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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGIA

Psicología, Ética y Derechos Humanos

Cátedra I
Prof. Tit. Reg: Lic. Juan Jorge Michel Fariña

2° Parcial

Ianina Gisel Caffarelli Patricia Pollero
LU: 290049560 LU:21442350

COM: 4
Profesor: Gervasio Noailles.

2° cuatrimestre de 2009

Consigna de evaluación.

Elija un film, un texto literario o alguna otra producción narrativa en la que se despliegue y pueda ser recortada una singularidad en situación. En caso de elegir una creación cinematográfica, la misma debe haber sido realizada entre el año 2002 y el presente (salvo condiciones excepcionales, las cuales deben ser autorizadas por el docente a cargo de la comisión de trabajos prácticos.)

En ese recorte, escoja un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J.P.Sartre.

Analícela ubicando sus coordenadas en los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad y explicitando la hipótesis clínica que establezca respecto de qué debe responder el sujeto, en términos de responsabilidad subjetiva.

Incluya las referencias relativas a la categoría de necesidad y azar, así como a las de culpa y responsabilidad.

Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente- el efecto particularista.

La película elegida para realizar el trabajo es “El niño del pijama a rayas”, un film dramático dirigido por Mark Herman cuyo argumento está basado en la novela homónima de John Boyne, que se presentó en la 56ª edición del Festival de Cine de San Sebastián el 19 de septiembre de 2008. A fin de poder realizar el análisis teniendo en cuenta la propuesta de la cátedra, nos centraremos en el personaje del padre, Ralf y tomaremos dos escenas de la película.

Escena 1.
Una familia alemana compuesta por: Ralf (padre), Elsa (madre), Gretel (nena de 12 años) y Bruno (niño de 8 años) se mudan de su casa de Berlín a una zona aislada, al campo. Esta decisión es tomada por el padre, Ralf, que es soldado del ejército nazi, y al ser ascendido de rango es trasladado a cumplir su trabajo en un campo de concentración de Auschwitz.
Ralf les da la noticia a sus hijos, y Bruno, su hijo menor, es el que se muestra más triste porque no quiere separarse de sus amigos. Frente a la negativa de Bruno de mudarse, su padre le dice: “considéralo como una de tus aventuras que lees en tus libros… Cuando uno es soldado, lo importante no son las elecciones, sino el deber. Si tu país te necesita que vayas a algún lugar vas. Claro que ir a un lugar nuevo es mucho más fácil…cuando sabes que tu familia está feliz de ir contigo.”
Ralf organiza junto a su mujer una fiesta como despedida de sus amigos y en reconocimiento al ascenso que obtuvo en su trabajo como militar. En esa fiesta también están sus padres, su padre está muy contento, pero su madre le dice: “a veces me pregunto si esto es culpa mía. Todos los trajes que hice para tus obras cuando eras pequeño…te encantaba disfrazarte. ¿Aún te hacen sentir especial, Ralf querido? ¿El uniforme? ¿Y lo que representa? Frente a estos dichos él dice: “mamá es una fiesta, no arruinemos las cosas. Deberías tener cuidado. Expresar tus opiniones en público podría meterte en líos. Tú lo sabes.”
La enorme casa a la cual se muda la familia queda cerca de los campos de concentración.
En esa casa, Bruno descubre, al mirar por la ventana de su cuarto que del otro lado del alambrado hay personas que siempre llevan puesto un “pijamas a rayas”; se trata de judíos prisioneros que están en ese campo.
Bruno, cree que se trata de “granjeros” y comienza a preguntar a sus padres.
Bruno: “¿por qué usan “pijamas” los granjeros? Puedo verlos desde mi ventana.”
Padre: (piensa) “la cuestión es que esas personas…pues en realidad, no son personas.”
Madre: “¿quién te dijo que era una granja? ¿María? (refiriéndose a la mucama)
Bruno: “no. Sí es una granja, ¿verdad?”
Madre: “sí.”
Bruno: “¿es de tu trabajo nuevo?”
Padre: “lo único que debes saber de mi trabajo…es que es muy importante para nuestro país y para ti. Trabajamos muchísimo para que crezcas en un mundo mejor.”
Bruno: “pero tú no eres un granjero, eres un soldado.”
Madre: “bueno, ¿me ayudas a acomodar las cosas en la cocina?”
Bruno: “pero ¿puedo jugar con ellos, con los niños?”
Madre: “no me parece, no. Como tú dices, son un poco raros. Son diferentes. Tendrás amigos nuevos…pero no serán de la granja”.
La madre le recrimina a Ralf: “dijiste que estaba muy lejos”, a lo cual Ralf dice: “lo está. ¿Cómo iba a saber que lo podía ver desde su cuarto?” Para que Bruno no vea, le clausuran la ventana de su cuarto con maderas.
Pese a las prohibiciones de sus padres de no salir del patio de su casa, Bruno busca la manera de hacerlo sin que sus padres se enteren. Descubre una pequeña ventana de un galpón que está en la parte trasera de la casa, y es por allí que va a salir a “explorar”, como él dice.
Así es como corriendo por el campo llega hasta el alambrado del campo de concentración; allí se encuentra con los “granjeros” que usan “pijamas a rayas”, y en particular con un niño, Shmuel. Este es un niño judío de su misma edad que está prisionero con sus padres. Bruno entabla amistad con él, a veces lleva algún juego para jugar a través del alambrado, también le pregunta acerca de lo que realizan en esa “granja” y comienza a pensar en las diferencias que aparecen entre lo que escucha en su casa de sus padres, su hermana, el tutor, los soldados, y lo que le cuenta Shmuel. Estas visitas que realiza las mantiene en secreto, incluso muchas veces saca comida a escondidas para llevarle a Shmuel.

