por 

Psicología, Ética y Derechos Humanos

Cátedra I - Titular: J. J. M. Fariña.

Segundo parcial – Segundo cuatrimestre del 2009

Comisión nº 8

Ayudante: Laso, Eduardo.

Alumna: Cruz, Natalia.

D. N. I.: 27.326.760

Película: “El otro” del año 2008.
“Es la historia de Juan Desouza la cual, inicia con un dialogo en off con Claudia.
J -¿Porque no esperas un poco mas Claudia?
C -No creo que sea un atraso, ya espere una semana.
J-¿Tenes miedo?
C-No.
Juan de 46 años, casado y de profesión abogado, va a ser padre, su mujer Claudia esta embarazada, y su padre esta enfermo y necesita atención constante. En habitual viaje de negocios de medio día al interior del país al llegar a destino, descubre que el hombre que viajaba a su lado no se despierta. Baja del ómnibus, pensativo, realiza el trabajo para el cual ha tenido que realizar ese viaje. A la hora de volver se queda meditabundo en la estación de micros y decide volver al pueblo a buscar un hotel, casi como un juego, decide tomar la identidad vacante de este hombre Manuel Salazar, inventarse una profesión, conseguir un lugar donde dormir: la posibilidad de no regresar. Al ser tomados sus datos por el encargado de este el contesta entretenido e improvisadamente: “Emilio Bronelli”. El resto de los datos que inventa: 45 años, casado, arquitecto, DNI 15584131. Decide cambiar de hotel en el pueblo, a medida que la encargada le pregunta los datos, Desouza también como en juego va contestando: Manuel Salazar (el hombre que murió en el micro), 45 años, medico, soltero, DNI 12584181. Discurre y transcurre en el pueblo durante un rato comiendo y paseando, camina por la carretera, duerme a la intemperie en la naturaleza, tropieza con una joven con la cual tienen una noche apasionada. A esta última le inventa llamarse Lucio, tener hijos: Rocío y Martín, ser separado. Trascurre una serie de pequeñas aventuras y cada vez que es interrogado por su identidad inventa una nueva. El viaje, los cambios de nombre, sus pequeñas aventuras (encuentros casuales, esporádicos, imprevisibles) son excusas, espacios que Juan se genera para pensar, para analizar, para saber qué es lo que le está pasando. Entre identidad e identidad, vuelve al hotel y al velorio de Manuel Salazar que se lleva a cabo en el pueblo. Hasta el momento donde en el hotel que lo creía medico surge una emergencia de salud con respecto a una mujer mayor que se aloja ahí mismo. El pedido de ayuda por parte de la encargada trata evasivamente de esquivarlo y no puede. Le dice que enseguida esta con ella (ya que fue a buscarlo a su habitación) y trata de escapar sin ser visto. Sin embargo es interceptado por la mujer y llevado a la habitación donde se encuentra la señora que no da señales de vida. En su desesperación e impotencia el inventa un pretexto para sacar de la habitación a la encargada del hotel y quedarse a solas con la mujer descompuesta. Sin saber que hacer intenta un improvisado masaje cardiaco que resulta infructuoso. Al borde de la desesperación decide darle respiración boca a boca, la cual no parece dar ningún resultado. Sin embargo, continúa intentándolo y ocurre que milagrosamente la señora empieza a respirar. El entre incrédulo y aliviado, se deja caer en el sillón a su lado sosteniéndose la cabeza. Mientras manifiesta silenciosamente un cúmulo de emociones,, la señora parece decir algo imperceptiblemente. El se acerca para escucharla y responde simplemente: “Juan”. Luego de este incidente llega la ambulancia, sin esperar mas se dirige a la terminal y vuelve a su casa. Mira a su mujer mientras duerme y va a visitar a su padre y le cuenta que de su pronta paternidad.”

