Inicio > Acceso Docentes > cuatrimestre 2009 > El niño de pijama a rayas >

por 

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Universidad de Buenos Aires

Segunda evaluación
Segundo cuatrimestre 2009

Cátedra: I – Fariña, Juan Jorge Michel
Profesora: Brunetti, Marcela
Comisión: 14
Alumna: Cafferata Laura Inés

INTRODUCCIÓN
En esta oportunidad, se escogerá para la realización de la segunda evaluación el film “El niño con el pijama de rayas” (“The boy in the striped pijamas”), cuyo argumento está basado en la novela de John Boyne, la cuál lleva el mismo nombre. La misma fue rodada y dirigida por el director Mark Herman como una adaptación cinematográfica de la novela, a cargo de Miramax y Disney.
A partir de la misma, se ubicarán las coordenadas de los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad, procurando dar cuenta de una hipótesis clínica que establezca qué debe responder el sujeto en términos de responsabilidad subjetiva. Asimismo, se harán las pertinentes referencias tanto a las categorías de azar y necesidad, como las de culpa y responsabilidad. De la misma forma, se ubicarán en la trama lo universal-singular y la moral de lo particular.
El recorte realizado para la ocasión, se centrará en el personaje caracterizado por Vera Farmiga, quien hace de madre de un niño de ocho años y una niña de doce, a la vez que de esposa de un oficial nazi de alto rango.

ARGUMENTO DEL FILM
La trama transcurre en la Alemania Nazi de la Segunda Guerra Mundial, y la historia tiene por personaje principal a Bruno, un niño de ocho años caracterizado por Asa Butterfield. Su padre resulta asignado a un nuevo puesto, motivo por el cuál la familia debe abandonar uno de los mejores barrios de Berlín para trasladarse a las afueras de la ciudad. La verdadera razón de traslado es que el padre (David Thewlis) debe encargarse de ahora en más de la logística del campo de concentración de Auschwitz. Este motivo es conocido, aunque de en diferentes dimensiones y profundidades, por la pareja parental, siendo desconocida tanto para Bruno como para su hermana Gretel (Amber Beattie). La familia celebra este cambio dando una fiesta, escena en la cual puede apreciarse lo orgullosa que la madre está de su marido, al cuál describe como “imponente” dentro de su uniforme. Todos están contentos, a excepción de Bruno, quién no quiere abandonar a sus amigos. Desde este momento, las emociones del padre, la madre y la hermana comienzan a ser sustentados progresivamente por los ideales de la Alemania nazi. El cambio de domicilio es justificado por argumentos tales como: “la Nación necesita de sacrificios”, “porque esto es necesario para la construcción de un mundo mejor”, “porque la Nación necesita que estemos allí”, entre otros. Argumentos que a medida que la trama avanza, avanzan ellos también copando cada vez más la subjetividad de los personajes, provocando una suerte de alienación.
Una vez en la nueva casa, el padre se avoca de lleno a sus quehaceres bélicos, mientras la madre procura el bienestar de sus hijos. Por su parte Gretel se sumerge cada vez más dentro de la ideología del partido nazi y Bruno, quien se aburre en un primer momento, descubre rápidamente una puerta que lo conduce a la granja y a su nuevo amigo, que no son otra cosa que el campo de concentración de Auschwitz y Shmuel (Jack Scanlon), un niño judío prisionero del mismo. Dentro de la perspectiva de Bruno, el campo de concentración deviene una suerte de granja, pero aún no entiende porque sus habitantes usan el mismo pijama a rayas. Influenciado por las lecciones de su tutor, sus padres y su hermana, Bruno comienza a dudar acerca de las visitas secretas que realiza casi diariamente al límite del campo de concentración. Aún escapa a su comprensión la verdad de los hechos.
Al tiempo, Bruno y Shmuel, reja electrificada de por medio y a espaldas tanto de sus familias como de la situación mundial que hubiese catalogado de imposible una relación entre ambos, entablan una amistad.
En una ocasión, debido a sus pequeños dedos, Shmuel es llevado a la casa de la familia de Bruno para limpiar copas. Cuando Bruno descubre allí a su amigo, se alegra y lo convida con un pastel. En eso, aparece en escena el teniente Kotler quien pregunta porque el niño judío estaba comiendo. Incapaz de decir la verdad sobre su amistad, Bruno desmiente las palabras de Shmuel, quien a consecuencia de esto resulta golpeado por el teniente. Pasan los días, y Shmuel no asiste a su cita diaria en la alambrada. Paralelamente, la madre de Bruno descubre que el verdadero origen del humo que se ve a lo lejos, no es otro que la cremación de los judíos. Desconcertada decide llevarse a sus niños lejos de allí. Cuando ambos niños vuelven a encontrarse, Shmuel le comparte a Bruno que está preocupado porque su padre no aparece. Bruno le cuenta de su partida al día siguiente y le promete, para liberarse de la vergüenza que le provocó el haber traicionado a su amigo, que antes de partir lo ayudará a buscar al padre dentro del campo de concentración, para lo cual su amigo debe propiciarle un pijama a rayas.
El día de la partida, Bruno va hacia el campo de concentración al encuentro de su última aventura. Cruza el alambrado sin ser consiente que allí eran otras las leyes que gobernaban la vida de los seres humanos. Cuando ambos niños están buscando al padre de Shmuel, se escuchan gritos y son forjados a marchar hacia la cámara de gas, hacia la muerte. Mientras los niños se desnudan para ir al encuentro del genocidio, la familia desata la búsqueda desesperada de Bruno. Llegan tarde: tomados de la mano ambos niños se han encaminado, en paradójicas condiciones de igualdad, hacia el mismo destino que el padre de Bruno como engranaje burocrático, y sin ser consiente, le había preparado. En la escena final, la madre arrodillada en el suelo grita desesperadamente y el padre, tomando noticia de lo sucedido es invadido por un sentimiento de perplejidad.

