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Segundo Parcial
Recorte de material cinematográfico “El maquinista” (2004)
Dirección: Brad Anderson
Guión: Scott Kosar
Reparto: Christian Bale……………...Trevor Reznick
Jennifer Jason Leigh……...Stevie
Aitana Sánchez-Gijon…….Marie

Trevor Reznick es un maquinista empleado de National Machine que no puede conciliar el sueño hace ya un año. Su estado físico es de una creciente delgadez que no deja de llamar la atención. Trevor convive con ese insomnio e incluso se burla de su propia delgadez ante los demás, es decir, no crea le inconvenientes en su vida cotidiana, incluso es objeto de su propia medición objetivante a través de notas en la heladera con su peso actual. De su trabajo al aeropuerto constituye un viaje usual en el que se “duerme” mirando el café que le sirven. Sin embargo un accidente en su trabajo que le cuesta el brazo a su compañero Miller tiene como causa la distracción y el consecuente encendido de la fresadora por parte de Reznick. El incidente no es un evento más en su devenir sino que inscribe a la culpa como consecuencia desatando una serie repetitiva que interpela a Trevor en una incesante pregunta “¿Quién eres?”, la cual solo tendrá respuesta al final del film. Esta escena deja un resto, un enigma en el que se convierte aquella pregunta por el ser de Reznick, la conjunción extraña de las letras “ - - - - ER” (con cuatro espacios para colocar allí cuatro letras) interpelándolo en una escena cronológicamente anterior. En la misma, Reznick conduce su Viper afirmado en la certeza de su ser, identificado a emblemas del Rock n’ Roll y en su distracción por encender su cigarrillo cruza las luces rojas embistiendo a Nicholas, un niño que el azar cruzó en su camino. Horrorizado ante la escena de la madre acudiendo al cuerpo muerto de su hijo yaciendo en la calle, Trevor opta por escapar del escenario, dejando caer su lugar de allí. El accidente con Miller, junto con el resto enigmático que produce, se constituyen como un tiempo dos del circuito de la responsabilidad que resignifica aprés coup el escape del accidente anterior en el tiempo, que ahora se puntúa como tiempo uno, en el cual el sujeto en cuestión voluntariamente se resta de la escena creyendo que esa huida se agota en su propio fin. En estos términos, esa huida mortífera instala la creciente muerte en el insomnio de Trevor, del cual cierto despertar se producirá por el intento de hallar las letras adecuadas que completen la terminación “ER” y que respondan por su ser, sólo para volver a intentar conciliar el sueño.

