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Facultad de Psicología
Universidad de Buenos Aires

Psicología, Ética y Derechos Humanos (I)

Segunda evaluación

Cátedra I, Fariña
Profesora Lic. Carew, Viviana
Comisión 17

Pernas Rocha, Irene
DNI: 30870864

Segundo cuatrimestre
2009

CONSIGNA DE EVALUACIÓN

Elija un film, un texto literario o alguna otra producción narrativa en la que se despliegue y pueda ser recortada una singularidad en situación. En caso de elegir una creación cinematográfica, la misma debe haber sido realizada entre el año 2005 y el presente (salvo condiciones excepcionales, las cuales deben ser autorizadas por el docente a cargo de la comisión de trabajos prácticos).
En ese recorte, escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre.
Analícela ubicando sus coordenadas en los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad y explicitando la hipótesis clínica que establezca respecto de qué debe responder el sujeto, en términos de responsabilidad subjetiva.
Incluya las referencias relativas a las categorías de necesidad y azar, así como a las de culpa y responsabilidad.
Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y – si resulta pertinente - el efecto particularista.

SITUACIÓN

El film elegido es “El niño del pijama a rayas” (2008), dirigida por Mark Herman y cuyo argumento está basado en una novela de John Boyne.
Se trata de una familia que vive en un barrio acomodado de Berlín, quienes se ven repentinamente obligados a mudarse ya que Ralf, el padre de familia (personaje de nuestro análisis), es un estricto comandante que acaba de ser asignado a su nuevo puesto en un campo de concentración, durante el régimen nazi en la Segunda Guerra Mundial. Ralf le comenta a su mujer que la asignación se debe a su idoneidad, pero nunca le revela el verdadero fin de su trabajo. Le asegura que tendrán un mejor pasar tanto ella como sus hijos. Bruno, el hijo menor de Ralf se molesta por la mudanza, y se desespera por encontrar algún amigo con quien jugar en su nueva casa, más pequeña y con menos terreno para explorar. Desde la ventana del cuarto del niño, puede verse un grupo de casas tras una valla y mucha gente vestida con pijamas a rayas. El niño interroga a su padre sobre dicha gente, a lo que éste responde que son granjeros y a los cuales le prohíbe acercarse. La verdad es que todos ellos son judíos confinados en el campo de concentración de Auschwitz. Bruno, en su inocencia, cree en la respuesta de su padre pero le genera intriga qué tipo de vida que lleva esta gente. Un día, en una de sus exploraciones por los alrededores de la casa, siempre a escondidas de su familia ya que lo tenía prohibido, se encuentra a un niño al otro lado del alambre, de ocho años de edad, como él. El niño se llama Shmuel, comienzan a verse con regularidad para jugar (uno de cada lado del campo de concentración) y se hacen amigos. Aunque Bruno piensa que no tiene nada de malo ser amigo de un granjero, se ven a escondidas durante aproximadamente un año.
La madre de Bruno, tras descubrir la verdadera misión de Ralf en el campo de concentración, decide que ese no es un lugar adecuado para el crecimiento sus hijos. Luego de discutir ésto con Ralf éste justifica su función de comandante y le ofrece que ella y los niños se fueran a otra ciudad. Bruno da la noticia de su traslado a su amigo, justo el día en que Shmuel se encuentra triste porque no encuentra a su padre dentro del campo. Bruno decide ayudarlo en la búsqueda, ya que sería la última aventura antes de marcharse. Deciden que al día siguiente, el último de Bruno allí, éste entraría al campo, se disfrazaría con un pijama, y buscarían al padre de Shmuel. Al día siguiente Bruno se disfraza como lo habían acordado dejando su ropa tirada del lado de afuera y cruza el alambre: Bruno y Shmuel están juntos después de tanto tiempo. Mientras buscan al padre del niño entre los albergues, comienza a llover. Tras una orden del comandante Ralf, los soldados agrupan a varios prisioneros entre los que se encuentran los dos niños. El grupo es llevado a una cámara de gas donde Bruno y Shmuel mueren juntos, sin sospechar que el lugar no era un refugio para la lluvia. En esta escena ubicamos la acción de Ralf, constituyendo de esta manera el tiempo 1 del circuito de responsabilidad subjetiva: él manda matar a un grupo de judíos en la cámara de gas, como se hacía habitualmente.
Los padres de Bruno se percatan de la ausencia del niño y lo buscan por los alrededores de la casa desesperadamente. El padre con algunos soldados encuentran las ropas de Bruno junto al alambre. Ralf intenta parar su propia orden al pedir que detengan la matanza en la cámara de gas. Pero es demasiado tarde, todos se dan cuenta de lo que ha sucedido, y nada más se puede hacer. Su llanto deja entrever un desmoronamiento.

