por 

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA

Ética y Derechos Humanos
Cátedra I

Profesor Titular Regular: Lic. Juan Jorge Michel Fariña

Prof. Ayudante de Trabajos Prácticos: Lic. Gabriela Mercadal

Comisión N° 15

Segundo Parcial Domiciliario
“El placard”

Alumnas:

SOUTO, Valeria Andrea L.U.: 324213460

e-mail: valeritasouto@hotmail.com

TRAVASSO, Mariela Magalí L.U. : 325385750

e-mail : marielatravasso@hotmail.com

1er Cuatrimestre Año 2010

CONSIGNA DE EVALUACIÓN

1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.

2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.

3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.

4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.

5. ¿Cuáles son los elementos comunes entre el caso presentado y el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre)?

En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

“Algún día, en cualquier parte, en cualquier lugar,
indefectiblemente te encontrarás a ti mismo.
Y esa, sólo esa puede ser
la más feliz o la más amarga de las horas”

Pablo Neruda

El presente trabajo, con carácter de evaluación parcial de la asignatura Ética y Derechos Humanos, tiene como objetivo el análisis de la película “El placard” en articulación con un comentario de referencia respecto del film, conceptos propuestos por la materia y conocimientos que tomaremos de la clínica psicoanalítica.
El eje central que atravesará el despliegue de la dimensión clínica de la ética a partir de un caso ficticio, será el de la responsabilidad subjetiva. Entendemos a la responsabilidad subjetiva como aquello que implica al sujeto, que lo interpela, respecto de eso que él desconoce de sí mismo; que le pertenece y que a le vez le resulta extraño. Cuando algo del orden de lo ajeno intercepta al sujeto, no es sin efectos. Ese encuentro con el sí mismo, como Pablo Neruda nos presenta, podrá ser “la más feliz o la más amarga de las horas”. Esto dependerá de la apertura o la clausura que se le propicie al deseo del sujeto.
Será entonces sobre el dilucidamiento de la presencia de alguna de estas dos posibilidades en el personaje del film “El placard”, que versará el desarrollo de este trabajo.

Desde la lectura de la reseña que el autor realiza del film “El placard”, señalamos que el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva es el de Francois Pignon. El mismo es presentado allí como un individuo adaptado, acomodado a las exigencias de los otros, con una existencia miserable y aún así aferrado a ella. Se trata de un personaje cuyas expectativas se reducen a trabajar para mantener a su ex mujer y a su hijo, quienes no le prestan ni el más mínimo interés. Su vida termina de oscurecerse al interceptar accidentalmente en el toilette de la empresa para la que trabaja, una conversación entre dos de sus compañeros, en la que uno le comenta al otro que él -Pignon- iba a ser despedido. Este hecho le genera un profundo malestar al personaje que lo lleva a confrontarse con el borde de su balcón (acting de suicidio). Allí es cuando aparece en escena el vecino de Pignon, quien evita todo intento del personaje de lanzarse a la nada. Luego de oír la corta y triste crónica que Pignon le da de su vida en la que incluye la noticia de su presunto despido laboral, este vecino le ofrece una posibilidad de evadir la ejecución de dicha acción: “hacerse pasar por homosexual”. Es a partir de aceptar esta propuesta que, el posterior devenir de una serie de sucesos inesperados en la vida de Pignon, producirá un cambio en la manera de concebir a este personaje.
Es en relación a este cambio que el autor del comentario propone una hipótesis respecto de la responsabilidad subjetiva en Pignon. La misma está orientada en dos líneas de análisis del film: por un lado, el nuevo posicionamiento del personaje como sujeto deseante; y por otro, pero no sin lo primero, un movimiento respecto a su existencia como padre. Como bien señala el autor “el misterio de su incierta sexualidad le presta un brillo fálico perdido y se vuelve objeto de seducción (…) Se vuelve un hombre, inclusive un padre” .
A continuación, consignamos los indicadores presentes en el comentario que nos permiten arribar a la hipótesis que plantea el autor.

