por 

El Rito
“Creer o no creer, en busca de un ser”

Segundo parcial: domiciliario

El desarrollo del siguiente trabajo será realizado siguiendo la historia de Michael, protagonista del film “El Rito” (2011), película basada en hechos reales que fue dirigida por Mikal Hafström y escita por Matt Balgio y Michael Petroni.
A continuación intentaremos situar el quiebre en el horizonte de Michael, ubicando los diferentes tiempos del circuito de la responsabilidad y sus inevitables vinculaciones con las nociones de necesidad, azar y las categorías de lo universal-singular y particular.
Comenzaremos por situar el tiempo uno, es decir, aquel en el cual el sujeto “(…) lleva adelante una conducta con determinados fines, en el supuesto de que su accionar se agota en los objetivos para los cuales fue concebida” .
Al finalizar sus estudios secundarios Michael toma la decisión de ingresar al seminario para ser cura aunque sin la certeza de concluirlo. Ingresa al mismo porque, según sus dichos: “en mi familia o se es funerario o se es cura”. Sin embargo, el joven se posiciona como un sujeto con una firme no creencia religiosa, escéptico, carente de fe. En su universo no hay lugar para la creencia en algo divino. Esto quedaría evidenciado, por ejemplo, en el hecho de que Michael repruebe la materia teología, necesaria para finalizar sus estudios como cura. Incluso su falta de fe lo lleva a pensar en abandonar el seminario, intento frustrado a partir de la intervención de su superior que lo obliga a elegir entre pagar los gastos de sus estudios (suma superior a los U$S 100.000) o hacer un curso en Roma sobre exorcismo que, como por azar, se estaba dictando en ese momento. De optar por este último, si finalizado el mismo sigue con su falta de fe, podría abandonar los hábitos.
De lo anteriormente expuesto, queda ubicado entonces el primer tiempo del circuito de la responsabilidad como un momento en el que Michael se encuentra posicionado como una persona carente de fe religiosa que inicia un curso de exorcismo, acción que se agotaría en el objetivo de, al finalizarlo, poder demostrarle a su superior que su falta de fe sigue en pie y así poder abandonar sus hábitos sin tener que pagar una deuda económica.
Para hablar del circuito de la responsabilidad es insuficiente la sola presencia de un tiempo uno. Se necesita de un segundo tiempo que re-signifique y funde a ese primer tiempo. En ese camino de “no creencia” por el que Michael transita y que pareciera imperturbable es posible encontrar indicios sobre aquello que en un segundo tiempo re-significa al primero, es posible ubicar las respuestas a las que el yo de Michael recurre como defensa. Es en esa dirección que quisiéramos detenernos en diferentes situaciones de la vida de este joven que, en el transcurso del tiempo uno al tiempo dos, consideramos tienen un peso importante y ayudan a anticipar y entender mejor lo que el segundo tiempo vendrá a re-significar en el primero.
Una de estas escenas, - entre el tiempo uno y el tiempo dos, transcurre al comienzo del curso de exorcismo. Xavier, un respetable cura del Vaticano, es quién está a cargo del mismo. En una de sus clases intenta explicar a sus alumnos cómo diferenciar a un hombre poseído de uno que padece una enfermedad psiquiátrica. Con ese fin reproduce a sus alumnos el audio de un hombre poseído. Es un alemán que, entre gritos aterradores, comienza inexplicablemente a hablar en ruso. En esta escena Michael desafía al cura diciéndole: “En un pueblo de Africa un niño fue encontrado a 400 millas de su hogar y dijo que había sido secuestrado por aliens. ¿Estaba mintiendo? ¿Por qué tenemos que llamar loco al niño y al alemán no? ¿Porque él cree en aliens y no en Dios?” Podríamos decir entonces que Michael, desde su universo de la “no creencia”, desde el escepticismo, busca ante estos hechos una razón lógica que los explique.
En esta misma línea ubicaremos una segunda escena. Nos encontramos ahora en la casa del padre Lucas, un prestigioso cura exorcista al cual Michael es enviado por Xavier con la esperanza de que encuentre la fe. Una adolescente llama a la puerta. Su nombre es Rosalía, tiene 16 años, no es la primera vez que viene a ver a Lucas. Hace tiempo que siente estar poseída y por ello asiste regularmente a su casa para que él la exorcice; tarea que puede implicar meses e incluso años. Michael presencia el exorcismo de esta joven que está embarazada tras haber sido violada por su padre. Durante el rito la joven Rosalía de nacionalidad italiana, comienza a decir algunas frases en inglés. Habla con una voz que no parece humana y retuerce su cuerpo de manera extraña. También, ya casi llegando al final de la escena, comienza a toser, como si estuviera atragantada con algo, y escupe por su boca unos grandes y gruesos clavos.
