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Introducción
En este trabajo se utilizará como ficción cinematográfica la película “Salir del armario” (Le placad) de Francis Veber.
Mediante el análisis de algunas de las escenas consideradas se ubicará la responsabilidad subjetiva del personaje denominado Monsieur Pignon, mediante la ubicación de las coordenadas lógicas del circuito de la responsabilidad. Además, se establecerá una hipótesis clínica que permitiría explicar aquello respecto a lo cual debe responder el sujeto, en términos de la responsabilidad subjetiva.
Por otra parte, se incluirán a lo largo del desarrollo, conceptos como azar, necesidad, culpa, responsabilidad y acto ético. E intentaremos indagar acerca de la posibilidad de hallar un tercer tiempo del circuito de la responsabilidad. Asimismo, se establecerán los elementos comunes entre dicho film y el cuento “el muro”, de Jean Paul Sartre, sobre el personaje Ibbieta. Para ello tomaremos la bibliografía correspondiente al módulo cinco de la materia.

La autora en el comentario que realiza del film propone una hipótesis acerca de M. Pignon, dice que la puerta de regreso al trabajo es "la salida del placard" expresión que alude a desocultar su sexualidad, a personas que salen del encierro para asumir lo que son. La incisiva intervención del vecino, psicólogo, lo ha confrontado con su descolorida existencia. Su deseo estaba aplastado por la obediencia. La obediencia obsesiva como modalidad de protección contra la falta, había hecho del protagonista la sombra de un hombre, la fachada de un padre. La incertidumbre que provoca acerca de su sexualidad le presta un brillo fálico perdido y se vuelve objeto de seducción, de amor y rivalidad. Se vuelve un hombre, inclusive un padre. Su aparente homosexualidad le ha dado el estatuto de sujeto deseante y puede así, representar la ley y transmitirla a su hijo. Adquiriendo una existencia como padre.

El circuito de la responsabilidad subjetiva responde a la lógica de la retroacción e implica volver sobre una acción que ya sucedió a partir de lo acontecido en un segundo tiempo. La responsabilidad subjetiva “interpela al sujeto más allá de las fronteras del yo, asentándose en la
noción de sujeto del inconsciente.” Así, la responsabilidad subjetiva confronta al sujeto con aquello que perteneciéndole le es ajeno. En este caso, la responsabilidad subjetiva de Pignon lo confrontará con algo que desconoce de sí mismo.
En el tiempo 1, el personaje lleva adelante una acción, una conducta orientada por un determinado objetivo entendiendo que tal iniciativa se agota en los fines para los cuales fue concebida. La acción determinada se realiza en concordancia con el universo de discurso en el que el sujeto se halla inmerso. Tomamos como indicadores de este tiempo los siguientes: M. Pignon resignado a su existencia miserable se describe como "un desastre, sin mujer, sin hijo”. Cuando se entera que lo van a despedir. Estando en su casa, escucha a un gato maullar en el balcón, se asoma a la baranda y le dice que se que se va a tirar. Es ahí cuando en forma azarosa conoce a su vecino, que es psicólogo, y luego de intercambiar unas palabras le pregunta: “¿de veras pensaba tirarse?”. Él le responde: “No se, quizás no hubiera tenido el valor (…) Toda mi vida es un desastre, mi esposa me dejó y sigo queriéndola, tengo un hijo de 17 años que me ignora y he perdido mi trabajo que era lo único que me quedaba”. Su vecino le propone una estrategia para conservar su empleo, le dice que salga del armario y que confiese su homosexualidad. Pignón no entendiendo, le dice que no es homosexual, el vecino le contesta que lo que importa es que lo crean los demás sobre todo su jefe. Por lo tanto tomamos como tiempo 1 el momento en que Pignón acepta la propuesta y/o estrategía de hacerse pasar como homosexual y le presta fotos para trucarlas.
En “El muro” Ubicamos como tiempo 1 cuando Ibbieta al ser interrogado decide que no va a confesar el escondite de Gris y resuelve jugar una “jugarreta” a los falangistas, les dice: “gris esta en el cementerio”. En ambos personajes ubicaríamos un sujeto de la afirmación.
Luego observamos un tiempo 2, aparece una interpelación que el sujeto recibe a partir de indicadores que lo ponen sobre aviso de que algo anduvo mal, de que la acción iniciada en el tiempo 1, fue más allá de lo que se esperaba, de aquello para lo cual fue concebida. En este tiempo se podría tomar como indicador la escena en donde la Srta. Beltrán le pregunta: “¿es usted es el de la foto?, yo no le creo, ¿es usted el que está con las nalgas al aire y permite que le manoseen? Pignon toma dos vasos de vino seguidos y confirma que es él. Luego se afloja su corbata y se sienta en el sillón, es decir responde corporalmente. La Srta. Beltrán, aprovechando que Pignon se queda dormido, le desabrocha la camisa para intentar verificar si en el hombro tenía un tatuaje como aparecía en la foto. Cuando se despierta ve que su camisa esta desabrochada, sale corriendo y se dirige a lo del vecino y le comenta esta situación, preguntándole: “¿qué le puede interesar a la Srta Beltrán de mí?” Podríamos pensar que aquí, el personaje interpreta que es mirado de una forma diferente, lo cual hace tambalear sus certezas.
