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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humanos

Cátedra I
Titular a cargo: Fariña, Juan Jorge Michael

Segundo Examen Parcial

Comisión: 23
Docente a cargo: Ollier, Alejandro

Alumnas:
• Leiva, Yanina Andrea LU: 33305947/0
Mail: yani_leiva88@hotmail.com
• Sansón, María LU: 33031986/0
Mail: merysanson@hotmail.com

Segundo cuatrimestre 2010
CONSIGNA DE EVALUACIÓN
1. Escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre. Justifique su elección.
2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.
3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.
4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.
5. Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente- el efecto particularista.
En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

Sinapsis de la película: “El niño con el pijama de rayas”

El film se sitúa en Berlín, en Alemania, durante la Segunda Guerra Mundial. Ralf, uno de los personajes principales, es ascendido al puesto de comandante y debe mudarse cerca de un campo de concentración del cual estará a cargo. Ante este acontecimiento, su mujer, Elsa, decide que lo mejor para la familia es mantenerse unidos y, en consecuencia, trasladarse a este nuevo hogar acompañando a Ralf. Este matrimonio tiene dos hijos: Gretel (12 años) y Bruno (8 años). Ambos le dan la noticia a sus hijos y, días antes de su partida, brindan una fiesta en su casa para celebrar el ascenso. Se mudan a la nueva casa que quedaba ubicada delante del campamento del que estaba a cargo Ralf, mediando por algunos kilómetros de bosque. Desde la ventana del cuarto de Bruno se podía ver el alambrado que limitaba con el campamento, lo cual despierta la curiosidad del niño sobre este lugar, al que llama “granja”. Bruno, decide explorar el lugar más allá de las advertencias de no acudir a ese lugar. Al llegar al allí, entabla una amistad con Schmuel, un niño judío con el que habla y juega por medio del alambrado que los separa. Al mismo tiempo en que esto se produce, la madre, nota las verdaderas prácticas que se llevan a cabo en el campo de concentración. Debido a esto, finalmente, decide retirarse de la escena mudándose a la casa de su hermana con sus hijos. Minutos antes de que partan, Bruno escapa a visitar por última vez a Schmuel y a cumplir con la promesa de ayudarlo a encontrar a su padre, el cual se había ausentado en los últimos días. Entra al campo de concentración haciendo un pozo por debajo del alambrado y cambia sus ropas por el uniforme que llevaban los judíos. Comienzan a buscar al padre, entrando a una barraca que estaba llena de hombres. En ese momento, ingresan oficiales nazis que comienzan a dirigirlos hacia las “duchas”, quedando Bruno y Schmuel atrapados en el tumulto. Mientras tanto, en la casa, los padres no encuentran a Bruno y los van a buscar al columpio, en el cual el niño jugaba habitualmente. Al no verlo allí, notan que la puerta que sale al jardín trasero está abierta y se percatan de que Bruno se dirigió al campamento y corren hacia allí. La escena final se desdobla en dos situaciones. Por un lado, el padre llega primero al lugar, y al ver el pozo y la ropa de su hijo al costado del alambrado, ingresa al campo en su búsqueda, escoltado por oficiales. Simultáneamente, la madre llega al lugar y al notar la ropa y el pozo lanza un grito desconsolado aclamando el nombre de su hijo; hecho que coincide con la llegada del padre frente a las puertas de las cámaras que ya estaban encendidas.

1. Tomamos como sujeto de la decisión a Elsa. Realizamos esta elección dado que consideramos que, a lo largo de la película, este es el personaje en el cual se puede apreciar más nítidamente toda una serie de cambios en cuanto a sus actitudes, estados, etc., los cuales dan cuenta de distintas posiciones frente a la situación; en comparación por ejemplo con Ralf, que se mantiene siempre en la misma postura sin interrogarse.
2. A partir de dicha decisión, ubicamos el circuito de responsabilidad que organiza la situación.
En un tiempo 1 tomamos la decisión de Elsa de elegir acompañar a Ralf junto con sus hijos a la nueva casa delante del campo de concentración. Ubicamos aquí a Elsa como un sujeto conciente de su accionar, que toma esta decisión con cierta intencionalidad que es la de acompañar a su marido y mantener la familia unida. Para demostrar su convicción con la decisión tomamos dos escenas que nos parecen significativas. La primera radica en la situación en que, al enterase de la noticia de la mudanza, Bruno queda disconforme, y ante esto Elsa intenta convencerlo de que es un cambio bueno, positivo. Su padre argumenta que es su deber servir a la Nación y que es una decisión que va más allá de él, lo cual es reforzado por Elsa. Otra situación es cuando en la fiesta que se da para celebrar el ascenso, la madre de Ralf interpela a su hijo acerca de los actos que lleva a cabo en su trabajo. Ante esto, Elsa intenta descongestionar la situación para sustraer a los chicos de la escena y apoyar a su marido.
Ubicamos un tiempo 2 cuando Elsa descubre, a través de un comentario que realiza uno de los soldados, las verdaderas prácticas que se llevaban a cabo en el campo de concentración del que está a cargo su marido. En este tiempo ocurre un efecto no esperado que produce una interpelación subjetiva de la mujer: ¿está bien que esté en este lugar con mis hijos? Esta pregunta resignifica el tiempo 1, el de la decisión tomada. La interpelación subjetiva se pone en marcha cuando la Ley Simbólica del deseo ob-liga a retornar sobre la acción. No hay deseo sin culpa (la cual conceptualizaremos en el punto 4) y es esta la que retorna sobre la acción más moral, más particular, favoreciendo la interpelación.
Como tiempo 3 podemos ubicar la decisión de Elsa de irse del lugar e ir a vivir con sus hijos a la casa de su hermana. Esta decisión subjetiva se ve en la respuesta que da el sujeto a la interpelación que ob-liga a retornar sobre la acción del tiempo 1. Es aquí donde Elsa se implica en su acto, y de este modo asume la responsabilidad subjetiva, es decir, se hace responsable. Consideramos responsabilidad subjetiva a aquella que se configura a partir de la noción de sujeto inconciente; sujeto no autónomo que no es dueño de su voluntad e intención. La decisión de partir constituye un acto en el cual el sujeto se produce: responsabilidad subjetiva es el otro nombre del sujeto en acto.
3. La necesidad está determinada por aquellos elementos que situacionalmente reúnen y componen características de la opción, y el sujeto nada puede hacer para modificar la coordenada. Articula la relación causa-efecto y es del orden de lo anticipable. Ubicamos como elemento del orden de la necesidad, por un lado, que el marido se tenga que trasladar y, por otro, que sea a la casa delante del campo de trabajo que tenía a cargo.
El azar está compuesto por aquellos elementos del orden de lo incierto, fortuito o de lo no anticipable, que desconecta la relación causa-efecto. Se podría ubicar en este orden que el campo se vea desde la ventana de la habitación de Bruno, que desde la casa se vea y se huela el humo que emana del campamento (lo cual desencadena que Elsa se entere de las prácticas que se efectuaban en el campo).
4. Desde el tiempo 2, podríamos inferenciar que Elsa intenta “volver sobre los elementos disonantes sin que esto implique una apertura, sino para cerrar el circuito” (Salomone; Domínguez, 2006:153). Con esto queremos decir que dado el tiempo 2, que es el tiempo de la interpelación, se funda en su resignificación el tiempo 1, facilita una respuesta, que aunque no es considerado todavía como tiempo 3 responde a la interpelación. Como respuestas a esta interpelación surge en Elsa distintas figuras de la culpa. Podemos ubicar como indicadores diferentes escenas. Una de ellas es en la cual Elsa le cuestiona a Ralf acerca de por qué no le contó sobre las prácticas que se llevaban a cabo; como consecuencia de que azarosamente un soldado le hiciera un comentario: “huelen aún peor cuando los queman, ¿no?”