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Etica y Cine

por 

Segunda evaluación parcial de
Psicología, Ética y Derechos Humanos

Lublinsky, Luis Darío
Saad, Maricel
L.U. 92755862/0 L.U. 34321380/0
Comisión Nº2

Ayudante de Trabajos Prácticos: Fernando Pérez Ferretti

Profesor Titular Regular: Juan Michel Fariña

Curso de Verano 2011
El presente trabajo busca emplear el concepto de responsabilidad subjetiva para analizar cómo se manifiesta el circuito de la responsabilidad en el protagonista de la película “El Maquinista”, dirigida por Brad Anderson y estrenada en el 2004.

Breve relato de la película

El film comienza con la imagen de un hombre, Trevor Resnik, cuasi desnutrido mirando su reflejo en el espejo y detrás de él un cartelito con una pregunta: "¿Quién eres?". Sin embargo esta imagen y esa pregunta que logra interpelar al sujeto pertenece, si bien aparece en el comienzo del film, a lo que cronológicamente le sucede último al personaje de Trevor.

Trevor Resnik, el protagonista del film, aparece como un hombre débil y derruido físicamente, gobernado por el insomnio que no lo deja dormir desde hace un año y que día a día va perdiendo el poco peso que tiene. Esta situación física, que de a poco también lo va deteriorando psíquicamente, es permanentemente remarcada por quienes lo conocen, dando a entender que este estado de Trevor no siempre fue así. Se evidencia que algo sucedió, un evento que marcó un antes y un después en la vida de este sujeto pero ni él ni nosotros como espectadores sabemos qué fue sino hasta el final de la película.

Trevor es maquinista en una fábrica de ambiente denso y algo tenebroso, donde comparte un galpón gigante con muchos compañeros de trabajo y un capataz que lo hostiga. Sus relaciones humanas por fuera de sus compañeros de trabajo parecen restringirse a la dueña de la pensión donde vive, a Stevie, una prostituta con la que empieza a entablar una relación cada vez más amorosa, y Mary, una mesera del bar del Aeropuerto con quien conversa muy a menudo, y a la que acompaña a llevar a su hijo Nicholas al parque de diversiones en el día de la madre.

El encuentro con Iván, un supuesto empleado temporal de la fábrica, introduce un quiebre en la cotidianeidad de Trevor. Es después de conocerlo que Trevor provoca un accidente que le cuesta un brazo a un compañero de trabajo. Distraído por un gesto que le hacía Iván, puso en marcha una máquina mientras su compañero la limpiaba. Éste incidente será el desencadenante de todo un conjunto de situaciones extrañas que nos hacen dudar del estado mental de Trevor y su contacto con la realidad, a la par que él se siente víctima de una conspiración que tiene cada vez más instigadores. Desde la investigación del accidente, en la que los directivos de la fábrica le comunican la inexistencia de alguien llamado Iván en la fábrica, hasta el descubrimiento de que el auto en el que veía a Iván estaba en realidad registrado a su nombre, a Trevor se le presentan numerosas situaciones que podrían interpelarlo, conmover sus certezas haciéndolo dudar de sus percepciones e interpretaciones, pero él continuamente desestima estas situaciones, considerándolas indicios de una persecución de la que está siendo objeto. Su afán por descubrir al responsable de la conspiración y a todos los implicados lo arrastra a un sinsentido que lo obliga a dejarse interpelar por aquella pregunta que aparece al comienzo, el “¿Quién eres?”.

Es en el final del film, entonces, cuando tanto él como nosotros descubrimos lo que realmente había estado pasando, y se nos revela el hecho que un año atrás desencadenó el estado delirante de Trevor: un accidente automovilístico en el cual él atropelló a un niño de unos ocho años, tras el cual decidió escapar sin prestar ningún tipo de ayuda a él ni a la madre a la que vio correr desesperada hacia su hijo. Vemos que todo lo ocurrido durante el film es producto de la imposibilidad de Trevor de procesar lo que había ocurrido, al punto de no recordarlo conscientemente, y construir en su lugar todo un sistema de alucinaciones e interpretaciones que le permitan desentenderse de su responsabilidad ante ello. Descubrimos entonces que ciertos personajes de la historia –Ivan, la mesera del aeropuerto y su hijo- constituían alucinaciones con las que Trevor encubría ante sí mismo la realidad de sus actos y sus consecuencias, así como la angustia que le provocarían. Tras revelarse todos estos hechos en su conciencia, Trevor decide entregarse a la justicia.

Análisis

En relación al circuito de la responsabilidad, ubicamos como “Tiempo 1” al momento en el que Trevor toma la decisión de escapar luego de atropellar accidentalmente al niño. El accidente en sí lo ubicamos dentro del terreno del azar, ya que fue producto de la casualidad el hecho de que en el momento de la distracción de Trevor el niño que cruzaba se agache para recoger un objeto del suelo. La imposibilidad de frenar en tan poco tiempo, debido a la inercia y la velocidad que llevaba el auto, lo ubicamos dentro del campo de la necesidad.

Por lo tanto es la decisión de escapar el acto a partir del cual podemos empezar a interrogarnos acerca de la responsabilidad del sujeto, ubicada en la grieta entre el azar y la necesidad. Esta decisión emprendida con determinados fines, en este caso escapar de la ley, veremos más adelante que traerá más consecuencias de las esperadas.