Juan Desouza se sube al tren para viajar a una provincia del interior por motivos laborales. Al llegar a destino Juan descubre que el hombre que viajaba a su lado no se despierta, y decide tomar su identidad e inventarse una propia. La acción de viajar por trabajo tuvo un giro, sucedió una circunstancia: el pasajero a su lado no se despertó, falleció. Juan ante la situación se muestra perplejo, al bajar del micro se queda largamente meditando en silencio antes de dirigirse al lugar donde debe ir a trabajar. Juan comienza un juego, en vez de volver a su casa en micro como iba a hacer en primera instancia deja irse al micro, y se registra en el hotel. Entre aventura y aventura de su discurrir en este pueblo, vuelve al velorio de el verdadero Manuel Salazar. Juan explora las posibilidades de no ser Juan, de ser otro, de tener otra identidad, otra vida. Este juego de Juan es una acción deliberada y conciente y deliberada. El no siente culpa de cambiarse el nombre, de reencontrarse con otras posibilidades de existencia a través de ello. El no siente culpa, para el es un juego. Imagina, fantasea la posibilidad de otra identidad, de dejar todo. Es posible situar aquí, el primer tiempo del circuito de la responsabilidad, concebido en tanto: “…un tiempo 1 donde se realiza una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en el que el sujeto se halla inmerso, y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada...” Para Juan, este juego se extinguiría en si mismo, y en los fines para el los cuales fue concebido o improvisado. El no piensa mas allá, no prevee las consecuencias posibles su acción al inventar nuevas identidades, solo en la diversión que le proporciona, en la posibilidad de fantasear con una vida distinta, de reencontrarse con si mismo y con sus gustos.
Al volver al último hotel en que se registro como Manuel, medico y soltero, entra en su habitación a descansar y al rato lo despiertan unos golpes en la puerta. La encargada con vos de desesperación le dice que abra que es una urgencia, que a la señora de la habitación 11 le sucede algo, esta descompuesta. Es este un indicador de aquello que va a suceder en el segundo tiempo y que empieza a perfilarse a partir de este momento. Juan le sugiere que llame a una ambulancia, pero la encargada dice que ya lo hizo pero puede demorar mucho, que el la vea ya que es doctor. Desouza cierra la puerta y le dice que va en un momento. La encargada lo impela a que se apure. El ya con la puerta cerrada, medita se viste y toma sus pertenencias. Para salir el debe pasar por delante de la habitación once, trata de hacerlo disimuladamente sin ser visto. Y casi lo logra, pero la encargada lo intercepta al último minuto y le comunica que esa es la habitación que busca. Una mujer mayor yace inconciente en la cama con el baton abierto, no parece respirar. Indicador de aquello que ha de acontecer en este segundo tiempo. El no sabe que hacer, le dice a la encargada que vuelva a llamar a la ambulancia, y gana uno momentos a solas con la señora. En su desesperación intenta uno masajes cardiacos improvisados, dado que no resulta su desesperación aumente y decide intentar respiración boca a boca. Esto pareciera no actuar, pero lo sigue intentando de forma angustiosa y torpe. Milagrosamente, la señora empieza a respirar. Juan se sienta aliviado al borde de un cúmulo de emociones. Aquí podemos situar un segundo tiempo del circuito de la responsabilidad, considerando que es aquel: “tiempo en que el universo particular soportado por las certidumbres yoicas se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenia al comienzo del mismo.” Ha ocurrido un exceso sobre aquello que sucedía en el tiempo uno, y aquel juego que era egosintonico para el yo de Juan, deviene algo ajeno para el mismo. El juego de identidades y posibilidades va más allá de lo que Juan espera. Considerando que: “Un sujeto puede pasarse la vida huyendo de si mismo. Pero existen circunstancias en la que algo cambia, en las que se encuentra eligiendo, pero no ya desde el calculo y la certeza precedentes.” Para Desouza el juego que le permitía huir de si mismo, cambia. Deja de ser un juego y es resignificando por el segundo tiempo. Desouza se ve interpelado. En primer termino, en ha esta interpelación responde tratando de huir sin ser visto, evitando la posibilidad de responder a pregunta de quien es. En segundo momento, se ve interpelado nuevamente pero surge