Así termina el film. El primer tiempo presenta la acción del sujeto, el acto en sí “manda matar a un grupo de judíos en la cámara de gas”; y el segundo la interpretación que recibe del Otro. Podemos ubicar en esta última escena “Ralf encuentra las ropas de Bruno junto al alambre” el tiempo 2, que es el que conocemos como el tiempo de la interpelación, el que hace que el sujeto se haga una pregunta; en él se inicia el circuito de la responsabilidad subjetiva.
“La interpelación subjetiva es la puesta en marcha del circuito. Luego la culpa obliga a una respuesta ad hoc a la interpelación; es decir dado un tiempo 2 que es el tiempo de la interpelación en el circuito, se funda en su resignificación el tiempo 1, facilita una respuesta que aunque no es considerada todavía tiempo 3 – aquel de la responsabilidad subjetiva- responde a la interpelación.”
¿Sobre qué sería responsable Ralf? Desde el psicoanálisis sabemos que el sujeto siempre es responsable ante sus actos y ante sus deseos: D’Amore citando a Lacan nos dice: “la única cosa de la que se puede ser culpable, al menos en la perspectiva analítica, es de haber cedido en su deseo” . La responsabilidad subjetiva interpela al sujeto mas allá de las fronteras del yo, asentándose en la noción de sujeto del inconsciente. Aquí intento aventurar una hipótesis clínica que resignifique la acción de Ralf: entendiendo que el deseo de cualquier neurótico es ser completo, responderse a la pregunta de quién soy, vemos que para Ralf el problema es que en ese intento de completud se ubica en lugar de objeto total, imponiéndose a los demás. En lugar de funcionar como portador de una ley, se ubica él mismo como ley absoluta. La imposibilidad funda una lógica del no todo, estructural a la condición humana que difiere completamente con la pretendida completud que comporta la noción de sujeto autónomo.
No podría sostener con los elementos que cuento que Ralf se haya responsabilizado subjetivamente ante su deseo. En la escena final se puede ver cómo intenta detener su propia orden al pedir que detengan la matanza en la cámara de gas, pero ya es tarde. Luego su llanto deja entrever un desmoronamiento. En el film también puede verse cómo la mujer de Ralf le advierte sobre sus acciones al manifestarle su deseo de irse de Auschwitz, ya que no considera que sea un lugar apropiado para sus hijos. Ella le cuestiona su accionar y el fin de ese campo, pero éste continúa con su actividad sugiriéndole que se marche ella con los niños.
Por todas estas cuestiones puedo pensar que aparecerá el sentimiento de culpa y no una responsabilidad subjetiva donde haya un movimiento subjetivo. “La culpa hace a la retroacción, hace que se retorne sobre la acción por la que se “debe” responder”. “El sujeto del acto coincide con el de la responsabilidad subjetiva. El gesto de asumir responsabilidad implica ob- ligarse para garantizar una deuda. El solo hecho de saberse culpable de la situación en juego permite la posibilidad de otro tipo de responsabilidad no clivada” . La culpa depende de una operación eminentemente simbólica: la interpelación subjetiva. No podríamos plantear una dimensión ética sin moral, axioma homologable a que; no hay responsabilidad subjetiva sin culpa, en donde esta última resulta de factura particular y la primera una singularidad.

El azar y el determinismo son dos dimensiones posibles de análisis frente a aquello que “le ha sucedido” al sujeto y que se pondrían en juego como posibilidades de dar significado a la pregunta que surgió a causa de la interpelación: lo que sucedió se produjo por azar o por determinación, en esta perspectiva el sujeto, en eso que pasó, no tiene nada que ver. Pero la dimensión de análisis que a nosotros nos importa es si el sujeto puede responsabilizarse subjetivamente: “(…) Freud nos alerta de una responsabilidad que atañe al sujeto en relación a aquello que desconoce de sí mismo” .
“No hay forma de no responder, pues la interpelación exige respuesta. (…) La interpelación implica ya una deuda por la que hay que responder, es el llamado a responder para volver al surco de lo moral, en este caso la respuesta es particular. No hay singularidad en la vuelta al surco moral porque la respuesta resulta un taponamiento de la dimensión ética.” Diríamos con Salomone que se responsabiliza moralmente y trata de enmendar: “Se trata de una culpa moral como respuesta a la interpelación. Evalúa su accionar, lo encuentra moralmente malo y se reprocha por ello” . Puede haber una respuesta desde la moral del sujeto, que se deja entrever en el momento que Ralf justifica su accionar ante su esposa y le sugiere que ella se vaya con los niños. Protege a su familia aceptando que se vayan, pero él continúa con lo que debe hacer, ser comandante en el campo de concentración de Auschwitz. Esto es lo que creo sucedería con Ralf. La responsabilidad subjetiva es esa relación ética del sujeto al deseo, pero es más fácil desligarse del asunto, no querer saber nada de ello; ésto sería la negación, que es una de las respuestas a la interpelación, un modo de manifestarse el sentimiento inconsciente de culpa. Bruno muere a causa del azar aunque por la propia orden del padre. Muere como un judío mas, quedando Ralf como víctima de su propia acción. Él, como comandante, ordena matar y muere su hijo también.

BIBLIOGRAFÍA

• Calligaris, C.: La seducción totalitaria. En Psyché, 1987
• D’ Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires
• Salomone, G. Z: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



NOTAS

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