiempo 1 lo ubicaríamos en el momento en que Chiquijiro habla pero sólo para decirle a la gente su epitafio. Ahora bien, ¿cuál es la finalidad de la acción que pretende llevar a cabo? Chiquijiro no sólo enuncia los epitafios de la gente sino que además hace de ese enunciado una “monería”, una burla de los personajes.
En un principio, la señora aburguesada del pueblo acaricia la cabeza del mono en un acto afectivo, del cual Chiquijiro se burla momentos después nombrándola en su epitafio como una “amante mediocre”. Cuando se acerca el accionista multimillonario “en su podio imaginario”, Chiquijiro lo ridiculiza “hundiéndolo bajo tierra”.
¿Qué sucede el día en que pasa un borracho? Profesa su epitafio burlándose de lo miserable del único objeto que puede sacarle. Finalmente, un poeta mediocre se acerca a pedir su epitafio con una excesiva verbosidad, de la cual Chiquijiro se burla llamándolo al silencio y convocando su ausencia.
Un día pasa Cortázar y le pide su epitafio. Sin embargo, ante este pedido, Chiquijiro no se burla, no contesta y suspende su práctica.
Cuando sucede algo únicamente por Necesidad y/o Azar se excluye la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Son dos categorías lógico/formales que permiten pensar que los sujetos no somos totalmente responsables de lo que ocurre, dado que existen situaciones en las que tanto el azar como la necesidad determinan las coordenadas de los hechos. Es decir, si todo aparece como necesariamente establecido no habría lugar para la decisión, es aquello que opera situacionalmente y que no se puede cambiar, del orden de lo forzoso, de lo inexorable. Por otra parte, si todo resultase un producto del azar la acción del hombre no tendría injerencia sobre las situaciones ya que rige la casualidad, lo accidental, lo contingente, lo fortuito. La responsabilidad subjetiva se instala en la grieta entre necesidad y azar.
En el caso del cuento, si consideramos que la Necesidad es la que establece una conexión entre causa y efecto, podríamos ubicarla en el punto en que Cortázar le hace a Chiquijiro la pregunta sobre su epitafio. El orden de la Necesidad que establece la causa de dicha pregunta, es el hecho de que Chiquijiro habla pero sólo para decir a la gente su epitafio.
El azar, por su parte, se ubicaría en el encuentro contingente del mono con Cortázar, aún tratándose de que este último haya ido en busca de su epitafio. Para Chiquijiro este cruce es del orden de lo inesperado.
La grieta que se produce entre estas dos categorías (el hecho de que Chiquijiro no responde a la pregunta de Cortázar) nos interroga respecto de la responsabilidad del personaje.
El tiempo 2 del circuito de la responsabilidad podría ubicarse, no en el encuentro azaroso de Chiquijiro con Cortázar, ni en la pregunta necesaria de éste último por su epitafio. Ahora bien, ¿qué es lo que lo interpela? Cortázar dice: “Buenas salenas, primate” y el mono no contesta.
Éste es el tiempo que implica la puesta en marcha del circuito de la responsabilidad, donde se ubica el elemento disonante (“buenas salenas” ) que lo interpela, que obliga al sujeto a responder acerca de esa disonancia. Las “buenas salenas” producen un quiebre de sentido por el hecho de que Chiquijiro desconoce dicha expresión que lo interpela a la producción de un chiste, según el tiempo 1.
Las “buenas salenas” son una expresión creativa del escritor que interpelan a Chiquijiro sobre su posición de monolingüista en un tiempo anterior: no sólo por el hecho de que habla un solo idioma, podríamos decir, el castellano, sino que además es un mono lingüista (en el sentido de que es un mono que habla) pero sólo para hacer de su lengua un uso particular: la burla.
Ante la interpelación que suscita este encuentro, Chiquijiro responde con una de las figuras de la culpa, taponando lo que la interpelación abre: la vía de la responsabilidad subjetiva.
¿Qué pasa a partir de ese día? Chiquijiro suspende su práctica bajo la excusa de no haber enfrentado nunca antes la inmortalidad. Ahora bien, eso no explicaría la mudez que este confrontamiento suscita puesto que si de algo habla Chiquijiro, es de la muerte. Es aquí donde se hace indispensable no comprender el silencio de Chiquijiro como efecto de ese encuentro con un inmortal.
Esta respuesta a la interpelación del tiempo 2 se ubicaría como un silencio resistencial, en el sentido de una negación a ligar esa singularidad en situación, ese elemento disonante, a lo universal. Es esto lo que hace de la práctica de Chiquijiro un particularismo, puesto que el mismo no admite la singularidad en situación. En ese silencio resistencial, niega el término “buenas salenas” porque constituye un sin-sentido, no cabe en el universo de Chiquijiro, quien pretende hacer de una regla particular del uso de la lengua, una ley del todo: la burla.
Con lo que verdaderamente Chiquijiro se confronta es con el hecho de que no puede burlarse del término que lo interpela.
La hipótesis clínica que recorre el presente trabajo puede ser formulada de la siguiente manera: Chiquijiro no responde al término que lo interpela en un segundo tiempo por el hecho de que hace de la burla la regla por excelencia que rige todo el uso de la lengua. De este modo, no asume la responsabilidad de sus acciones, cerrando toda posible emergencia de una singularidad.

Para finalizar, quisiéramos hacer un último comentario: la respuesta de Chiquijiro no se constituye como un acto ético precisamente porque rechaza la singularidad. Tal vez habríamos podido hablar de un acto ético si, por ejemplo, Chiquijiro hubiese hablado para decir que no sabía qué decir, o si hubiese preguntado por la significación de ese nuevo término, quebrando de este modo el horizonte de lo particular de su lengua: la burla como la única regla. Sin embargo, es porque rechaza la singularidad que su accionar se corresponde con lo moral de lo particular.

Referencias bibliográficas

• D’Amore, O. (2006): Responsabilidad Subjetiva y Culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva
• Domínguez, M. E.: El cortocircuito de la responsabilidad. Ficha de cátedra
• Gutiérrez, C.: Responsabilidad jurídica y subjetiva. Ficha de cátedra
• Michel Fariña, J. (1998): Lo Universal-Singular como horizonte de la ética. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires
• Michel Fariña, J.J.: Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de cátedra
• Mosca, J.C. (1998): Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires
• Salomone, G.; Domínguez, M.A. y col. (2006): El Sujeto Autónomo y la responsabilidad. En La Transmisión de la Ética: Clínica y Deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva
• Salomone, G. Z. (2006): El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva



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