DESARROLLO
En relación a los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad y en referencia al personaje de la madre, comenzaremos por identificar el Tiempo 1.En el mismo se lleva a cabo una acción, una conducta orientada por determinado objetivo, el cual se cree que se agota en los fines para los cuales fue concebida. Con respecto a la madre, podemos dar cuenta que el Tiempo 1 halla sus coordenadas en las escenas que dan cuenta de lo contenta y conforme que está con el ascenso de su marido y el consecuente traslado de la familia, infiriendo no sólo su total acuerdo y aceptación de la ideología del partido nazi sino también el conocimiento acerca del motivo del traslado. En la escena de la fiesta, cuando ella le dice a un grupo de gente “Qué imponente se ve en ese uniforme” haciendo alusión al marido, podemos deducir un sentimiento de orgullo con respecto al mismo. Asimismo, se observa que tal cambio familiar es vivenciado por el personaje como inevitable y acorde a las necesidades de su nación, siendo hablada por el discurso nazi del momento. Enceguecida por los beneficios del ascenso, no sólo a nivel laboral sino también social, la mujer lleva a cabo un acto que hasta el momento supone se agota en sí mismo. Acto que, aunque desconocido para ella, deviene decisión y no una acción, y que en un tiempo posterior la sujetará a la categoría de responsabilidad frente al mismo, como singularidad de un sujeto en acto.
En el Tiempo 2, la acción que se suponía sabida de antemano y en cierto modo hasta controlada comienza a develar que en algún punto, fue más acá o más allá de lo esperado. En este caso, la madre es interpelada progresivamente a partir de numerosos indicios y llevada poco a poco a retornar sobre la acción. En primer lugar, no contaba en el Tiempo 1 con que iba a tener que convivir a diario con la viva escenificación de la segunda guerra mundial bajo su propio techo. Cotidianamente desfilan por su casa soldados nazis y judíos interactuando bajo una lógica desconocida, atravesada por el horror, la desubjetivación y la violencia extrema. Asimismo la madre es advertida de los cambios que se producen a pasos agigantados en su propia hija, la cuál ha hecho carne la ideología dominante abandonando los objetos de la niñez y colocando en su lugar láminas y gráficos del partido nazi. Atravesada por estos indicios que ya comienzan a erosionar las “certezas” del Tiempo 1 resignificándolo por la interpelación a través de la culpa, la madre agradece al empleado judío cuando éste le cura una herida a Bruno, denotando no ya una posición acabada, sino el advenimiento de la ambivalencia. Una escena más, y la interpelación es vivida con tan horrorosa intensidad, que la madre es empujada a dar una respuesta acerca de lo que allí estaba sucediendo. “Cuando los queman huelen peor”, le responde un teniente cuando ella le pregunta por el olor que se sentía en el aire. Presa de la culpa, se embarca en el circuito que arribará a la responsabilidad subjetiva. En perpleja soledad, no halla otra salida: debe responder adviniendo sujeto a través de un acto y subjetivando la acción, debe responder ante aquello que ajeno le pertenece. Ya es imposible volver al mismo punto, tampoco repetirlo.
En referencia al Tiempo 3, en el que la responsabilidad subjetiva responde por la interpelación del Tiempo 2, puede ser ubicado la iniciativa de la madre de abandonar esa casa junto con sus hijos para trasladarse con su hermana. Luego de una fuerte pelea con su marido, esta decisión toma la dimensión de acto en el que el sujeto se produce. Acto que desde el recorrido del personaje a través de la trama de la película hubiese resultado impensable. Es decir, la madre hace a un lado no sólo sus decisiones tomadas anteriormente, las cuales a su vez estaban sustentadas en la ideología del partido nazi sino todo el orgullo y prestigio que en el Tiempo 1 sentía por el ascenso de su marido. Decide dejar a éste separando la familia, sabiendo todas las implicancias que aquello podía tener a nivel laboral para el marido y a nivel social.