angustia al tratar de salvar a la mujer desde el rol de supuesto medico. Esa interpelación ya no la puede evitar, y en este 2 tiempo y germina la culpa, que se manifiesta en angustia. El azar hace su entrada, la señora se enferma gravemente y necesita un medico. Juan no logra evadirlo, es enfrentado por la necesidad: se hace cargo de su mentira o continúa con ella. Ambas situaciones no son sin consecuencias, algo falla en el discurrir de lo que acontecía y es por ello que si consideramos que: “Es el plano de la existencia yoica que se ve atravesado por el deseo. Esa falla que el circuito comporta no es otra cosa que el lugar mismo del deseo.” Juan decide continuar el engaño, que termina haciéndolo jugar con la vida ajena.
Dado que se encuentran enunciados el tiempo uno y el tiempo dos, es posible construir una hipótesis clínica que los liga: Juan Desouza no esta conforme con su vida, y si tiene miedo. La pregunta de Juan es por su existencia en si misma. El teme a su elección de esta posibilidad, dentro de la gama de posibilidades de elecciones que podría haber hecho. Con cada una de ellas se priva de otras posibilidades de ser. Al ser inscripto como Juan Desouza por su familia también implico la trasmisión de una constitución subjetiva. Si el significante fuera otro, tal como Emilio Bronelli, Lucio o Manuel Salazar, tal vez su vida no seria la que es, tendría la posibilidad de vivir una vida distinta, de elegir otros caminos. Juan Desouza teme que el hecho de tener un hijo lo ate a una serie de responsabilidades, que le cierre su posibilidad de elegir otros caminos. Al principio de la película Claudia le interroga por el embarazo: ¿tenes miedo?, “No” dice el. Juan juega como un niño pequeño. Se miente, a si mismo y a su mujer, y continua con este mismo mecanismo de evasión el cual lleva a un plano de juego. Pero, Juan tiene miedo de la responsabilidad ante la vida, ante su vida misma, he intenta evadirla.
Otra hipótesis clínica que puede plantearse en este caso, es que Juan tiene miedo de enfrentarse a la muerte. La suya propia y la de su padre. Muerte que afronta también, con la decadencia y senectud de su padre. Este se encuentra enfermo y necesita atención como si fuera un niño pequeño del cual el se ocupa. Teme la muerte como un hecho inevitable de la vida misma. Tal vez, es por ello que todo su juego de cómo si se desata a partir de la muerte del pasajero a su lado. Y quizá, por ello vuelve una y otra vez al velorio de Manuel. En cada nuevo acto, cada nueva invención le permitirá en su fantasía escapar de la inevitabilidad de esta. Quizá inconcientemente intenta evadir la muerte, disfrazando su vida.
Aquello que se desligo en el tiempo dos y que hizo el surgimiento de su culpa, se re-liga en el tiempo tres al contestarle a la señora con la verdad y después de este acto, dejar de evadir lo que estaba evadiendo y volver a su hogar. Y es en por esta decisión en la producción de Juan, donde no hay una opción adecuada y otra errónea, que queda ligada a la singularidad de situación.
Si consideramos a la necesidad como inflexible, fatal, forzosa e inexorable, que no esta en nuestra voluntad modificar. Aquellos hechos externos situacionalmente, que quedan por fuera de nuestra capacidad de intervención. Encadena causas y efectos, y también se refiere a ella como destino. Se sube al micro y vuelve a su casa con su mujer embarazada y su vida de abogado y su nuevo hijo en camino, o sea a su compromiso ante la vida o se queda, inventa un nuevo yo. Sigue fingiendo ser alguien que no es o se hace cargo de su mentira.
Si pensamos que el “Azar” se refiere a una serie de hechos que escapan a la voluntad humana y que son fortuitos, podemos ver como se juega en este caso en relación a lo siguiente: Juan podía haberse subido a otro micro, o haber pospuesto el viaje, o viajar con otro pasajero. Pero el azar llevo a que viajara en ese micro y que su compañero de butaca Manuel, la necesidad a que este ultimo falleciera mientras dormía. Es también el azar el que lo lleva en el tiempo dos del circuito de la responsabilidad, a volver a enfrentarse con el compromiso ante la vida (o la muerte, su otra cara) al suceder que la señora del once se enferme y necesite atención medica. Sin embargo es la fatal necesidad lo que sucede y se implica en que a esta señora le suceda tan trágico acontecimiento, justo en ese mismo lugar en el cual el se alojaba haciéndose pasar por medico y