por 

Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología Ética y Derechos Humanos
Cátedra I
Prof. Tit. Reg. Lic. Fariña, Juan Jorge Michel

Docentes: Lic. Pérez Michielli, Soledad. / Lic. Pereyra Ezequiel
Comisión: 18
Horario: Miércoles de 18.00 a 19.30

Alumnas:
Viz, Rosana. LU: 21.707.789/0 email: rosanaeviz@yahoo.com.ar
Zolezzi, Ofelia. LU : 5.438.272/0 email: ofeliazolezzi@yahoo.com.ar

Segundo Parcial Domiciliario
Segundo Cuatrimestre 2010

Análisis de la película: “El Método Gronhölm” . Director: Marcelo Piñeyro

Una empresa multinacional situada en Madrid reúne en su departamento de personal a siete personas que van a ser evaluadas mediante una prueba de selección de personal. Serán confrontados para resolver diferentes situaciones al fin de las cuales cada uno de ellos será eliminado hasta poder elegir al candidato con el perfil que mejor encaje con los requisitos del voraz mundo empresarial . Los participantes pondrán en juego sus habilidades profesionales y sus capacidades para manipular al otro tratando de lograr ser elegidos para el puesto.
Nuestro personaje elegido es Enrique. Recortamos para el análisis la situación en que Ricardo, un supuesto candidato al puesto (en realidad, es el psicólogo de la empresa) se acerca a Enrique, otro de los candidatos, y entabla una conversación. Enrique se presenta como Director Financiero de una pequeña empresa. Es una persona aparentemente tímida, pero muy colaboradora, interviene en las conversaciones grupales, intenta responder las preguntas que los participantes se formulan respecto del método Gronhölm, es participativo, es el que “aviva” a los demás sobre las diferentes técnicas de evaluación psicológica utilizadas en Estados Unidos, está siempre dispuesto a colaborar.
Elegimos a Enrique como personaje porque su acción va mas allá del objetivo que se fijó cuando decidió hablar y delatar a Ricardo. Esta situación es similar a la vivida por el personaje Ibbieta, del cuento “El Muro”, de J.P. Sartre. Cuando Ibbieta decidió hablar y decir “en el cementerio” fue una acción que fue mas allá del objetivo esperado, que era hacerles una jugarreta a los falangistas. Acción que fue resignificada cuando García le dice que encontraron los falangistas a Ramón Gris en el cementerio y lo mataron.
Volviendo a nuestro personaje, durante un descanso en la evaluación, Ricardo se acerca a Enrique y le manifiesta su preocupación por un “detalle” que le preocupa respecto a los datos que informó en los numerosos formularios que completaron en las distintas oportunidades que asistieron al lugar. En uno de los formularios no escribió una información referente a su trayectoria laboral cuando residía en Argentina, por lo cual en los siguientes formularios tampoco lo hizo. Teme que la empresa descubra esto. Enrique se interesa por conocer cual es ese dato. Ricardo le cuenta que trabajaba para una empresa estatal que se privatizó. Esta empresa estableció una forma encubierta de despido, Ricardo, quien trabajaba como ejecutivo, se convirtió en el portavoz de los trabajadores, en delegado sindical.
En la singularidad de la situación se trata de observar los tiempos lógicos en el circuito de la responsabilidad subjetiva
En presencia de la secretaria de la empresa, Enrique es acusado por Ricardo de simpatizar con las marchas antiglobalización que se están realizando en la calle en ese momento.. Enrique lo niega y dice indignado: “No me metas en tu saco, yo no soy un sindicalista!!!”. La secretaria pide explicaciones por esas palabras a Enrique: ¿Hay algo que la empresa no sabe y debería saber?” Enrique dubitativo responde contando el “secreto” que coloca a Ricardo en el lugar del “sindicalista”.
Esta acción de Enrique consideramos que es el Tiempo 1, donde delata al supuesto candidato, “Ricardo”, delante de la secretaria de la empresa.
El personaje lleva adelante una acción, una conducta orientada por un determinado objetivo, quedarse con el puesto en la empresa. Y entendiendo que tal iniciativa, del orden de la conciencia, se agota en los fines para los cuales fue concebida. (Recordando el personaje de Ibbieta en “El Muro” , el pensó que hablaba para despistar). El participante Ricardo, queda expuesto frente a la empresa como un sindicalista, ya no puede ser elegido, se levanta y se retira muy enojado. Pero vuelve con una actitud totalmente diferente, presentándose ante todos como “el topo” (el psicólogo de la empresa). Se sienta junto a Enrique y le pregunta si tiene algo que decir sobre lo que había pasado, si considera que hizo lo correcto, Se abre la pregunta que interpela al sujeto iniciando así el circuito de la responsabilidad subjetiva.
Esta interpelación, que el sujeto recibe a partir de indicadores de la realidad que lo ponen sobre aviso de que algo anduvo mal da inicio al Tiempo 2, la acción fue mas allá de la voluntad del sujeto y debe responder por su acto. La culpa obliga a dar respuesta a la interpelación. Comienza el circuito de la responsabilidad. Se abre la retroacción y resignifica al Tiempo 1.
Oscar D’Amore en su escrito “responsabilidad subjetiva y culpa” sostiene que la interpelación subjetiva es la puesta en marcha del circuito. Luego la culpa ob-liga a una respuesta ad hoc a la interpelación en el Tiempo 2 que funda en su resignificación el Tiempo 1, facilita una respuesta. Una vez iniciado el circuito en el Tiempo 2, el sujeto debe responder, es necesario una recomposición del yo. No puede no responder. O responderá con diferentes formaciones sintomáticas, quedando en cortocircuito. Lo cual supone un taponamiento en el yo. O bien si adviniese un Tiempo 3, el sujeto se hace responsable, se diluye el sentimiento de culpa automáticamente, y se produce un efecto sujeto. Adviene un cambio de posición subjetiva.
La retroacción resignifica los elementos “disonantes” que se convierten en un Tiempo 1. Las palabras de Ricardo adquieren el efecto de resignificación ¿crees que hiciste bien o hiciste mal?.
La culpa hace que se retorne sobre la acción por la que se ha de responder. El sujeto debe responder por sus actos.
La distancia entre Tiempo 1 y Tiempo 2 autoriza la puesta en marcha de una suerte de conjetura o hipótesis clínica de aquello respecto de lo cual se espera una respuesta por parte de Enrique. Observando el comportamiento de Enrique en su relación con los demás, lo vimos siempre atento a satisfacer las demandas de los demás, postergando sus propios deseos. Pensamos en su posición subjetiva dispuesta a satisfacer la demanda del Otro.
Respecto a la responsabilidad del sujeto podemos plantear dos propuestas:
Enrique es responsable de haber hablado, de querer eliminar a su competidor y/o de ambicionar un trabajo. Expone su deseo de eliminar a la competencia.
La pregunta reiterada del psicólogo aumenta el desconcierto de Enrique quien tartamudea e intenta dar una explicación pero se pierde entre palabras cortadas y titubeos. Pide disculpas a todos por el mal momento..Y no puede responder a la pregunta de Ricardo sobre si hizo bien o mal en haberlo delatado en la escena anterior.
El personaje responde dudando, riendo estereotipádamente. Al cambiarse Ricardo del lugar de competidor o par a un lugar de poder, Enrique queda desorientado, dudando. Pareciera no poder pesquisar que es lo que tiene que decir en esta oportunidad para satisfacer al Otro. No sabe que es lo que el otro quiere oír y eso lo desconcierta y angustia.
Pero para que el Tiempo 2 sea genuinamente tal e interrogue verdaderamente al sujeto es necesario que se cumpla una condición más, dice Jorge Farina en su texto “Responsabilidad: entre necesidad y azar”, es necesario que la distancia que separa Tiempo 1 y Tiempo 2 no se deba exclusivamente al azar y/o necesidad. La responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. Es decir cuando rigen por completo Necesidad o Azar, o una combinación de ambos, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad. Pero basta que se produzca una grieta, una vacancia entre ellos, para que la pregunta por la responsabilidad adquiera toda su dimensión.
Suponemos que, en la situación que recortamos del film, el orden de la necesidad es lo que funda la situación , ya que las distintas etapas de la evaluación psicológica, los tiempos a emplear en cada técnica, etc., están estipulados de antemano por la compañía. Hay ciertos requisitos requeridos por la empresa que son del orden de la obligatoriedad para poder participar en la evaluación. Estos requisitos son del orden de lo determinado, donde los participantes no tienen opción a no cumplir, si quieren formar parte de los participantes evaluados para tener posibilidades de ingresar en la compañía. “Todos los que llegaron a esta instancia cumplieron los requisitos de la empresa, pero solo quedara uno para el puesto, después de cada prueba uno de ustedes quedará afuera, el ultimo en quedar será el elegido”.
Entendiendo por necesidad aquello que rige por fuera de la interpretación del sujeto.
¿En este caso, el azar abrió apuestas posibles? ¿Quiso el azar que sea Enrique el expulsado en esta prueba por haber tenido esa conversación a solas con Ricardo cuando se encontraron en el baño? ¿Fue la personalidad de Enrique la que encajo con la demanda del Psicólogo?.
Enrique pudo responder a esta interpelación iniciada en el Tiempo 2, con un sentimiento de culpa, con vergüenza, temor, y pidiendo perdón a todos los presentes. No consideramos que en este personaje se haya producido ningún cambio de posición subjetiva. Ni ha habido ningún movimiento posible generador de un tiempo 3. Enrique respondió con distintas figuras de la culpa para una recomposición yoica.
Callegaris, en su texto “La seducción totalitaria”, nos propone analizar desde el psicoanálisis lo propio de la constitución neurótica. Se refiere al hecho de que el saber, el saber paterno, siempre es supuesto. Enrique siempre halaga el saber de la empresa y lo interesante de las pruebas de selección. Esto tiene una consecuencia, lo coloca siempre en la incertidumbre sobre lo que quiere o sobre lo que va a suceder, propio de cualquier neurótico. Para salir de esto hay dos caminos: uno de ellos es el del psicoanálisis pero hay otro más fácil: si fuera posible que el saber paterno fuera no supuesto pero sabido y compartido, del lado de lo que se quiere se podrían tener “certezas”. Se podría salir del sufrimiento neurótico alienando la propia subjetividad. Si la empresa y sus representantes tienen la certeza Enrique está bien.
Este saber, cuando está funcionando es necesariamente totalitario y el sujeto se convierte en instrumento de ese saber. Otorgándole al saber, poder. Con respecto a la constitución neurótica de Enrique, sus titubeos, su perturbación frente al supuesto “saber” de la persona que en un principio era vista como un igual y ahora aparece con el “saber” del psicólogo, también lo desconcierta y su yo entra en conflicto.
De cualquier modo la responsabilidad encuentra la grieta.
Según D’Amore la fuerza simbólica de la interpelación proviene de la internalización de la ley simbólica, es por eso que en este sentido la interpelación es exigencia de respuestas mas allá de lo que el “yo” quería responder. La interpelación es en término de lo económico lo que genera la deuda, culpa en sentido lato. Se trata aquí de la economía de lo simbólico. La interpelación “implica” ya una deuda por la que hay que responder, para volver al surco de lo moral, en este caso la respuesta es particular. No hay singularidad en la vuelta al surco moral porque la respuesta resulta un taponamiento de la dimensión ética.
Se abre como respuesta un abanico de posibilidades: el sentimiento de culpa, la proyección, la negación, la intelectualizacion, como poderoso anestésico psicosocial, y en líneas generales la formación sintomática, incluso a expensas del sentimiento inconsciente de culpa.
En el circuito de la responsabilidad Enrique queda atrapado en el cortocircuito. Su respuesta es de asombro, duda y quizás vergüenza, como comentamos anteriormente. Esto nos hace pensar en una hipótesis clínica del lado de la neurosis y nos muestra un sujeto culpógeno (en el marco de las respuestas que propone D’Amore) en el que no hay implicación sino que se transforma en el sujeto que cuadra perfectamente en las coordenadas de una responsabilidad moral u objetiva. Quizás podríamos ubicarlo también en una respuesta tipo sentimiento inconsciente de culpa por lo inequívoco de la angustia, pero que tampoco implica emisión subjetiva sobre lo real del acto Observamos en Enrique un sujeto que quiere satisfacer la demanda del Otro.
La diferencia con el Tiempo 3 es que la respuesta está dada en una dimensión ética. Y eso implica la noción de acto en la que el sujeto se produce. Porque es en el acto en que se produce un sujeto de deseo inconsciente. Esto quiere decir que “el estatuto del inconsciente es ético”. La interpelación subjetiva se pone en marcha cuando la ley simbólica del deseo obliga a retornar sobre la acción por medio de un juicio critico, no hay deseo sin culpa. El psicoanálisis procede de este modo, retorna sobre la acción mas moral, mas particular, favoreciendo la interpelación para la responsabilidad subjetiva. El sentimiento de culpa se diluye en el efecto sujeto y es una respuesta de dimensión ética, singularidades que hacen desfallecer al particular previo
Volviendo al personaje, Enrique no sabe, no puede contestar. Responde con risitas nerviosas, un mecanismo de defensa maníaco. Responde con un cortocircuito, no del orden de la responsabilidad subjetiva sino desde la culpa. Intenta reestablecer el circuito pero el Yo no es tan consistente, no puede hacer referencia a su deseo, no pareciera haber un cambio de posición subjetiva. El sujeto intenta responder a las demandas de los otros todo el tiempo, en el momento de la interpelación no puede responder, no sabe lo que el otro desea.
Hipótesis Clínica respecto a su responsabilidad.
Enrique es responsable de haber hablado y de su deseo inconsciente de eliminar al posible candidato. Mediante su acción consigue el efecto contrario. El eliminado es el.
“Ceder en su deseo” es lo que a Enrique le toca cargar con el ser de la culpabilidad, es lo que lo arroja al destino particular de lo moral. Es el cierre de lo ético por el peso real de la culpa.
En responsabilidad subjetiva y culpa, Oscar D’Amore nos propone analizar dos articulaciones: una de corte lógico respecto de un análisis situacional; lo particular y lo singular universal.
Así como no se puede plantear una dimensión ética sin moral, no hay responsabilidad subjetiva (que resulta de la singularidad) sin culpa (resulta de lo particular).
En esta segunda articulación para centralizar la relación entre responsabilidad subjetiva y culpa, el autor lo explica desde las raíces teóricas en lo jurídico.
Responsabilidad como “salir de garante de alguno (o de si mismo) en relación a algo o frente a alguien”. El gesto de asumir responsabilidad es genuinamente jurídico y no ético e implica garantizar una deuda. Se enlaza al concepto de culpa, como imputabilidad de un daño que hay que pagar. No podría existir la culpa jurídica sin la responsabilidad objetiva que otorga la razón. En este punto, el autor hace referencia a un artículo de Jorge Jinkins que hace bisagra entre las dos dimensiones de la responsabilidad: la jurídica y la subjetiva. En el campo jurídico, solo se es responsable si se le puede imputar culpabilidad.
Jinkins propone que el hecho de “saberse” culpable permite la posibilidad de otro tipo de responsabilidad. La respuesta esperable queda supeditada a ese pasaje por la culpa, en la cual ya no cuenta la intención y la pretendida autonomía de conciencia, pues introduce una dimensión deseante más allá de ella.
La culpa es en este sentido, una condición en el circuito de la responsabilidad subjetiva: es lo que obliga a responder. Por eso es que D”Amore supone que no hay responsabilidad subjetiva sin culpa. Es necesario que la culpa obligue para que podamos ubicarnos en el circuito de la responsabilidad. Habla de la culpa que depende de una operación simbólica: la interpelación subjetiva. En el circuito de la responsabilidad subjetiva no hablamos de buenas o malas acciones por las que deberíamos ser juzgados por otro, entramos en una zona que resulta de una importancia clínica porque implica, exige la experiencia del deseo inconsciente que se infiltra en el lazo social.
Enrique es responsable de querer ser más que el otro, de querer ser el elegido, es responsable de su deseo inconsciente.

Bibliografía:

Calligaris, C.: La seducción totalitaria. En Psyché, 1987.
Mosca, J.C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos aires.
Salomone, G.Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En la transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
D´Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En la transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
Sartre, Jean Paul: El muro, Editorial Losada, Bs.As., 1972.
Fariña, Juan Jorge Michel: Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de cátedra: www.psi.uba.ar



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