A modo de hipótesis clínica se puede plantear que la madre debe responder subjetivamente por la muerte de Bruno. En el momento en que ella y sus hijos están por abandonar la casa, Bruno le pregunta si “podía ir a jugar por última vez”, a lo que la madre dice que sí, asintiendo al último juego del hijo. Respuesta que de tan literal pasa inadvertida para la conciencia, abriéndole una puerta al deseo inconsciente para que éste aporte la última hebra que contribuye a formar la trama final. Podría inferirse a partir de lo dicho, una suerte de deseo inconsciente de querer demostrarle a su marido (en forma extrema) su cualidad de “monstruo”, el deseo de que el destino le pagara con la misma moneda, deseo de vengarse de él por el ocultamiento y por la atrocidad de la que estaba formando parte, deseo que de tan inconsciente, se le va de las manos. Aparece entonces la culpa, balizando que la madre ha cedido en su deseo.
En relación a las categorías de azar y necesidad, podríamos describir a la primera como aquella que desconoce la conexión entre causas y efectos. De esta forma, podemos ubicar, del lado del azar, la situación en que Shmuel fue a limpiar las copas a la casa de Bruno, escena que culmina con el sentimiento de vergüenza de Bruno por no haber defendido a su amigo y su posterior promesa de ayudarlo a encontrar al padre. Sabemos que Shmuel estaba allí porque sus dedos pequeños eran útiles para limpiar copas, pero también se puede considerar que podría haber sido cualquier otro nene del campo de concentración el convocado para dicha tarea. En relación a la categoría de necesidad, podríamos ubicar dos situaciones asimismo implicadas. En la Alemania de la Segunda Guerra Mundial, el régimen totalitario puede ser pensado como instaurador de cierto determinismo, de leyes que por su fijeza e inamovilidad podrían ser ubicadas del lado de la necesidad. Así, una vez que un sujeto ingresaba a un campo de concentración, entraba a una dimensión en la cuál dentro de la ideología nazi y en relación a cierto criterio de necesidad (si es que esa palabra puede ser utilizada en alusión al nazismo) una ecuación era apelada: todo judío, por su condición de tal, estaba necesariamente determinado a la muerte. Asimismo, puede ser referido también las leyes que provocan la muerte inevitable en la cámara de gas.
Por último y en relación a las categorías de universal-singular, lo universal puede ser ubicado dentro de la familia protagónica en relación al “todo” encarnado en este caso en la ideología nazi, la cual atraviesa deseos, emociones y pensamientos de sus integrantes. Pero irrumpe una singularidad caracterizada por Bruno, el cual expone ante los ojos dispuestos a ver, la inconsistencia de dicho universo.
Desde otra perspectiva, es sabido que el carácter de universal se revela retroactivamente como particular. De esta forma, la moral de lo particular se encuentra en relación al régimen de ideología nazi, como forma de gobierno establecida en Alemania en determinado momento histórico. El efecto particularista puede ser ubicado con respecto al régimen nazi en el cual algo del campo de lo particular/moral de alguien (Hitler) o unos pocos, deviene un “para todos” arrasando con las diferencias. Se podía pensar en la Alemania nazi como uno de los particularismos más extremos de la humanidad.
BIBLIOGRAFÍA
• Ariel A., “La responsabilidad ante el aborto”, ficha de cátedra.
• D´Amore, O., “Responsabilidad y culpa”, en La transmisión de la Ética. Clínica y deontología, Editorial Letra Viva.
• Fariña, J. J. M., “Responsabilidad: entre necesidad y azar”, ficha de cátedra.
• Lewkowicz, I., “Particular, Universal y singular”, en Ética: un horizonte en quiebra, Ed. Eudeba, 1998, Bs. As.
• Mosca, J.C., “Responsabilidad: otro nombre del sujeto”, en Ética: un horizonte en quiebra, Ed. Eudeba, 1998, Bs. As.



NOTAS

Película:

Titulo Original:

Director:

Año:

Pais:

Otros comentarios del mismo autor: