por 

Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

PSICOLOGÍA, ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS
TITULAR DE CÁTEDRA: FARIÑA, JUAN JORGE MICHEL

SEGUNDA EVALUACIÓN

2º CUATRIMESTRE 2010
Ayudante de Trabajos Prácticos: Levy Daniel, Gabriela
Comisión 6
Alumna: Lucía García Conde
L.U: 309269800

CONSIGNA DE EVALUACIÓN
1. Escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre. Justifique su elección.
2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.
3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.
4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.
5. Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente – el efecto particularista.
En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

EL MÉTODO
El film se sitúa en Madrid. Las calles de dicha ciudad se encuentran tomadas por una manifestación en contra del Banco Mundial y el FMI, y fuerzas de seguridad antidisturbios.
Siete aspirantes a un alto puesto ejecutivo se presentan a una prueba de selección de personal para una empresa, arribando por distintos medios a la oficina donde se realizará dicha prueba, en medio de grandes congestionamientos de tránsito causados por la protesta.
Los participantes se encuentran juntos en una sala a la que les ha conducido una secretaria, esperando a que de comienzo el proceso de selección. El mismo consiste en una serie de pruebas psicológicas con las que se pretende deducir cual de ellos posee el perfil que mejor encaja con el puesto. Serán ellos mismos quienes elijan a aquellas personas que sucesivamente con las pruebas deberán ir dejando el proceso de selección, hasta que el último se quede con el puesto.
En determinado momento de dicho proceso, Enrique, uno de los mencionados participantes, toma una decisión respecto de la cuál deberá responder luego.
En el siguiente trabajo realizaré un análisis que permita pensar si se puede hablar de responsabilidad subjetiva respecto de dicha decisión, para lo cuál desplegaré los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad.
Enrique en el proceso de selección es interpelado a responder por una decisión que tomó de contar a la secretaria de la empresa una información que le había comentado otro de los participantes. Este escenario es equiparable a la de Ibbieta, en tanto se le presenta una situación donde se ven afectados sus intereses de formar parte de la empresa y la “confidencialidad” frente a una información que le fuera dada en secreto por otro de los participantes. Es decir que, así como hicieron los falangistas con Ibbieta, Enrique se ve enfrentado a la decisión de elegir entre su “vida en la empresa” y delatar a un compañero.
Podríamos decir que resulta una situación análoga a la planteada por Lacan en términos de “la bolsa o la vida”. Sin embargo, la respuesta dada por Enrique difiere de la de Ibbieta, en tanto que el primero decide responder contando aquello que sabía del otro participante, sin ninguna “jugarreta”.
En determinado momento del proceso de selección Enrique queda con otro de los participantes, Ricardo, solos en la sala. Dialogan sobre la prueba, y comentan también sobre la manifestación que se lleva a cabo fuera. Así Ricardo comenta que está un poco nervioso por una información que “omitió” en los distintos formularios que debieron llenar, y que tiene miedo que la empresa se entere. Enrique pregunta por esta omisión, y Ricardo le comenta que en cierto momento de su vida había sido delegado sindical, detalle que no concuerda con el perfil de la empresa y del puesto al cuál se postula.
Siguen dialogando sobre la manifestación, entran discuten sobre los motivos de la misma, si están o no a favor, frente a lo cuál Enrique dice “con un traje de mil euros y protestando con el banco mundial? No lo creo...”. Ricardo lo llama un “equilibrista” diciéndole que no se pliega a la protesta, pero pide el día libre para una entrevista laboral, lo que le permite quedar bien tanto con los trabajadores como con los jefes. Enrique comienza a enojarse, intentando explicar su posición, dice que lo está haciendo quedar como un “chaquetero”
En medio de dicha discusión, entra la secretaria que se interesa por la conversación, pregunta si están a favor o en contra de la protesta, frente a lo cuál Enrique dice que “no, no, en una situación como la nuestra no podemos estar a favor” frente a lo que Ricardo le dice que antes había dicho lo contrario, que estaba cambiando su opinión. La discusión se va acalorando y en determinado momento Enrique le dice:
“No me metas en tu saco Ricardo, yo no soy un sindicalista” ante lo cuál se ríe nervioso mientras mira a la secretaria y dice: “No quería decir eso”
La secretaria le pregunta que es lo que no quiso decir, y luego de que Enrique dé algunas vueltas para responderle, le pregunta si sabe algo que la empresa no sabe y debería saber, y sostiene que la respuesta que dé habla de la lealtad que puede tener para con la empresa, y recuerda que mientras estén allí es la empresa la que pone las reglas.
Así, en esta situación Enrique decide responder a la pregunta de la secretaria, diciéndole que “Enrique en Argentina, trabajaba en una empresa estatal, y cuando la privatizaron se convirtió en un líder sindical y jodió completamente a la nueva directiva de la empresa... que seguro que era española además.” Lo hace con un gesto de satisfacción en el rostro, y énfasis en lo que dice. Es importante el modo en que lo dice, ya que delata cierta satisfacción, en el tono de voz y los gestos con los que acompaña el comentario.
Ricardo se levanta y se va de la sala. Enrique agrega “este tipo de gente no? Luego dicen de los estereotipos... no? Los argentinos...”
Podemos ubicar en este punto el Tiempo 1 del circuito de responsabilidad en tanto se caracteriza por una “acción determinada en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada.”
En este punto podemos pensar que Enrique tenía distintas opciones frente a la pregunta de la secretaria. Podría no haber respondido, decirle a la secretaria que él no sabía nada, inventar otra cosa, en fin, un sinnúmero de respuestas, y sin embargo decide contar la información que posee.
Así podríamos pensar que el objetivo de Enrique fue despegarse de las acusaciones de Ricardo, quedando bien con “la empresa”, siendo fiel a su “clase” ya que más de una vez repite que siendo ejecutivo uno no puede estar de acuerdo con dicha protesta, y quizás también eliminar un competidor.

A continuación Ricardo vuelve a entrar a la sala, juguetea con la cerradura de la puerta, le agradece a la secretaria que se levanta y le deja el lugar donde se encontraba sentada, le dice un piropo y se sienta frente a Enrique que lo mira atónito. Ricardo dice que él es “el topo”, el psicólogo de la empresa infiltrado en la prueba, lo mira y le pregunta a Enrique que opina sobre lo que ha pasado allí.
Podemos ubicar esta “entrada en escena” nuevamente de Ricardo como el Tiempo 2, que interpela a Enrique, más allá de que se haga explícita la pregunta por su acción, esta entrada que da cuenta de que Ricardo es parte de la empresa es lo que resignifica el accionar de responderle a la secretaria. Da cuenta de que algo de la acción del tiempo 1 fue más allá del objetivo.
En este punto, se podrían ubicar algunas tentativas de respuesta por parte de Enrique, pero sin embargo ninguna que nos dé a conocer algo del orden de la responsabilidad subjetiva. Entiendo que este tipo de respuestas, tal como lo señala D´amore vienen a obturar la dimensión singular, la dimensión ética, cerrando de esa manera el circuito. Podríamos decir que se constituyen como respuestas yoicas, en el orden de la moral, que “son tranquilizadoras en relación a otro tipo de respuestas que podrían hacerla sentir culpable”
“Desde el campo moral, la valoración de estas acciones tomará como referencia los valores compartidos socialmente, lo esperable o lo condenable en una situación determinada. Valores morales que, seguramente, el distraído compartirá y, de allí, que surja su incomodidad, y el sentimiento de ajenidad con respecto a su propia acción.”
Sin embargo no se trata de juzgar en términos de lo correcto o incorrecto, en términos morales la elección de Enrique, sino de poder ubicar si hay allí un acto, que abra el circuito a Tiempo 3 que convoque a la responsabilidad subjetiva.
Ricardo le pregunta si tiene algo que decir, y Enrique dice que “está de acuerdo, que no sabe lo que le ha pasado”. Podríamos pensar esta respuesta como una negación y una proyección de la responsabilidad, dice que se dejó llevar por el momento, mientras se ríe nervioso. Luego pide disculpas por su accionar, “por haberles hecho pasar ese mal momento” a los compañeros. Ricardo le dice que sigue sin saber que opina sobre lo que hizo, a lo que Enrique responde “¿sobre qué? ¿Perdón?”. Es decir que intenta negar el hecho de haberlo delatado, no se hace cargo de su accionar, pero tampoco puede responder por el mismo.
Cuando Ricardo le pregunta si debió o no hacerlo, no puede responder. Ricardo le dice que no les sirve para el puesto y que puede volver a presentarse cuando guste. Enrique se queda unos momentos mirando alrededor, junta sus cosas y sale de la sala, diciendo “Buenos días”.
El hecho de que Enrique se vaya de la prueba no nos permite dar cuenta de cuál fue la implicancia que este hecho tuvo sobre el mismo, es decir que nos faltan indicadores para dar cuenta si algo de la posición de Enrique fue conmovido. Quizás se fuera diciendo que lo “engañaron”, quizás cree que hizo bien en contarlo, o se arrepienta de lo hecho. Sin embargo, todas estas conjeturas quedan en la dimensión particular, son posibilidades contempladas en el universo dado, no veo allí las coordenadas que indiquen que algo de lo universal-singular haya tenido lugar.
Si podemos decir que, en tanto se espera una respuesta de Enrique, es considerado responsable, “que no necesariamente implica conciente de lo que hace, o que se hace cargo de lo que dice, sino que es culpable de lo que hace y dice.”

Bibliografía

D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires, Cap. VIII, 2005.
Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.



NOTAS

Película:

Titulo Original:

Director:

Año:

Pais:

Otros comentarios del mismo autor: