por 

FACULTAD DE PSICOLOGIA

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

PSICOLOGÍA, ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS

Segundo examen parcial

Responsable de cátedra
Lic. Juan Jorge Michel Fariña

Ayudante de Trabajos Prácticos
Lic. Lucila Kleinerman

Alumnas
Malaga, Lucia Ludmila L.U. Nro. 33.261.775.0
Tripaldi, Analía Paola L.U. Nro. 27.152.696.0

Comisión Nro. 3

Fecha de entrega: 25 de octubre de 2010

2º Cuatrimestre de 2010

Consigna de Evaluación

1. Escoja a un sujeto que tome una decisión comparable en términos teóricos a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro”, de J. P. Sartre. Justifique su elección.
2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.
3. Establezca los elementos del azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos
4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.
5. Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente– el efecto particularista.

El film “El Método” trata acerca de siete aspirantes a un alto puesto ejecutivo se presentan a una prueba de selección de personal para una empresa multinacional , del cual escogemos para trabajar en el presente al personaje de Enrique. Relataremos a continuación el fragmento seleccionado: durante un descanso de la prueba de selección, se entabla una conversación donde Ricardo le confía a Enrique algo que había ocultado a la Empresa: que durante los años vividos en Argentina, trabajaba para una empresa estatal y cuando la privatizaron, se convirtió en un líder sindical, en pos de desbaratar a los nuevos directivos. Al llegar Monse, la secretaria de la empresa, e irrumpir en la conversación, los interroga respecto de qué hablaban acerca de la protesta, dado que había podido escuchar los últimos comentarios. Aquí, Ricardo dice “¿quién puede estar en contra de la protesta?”, defendiéndose Enrique, delante de Monse (hasta el momento la única cara visible de la empresa), diciendo que él estaba en contra. Ricardo lo contradice, recordándole a Enrique que momentos antes había dicho estaba a favor. Enrique le dice: “No me metas en tu saco, que yo no soy un sindicalista”, dejando en evidencia a Ricardo como componente corporativo. Monse advierte en Enrique algo que él sabe y la empresa no, cuestionándolo al respecto. Monse confronta su silencio con su concepto de lealtad a la empresa, mientras Ricardo lo llama delator y le recuerda que su saber es producto de la confianza entre ambos. Enrique, previo a decirle a Ricardo que éste se tendrá que retirar de todos modos, decide confesarle a Monse lo revelado por Ricardo. Ricardo recoge sus cosas y se retira. Posteriormente, vuelve a entrar y habla confiadamente con Monse, haciéndole saber a los presentes que él es “el topo” (el infiltrado de la empresa entre los postulantes). Cuestiona a Enrique acerca de la moralidad de su decisión. Enrique se disculpa por sus actos, pero ante la duda e inseguridad puesta de manifiesto por éste, Ricardo le solicita que vuelva a presentarse a la prueba cuando sus ideas se clarifiquen. Enrique debe retirarse.
Hasta aquí el relato del fragmento seleccionado. A continuación desarrollaremos el circuito de responsabilidad que organiza la situación. Dividiremos la escena en dos tiempos:
Tiempo 1: refiere a una acción consciente y voluntaria, donde el sujeto se cree dueño de sus actos, y lleva a cabo esta acción para alcanzar un determinado fin. Aquí ubicaremos la decisión que toma Enrique de delatar a Ricardo, con la convicción de que este accionar traería como consecuencia la expulsión de Ricardo del proceso de selección, y su reivindicación como leal a la empresa.
Tiempo 2: es el que dará lugar al circuito permitiendo al sujeto interpelarse ante un punto de inconsistencia del primer tiempo. Mediante un movimiento retroactivo lo resignifica, vuelve sobre su accionar al encontrarse conmovido por los actos realizados. Esta interpelación genera culpa e implica una deuda que exige respuesta. En el film, el segundo tiempo es puesto en marcha con la vuelta de Ricardo a la sala, revelando su verdadera identidad. Ricardo cuestiona a Enrique acerca de su accionar. Esta acción interpela a Enrique respecto de su actuación momentos antes, haciéndolo dudar acerca de la adecuación de la misma.
La interpelación generada por el tiempo 2, pone en marcha el circuito de la responsabilidad. La lógica de éste, es la lógica de la retroacción: se vuelve sobre una acción que ya sucedió, y obliga al sujeto a responder por sus actos ante esta interpelación, más allá de lo que el sujeto querría responder. En este circuito, es menester ubicar a la culpa como condición de existencia, dado que es la culpa lo que interpela al sujeto al responder. “La culpa no es más que la imputabilidad de un daño por el que hay que pagar, (…) contraer una deuda es contraer una culpa” (D´amore, 2008). En el film, observamos que ante la interpelación de Ricardo, Enrique se “disculpa”, por lo que podemos ubicar un sentimiento de culpa en él. Enrique se siente culpable por delatar a Ricardo.

