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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
Facultad de Psicología

Materia: Psicología, Ética y Derechos Humanos

Comisión: 4
Ayudante: Laso, Eduardo
Coayudante: Martínez, Alejandra

Alumna: Ortega Escande, Victoria
L.U.: 31641808

Fecha de entrega: 7 de junio de 2010

CONSIGNA DE EVALUACIÓN

1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.

2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.

3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.

4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.

5. Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre).

En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

Tomando el comentario de Elizabeth Ormart sobre la película “Le Placard”, el análisis de la responsabilidad subjetiva se centra sobre el personaje de Monsieur Pignon (Daniel Auteuil). Este personaje “se ha acomodado a las exigencias de los otros”, propone que es un individuo adaptado pero con una existencia miserable, quien tras escuchar accidentalmente que será despedido luego de haber trabajado 20 años en una empresa, esboza el intento de arrojarse por el balcón de su departamento, el cual se ve desbaratado por la oportuna intervención de Jean Pierre Belone, su vecino. Para explicar las razones de su fallido intento de suicidio, se describe a su vecino como “un desastre, sin mujer, sin hijo, y ahora sin trabajo”. Expresa que su mayor problema es ser “insignificante”, “aburrido”, que ni su hijo ni su ex mujer acceden a verlo o a responder sus llamados telefónicos. Lo único que tiene es su trabajo, y ahora que lo van a echar, ya no tiene nada.
A estas argumentaciones J. P. Belone le responde que no se mate, que ya encontrarán una solución a su problema. La solución que propone es la de “salir de el placard”, expresión que en francés alude a asumir su homosexualidad.
Su pretendida farsa ha sido calculada para reinsertarlo en su apagada existencia, pero como dice la autora, “esto no tiene retorno. El cálculo anticipa una verdad incalculable”.
Elizabeth Omart aventura al respecto: “El adjetivo “aburrido” que califica su goce de la sumisión al Otro, va perdiendo su fuerza significante. (…) El misterio de su incierta sexualidad le presta un brillo fálico perdido y se vuelve objeto de seducción, de amor y rivalidad. Se vuelve un hombre, inclusive un padre.”
La hipótesis que sugiere la autora es que, para Monsieur Pignon, el deseo estaba aniquilado. El deseo estaba aplastado por la obediencia. La obediencia obsesiva como modalidad de protección contra la falta, había hecho del protagonista la sombra de un hombre, la fachada de un padre.

En un momento 1 al protagonista le ocurre algo del orden de la necesidad, algo que aparentemente escapa a la voluntad del sujeto, lo van a echar de su trabajo. El sujeto no hizo nada para merecerlo, se debe a una reducción de personal. Esto, junto con el desinterés que le demuestran su hijo y su ex mujer quien “se casó sin pasión y lo dejó sin pasión”, como él mismo asegura, lo llevan, vía la culpa, a esbozar un intento de suicidio (momento 2). Es entonces, gracias a la intervención de su vecino, que asume el rol de homosexual con el único fin de conservar su empleo. Esto que parece azaroso termina siendo lo que vehiculiza el cambio de posición subjetiva del protagonista y le permite ubicarse como sujeto deseante, permitiendo la emergencia de un momento 3, cuando el sujeto se despega ya de la presunta farsa del papel de homosexual para darse un lugar en un universo de consistencias que se rompe y un sujeto que se produce con su acto emerge como hombre deseante/ deseado, y como padre.
En la concatenación de situaciones que propone el filme, lo que aparece como figura de la culpa es el momento en el que Francois Pignon, ante los avatares de su vida, se propone como víctima, quien no pudiendo hacer nada al respecto, se le aparece la posibilidad del suicidio. Parece asumir que la insignificancia es una cualidad de su existencia desde el inicio de la misma, como se lo expresa a su vecino cuando le cuenta de un sueño que suele tener a menudo, en el que la madre está dándolo a luz y él, ya estando fuera, ve como el médico sin percatarse de esto, le sigue diciendo a la madre que puje.
En este punto puede verse la poca intervención y responsabilidad que el sujeto parece asumir al respecto. Sin embargo, esta situación se invierte cuando, gracias a los eventos que por azar le suceden, eso inesperado que quiebra su descolorida rutina lo toca de cerca, su entera configuración subjetiva adquiere otra dimensión, permitiendo efectivamente el advenimiento de un Sujeto en la singularidad de un acto, y ya no de un ser humano miserable aferrado al designio del Otro.

Los elementos de necesidad y azar presentes en la película son, por el lado de la necesidad, el hecho de que en la compañía para la cual trabaja el protagonista harán un recorte de personal y él está entre los que van a despedir: sobre este hecho, el sujeto aparece como pasivo, excede la voluntad del mismo.
Por azar, su vecino, Belone, que no casualmente era psicólogo, se encontraba en el balcón próximo al suyo en el momento en que Pignon había pensado en arrojarse y logra detenerlo y acercarse a él, rodeos mediante, para presentarle una posibilidad de solución a su patética existencia.

En el relato “El Muro” de Jean Paul Sartre, un grupo de prisioneros republicanos en manos de la falange es arrojado a un sótano y deberán trascurrir su última noche en espera de que al amanecer los lleven hasta el muro y los fusilen.
El protagonista, Ibbieta, pasa una noche fría y desgarradora a la espera de una muerte segura y terrible. Con el transcurso de las horas se va desprendiendo de sus ideales, de su amor por los amigos, de su amor por una mujer, de la capacidad misma de sentir piedad por los demás. Va entendiendo cada vez más el significado de la mortalidad y la universalidad del mismo. Se caga en la causa y en España, piensa. Toda su vida fue una mentira, de saber que iba a terminar así, no hubiese movido ni el dedo meñique.
A la hora pactada, vienen en su búsqueda. En lugar de llevarlo al muro, lo llevan a una habitación para interrogarlo. Quieren saber el paradero de Gris, un líder anarquista amigo de él. Le ofrecen su vida por la de él, y le dan quince minutos para pensarlo.
Ibbieta estaba seguro de saber en donde se encontraba Gris, y también estaba seguro de que no iba a delatarlo. No por proteger a Gris, sino mas bien por testarudo y para burlarse de ellos. Quería morir de manera valiente.
Al vencer el plazo, Ibbieta habla. Y miente. Les dice que Gris está en el cementerio, cuando en realidad el sabía que estaba en la casa de un primo. Y resultó ser que efectivamente allí encontraron a Gris y lo fusilaron, Aplazaron entonces la condena de Ibbieta hasta que una nueva sentencia le fuera otorgada.
Al enterarse de lo que le había sucedido a Gris por medio de García, un conocido que estaba prisionero, el protagonista lloró de risa, o rió hasta las lágrimas.
Hasta aquí una breve síntesis del texto de Sartre, sobre el cual se han hecho varios análisis. Uno de ellos es el de J. C. Mosca, quien propone que Ibbieta “recuperó su tiempo bajo la amenaza de perderlo, recuperó su mortalidad. Negando su responsabilidad bajo la coartada del azar y del destino, volvería a perderlo. También salvó su vida, si ese fue su deseo, de eso es responsable.”
En este punto el personaje de Ibbieta es comparable a nuestro protagonista del filme “Le Placard”. Ante la inminente pérdida del puesto de trabajo que ocupaba en la empresa, Francais Pignon improvisa, siguiendo el consejo de su vecino, una coartada que lo salvará de ese destino. Realiza un acto cuyas consecuencias se tornaron incalculables e impredecibles para él, ya que de pronto pasó de ser una persona imperceptible a estar en boca de todos los de la compañía, no sólo no lo echan sino que además le ofrecen ascenderlo, su hijo se le aparece de improvisto en su casa y dice disfrutar su compañía, su ex mujer accede a verlo, y para completar la escena, su jefa se muestra interesada en él y lo hace objeto de su deseo.
Se puede decir que las consecuencias de sus actos desbordaron sus intenciones pero, sin embargo, el sujeto es responsable por ellas. Y de hecho Monsieur Pignon se afirma es este lugar y se ve, al final de la película, el cambio notable en la posición del sujeto: llega sonriente a trabajar junto a una mujer que lo acompaña y a la hora de la foto anual, hace notar su presencia y su respetar su espacio.
Mosca agrega “Ibbieta, el protagonista de El Muro, es responsable, quizás no “culpable”, pero responsable de abrir la boca, aun en la ignorancia. Responsable de haber querido vivir”. Y J. J. M. Fariña, en su texto “Responsabilidad, entre necesidad y azar” agrega que en el caso de Ibbieta, la discusión se centra en la responsabilidad subjetiva y no en la responsabilidad social (…) la única delación que tuvo lugar aquí es la del propio Ibbieta, cuyo deseo ve finalmente la luz.”

En el caso de la película citada anteriormente, el protagonista, Pignon, también es responsable de lo que aparece como superándolo, de las penosas circunstancias que lo llevaron a plantearse la posibilidad del suicidio: es responsable de su insignificancia y de ser aburrido. Es responsable de haberse propuesto como pañuelo de lágrimas de una mujer egoísta que él bien sabía que no lo amaba, es responsable de integrar la parte del personal que será recortada de la empresa. Esta responsabilidad es la responsabilidad subjetiva, de la misma forma podría decirse que Ibbieta es responsable de la causa que lo llevó su condena, de sus ideales de anarquía y liberación de España, que terminaron por parecerle desdeñables ante la proximidad de la muerte.
“De nuestra posición de Sujeto somos siempre responsables…” cita J. C. Mosca.

El el texto “La responsabilidad ante el aborto”, Alejandro Ariel afirma: “Un acto implica una decisión que tiene consecuencias para quien lo produce y también para los otros”. Esto se ve ejemplificado en el caso que hemos estado analizando, el del protagonista del filme “Le Placard”. Se ve claramente como el acto llevado a cabo por el sujeto tiene consecuencias evidentes tanto para él mismo como para los otros, siendo los otros, en este caso, todos los que lo conocen: desde sus compañeros de trabajo hasta su familia.

Bibliografía

- Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página web de la cátedra.

- D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

- Fariña, J. (1992). Ética profesional. Dossier bibliográfico en salud mental y derechos humanos. Acápite 3.3: el status de la responsabilidad sobre los actos.

- Fariña, M. J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.

- Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.

- Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

- Omart, E. Salir del placard, o de la posibilidad de ser algo más que un mueble.
http://www.elsigma.com/site/detalle.asp?IdContenido=8788

- Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

- Sartre, J. P: El Muro. 1939



NOTAS

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