Escena 2.
La irrupción de Elsa, en la oficina de Ralf, mientras éste está en una reunión con dos soldados, diciendo: “nuestra capacidad semanal se triplicaría. Para el final del verano…, Elsa estoy en una reunión.” Elsa desde la puerta le dice: “Bruno ha desaparecido.”
Ambos vuelven a la casa, Ralf hace abrir con los soldados la puerta que da al campo, que estaba clausurada. Salen corriendo, atraviesan el campo y llegan hasta el alambrado del campo de concentración. Allí ven en el piso las ropas de Bruno, la pala que él había llevado y utilizado para cavar un hoyo y pasar al otro lado. Se dan cuenta que Bruno está en el campo de concentración con los judíos. Llueve, Elsa y Gretel se quedan paradas frente a las ropas de Bruno, Ralf se dirige corriendo con los soldados hacia la puerta para pasar. Comienza a revisar el campo, las chozas, grita, pero no lo encuentra.
Ralf recorre el campo hasta llegar frente a la cámara de gas. Allí ve que uno de sus soldados acaba de introducir el veneno, y grita desesperadamente: “¡Bruno!”, y se queda mirando con la boca abierta, como sin entender, luego baja la mirada.

Al trabajar el concepto de responsabilidad subjetiva estamos haciendo referencia al sujeto del inconsciente; “…sujeto no autónomo que, por definición no es dueño de su voluntad e intención.”
La responsabilidad subjetiva enfrenta al sujeto con aquello de sí mismo desconocido para él, pero que sin embargo esta allí, la podemos ubicar del lado de lo singular, asimismo sabemos que no existe sin culpa, ésta última del lado de lo particular.
Diferenciamos de este modo, la responsabilidad jurídica en tanto ésta alude al sistema de referencias legales, constituyendo una de las formas de responsabilidad moral.
Tomaremos de la película elegida las escenas anteriormente señaladas como aquellas que podrían plasmar el circuito de responsabilidad subjetiva. Como tiempo 1 vamos a ubicar la escena en donde Ralf, nuestro personaje elegido, toma la decisión de irse con su familia a vivir a Auschwitz, donde estará al mando de los campos de concentración. Esta decisión que toma es en respuesta a un ascenso que él tiene como soldado nazi; del cual se siente muy orgulloso.
Conviene aclarar que Ralf no la toma como una decisión puesto que para él era una obligación; al respecto dice: “cuando uno es soldado, lo importante no son las elecciones, sino el deber.” Se podría pensar a este hombre, como dice Calligaris, como un instrumento del aparato, como un burócrata que sólo cumple órdenes, reduciendo la propia subjetividad a una mera instrumentalización.
En este primer tiempo, se puede ver, en Ralf el énfasis, la pasión que coloca en ese trabajo, que pese a la curiosidad de Bruno, dice: “lo único que debes saber de mi trabajo…es que es muy importante para nuestro país y para ti. Trabajamos muchísimo para que crezcas en un mundo mejor.”
Se siente muy orgulloso del ascenso que ha logrado y nada parece hacerlo tambalear en su decisión, esto puede observarse cuando en la fiesta que da para celebrar ese ascenso, su madre irónicamente le dice: “a veces me pregunto si esto es culpa mía. Todos los trajes que hice para tus obras cuando eras pequeño… te encantaba disfrazarte. ¿Aún te hace sentir especial? ¿El uniforme? ¿Y lo que representa?” Frente a estas preguntas, Ralf dice: “mamá es una fiesta, no arruinemos las cosas. Deberías tener cuidado; expresar tus opiniones en público podría meterte en líos. Tú lo sabes.”