En relación a la categoría de Necesidad, situada en el primer tiempo, se ubican las leyes físicas que rigen en el momento previo al choque y en el instante mismo en que se produce. El ímpetu definido como la masa del automóvil multiplicado por su velocidad es claramente mayor tanto a la masa del cuerpo del niño como a su velocidad cero del instante del choque. Necesariamente la colisión es mortífera bajo esas determinaciones físicas. En conexión con el segundo tiempo, en el accidente con Miller la fuerza de la máquina, sus filos de corte, la velocidad y revoluciones a la que gira la fresa se inscriben en la categoría de necesidad que condicionan el corte del brazo de Miller y su amputación. Respecto a la categoría de Azar, el accidente automovilístico es producto del encuentro en el tiempo y espacio entre los dos cuerpos, coordenadas azarosas que ubicaron a ambas partes en un mismo lugar y al mismo tiempo, deteniendo su paso en ese punto específico del cruce de la calle. En cuanto al accidente con Miller, la descompostura de la máquina y el turno laboral que ubicaba allí a Reznick, junto con el atasco de las ropas de Miller que lo lleva directo al filo constituyen hechos de azar. Sin embargo, la expresión consternada de Trevor en esta escena y su sorpresa van a ser los antecedentes de la culpa que comienza a manifestarse habiendo atribuido a la “distracción” la causa del error del accidente e instalada la pregunta acerca de lo que realmente hizo.
De aquí en adelante todos los intentos de completar aquel resto enigmático de palabra siguen un propósito de sutura de las disonancias que interpelan a Trevor. En estos términos, “tuckER”, su jefe, “mothER” y “millER” constituyen intentos de respuesta frente a lo que comienza a padecer pero en la modalidad de la culpa proyectada. En efecto, la consistencia de esas resoluciones del enigma brindan un sustento afirmante en el que el sujeto en cuestión es perseguido, acosado e invadido y ante lo cual nada lo obliga a responder más que con agresividad frente a esos otros. Estos intentos de recuperar el ser de la palabra-enigma, ubicados entre el primer y segundo tiempo, son efectos anestesiantes de la culpa produciendo un cierre del circuito de la responsabilidad en tanto que en su proceder no hay nada que lo obligue a retornar sobre la acción primera.
La formación sintomática puede, asimismo, ser entendida bajo términos homólogos. El insomnio, como saber sintomático, lo lleva a una eterna repetición del escape en el cual, hasta el momento del accidente con Miller, nada hace cuestionar su ser allí. Lejos de ello, su estado es objeto de la propia burla en donde la dimensión de la culpa es adormecida en sus continuos escapes al aeropuerto, donde paga su café con generosas propinas, y en el pago de los servicios ofrecidos por una mujer. Este saber, que instala un modo de hacer de Trevor, halla un único punto de retorno dado en el eje de lo particular.
Tanto la culpa proyectada y anestesiada como la formación sintomática dan cuenta del sujeto en la dimensión de lo moral, donde el sujeto está afirmado en su ser. La certeza de que un otro es la causa de sus tormentos y la certeza del saber acerca de cómo obtener placer, compañía y entretenimiento, comandan el escenario.
Estos modos de no querer saber frente a la inconsistencia del universo, ya desatada por “ER”, hallan un punto culminante en el término revelador “KILLER” que instaura un momento diferente. La vía tomada no es ahora la del aeropuerto sino la de la ciudad para responder por algo. En la comisaría, el relato ya no es ficcional sino que se trata de la verdad de una fuga en la que el sujeto está implicado desde otro lugar. El sentimiento de culpa aquí es particularmente manifiesto pero ante lo cual el ceder sintomático no puede hacer más que dormirlo, ahora literalmente.
Una memoria que no duerme instaló la repetición incesante que constantemente ha convocado al sujeto en cuestión bajo el llamado de la “distracción” y que no se reduce a los efectos de la respuesta a la que Trevor se precipita en tanto jurídica. El sentimiento de culpa que inscribe el término de asesino, y que ha permitido el retorno sobre la acción emprendida en el tiempo uno, abre la retroacción y con ella el circuito de la responsabilidad subjetiva. Dicha apertura, desplegada por el reconocimiento sobre Reznick como “KILLER”, permite ubicar en un plano diferente al horizonte de lo particular una posible hipótesis clínica.
Bajo el saber que el síntoma del insomnio produce, Trevor lleva a cabo acciones que en un principio parecerían no tener relación con el acto del escape emprendido en el Tiempo uno. Las mismas tienen que ver con su modalidad de relación con los otros, especialmente con el sexo femenino. En el aeropuerto, lugar al que escapa luego del trabajo, paga su café y pastel con una suma mucho mayor del valor real, dejando una generosa propina a la mesera (Marie) sosteniendo que le “paga por su entretenimiento”.
Asimismo, se sitúa la relación con la prostituta (Stevie) quien en más de una ocasión le presta “servicios” más allá de los sexuales por los cuales Reznick también decide pagar. Habiendo buscado en ella un soporte para su desmoronamiento, un oído y no su cuerpo como objeto de satisfacción, e incluso ante la decisión de abandonar la prostitución en pos de un proyecto juntos, Reznick decide seguir sosteniéndola como prostituta. En otras palabras, cuando la dimensión del amor comienza a emerger, la posición del sujeto es la de seguir pagando la distracción que le provee su compañía.
Por último, luego del accidente de trabajo, Trevor intenta “compensar” (en inglés, “repay”) su distracción causante del encendido de la fresadora.
Como hipótesis clínica puede sostenerse que el sujeto, en su modalidad de relación con los otros, siempre paga, y de más, las distracciones en las que está implicado, incluso cuando le piden que no lo haga. La compañía que, gustosa, le provee la mesera en su insomnio y el servicio que le brinda la prostituta ubican a Trevor como “el mejor cliente”. En este sentido la distracción con Miller convoca al sujeto en una dimensión de deuda, donde no puede compensar lo ya hecho y que resignifica en un tiempo anterior la distracción por la cual tampoco pagó en su escape del accidente con Nicholas. La inconsistencia del universo se revela aquí de modo esencial pues donde el sujeto es el mejor cliente, quien siempre paga y no deja deudas, los accidentes le revelan la situación de deuda en la que se encuentra, frente a la cual él no ha hecho más que escapar. En este plano, ya no de lo particular, el término “distracción” adquiere un nuevo sentido para dar cuenta ahora de un modo singular en el que Trevor se posiciona como sujeto. Ya no remite únicamente al sentido de “grado de atención/distracción que prestó” en su accionar respecto a ambos accidentes, sino a la metáfora singular por la cual “distracción” viene a significar un saber sobre la sexualidad. De allí, puede entenderse al síntoma en una nueva perspectiva, dada por el eje de lo universal-singular, ya no como mera consecuencia luego del escape del accidente sino como expresión del conflicto entre lo que el sujeto sabe sin saber, como garante de pago por sus distracciones, y la imposibilidad de pagar-compensar la muerte de Nicholas y lo provocado en Miller. Esta situación de inconsistencia entre el saber de sí y la impotencia de “no poder pagar” interpela al sujeto en aquel Tiempo uno, donde su fuga revela la deuda de no haber pagado por la muerte del niño. Los actos emprendidos luego se vislumbran, bajo esta hipótesis, como sustituciones por lo contrario que apuntan y anotan una memoria que retornó más allá de la voluntad del sujeto, de la cual el mismo se encontró lejos de ser su dueño exclusivo pero por la cual deberá responder en tanto garante de pago. El sujeto es responsable de lo que hizo con su adormecimiento al volante y su posterior fuga: se vuelve insomne y el mejor de los clientes, trastornos hacia lo opuesto, como mecanismos que taponan la dimensión del efecto sujeto.

Bibliografía consultada

-  D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
-  Freud, Sigmund, Obras Completas, Vol. XIV, Pulsiones y destinos de pulsión, pág. 122, Amorrortu Editores.
-  Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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