Otra escena que tomamos como indicador es cuando, Santini, el jefe de personal, lo tira al piso en el comedor del trabajo, tras haberle confesado que había dejado a su esposa y lo invita a irse a vivir con él. Esto lo pone de sobreaviso de que las acciones ejecutadas en un tiempo anterior fueron más allá de lo que esperaba. Pignon va a hablar con su vecino con respecto a esta situación y le comenta que no quiere ir al desfile gay que la empresa, de preservativos en la que trabaja, iba a participar con una carroza para promocionar su producto. El vecino al decirle que haga lo que quiera lo deja sin respuesta. Pignon le dice que ya no sabe quién es. Todas estas escenas de este tiempo 2 generan que el universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraje posibilitando la emergencia de una pregunta sobre si, sobre su acto y sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo del mismo.
En el caso del “El Muro”, los falangistas regresan de su búsqueda e Ibbieta se sorprende porque no lo matan. Se encuentra con el panadero y le comenta que lo agarraron a Gris en el cementerio. Perplejo Ibbieta comienza a temblar y pregunta “¿en el cementerio?”. En ambos personajes ubicaríamos a un sujeto de la interrogación.
El universo de consistencias así resquebrajado, da lugar a una respuesta del sujeto, desde otro posicionamiento abriendo paso a un tiempo 3, donde el sujeto responde a la interpelación desde, la dimensión ética, ya que entra en juego una singularidad en situación que hace desfallecer al particular previo. Podríamos llegar a pensar como un posible indicador en la película analizada, cuando Pignon almuerza con su esposa. En un primer momento dice que había esperado mucho ese encuentro, incluso le pregunta si quiere ir a otro sitio a almorzar porque ella dice querer comer liviano, pero le dice que vino solo para pedir explicaciones por haberlo visto en el desfile gay y de repente él le dice: “estoy contento (…) porque veo lo odiosa que eres, por primera vez en dos años respiro, olvidé quien eras realmente, una mujer mezquina que nunca me ofreció un poco de amor (…) no sabes lo feliz que estoy. Cuando la mujer dice que se va, Pignon le dice que no es gay y que fingió para conservar su trabajo y pagar la pensión. También le dice: “Desde que finjo ser gay me comporto como un hombre”. Cuando la mujer le dice que a su hijo le va a decir la verdad, Pignon le contesta que se lo va a decir él, cuando su hijo salga de la crisis en la que está, porque no quiere perder el contacto que logró. Le dice que lo educa mal y que necesita un padre, marica o no. Finalmente le dice adiós.
Se podría pensar que el vecino estaría nominando este tercer tiempo cuando dice: “No es usted el mismo hombre”. Otro posible indicador sería cuando el jefe lo llama porque no sabe como atenerse a él, le dice que cree que el fingió ser gay para conservar su puesto y Pignon le responde que tiene razón, que es un mentiroso, que no es homosexual. El jefe le responde que sea gay o no es insoportable. Pignon se ríe y sorprendiéndose comenta que siempre le han dicho que era aburrido y que ser insoportable lo considera un ascenso.
Varias de las acciones que realizó Pignon tuvieron efectos más allá para lo que fueron planificadas involucrando ámbitos no pensados. En este tiempo podemos ver el asombro del sujeto por lo que ha producido como sujeto deseante. No quedando alienado al deseo del Otro. Ocupando el lugar de Hombre que lo llevó no sólo a conservar su trabajo, sino también a darse cuenta que su esposa nunca lo había amado. Pudo concebir la posibilidad de enamorase de otra mujer y consiguió establecer un vínculo diferente con su hijo, posicionándose como Padre. Por lo tanto, pensamos que aparecería la responsabilidad subjetiva, una toma de posición en relación a lo universal, un sujeto que se produce con su acto, acto ético, sujeto creador, nuevo, que se arriesga a tomar una decisión sin garantías, un sujeto de deseo inconsciente. El acto ético coincidiría con el efecto sujeto, es decir el sujeto del acto, coincide con el de la responsabilidad subjetiva. A partir de aquí se sostiene su verdad, porque no se acobardó frente a su deseo. Pudo llevarlo adelante sin medir las consecuencias y sin anticipar que es lo más conveniente.
Podemos ubicar que tanto Ibietta como Pignon, en éste tercer tiempo, se asombran por aquello que han producido como sujeto deseante. Ambos dan una respuesta subjetiva en acto frente al deseo que queda develado.