. A partir de esto, Elsa cuestiona a Ralf sobre su accionar. Este le contesta que ella también creía en la causa y quería una Nación fuerte. Ante esto Elsa responde que no creía que era el modo y que no era parte de una guerra, preguntándole a él cómo puede participar de esto. A partir de aquí se suceden una serie de escenas donde Elsa sigue cuestionando a su marido, dejando entrever sentimientos de angustia, impotencia, llanto. Son las vicisitudes del sentimiento inconciente de culpa que encuentra un modo de manifestación, como lo vemos en el inequívoco de la angustia, pero que no implica una emisión subjetiva sobre la decisión. A su vez, encuentra apoyo en la proyección ya que “si el culpable es el otro yo no soy responsable” (Salomone; Domínguez, 2006:159). Desde aquí hay un marcado cambio de actitud desde el tiempo 1, en el cual se demuestra de acuerdo con la decisión y siempre destacando el papel de su marido en la misión que está por embarcar; respecto de este tiempo donde se mantiene en una posición oscilante entre la actitud desafiante, y la angustia y el llanto. “Cada uno de estos elementos puede ser considerado una respuesta que dice si a la interpelación” (Salomone, Domínguez, 2002:154). Finalmente, traemos una escena que nos resulta sumamente rica para el despliegue de nuestra fundamentación. La misma se basa en una discusión que tiene el matrimonio donde:
Ralf: no puedes seguir comportándote así
Elsa: ¿te preocupa mi comportamiento?
Ralf: esto no puede seguir así.
Elsa: lo se, no aguanto más. No puedo seguir aquí y formar parte de esto.
Ralf: ¿no crees que se harán preguntas? ¿Qué opinaran de mi capacidad para hacer mi trabajo sino puedo controlar a mi familia?
Elsa: ¿eso te parece trabajo?
Ralf: contrólate.
Elsa: claro, que lo ignore. Que ignore que el hombre con el que me case es un monstruo. Ni siquiera tu madre era capaz de quererte.
Tomamos de esta escena el momento en que Elsa dice que no aguanta más y que no quiere “formar parte de esto” como punto en el que se diluye el sentimiento de culpa en el efecto sujeto para pasar a un tercer tiempo de responsabilidad subjetiva. Es allí donde vemos que las figuras de la culpa ceden su lugar, y aparece la implicación de Elsa en la situación, hay un cambio en su posicionamiento subjetivo; ella también forma parte “de eso” permaneciendo ahí. Si continua apoyando a su marido en su accionar, Elsa es responsable. Ahora bien, este cambio de posicionamiento subjetivo, de asunción de la responsabilidad es doloroso e implica una renuncia; en este caso una renuncia narcisística, a un marido idealizado que cae de ese lugar descubriéndose monstruoso, imposible de querer ni siquiera por una madre en palabras de Elsa. En este punto se podría inferir la hipótesis clínica, considerándola como una construcción de la que no podemos estar seguros, pero que aparece en el material clínico más allá de lo que se puede apreciar en el orden de lo particular. Elsa se sabe responsable de “formar parte de eso”, de seguir a su marido sin reparos y ante la asunción de la responsabilidad el velo cae, cayendo así Ralf.
5. Consideramos a Elsa en su actitud de querer irse y no “formar parte” de la situación como un acto ético. Este acto implica la noción de efecto sujeto el cual es una manera de responder a la interpelación como responsabilidad subjetiva. Así, al hablar de acto, se implica a la dimensión ética, ya que llamamos éticas a las singularidades que hacen desfallecer el particular previo. En contraste a este acto ético creemos importante resaltar que Elsa, mediante las figuras de la culpa, intenta cerrar el circuito en un tiempo 2 de modo particular. Esto lo vimos en el punto anterior, cuando Elsa interpela a su marido preguntándole cómo puede hacer eso, lo cual consideramos que apunta a una cuestión moral sin poner en juego una dimensión ética. La interpelación genera en Elsa una deuda por la que hay que responder y realiza esta respuesta particular para poder volver así al “surco de lo moral”. El horizonte ético se dibuja sobre la dimensión singular-universal (que es el orden simbólico que se expresa en cada singularidad) y lo particular (como sistema de códigos compartidos) es el soporte sobre el cual se realiza. A lo cual podemos agregar que nada sabemos de de lo universal sino a través de su emergencia particular y que para cada universal postulado un algo singular lo obliga a ir más allá de su aparente totalidad.

Bibliografía
- D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
- Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
- Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
- Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



NOTAS

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