Podríamos pensar el aceptar este ascenso y consecuente trabajo de Ralf, como de necesidad forzosa, rigurosa e inflexible para él, en tanto sostiene: “cuando uno es soldado, lo importante no son las elecciones, sino el deber. Si tu país te necesita que vayas a algún lugar vas…” Ralf parece ubicar a su país por encima de todo, sin miramientos por los medios que se utilizan para el beneficio del mismo. Dentro de su lógica podría pensarse que el asesinato de miles y miles de judíos era una necesidad para alcanzar el ideal de país que decían buscar. Ralf se siente parte de ese engranaje burocrático, empobreciendo la subjetividad.
En relación a un hecho fortuito, accidental, podríamos ubicar el momento en el que Bruno, este niño de ocho años, ve por la ventana de su cuarto, los campos de concentración, hecho que despierta curiosidad en él. Es a partir de allí que intentará por todos los medios posibles descubrir y conocer ese lugar, primero le pregunta a sus padres, y como las respuestas que obtiene son confusas, contradictorias, decide “explorar” sólo. Así es que llega hasta el alambrado del campo de concentración y conoce a Shmuel; a partir de ese momento para él esa visita que realiza a su amigo es toda una aventura, tal como su padre le había dicho que debía considerar su estadía en Auschwitz.
Como exculpación posible para Ralf, se puede pensar, siguiendo sus dichos, la ignorancia, el azar en relación a la ubicación de la casa que habitaría con su familia respecto del campo de concentración. Cuando Elsa, su mujer le dice: “dijiste que estaba muy lejos”, Ralf señala: “lo está, ¿cómo iba a saber que lo podía ver desde su cuarto?”
Sin embargo, al resguardarse en el azar, como dice Mosca, se borra el sujeto de toda responsabilidad, borrando también su acto.
Siguiendo con el desarrollo de los sucesos, es que podríamos ubicar como un segundo tiempo, que interpela a nuestro personaje, Ralf, la desaparición de Bruno y posterior indicios de que ha sido asesinado junto al resto de los prisioneros en la cámara de gas. Es en esta escena donde Ralf se muestra con el rostro desencajado cuando se para frente a la cámara de gas, gritando desesperadamente el nombre de su hijo, y dándose cuenta que sus soldados ya han introducido a los prisioneros, han lanzado el veneno, y ya no hay más nada que hacer; su hijo ha sido asesinado con los demás. Aquí se presenta la angustia en Ralf, como efecto de ese real que irrumpe, sorprendiéndolo; dividiendo al sujeto.
“Eso inesperado e impensado que le ha sucedido lo toca de cerca, “realmente” lo toca. No es puro “bla-bla”. Roza lo real, pero todavía falta una segunda vuelta, que recorte la posición del sujeto. De ese roce, que hace marca, la segunda vuelta plantea qué hacer con esa marca, siendo imposible volver ya al mismo punto, ni simplemente repetirlo.”
En relación a la angustia, es importante considerar que podemos entenderla como una forma de expresión del inconsciente, una expresión que estaría ocultando un deseo.
No sabemos como se va a posicionar este sujeto luego de ese acto, puesto que la película finaliza con esa escena; pero por la expresión que se presenta en el rostro de nuestro personaje, podemos advertir que alguna pregunta se le arma a partir del asesinato de su hijo. Este hecho que perturba su intención consciente, lo confronta a un punto de sin sentido. “Esa hiancia, ese punto de inconsistencia, lo interpela, llama al sujeto a responder. La interpelación, que nombraremos como tiempo 2 del circuito, es lógicamente anterior al tiempo 1.”
En ese rostro perturbado de Ralf, podría leerse cierto reproche, cierta recriminación hacia sí mismo, como preguntándose “¿qué hice?”, y tal vez cuestionándose esa decisión de llevar a su familia cerca de su trabajo, del cual hasta ese momento se mostraba orgulloso. Se podría pensar aquí que la culpa obliga a dar una respuesta a esa interpelación, generando una resignificación del tiempo 1.
En relación a la hipótesis clínica podríamos interpretar que lo que se ha puesto en juego en Ralf, es el deseo inconsciente de control, de omnipotencia sobre los otros, velado tras su trabajo, enmascarado tras el ideal de país al cual adhiere, lo que lo lleva a los extremos de la destrucción del otro, del diferente. Es en el cumplimiento de estos deseos que obtiene un goce narcisista elevado. Esto lo encontramos reflejado en el orden del discurso cuando el soldado dice que lucha para lograr un mundo mejor y precisamente sabemos que se trata de un exterminio deliberado de lo “diferente”.
Si bien las mociones agresivas son constitutivas del ser humano, es en el encuentro con la cultura que éstas se pueden atenuar. La vida en sociedad requiere de una renuncia del ser humano sobre sus pulsiones agresivas, esa cuota de represión es necesaria y es operada por los imperativos morales del superyó. Al respecto, Fariña señala: “Cuando falla este dispositivo, lo que domina en el superyó es como una pura pulsión de muerte que impulsa al yo a la muerte, si éste no se protege antes de su tirano refugiándose en la manía. Son justamente los casos en que los idealismos, exacerban la pasión hasta los límites de la supresión física.”
Esa satisfacción de naturaleza narcisista se sustenta en el orgullo que proveen los logros obtenidos, a condición de compararse con otras culturas que han alcanzado otros logros e ideales.
En nuestro personaje Ralf, aparece el orgullo y la “justificación” desde lo racional para explicar su trabajo, quedando oculta su verdadera causa. Este deseo de control, de omnipotencia en Ralf lo conduce a querer tener un dominio sobre los otros, sobre su trabajo, sobre su familia; y Bruno, su hijo de ocho años, parece escapar al control de su padre. Bruno busca el modo de “explorar” y conocer aquello que lo inquieta, sorteando las prohibiciones que le imponen sus padres; podría pensarse que no se muestra como un niño obediente, sino más bien como un niño curioso, que piensa y cuestiona.
Podríamos pensar a Bruno como un “otro”, un “diferente”. Esos “otros” y “diferentes”, en la lógica de Ralf aparecen representados por los judíos, que no son considerados personas, y son eliminados bajo el postulado de perseguir ciertos ideales para la construcción de un país mejor. En nombre de estos ideales exacerba su pasión, y consecuentemente su agresión, su odio hacia lo “diferente”, considerado ya su enemigo, llegando hasta la destrucción de estos “diferentes”.

Bibliografía:

Calligaris, C: La seducción totalitaria. En Psyché, 1987.
D´Amore, O.(2006): Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol 1: Fundamentos. Letra Viva.
Fariña, J. J. M (1998): La cuestión de las minorías. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
Fariña, J. J. M. Responsabilidad: entre responsabilidad y azar. En www.psi.uba.ar
Mosca, J. C (1998): Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
Salomone, G (2006): El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. 1: Fundamentos. Letra Viva.



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