Ahora bien, la distancia entre un tiempo 1 y un tiempo 2 permite la elaboración de una hipótesis clínica. Se podría plantear que el deseo inconsciente de Pignon es ser visto y ser reconocido por el Otro como otro en tanto sujeto deseante. Lo cual lo podemos rastrear en el sueño que le relata al vecino antes de que le dé las fotos para trucar. Este sueño se le repite: su madre esta tumbada pariendo, el ya había nacido y el médico seguía diciéndole a su madre que siga pujando, mientras él estaba al costado esperando que alguien lo vea. Esto se puede relacionar con lo que dice Freud: “…es muy posible, y aun muy probable que es soñante a pesar de todo sepa lo que su sueño significa, sólo que no sabe que lo sabe y por eso cree que no lo sabe”
Pignon antes de la aceptación de la propuesta de su vecino y de sus sucesivas intervenciones, permanecía subsumido y alienado al deseo del Otro. A partir de que acepta la estrategia empieza a ver que los efectos que provocaba la misma fueron más allá de lo esperado. Como por ejemplo en la escena en que él con su camisa desabrochada huye de la Srta. Beltran sorprendido. Esto último podría dar cuenta de que Pignon parecería no soportar el hecho de que alguien lo mirara y se fijara en él de otra forma y huye. Lo cual lo lleva a preguntarse en una charla con su vecino, qué le podría interesar a la Srta. Beltran de él. Por lo que se podría pensar, que en este momento Pignón, responde a su deseo huyendo. En este segundo tiempo se puede ubicar un sujeto que no sabe ya quién es, donde todas sus certezas caen.
Pensar que la acción de un primer tiempo tanto en Ibbieta como en Pignon es azarosa, es suponer la creencia de un yo que controla lo que dice y hace, un sujeto autónomo; sin embargo, podemos ver que Ibbieta, cuando dice la palabra “cementerio”, delataría a posteriori, su deseo de vivir mas tiempo, algo que en este primer tiempo es inasimilable. Del mismo modo, la decisión que Pignon toma al aceptar la propuesta de su vecino, delataría el deseo de ser mirado y reconocido por el Otro como sujeto deseante.
Figura de culpa
Luego de que Pignon recibe por parte de sus compañeros de trabajo encapuchados una paliza, porque estos pensaban que era gay y que iba a buscar varones menores de edad al colegio para satisfacer sus necesidades sexuales, va a hablar con el vecino. Ve al gato y le dice ¨todo es culpa tuya, si no te hubiese encontrado en el balcón no hubiese pretendido ser alguien que no soy y no me hubiesen dado una paliza¨. Vemos aquí que la respuesta que da Pignon cierra el circuito al proyectar la culpa al gato. No responsabilizándose de las decisiones tomadas en un primer tiempo. La respuesta es particular y resulta un taponamiento de la dimensión ética. “La culpa es una condición para el circuito de la responsabilidad subjetiva” porque es la que obliga a responder a la interpelación subjetiva. La culpa hace que se retorne sobre la acción por la que se “debe” responder en este caso no favoreciendo el efecto sujeto.
Azar y necesidad
La responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. No obstante, “Para que el tiempo 2 interrogue verdaderamente al sujeto es necesario que la distancia que separa el tiempo 1 y el tiempo 2 no se deba exclusivamente a azar y/o a necesidad.”
El azar desconecta la relación entre causas y efectos. En este caso, el azar se podría relacionar con que Pignon estando en el baño escucha detrás de la puerta, que su jefe de personal le comenta al fotógrafo que lo van a despedir. Además otro elemento del azar se podría ubicar en el momento en que Pignon dice que se va a tirar por el balcón, se acerca a la baranda y aparece el vecino, que es psicólogo y trabajó en una empresa 20 años hasta que lo echaron por ser homosexual, la misma razón por la que a Pignon lo quieren retener.
En cuanto Ibbieta, el azar llevó a que estos dos amigos de la infancia se “cruzaran” al tomar decisiones cruciales para su supervivencia, fue azarosa la coincidencia temporal entre aquello que dice Ibbieta y la disputa de Gris con el primo, por lo cual abandona su refugio.
La necesidad establece una conexión entre causas y efectos, aquello que rige por fuera de la intervención del sujeto. En este caso la situación económica que atraviesa la empresa conlleva a la reducción de personal, afectando en este caso la situación laboral de Pignon. Ante esta causa Pignon se ve enfrentado a tomar la decisión de llevar a delante el plan al modo de “sálvese quien pueda” que en esta “jungla laboral” ganará el más estratega.
En cuanto Ibbieta, tomamos como algo del orden de la necesidad situacional, el régimen y la presión de los falangistas, el ofrecimiento entre su vida o la de su amigo.

Bibliografía

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