• Posicionamiento como sujeto y como padre
Pignon es considerado por su hijo como una persona aburrida, rutinaria. Este adolescente huye de todo encuentro posible con su padre; situación que le implicaría tener que fingir interés por él. De hecho, no simula nada. Se limita a permanecer callado ante Pignon, sin demostrar deseo alguno de estar allí con él.
Pero, ¿qué sucede cuando este muchacho ve en la televisión que su padre está encabezando el desfile del orgullo gay? Este episodio despierta su interés en la figura de Pignon. Como es señalado en el comentario del film, su padre homosexual ya no resulta para él un padre aburrido; se ha vuelto una persona cautivante. Mas bien, la homosexualidad ha venido a crear la existencia de Pignon como un padre frente a ese hijo. Pero “no es su homosexualidad lo que lo ha hecho padre, sino que ella le ha dado el estatuto de sujeto deseante” . Esto quiere decir que, no es debido al carácter homosexual del deseo, que Pignon logra operar ese cambio de posición frente a su hijo, sino que es el deseo en sí mismo lo que permite que el personaje se asuma y se muestre como un sujeto que desea. Y en tanto hay lugar para el deseo, hay lugar para desplegar el “ser padre”.
Hasta ese momento, el deseo de Pignon estaba guardado en el placard, aplastado por la obediencia de “tener que ser -entre otras cosas- un buen padre”; obediencia que le servía para evadir el encuentro con la falta, con el “deseo de ser un padre”.

• Posicionamiento como sujeto y como hombre
La relación que Pignon mantiene con su ex mujer no es para nada simétrica. Él intenta hablar con ella constantemente por teléfono. Ella, nunca lo atiende. De hecho, el mismo Pignon reconoce que su mujer nunca lo ha amado. Sin embargo nuestro personaje, no deja de esperar una respuesta por parte de ella.
Llegando ya al final de la película, habiendo pasado el desfile del orgullo gay, Pignon decide llamar a su ex esposa para tener con ella un encuentro romántico en un restaurante. Lo sorprendente es que la mujer no sólo atiende la llamada telefónica sino que acepta la oferta. La persona de Pignon se ha vuelto enigmática hasta para ella. Que de la noche a la mañana su hijo demuestre interés en su padre homosexual, llama su curiosidad. En la escena del restaurante la mujer le demanda a Pignon explicaciones acerca de su sexualidad. Es allí donde Pignon comprende que amarla no implica tener que someterse a su demanda caprichosa; amar a esta mujer no puede significar tener que anularse como sujeto deseante.

A continuación iniciaremos el recorrido que consideramos pertinente hacer para situar los tiempos lógicos del circuito de responsabilidad que organizan el escenario; para luego poder plantear nuestra hipótesis clínica respecto del personaje sobre el que recae la responsabilidad subjetiva.

Pignon es un ser aburrido, conservador y repetitivo en todos los aspectos de su vida: trabaja en el mismo lugar hace 20 años, cada vez que llega a la oficina ofrece café a sus compañeras; a su hijo le prepara el mismo menú en todas sus visitas; llama constantemente a su mujer sabiendo que no lo atenderá, etc. Se autodefine como una persona insignificante. Podríamos decir que se trata de un hombre que adopta una posición pasiva frente a la vida; tratando siempre de complacer a los demás, sometiéndose así a las demandas del Otro. Podemos situar que esto implicaría un goce sin límites, un goce en ese sometimiento, que es por y para el Otro. Allí no hay límites, porque no hay nada del orden de la falta que se ponga en juego y que permita el despliegue de su propio deseo. El sujeto “le atribuye al Otro el impedimento de su conducta, para desligarse así de su responsabilidad en la vida. Se protege en esa creencia para no correr riesgos y, en especial, el del deseo. El neurótico evita el acto determinado por el deseo” . Pareciera que este cumplir con las exigencias del Otro, hace que el sujeto vaya perdiendo día a día su propia identidad, provocando un aplastamiento subjetivo.
La escena del comienzo del film es muy significativa para retratar la situación en la cual Pignon se encuentra, ya que es el único empleado desplazado de la fotografía grupal. A esto se suma la escena del toilette en la que Pignon escucha a dos compañeros hablando de que él sería el próximo despedido de la empresa.
Abatido por esa noticia retorna a su casa. Allí escucha a un gatito mahullar desde su balcón, y en tanto se dirige a buscarlo, se le presenta la idea de suicidarse como única salida a su aparente vacío existencial. Podríamos ubicar que este acting suicida de Pignon estaría implicando un llamado al Otro. Será entonces su vecino, el señor Belone, quien frene este accionar e intervenga allí, dándole la posibilidad a Pignon de poner en palabras su sufrimiento. Pignon le cuenta que su vida no tiene nada de interesante: sigue amando a su ex mujer y tiene un hijo que no lo tiene en cuenta. Y como para empeorar su situación, está por perder lo único que le quedaba, su trabajo. Pero su vecino le propone una solución para evitar llegar a su despido: “salir del placard y reconocer su homosexualidad”, aunque no fuese cierta. Para esto, deberá seguir siendo el hombre tímido y discreto que es, puesto que lo que cambiará es la mirada de los Otros hacia él. De esta manera, le propone hacer llegar anónimamente a la empresa unas fotos trucadas que lo comprometen a él en una situación erótica con otro hombre. Pignon, con tal de no perder su trabajo, acepta esta solución de “ser lo que no es”.
Efectivamente, las fotos comienzan a circular entre los miembros de la compañía de “Prophytex”. Casualmente, la misma es la principal productora de profilácticos del país, y su mayor porcentaje de consumidores lo constituye la comunidad gay. El jefe de la empresa, al anoticiarse de la supuesta condición homosexual de su empleado, considera que éste ya no podría ser despedido, puesto que si esto sucediera, Pignon iniciar acciones legales por discriminación. Y en ese caso, se revelaría contra la empresa la mayor parte de sus consumidores.