jugando su juego. Pero frente a esto, el podía haber encontrado otro camino, no seguir jugando a ser medico sino decir la verdad, la verdad de su condición de no conocimiento sobre medicina, a su realidad de Juan. Se encuentra con dos caminos, uno de ellos es seguir aparentando algo que no es, el otro lo lleva a decir la verdad de quien es y lidiar con la responsabilidad. Juan decide seguir con la representación, seguir como Manuel el medico. La vida y la muerte inician el juego de Juan. Juego que lo lleva en un segundo tiempo a enfrentarse nuevamente a la muerte y lo interpela a decidir su responsabilidad ante la vida. “La interpelación subjetiva cuando la ley simbólica del deseo, ob-liga a retornar sobre la acción. No hay deseo sin culpa…” La charada de Desouza, su juego representacional, su indagación sobre su vida, está poniendo en peligro otra vida, por no asumir la propia. Esto lo enfrenta a la culpa, el ha llegado demasiado lejos. Esta se manifiesta en el segundo tiempo por las emociones reflejadas en el mientras logra después de una gran desesperación salvar casualmente a la mujer. Se manifiesta en su rostro, en sus emociones y acciones, en ese mismísimo momento, y que se abre como respuesta a la interpelación subjetiva en este segundo tiempo del circuito de la responsabilidad. Considerando la culpa es el reverso de la responsabilidad, que puede ser puesta en otros o ser autorreferencial. Y considerando a su vez que el sujeto siente culpa por aquello sobre lo que no puede responder, y sin darse cuenta que con la culpa esta respondiendo. Culpa que se manifiesta en la angustia de sus intentos desesperados por salvarle la vida y en el cúmulo de sentimientos que manifiesta. Es entonces que se abren otras posibilidades para Juan, considerando que: “… una acción egosintónica deviene ajena para su agente, al abrir en un segundo tiempo, una dimensión para el desconocida al momento de realizarla.” A partir de este momento, cuando la mujer lo indaga por su identidad y el responde con su propio nombre: “Juan”, podemos situar un tercer tiempo del circuito de la responsabilidad. Este es el tiempo en que se verifica la responsabilidad subjetiva, que sucede a solas. Desouza tiene la convicción de la existencia, al asumir la condición de su acto, de su condición a solas. La responsabilidad se ha situado acá en esta grieta entre la necesidad y el azar. Este acto que realiza Juan al decir su nombre, es un acto ético, porque al decirle su nombre: “retorna sobre la acción mas moral, mas particular, favoreciendo la interpelación para la responsabilidad subjetiva. El sentimiento de culpa se diluye en el efecto del sujeto y es una respuesta de dimensión ética.” Sin embargo el retomar sobre la acción, y dar cuenta de su real identidad, no diluye su culpa en el sentido de desresponsabilizarlo, sino al contrario la culpa se diluye al asumir su responsabilidad subjetiva y es justamente por ello que se puede considerar como una dimensión ética.
Ya no se trata de la responsabilidad moral, por ende particular, de si puede o no abandonar a su mujer embarazada y a si padre enfermo. Tampoco si es moral o no hacerse pasar por otro. Considerando “…moral coma la pertinencia de la conducta de un hombre con respecto a otros hombres.” Sino que en el tercer tiempo se encuentra con su responsabilidad subjetiva. Se enfrenta a su propia existencia, ante lo universal-singular del significante del nombre propio. Se encuentra con lo universal del nombre en si mismo, y la singularidad de lo que pone en juego en la constitución subjetiva el significante en si mismo: su existencia. Justamente, el retomar sobre la acción, y dar cuenta de su real identidad, no diluye su culpa en el sentido de desresponsabilizarlo y es por ello que juega una dimensión ética. Ya no espera de otro la pregunta de quien es, lo que importa no es la pregunta de la señora por su nombre, sino el acto que realiza en soledad. Considerando que: “Un acto implica una decisión tomada por fuera de los otros, sin los otros. Implica una decisión por fuera de lo moral -del bien y del mal-, una decisión -esto quizá los sorprenda- por fuera de la ley.” Es por ello que es a solas al asumir su acto en su condición de soledad, que Desouza tiene la convicción de existencia. Y esta decisión que implicada en su reconocimiento, tiene consecuencias para el y para los otros que lo rodean.



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