Siguiendo a Juan Carlos Mosca, entendemos la responsabilidad como la singularidad de un sujeto en acto. Parafraseando a Freud, Mosca sostiene que el sujeto es responsable de su deseo, “Deseo que viene del Otro como demanda ante la cual el Sujeto se somete” (Mosca, 1998). Enrique es responsable de someterse al mandato de la empresa: recordemos que sólo delata a Ricardo cuando Monse lo cuestiona acerca del concepto de lealtad a la empresa que posee. Enrique “obedece”, y esta obediencia le quita responsabilidad. Se somete al mandato para librarse de la culpa, pero con este acto se libera de la responsabilidad, deviniendo en culpa. Enrique no se siente responsable, dado que “obedeció”, se sometió al mandato superyoico (a nivel institucional): la responsabilidad de su acto quedó para el sujeto del lado de la empresa. Sin perjuicio de ello, siente culpa: culpa por haber delatado a Ricardo. Pero esta culpa es sólo un desplazamiento de lo que en verdad es responsable. Lacan afirma que “la única cosa de la que puede ser culpable el sujeto es de haber cedido se deseo”. De haber cedido su deseo para acomodarse a los mandatos superyoicos. Pero paradójicamente, cuando su conducta es más afín a los mandatos, es cuando más culpa siente. Continúa Lacan: “de nuestra posición de sujeto somos siempre responsables”. El sujeto es responsable de su puesta en acto. Enrique es responsable por obedecer: ésa fue su decisión.

Remitiéndonos ahora al concepto de necesidad, podríamos definirla como una determinación material sobre la cual el sujeto debe decidir, implica algo que no está dentro de las posibilidades del sujeto de poder modificar, dado que rige por fuera de la capacidad de intervención del sujeto. Implica una conexión entre causas y efectos. En la película podríamos ubicar como necesidad el descubrimiento de que Ricardo es “el topo”. Esta situación lo afecta directamente, es inmodificable por parte de Enrique y ante ella debe responder.
Por su parte el azar remitiría a una condición para la puesta, implica incertidumbre, aquello que es accidental, casual para el sujeto, aquello que no puede calcular ya que le resulta ajeno a la decisión, al deseo y a su propia voluntad. El sujeto aquí lo ubicaríamos como no responsable. Desconecta la relación entre causa y efecto, que une la necesidad. En el film el factor azar puede ser ubicado en el hecho de que ese mismo día de la prueba de selección, en las afueras del edificio se estuviese produciendo una manifestación. Al imponerse los gritos en la escena, Enrique y Ricardo comenzaron a debatir al respecto, lo que posteriormente desencadenó el conflicto entre ambos.

Nos es posible ubicar la categoría de lo particular, siguiendo a la culpa como sostén del campo de la moral. Como mencionamos con anterioridad, Enrique se siente culpable por haber delatado a Ricardo. El universo particular que podemos recortar aquí se traduce en ser o no ser leal: delatar a Ricardo/no delatarlo- obedecer a la empresa/no obedecer. Es decir, ser leal a Ricardo/ser leal a la Empresa.
Para ubicar las categorías del eje universal-singular, debemos pensar al mandato en tanto es vivido por Enrique como un mandato al que es imposible no subordinarse, como un mandato divino, como un Mandato Paterno. Sabemos que los bienes simbólicos no pueden monopolizarse sin que devenga con esa monopolización efectos particularistas. Pero aquí observamos algo que es de otro orden. Enrique acata el mandato de la empresa, como incuestionable, como una Ley Universal. De hecho, vuelve sobre su acto cuando descubre que la persona a la que acababa de delatar formaba parte de la empresa, y por tanto, esa Ley fue inmediatamente llenada con nuevo contenido. Este cambio desorienta a Enrique y le imposibilita defenderse ante el cuestionamiento que realiza Ricardo. Con este acto, hay algo que queda por fuera del universo particular que habíamos descrito anteriormente. El universo se rompe ante la singularidad de la situación. Ya es insostenible desde la lógica moral y particularista, valiéndose de la cual Enrique había tomado su decisión. La singularidad es incalificable desde el lenguaje de la situación que estaba planteada. El efecto singular es entonces una de las formas posibles de realización de lo universal: así se irá construyendo el horizonte de la ética. Horizonte que estará siempre en quiebra, porque es siempre inaprensible: sólo podemos aproximarnos a lo particular de la situación, la cual aleja cada vez más el horizonte universal, el cual siempre será horizonte y jamás podremos aprehender. Juan Jorge Michel Fariña, en su texto “Del acto ético” en Ética, un Horizonte en quiebra, postula:
“En todo caso algo inaprensible nos recuerda a la definición de Galeano sobre la utopía: parados en un punto, la utopía no parece demasiado distante, pero en cuanto nos aproximamos un paso, ella se aleja a su vez un paso; avanzamos otro paso, y, como la línea del horizonte, la utopía se nos desplaza un poco más. ¿Para qué sirve entonces la utopía? Para eso, para caminar”

Bibliografía:
• D´Amore, O. “Responsabilidad subjetiva y culpa”. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología, Editorial Letra Viva, Buenos Aires.
• Salomone, G. y Domínguez, M. “El sujeto dividido y la responsabilidad”. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología, Editorial Letra Viva, Buenos Aires.
• Lewkowicz, I. “Particular, Universal, Singular”. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap. III. Eudeba, Buenos Aires.
• Mosca, J. C. “Responsabilidad, otro nombre del sujeto”. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Fariña, J. “Del acto Ético”. En Ética, un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.



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