A lo largo de la historia, se le presentan al sujeto varias situaciones de una intensidad tal que serían capaces de interrogarlo, de enfrentarlo no sólo con aquel acto desestimado en su conciencia, sino con el significado íntimo que el acto de escapar tiene para con su historia singular, para con su deseo. Nos referimos a “Tiempos 2”, es decir, tiempos donde podría resquebrajarse el universo de significado construido por el sujeto y que podrían abrir la pregunta del “¿Quién eres?”, posibilitando la emergencia del sujeto de la responsabilidad.

Entre estas situaciones ubicamos el momento en que luego del accidente que costó un brazo a un compañero suyo, los directivos de la empresa informan a Trevor que Iván, el supuesto empleado nuevo que había conocido recientemente y que había provocado en él la distracción que ocasionó el accidente, no existía en realidad: no había nadie con ese nombre registrado en la empresa. Para Trevor, esta inquietante respuesta no representa una oportunidad para dudar acerca de sus percepciones, sino que es integrada a su ficción, bajo la forma de una de las figuras de la culpa: una formación sintomática. Se trata de un delirio persecutorio que a lo largo de la historia integrará todos aquellos elementos discordantes que podrían hacer tambalear sus certezas, encontrando sentido en una conspiración de la que él sería víctima. De la misma manera, cuando la mujer en quien más confiaba le señala que una foto donde él veía a Iván era en realidad una foto de sí mismo, reacciona negándolo sin siquiera ver la foto, ubicándola a ella también como parte de la conspiración sin poner en cuestión sus propias percepciones. En todas estas situaciones omite así responder a la interpelación de manera subjetivamente responsable, escapándose a través de las figuras de la culpa.

Entre todas las escenas, son las que involucran a la mesera Mary y a su hijo Nicholas las que más nos acercan a la singularidad de Trevor y a la significación de su acto. Tanto Mary como Nicholas y los momentos que pasó junto a ellos pertenecen a sus delirios alucinatorios. La elección de estos personajes que alucina no es azarosa, sino que tienen los rostros del niño que atropelló y su madre, mientras que al mismo tiempo están impregnados de características de su propia madre y de él mismo cuando niño.

En una de las escenas pertenecientes a las alucinaciones de Trevor, él se encuentra a solas con Nicholas, y le comenta que cuando él tenía su edad su padre los abandonó, dejándolo solo con su madre. Ese mismo día Mary le pide a Trevor que les tome una fotografía a ella y a su hijo. Esta imagen que retrata pertenece también a su infancia ya que más tarde Trevor encuentra una foto idéntica con él y su propia madre. Estas escenas, junto con otros detalles a lo largo de la película –por ejemplo, la supuesta casa de Mary tiene elementos comunes con la casa de su propia infancia- nos muestran que el personaje se encuentra identificado con Nicholas, así como identifica a Mary con su propia madre.

Con estos elementos, podríamos formular una hipótesis acerca del deseo que lo atravesaba al tomar la decisión del Tiempo 1. Consideramos que en la situación del accidente se resignifica una escena de su historia infantil: el momento en el que su padre los abandona a él y a su madre. Podríamos decir que Trevor carga con una culpa previa al accidente: la culpa del cumplimiento de los deseos incestuosos y de parricidio. Un chico de esa edad puede interpretar inconscientemente esa situación de abandono como el triunfo frente a la situación edípica que lo atraviesa. Este triunfo no es sin consecuencias, el cumplimiento del deseo acarrea la culpa estructural, y así nace la necesidad de castigo por parricidio-incesto.

Entonces vemos que en el accidente, por un lado, identificándose con el padre, se escapa igual que él realizando activamente lo que en su niñez sufrió pasivamente. Pero además esta decisión de escapar puede responder a un deseo de castigo, castigo que recibe el chico atropellado con el cual está identificado, chico que fue él en su momento, cuando, abandonado por su padre, se queda solo con su madre. De esta manera el niño accidentado recibe el castigo que merece él mismo por triunfar sobre el padre quedándose con la madre. El escaparse lo ratifica como asesino, encontrando así la posibilidad de ser castigado, de ligar a un nuevo acto la necesidad de castigo que viene del parricidio.

Si bien el acto de entregarse a la justicia, que sucede una vez que logra responder al “¿Quién eres?” con la palabra “Asesino”, recordando al fin aquel suceso rechazado de su conciencia, podría parecer un acto de asumir la responsabilidad, se trata una vez más de una figura de la culpa. El hecho de asumir la responsabilidad por sus actos en el sentido jurídico (dimensión particular) no garantiza la responsabilización subjetiva (dimensión universal-singular) por el deseo que lo llevó a esa situación. Se hace responsable del delito justamente para no responsabilizarse de su deseo, lo cual resulta al fin y al cabo otra forma más de taponar la responsabilidad subjetiva.

La persistencia de su amnesia se explica entonces, no sólo en referencia al terrible accidente que protagonizó y a su acto posterior, sino al entrecruzamiento con el cumplimiento de aquella moción de deseo infantil, y la culpa concomitante, actualizadas en esa escena. El recuperar la memoria del evento traumático ocurrido recientemente no va a implicar una posición de responsabilidad subjetiva a menos que pueda asumir la conexión del mismo con su historia singular y el deseo que lo atravesaba, sin refugiarse en las figuras de la culpa, que, como sabemos, constituyen el reverso de la responsabilidad.

BIBLIOGRAFÍA

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NOTAS

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