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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología Etica y Derechos Humanos

Cátedra 1
Titular: Fariña, Juan Jorge Michel

2° Parcial
Película: El Método (2005)
Docente: Viviana Carew
Comisión 17
2° cuatrimestre 2010

Alumno: Cabrera, Fernando
DNI: 24650022
En el gigantesco y lujoso edificio de una importante empresa se lleva a cabo la última fase del proceso de selección de personal para ocupar un puesto de alta jerarquía. Los siete candidatos que han conseguido llegar a esta etapa final son convocados al lugar y reunidos en una sala donde, tras esperar en vano la llegada de algún representante de la empresa, se dan cuenta de que sus acciones y comportamientos están siendo observados como parte de la evaluación. Los postulantes reconocen el método Gronholm de selección de personal, del cual han oído hablar, según el cual los candidatos son encerrados en una habitación para observar cómo interactúan y cómo se relacionan. En la sala, donde sólo están ellos siete, hay siete computadoras y a través de ellas la empresa les irá proponiendo una serie de pruebas, mediante las cuales se irán revelando las debilidades de cada uno y los candidatos irán quedando uno a uno fuera de la competencia. Hasta aquí el muy interesante planteo inicial de la película El método, coproducción hispano-argentina del año 2005, dirigida por Marcelo Piñeyro, y basada en la obra de teatro El método Gronholm, de Jordi Galcerán.
Nos interesa particularmente la situación de Julio, uno de los postulantes (interpretado por Carmelo Gomez), en la que se advierten circunstancias que, salvando las muy grandes distancias, podrían compararse al caso de Ibbieta, el personaje del cuento El muro, de Jean Paul Sartre. Julio ha gozado de una esporádica fama 4 años atrás en virtud de haber de haber denunciado a la empresa de productos químicos para la que trabajaba entonces, la cual estaba contaminando el río Duero. Como consecuencia de sus acciones Julio se convirtió en una especie de héroe popular y fue contratado inmediatamente por una empresa de la competencia. La empresa denunciada detuvo la contaminación pero debió despedir a 200 trabajadores. Según el propio Julio “entre dos males, se evitó el mal mayor”. Tras revelarse esta información al resto de los postulantes, se les que decidan qué harían con la candidatura de Julio si ellos fueran los seleccionadores. De lo que ellos decidan dependerá la continuidad de Julio en el proceso de selección. Para sorpresa de Julio, Nieves (Najwa Nimri), otra de las postulantes, se manifiesta en contra de su candidatura, por considerar que ha traicionado a la empresa en la que trabajaba. Julio, quien hasta el momento de había mostrado sereno, confiado y seguro de sí mismo, se encuentra desconcertado por la acusación, que rechaza tajantemente. No obstante los demás candidatos también votan en su contra y la computadora de Julio se apaga de repente. Julio se da cuenta de que no existe ningún desperfecto, y de que su computadora no se ha apagado por casualidad. Abatido, toma su maletín, se levanta y se va.
Aquí, como sucediera con Ibbieta cuando hacía la broma a los falangistas, Julio ha tomado una decisión que creyó agotada en el fin. Vió que su empresa estaba contaminando el río y no pudiendo, según él, solucionar el problema desde dentro, la denunció. Tomó un curso de acción moralmente correcto. La contaminación se detuvo, en palabras de Julio “se evitó una catástrofe”, él se convirtió en un héroe y consiguió un nuevo empleo. Pero 4 años después, en este proceso de selección, en el que aparece la situación que lo obliga a interpelarse a propósito de la acción, esta demuestra no haberse agotado en sus fines.
Intervienen, como en Ibbieta, factores de azar, como el hecho de que, además de Julio, también Nieves, Carlos (Eduardo Noriega), Enrique (Ernesto Alterio) y Ana (Adriana Ozores), que fueron los candidatos que votaron en contra de Julio, decidieran postularse para el mismo puesto en la misma empresa y en el mismo momento, y factores de necesidad, como el hecho de que se vieran obligados a tener que decidir la continuidad de Julio en el proceso de selección, algo que ellos no eligieron y no podían modificar.
El caso es que, llegados a esta instancia, y contra lo que él esperaba (lo que se deduce por su expresión de sorpresa ante los cuestionamientos de sus compañeros-competidores), Julio se ve forzado, como Ibbieta al conocer el destino final de Ramón Gris, a volver sobre aquella acción llevada a cabo 4 años antes. Las acusaciones de traición, algo ajeno al sujeto, interpelan a Julio sobre su denuncia a su antigua empresa. Aquella denuncia que lo convirtió en héroe hace 4 años, ahora lo transforma en traidor. Este momento de la interpelación, este “tiempo 2” generado a partir de las acusaciones posibilita que aquella acción, aquella denuncia, se pueda erigir retroactivamente en “tiempo 1”. Incorporando los conceptos vistos en la cursada podemos decir que la interpelación generada por las acusaciones quiebra el universo previo de Julio, en el que él se veía a sí mismo como una persona de conducta intachable, un hombre cabal, universo quizá construido a partir de aquella acción, quizá construido antes pero ratificado por aquella acción ante los ojos del mundo (porque el suceso había aparecido en todos los diarios con títulos como “David contra Goliat”, que ubicaban a Julio como el paladín de la moral). Julio estaba muy cómodo en ese universo, en ese lugar de hombre cabal en el que había sido ubicado, hecho que queda demostrado por la satisfacción y (falsa) modestia con que recibe los halagos que los demás participantes le hacen en un primer momento, cuando se les da a conocer el hecho y ellos recuerdan haberlo visto publicado 4 años atrás. Pero cuando se les da la consigna de decidir su suerte y surge el debate y las acusaciones Julio aparece desencajado, su imagen pública y sobre todo su propia imagen de sí mismo cuestionadas, obligado a ampliar los límites de su universo para poder asimilar este planteo inesperado, inclasificable par él.