El tiempo uno se define como “una acción determinada en concordancia con el universo del discurso en el que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada” . Por esta razón, ubicamos como primer momento del circuito de la responsabilidad, la escena en la que Pignon subido a una carroza desfila en la marcha del orgullo gay. Pignon acepta esta propuesta publicitaria planteada por su jefe, puesto que calcula que así se volvería “intocable” en la empresa; pero sin contemplar que su cálculo anticiparía una verdad incalculable. Este suceso de “ser la cara homosexual” de “Prophytex” en la marcha del orgullo gay, implica todo un hecho de asumir su supuesta homosexualidad, puesto que hasta ese momento el conocimiento de ella se había sostenido por la existencia de las fotos comprometedoras. Sin embargo, Pignon desconoce que esta acción o tiempo uno, irá más allá de lograr el reconocimiento como miembro emblemático de la compañía. Su necesidad de conservar el trabajo no calcula lo que sucederá luego.

El tiempo dos está constituido por ciertos elementos que “pone de manifiesto el quiebre del universo particular que sostenía al sujeto guiándolo en sus acciones. Es el plano de la existencia yoica que se ve atravesado por el del deseo” . Mientras el tiempo uno implica una acción determinada en concordancia con el universo del discurso; el tiempo dos señala sostiene a la existencia de algún indicador que señala un exceso en lo acontecido. El yo se enfrenta con un momento de desorientación, de sorpresa frente a este exceso, el cual no puede aún significar desde su lógica particular de funcionamiento. Diremos que el quiebre del universo particular del sujeto permite el advenimiento de una pregunta que interpela la posición que el sujeto mantenía al comienzo del mismo, podríamos decir, en el tiempo uno. Si efectivamente algo disonante emerge en el tiempo dos, el sujeto trata de otorgar un sentido a ese exceso, de ligarlo con lo sucedido en el tiempo uno mediante una respuesta a la interpelación. Esta respuesta es denominada como hipótesis clínica y surge por retroacción del tiempo dos sobre el tiempo uno, en donde este último se resignifica o comprende a partir por el anterior. El tiempo uno, se funda como tal a partir de su resignificación. La hipótesis clínica constituye el lazo asociativo entre tiempos dos y un tiempo uno resignificado por la interpelación.
Pasemos ahora a aplicar esta segunda parte del circuito con lo sucedido en el film “El placard”. Siendo entonces que el tiempo dos está constituido por aquellos elementos que vienen a conmover, a desorientar al yo de Pignon, podemos ubicar aquí tres situaciones que cumplen en esa función:

 Escena de “los espaghettis con tomate y albahaca”
Frank, el hijo adolescente de Pignon, no quiere saber nada con su padre. Lo tiene de tipo aburrido y rutinario. Y ciertamente lo es. El muchacho se fastidia de sólo pensar que tendrá que pasar unas horas con él, sin nada interesante para contarle ni escuchar de él, y por sobre todas las cosas, tener que comer sin deseo alguno su monótono menú: “espaghettis con tomate y albahaca”.
Pero el concepto de “aburrido” que Frank tiene de Pignon, cambia radicalmente cuando ve casualmente por televisión la transmisión de la marcha del orgullo gay, en la que su padre, con un preservativo gigante de sombrero, desfila subido a una carroza. Esta situación, lejos de producirle al adolescente horror o vergüenza, despierta en él el interés que nunca había tenido por su padre. Rápidamente, el muchacho acuerda un encuentro con Pignon, quien no tiene idea mejor que prepararle la especialidad de la casa: los espaghettis con tomate y albahaca. Pero hete aquí que, esta vez, su plato sabía exquisito para Frank. Pignon no deja de manifestarle a su hijo la sorpresa que le genera su visita y se muestra realmente contento con ella. Es allí cuando Frank le cuenta que lo ha visto en la televisión y que todo el asunto del desfile gay, la carroza y el preservativo rosa en su cabeza, le ha parecido fantástico, y que es por ello que quiso encontrarse con él. Pignon no logra entender, ¿a caso a su hijo le gusta tener un padre homosexual? No. El interés de Frank no está en su sexualidad, sino en que prefiere tener “un padre gay” antes que un “padre aburrido”. Frank se alegra por su padre, y se alegra también de estar allí con él.
A partir de este momento, podríamos situar un cambio en la relación entre Pignon y Frank, un cambio respecto de la posición que, como padre, Pignon pasa a ocupar para el muchacho. Pignon logra advenir “un padre” para Frank. Y es desde esta función que, Pignon y Frank pueden establecer un vínculo, el cual se visualiza en el charlar sobre sexualidad, la confidencia de fumar hierba (por parte del hijo) y la puesta de un límite a dicha trasgresión (por parte del padre).

 “Cita con a ex”
La ex mujer de Pignon, tampoco se interesa por él, ni siquiera atiende a ninguno de los llamados que él le hace frecuentemente. Pero, esto cambia al enterarse de que su hijo ha estado cenando con su padre, y que, para su sorpresa, la ha pasado muy bien con él. Antes la demanda de explicaciones de su madre, Frank le responde que ha visto a su padre en la marcha del orgullo gay. En ese mismo instante, Pignon llama, como de costumbre, a casa de Christine, su ex, y su hijo. Pero esta vez, para nueva sorpresa de Pignon, ella atiende. Christine quiere saber qué es todo ese asunto de la homosexualidad y le pide a Pignon si podrían cenar en la semana.
Este interés repentino de su ex mujer, no deja de alegrarlo a nuestro personaje, aunque él sabe (como podremos situar en el diálogo que más adelante transcribiremos) que lo que moviliza todo ello, es la intriga por su homosexualidad.

 Escena de “la cadena de montaje”
Tras la finalización de la fiesta de bienvenida por la reincorporación de Félix, unos de los miembros de “Prophytex”, Pignon se encuentra a solas con su jefa mademoiselle Bertrand, quien le confiesa que jamás ha creído en su treta de hacerse pasar por homosexual. Transcribimos a continuación un fragmento del diálogo de esta escena:
Jefa: Debo pedirle disculpas. Usted me parecía un hombrecillo, tristón, sin físico, sin inteligencia, sin valentía, sin nada.
Pignon: No se disculpe así me ve todo el mundo.
Jefa: Usted no es un gris. Es una persona genial, y me gustaría poder convencerlo de ello.
Pignon: Le costará convencerme de q no soy un desastre.
(La señorita Bretrand da media vuelta como para marcharse, pero Pignon la detiene)
Pignon: Mañana cenaré con mi mujer. Desde que me dejó, se ha negado a verme. Ahora ha aceptado porque le intriga esto de la homosexualidad. Me atemoriza verla porque sé que lo hará de pena.
Jefa: ¿Usted ha tenido alguna aventura?
Pignon: No, sólo pienso en ella.
Jefa: Eso no está bien para recuperarla Las mujeres sienten la soledad en el hombre, y la rehúyen. También sienten cuando han estado con otras y eso las excita.

Este encuentro culmina en una escena inesperada, tanto para Pignon, como para los espectadores de la película. Pignon, atónito ante el interés de esta mujer que comienza a seducirlo y besarlo, no huye despavorido del lugar. Algo en él se despierta. Y, es a través de su protagonismo en una intensa escena sexual sobre la cadena de montaje de la empresa, que le confirma a la srta. Bertrand lo que ella ya pensaba.

Podríamos decir que el factor común a estos tres elementos que señalamos como constituyentes del momento dos, es el interés que los otros han puesto en nuestro personaje Pignon; interés que es creado porque él se ha vuelto un hombre seductor antes los ojos de los demás. Sostenemos entonces, que, el deseo del hijo, la ex mujer, y su jefa -expresado en la visita, la cita para cenar, y el acto sexual, respectivamente- implican un “exceso” que desorienta y sorprende a nuestro personaje Pignon, y produce el quiebre de su universo particular. Esto permite el advenimiento de una pregunta que lo interpela: “¿Qué ha sucedido conmigo que los otros se interesan en mí?”. A su vez, esta interpelación implica una respuesta que, sólo a partir de la resignificación del tiempo uno, establece un nexo entre ambos tiempos.
Vayamos por partes. La pregunta que, hipotetizamos, interpela a Pignon en el tiempo dos “¿Qué ha sucedido conmigo que los otros se interesan en mí?”, implica retornar sobre la acción del tiempo uno para darle un nuevo sentido. Pignon había aceptado ser la imagen publicitaria de su empresa en la marcha del orgullo gay, sólo con la intención o el fin de volverse intocable e imposible de ser despedido. Lo que Pignon no pudo calcular es que su acción implicó “mostrarse como gay” ante aquellas personas que no esperaban nada de él (su ex mujer y su hijo), que no se interesaban y lo tenían de aburrido. Su supuesto “salir del placard” lo elevó como sujeto deseante frente a los ojos de los demás, algo que hasta ese momento como “heterosexual” no había logrado. En su acción de subirse a la carroza y desfilar en la marcha del orgullo gay, Pignon pone su cara y su cuerpo; pone todo lo que un “hombre” tiene que poner como para asumirse gay ante una sociedad.
La respuesta o hipótesis clínica que mediará entre el tiempo dos y el tiempo uno resignificado, implica un trabajo propio del inconciente. En tanto la interpelación que se presenta en el tiempo dos, es la pregunta por el deseo, la respuesta a la misma será la posibilidad de que algo de ese deseo comience a ponerse en juego. En este sentido, la hipótesis clínica que, podríamos considerar respecto del personaje Pignon es: “Deseo de ser activo, de salir del placard”; deseo de redescubrir al sujeto que, en tanto guardado en el armario, estaba muerto y no podía desplegarse en sus relaciones personales; deseo de desempeñar activamente su lugar de padre, amigo, compañero, y amante respecto de una mujer.
En este sentido, continuamos la misma línea que la autora del comentario del film plantea como hipótesis clínica para analizar la responsabilidad subjetiva: “el nuevo posicionamiento del personaje como sujeto deseante; y un movimiento respecto a su existencia como padre”.
Lo que por nuestra parte nos interesaría suplementar respecto de la hipótesis clínica, puede enunciarse con el siguiente interrogante: ¿Por qué sólo a partir de “hacerse el gay” es que Pignon logra sacar al hombre que tenía en el placard?
Antes de desarrollar este asunto, consideramos oportuno describir la dinámica que se da en la película entre Pignon, y otro personaje llamado Félix.
Félix es presentado en el film, como un sujeto con actitudes de “macho” que molestan a sus colegas, y como si fuera casual, detesta a los homosexuales. Al enterarse de los rumores de que Pignon es gay, Félix no repara en manifestar su rechazo hacia él mediante chistes de tinte homofófico. Guillaume, uno de sus colegas, decide hacerle una broma para lograr que Félix evolucione respecto de su prejuicio. Para ello, le dice que conoce al jefe y que sus chistes, está en la lista negra. Para evitar ser despedido deberá socializar con Pignon. Félix, se encuentra de esta manera, en la misma situación que Pignon: debe “hacerse pasar por gay” para no perder su empleo. Es así como, aconsejado por Guillaume, Félix comienza a acercarse a Pignon, invitándolo a cenar, haciéndole regalos, manifestando preocupación cuando éste recibe una golpiza. Pero lo que Félix no calcula, es que lo que comienza siendo para él una simple estrategia de ganar la simpatía de Pignon para que los demás miembros de la empresa no lo tachen de homofóbico, termina siendo un modo de expresar sus verdaderos deseos homosexuales.
Podríamos decir entonces, que entre Pignon y Félix, se establece una relación de carácter homosexual, aunque en ambos personajes se trate concientemente de fingir un interés en el otro. Ubicamos que, en ese “entre”, se pone en juego algo de la fantasía homosexual en ambos personajes, la cual proponemos, a partir de la disposición bisexual constitucional que Freud supone en los seres humanos.
Retomando el interrogante que introducimos anteriormente, nuestra hipótesis será que, en la medida en que Pignon, deja tomarse como objeto de deseo por Félix (esto se visualiza en el hecho de que acepta su invitación a cenar y su regalo) a fin de sostener la farsa de su homosexualidad, algo de su propio deseo –muerto y guardado en el placard- comienza a circular. Este supuesto “fileteo” entre él y Félix, resulta ser un pasaje necesario que le permite a Pignon, poner algo de su deseo (fantasía homosexual) en juego. A partir de “hacerse pasar por homosexual”, y fingir desear a un otro (hombre), es que podrá luego posicionarse como un hombre, como un sujeto activo que desea.

En la línea del recorrido realizado hasta el momento, podríamos inferir un tiempo tres, que es el de la responsabilidad subjetiva, “que es otro nombre del sujeto” , del sujeto en acto. Ubicamos al mismo, en el momento en que Pignon toma una decisión, se espera de él una respuesta que suponga un cambio de posición subjetiva frente a las circunstancias. Localizamos este momento en la escena del restaurant, cuando Pignon se encuentra con su mujer parecería que intenta recurrir nuevamente a la serie de la repetición, pero algo sucede allí. Se puede ver un hombre distinto, que sonríe, con una postura frente a la vida diferente, después del encuentro sexual con su jefa y de la visita de su hijo, se siente más feliz, más seguro de quien es. Comienza declarándole a su ex mujer lo que había sentido todo el tiempo transcurrido desde la separación: “no puedes saber cuánto te he extrañado, me despertaba hablándote, te hablaba durante todo el día. Me acostaba, no podía dormir y seguía hablándote. Solo cuando te llamaba no te hablaba porque no contestabas” . Al percatarse de que ella solo había venido a buscar una explicación de su supuesta homosexualidad, que él siempre se había sometido a las demandas de esta mujer, a quién no le afectaba lo que él sentía, ni pensaba y al advertir su molestia porque el hijo ahora se interesaba por él, quería verlo, le parecía divertido, y se enorgullecía de él, se produce un giro radical en la vida de Pignon. A dicho giro lo tomaremos como un acto ético. “Es ético, porque es el acto en que se produce un sujeto de deseo inconsciente” . Se transforma en un sujeto que se responsabiliza por lo que ya no calla; hay un antes y un después de esas palabras expresadas, donde la posición subjetiva ya no será la misma.
Con su acto va logra romper con las certezas que aparecían explicándolo todo, este acto se va a sustraer de la serie de la repetición.
En la medida en que se ha vuelto un Sujeto deseante, su goce se ha limitado, en tanto adviene su deseo, ya no actúa desde su fantasma, esto implicaría que ya no hay sometimiento a un Otro. Este momento lo ubicamos en el instante en el que Pignon le dice a su ex mujer:

Pignon: Te decía que habías hecho mal en irte, q te amaba como nadie podría hacerlo y que solo deseaba hacerte feliz. Según los psiquiatras padecía de un trastorno obsesivo compulsivo, le dieron nombre a mi dolor pero no sirvió de nada, cuanto te he amado. Estoy muy contento, porque veo lo odiosa que eres y te diré incluso, disculpa mi sinceridad, que no tienes ningún interés (…) Respiro, respiro por primera vez en dos años. Me ahogaba en mi obsesión y olvidé quién eres realmente. Una mujer mezquina, que nunca me ofreció un poco de amor, no tienes ningún interés y no sabes lo feliz que estoy. No soy gay, lo hice para conservar mi trabajo y pagar tu pensión. Y desde que finjo ser gay me comporto como un hombre. Educas mal a nuestro hijo, necesita un padre, marica o no.

Pignon ahora puede ver que su ex-mujer siempre fue odiosa, que nunca lo amó, ni se interesó por él y ahora es él quien la rechaza. La invita a retirarse del restaurant, hay algo de lo novedoso que irrumpe.
A partir de esto, ya no será “el mismo hombre” del primer tiempo, insignificante, aburrido, que carecía de valor e inspiraba lástima, que no podía mantener vínculos estables, ni laborales, ni con su propia familia; ese hombre que todo lo que hacía era por y para el Otro. Ya no será ese sujeto como dice Lacan “que renuncia al deseo para gozar del sometimiento”.
Es en este momento tres, que el sujeto hace algo con su deseo, lo asume, lo cual implica responder por sus actos, acto impensado, no calculable. “El acto ético no
podría sino coincidir con el efecto-sujeto. Es decir el sujeto del acto coincide con el de la responsabilidad subjetiva” . Hay un cambio de posición subjetiva que va desde una mera pasividad hasta llegar a hacerse responsable de su deseo. “El Yo no es propietario del deseo, pero sí diremos que el Sujeto es responsable de su puesta en acto. Ante el deseo, el Sujeto cede, se desvanece, se inhibe” .
Se trata de un deseo que hasta el momento estaba muerto, guardado en el placard, en tanto que lo que parecía muriéndose dentro del sujeto renace y mejora, se transforma porque en un paso previo hubo un giro tremendo en la conformación interna del sujeto.
Con este acto de elegir ser él quien rechaza, logrará sin advertirlo resignificar su vida, salir de su obsesión compulsiva, dejar de amar a su ex-mujer quien no lo amaba, enamorarse y ser reconocido como padre, dejar atrás la depresión. Ya no se siente insignificante, logra cambiar su concepción de sí mismo. Ahora puede amar y ser amado. Si la entrada en el placard y la permanencia en el mismo nos lleva a la frase “todos tenemos un muerto en el ropero”, el “salir del placard” sería homologable a cuando ese muerto revive o ya no se lo esconde más.

Juan Carlos Mosca, en su texto “Responsabilidad: otro nombre del sujeto” sugiere que “la responsabilidad del sujeto se encuentra en la griete entre necesidad y azar” . Es decir, que cuando en una situación rige por completo el orden de la necesidad, la pregunta por la responsabilidad del sujeto carece de toda pertinencia. La necesidad establece una conexión entre causa y efecto. Podríamos ubicar en la película “El placard” que los elementos de la necesidad, son los de la mera repetición, por ejemplo el aceptar la propuesta de la carroza, el hacer el desfile gay, para volverse intocable y así evitar ser despedido, ya que la fábrica no querría entrar en conflicto con la comunidad homosexual. Hay una intención calculada por parte del personaje, él sólo buscaba no ser despedido, ignoraba que este hecho "llenaría" su vida.
El Azar desanuda causa y efecto. Otro nombres para el azar son suerte, coincidencia, accidente. Podríamos ubicar que los elementos del orden del azar en el film son: la escena donde el hijo lo ve en la televisión casualmente, encarando la marcha gay. Pignon en ningún momento le había contado a su hijo la farsa que había armado para no perder su trabajo, éste se entera accidentalmente mirando la televisión. Desde el momento que su hijo cree que su padre es gay, se interesa por él, quiere verlo, le parece divertido, admira su valor y se enorgullece de él. Puede entablar con su padre otro tipo de relación, hasta el momento se trataba de un padre ausente, desplazado. Así como también podríamos situar de lado del azar la escena en que Pignon llama a la ex mujer, pensando que no lo iba a atender, sin embargo ella no solo lo atiende, sino que además le pide de encontrarse para que le dé una explicación de su supuesta homosexualidad. Pignon se desestabiliza, se sorprende. Y es en el restaurante donde él puedo responder, donde pudo tomar una decisión, echar de su vida a una mujer que nunca lo amó. Si él nunca hubiese llamado, quizás el encuentro nunca hubiese acontecido, y por ende no hubiese un cambio de posición subjetiva.

En tanto hemos planteado la existencia de un tercer momento de responsabilidad subjetiva, en el que Pignon se hace responsable de su deseo, consideramos que no aparecen figuras de la culpa, puesto que éstas se presentan cuando el circuito se cierra en el mero ser de la culpabilidad. En ese caso, el sujeto elude la responsabilidad para evitar confrontarse con su deseo. No hay acto. En este sentido, tampoco hemos de ubicar responsabilidad jurídica, ya que Pignon no evalúa moralmente su accionar, es decir como bueno o malo. Ante la interpelación, el sujeto no responde vía el reproche, por ende no hay nada que necesite ser enmendado. No hay culpa moral, puesto que Pignon se responsabiliza, se sabe culpable únicamente de haber cedido en su deseo durante tanto tiempo. Y esta responsabilidad subjetiva implica l acto ético, al acto que da lugar a la emergencia de la singularidad.

A partir de la lectura que Michel Fariña hace del cuento “El muro” de Jean Paul Sartre”, podemos establecer una cierta comparación conceptual con el film “El placard”. Lo que nos interesa situar será es el efecto de triangulación que, como producto del azar, se produce entre Ibbieta, Gris y el cementerio.
Transcribimos a continuación el fragmento del artículo de Michel Fariña del cual nos servimos para realizar la aplicación del cuento en la película:
“Ibbieta fue conminado a revelar el paradero de Gris a cambio de su propia vida. Y en otro escenario Gris debió buscar un nuevo escondite para poner su vida a resguardo luego de la pelea con el primo. Tomemos en primer lugar el periplo de Gris: puesto ante el dilema de cambiar de escondite, en el primero en el que pensó es en Ibbieta “me iría a esconder en lo de Ibbieta, pero puesto que Ibbieta está preso, voy al cementerio”. Es decir que el pensamiento de Gris pasó primero por su amigo de siempre para recién luego ir al cementerio. Veamos ahora el periplo de Ibbieta: conminado a confesar, a su vez piensa primero en el paradero de Gris, y sabiendo que está en lo del primo, conduce a los falangistas al cementerio. Vamos a sostener entonces que ambos amigos, puestos por separado ante una disyuntiva entre la vida y la muerte, cada uno pasó por el otro antes de elegir el cementerio. Ello nos permite conjeturar que Gris e Ibbieta tuvieron una cita a ciegas de inconsciente a inconsciente en el cementerio en la que, sin saberlo, permutaron sus vidas” .
Ahora sí nos encontramos en condiciones de establecer nuestra comparación con el film “El placard”.
Los personajes de Ibbieta y Gris, serán encarnados por Pignon y Félix, respectivamente. Diremos que tanto Pignon como Félix, se encontraron compelidos a responder a una misma situación provocada por el azar: su posible despido de la empresa. Asimismo, ambos personajes encontraron la misma forma de evitar dicha situación: “salir del placard”. De esta manera, el circuito que entre estos términos se produce, sería el siguiente:

Pignon, con la intención o la necesidad de conservar su puesto de trabajo, “se hace pasar por homosexual” y en consecuencia debe tolerar las acciones seductoras de Félix, a fin de poder sostener su farsa de que le gustan los hombres. Pero, el fin no calculado por Pignon es que a partir de “sacar del placard” su supuesta homosexualidad, logra dar lugar al hombre activo que estaba allí guardado.
Félix, por su parte, para evadir la situación de su despido a causa su actitud homofóbica, acepta la propuesta de su colega de “fingir interés en Pignon” para ganar su simpatía y demostrar ante los demás que ya no guarda ningún prejuicio homofóbico. Pero, el fin no calculado por Félix, es que a partir de tal situación, “saca de su placard” su verdadero deseo.
Es decir, en la misma manera en que Ibbieta y Gris tuvieron una cita a ciegas de inconciente a inconciente en el cementerio; también Pignon Y Félix consuman un encuentro a ciegas de inconciente a inconciente en “el placard”, donde de manera no calculada, permutaron su posición sexual.

Bibliografía

• Mosca, J. C.: Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires, 1998.
• D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Fariña, Michel, J.: Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de cátedra. Desgrabación de clase teórica. Publicado en la página web de la cátedra.
• Freud, S.: Fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad. En Obras Completas tomo IX. Amorrortu Ediciones. Buenos Aires, 2003.
• Mosca, J. C.: Responsabilidad: otro nombre del sujeto. En Ética, un horizonte en quiebra. Eudeba. Buenos Aires, 2010.
• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Cf. Schejtman, F.: Cizalla del cuerpo y del Alma. Berggasse 19 Ediciones. Buenos Aires, 2003.



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