La primera respuesta de Julio a esta interpelación no está del lado de la responsabilidad subjetiva, sino de la negación. Julio niega por todos los medios posibles las acusaciones, argumentando que antes de denunciar a la empresa intentó a toda costa convencer a los directivos (argumento refutado por Carlos: “si tan evidente era que tenías la razón, si tan claro era el error del consejo directivo, tanto a nivel moral como empresarial ¿cómo es que no conseguiste hacérselo ver?”). Y aún se sirve de la proyección para apoyar la negación, asintiendo enfáticamente cuando Fernando (Eduard Fernández) pone las culpas del lado de la empresa denunciada.
Pero en un punto Nieves deja caer una frase que resulta demoledora para Julio, en referencia a cómo consiguió tan rápido un nuevo empleo: “no sé si la competencia contrató a Julio para darse buena imagen o si él pudo pactar la salida incluso antes de la denuncia”. Ante esta insinuación Julio se derrumba. No solo deja de defenderse, sino que ya no dice una sola palabras más, mientras los demás siguen debatiendo y apenas esboza algún gesto de asentimiento cuando alguien dice algo a su favor, pero ya sin ninguna convicción. Cuando se produce la votación y su computadora se apaga, visiblemente conmovido, simplemente se levanta y se va, sin siquiera despedirse. Una muestra mas de su evidente conmoción es que casi se olvida su chaqueta al salir.
Es en este punto, en este silencio de Julio luego de la frase de Nieves, en esta “deposición de las armas”, en que podríamos postular que aparece la responsabilidad subjetiva, responsabilidad del sujeto del inconciente, sujeto no autónomo, que no es dueño de su voluntad e intención.
Y es en este punto, en este silencio, entonces, en el que podríamos arriesgar una hipótesis, proponer que surge eso que Julio “sabe pero no sabe que sabe”, y es que la denuncia y el universo que se construyó a partir de ella tal vez no fueron producto del altruismo y la preocupación por la ecología, sino por beneficio personal, por narcisismo (en el sentido mas popular del término), por construirse esa imagen de hombre cabal, pero por egoísmo al fin. No podemos decir que la frase de Nieves haya descubierto el propósito oculto de Julio de obtener un mejor empleo en otra empresa, no tenemos pruebas concretas para ello, y aún así, si Julio hubiera denunciado para conseguir un mejor empleo, no estaríamos hablando de algo inconciente, no podríamos hablar de responsabilidad subjetiva, nos quedaríamos en la responsabilidad moral, jurídica, aplicable al sujeto autónomo del discurso jurídico. No, lo que se ve es otra cosa. Julio no parece descubierto en un acto criminal del que se sabe culpable e intenta ocultar, sino que parece sorprendido, descolocado. Las palabras de Nieves (tal vez en particular la construcción “darse buena imagen”, aunque no se refería particularmente a él) hacen eco en Julio desde otro lugar. Hablamos de un egoísmo menos concreto, menos visible, más antiguo, más esencial. Un egoísmo que no es parte del universo de Julio, que él nunca reconoció como suyo porque nada sabía de su existencia. Ya teníamos algún indicio de esto cuando, en el debate, Julio se indigna cuando lo llaman traidor (porque pone en juego su propia imagen de héroe), pero no muestra ningún remordimiento por los 200 despidos que provocó su denuncia.
Así las cosas podríamos aventurarnos a considerar este silencio de Julio, esta súbita caída de las defensas, a la manera de la risa de Ibbieta mezclada con sus lágrimas, como una respuesta del lado de la responsabilidad subjetiva, como “tiempo 3”, tiempo en el que Julio asume eso que no sabía de sí mismo, ese egoísmo, y ya no tiene nada mas que decir en su propia defensa, porque acepta su derrota como justa, toma su maletín y se va sin cuestionar la decisión de los demás.
Aquí estaría entonces el acto ético, la singularidad en situación que haría ampliar el universo previo de Julio, en el que él era un héroe desinteresado, para asumir este egoísmo que siempre estuvo presente pero que recién ahora se hace visible para nosotros. Y aquí, en el acto ético, en el “hacerse responsable” de la responsabilidad subjetiva, es también donde interviene el eje de lo universal-singular para cruzarse con el eje de lo particular que estaba presente (y muy visible) en el “tiempo 1”, en la decisión moralmente correcta de denunciar a la empresa que contaminaba el río.
Julio no volverá a ser el mismo después de este incidente, su universo previo se ha visto conmovido, y si bien ha perdido la posibilidad del puesto en la gran empresa para el que se postulaba, ha ganado por otro lado, en el acto ético de hacerse responsable de su deseo inconciente, en saber un poco más sobre sí mismo.

Bibliografía:

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- Sartre, Jean Paul: El muro, Editorial Losada, Bs. As., 1972.



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