Clavos, frases en inglés, gritos agónicos y movimientos extraños, ¿Qué hacer con ellos? ¿Es posible encontrarles un lugar en el universo existente de Michael? Una vez más, como en la escena antes descripta, Michael busca razones lógicas que le expliquen lo que está sucediendo: “a esta chica la debería ver un psiquiatra” “Fue violada por su padre. Está interiorizando la culpa”. Incluso da razones lógicas ante las preguntas del padre Lucas quién lo desafía desde su propia creencia: “¿Cómo explicas que haya empezado a hablar en inglés?” a lo que el protagonista responde: “Es una adolescente. Debe haber escuchado miles de canciones en inglés por la radio”. “¿Y los clavos?” Insiste el cura, “Se los pudo haber tragado antes. Quizás para lastimar al bebé. Claramente ella no lo quiere”.
Estas escenas son sólo parte de múltiples momentos, situaciones, en las que Michael, en este transcurso del primero al segundo tiempo, sigue posicionado como un hombre escepticista, como un hombre que busca demostrarle a los otros que no hay nada en que creer porque siempre hay una razón lógica que lo explica todo.
Pero esta posición de no creencia del protagonista comenzará a tambalear. Diremos que no es sin consecuencias que Michael responda a estas situaciones. Poco a poco recuerdos que tenía de su infancia van apareciendo, son recuerdos borrosos que lentamente van tomando otra consistencia. Michael es notificado de una abrupta enfermedad de su padre, quién se encuentra internado en estado de gravedad. El protagonista decide emprender su viaje de regreso pero una tormenta impide los vuelos de Roma a su ciudad natal. Por lo tanto y a la espera de que la situación se normalice se hospeda en un hotel. Desde allí llama al hospital para interiorizarse de la situación. Su padre había muerto. Es allí cuando un primer recuerdo de la infancia se hace presente. Él junto a su padre en el velorio de su madre, seguido del recuerdo de su madre que le entrega una estampita que muestra la imagen de Dios posando su mano en la cabeza de un niño y escribe en su dorso: “no estás sólo, él siempre estará contigo”. La necesidad vestida de tormenta impide su regreso junto a su padre. El azar también hace su jugada. Justo en el momento que Michael está dispuesto a volver a su casa una tormenta lo detiene y lo conduce a la casa del padre Lucas. Al llegar a la casa del cura nota que algo extraño está sucediendo. Hay velas en el piso, sobre los muebles, en cada uno de los rincones, pero eso no es todo, los crucifijos están invertidos. Encuentra al cura en una de las habitaciones de la casa. No parece ser el padre Lucas que él conocía. Dice cosas y actúa de manera diferente a la de siempre. Michael entiende entonces que Lucas necesita ayuda. Algo está pasando. Decide entonces ir en busca del padre Xavier. Al llegar al Vaticano Michael se entera que Xavier se ha ido de viaje. Por las fuertes tormentas los vuelos siguen cancelados y le es imposible volver.
Ante este percance, vuelve a la casa de Lucas. El hombre sigue actuando de manera extraña. Dice groserías y habla con una voz que no parece humana. La escena transcurre en un diálogo intenso, un desafío constante a Michael. El padre Lucas quien estaría poseído por el diablo le recuerda a cada instante su “no creencia”. El joven hace sus mejores esfuerzos, reza fuertemente, toma un rosario en sus manos, intenta creer. Pero es inútil, sale de la habitación, el diablo le ha dicho cosas que él sí cree, cree en su no creencia. Pero una periodista, que lo había acompañado hasta allí le dice: “no estás solo, él está contigo”. Michael recuerda nuevamente la estampita que le entregó su madre y regresa, pero aún así, no logra creer. Quizás allí sigue sintiendo que lo hace por otro, no ahora para demostrarle al cura que terminará el curso, sino por su otro materno. Quizás siente que escapando al destino paterno “ser funerario” está cumpliendo con el designio materno “estar con Dios”. Pero es entonces cuando “el diablo” le dice una nueva frase, una más de las tantas que había pronunciado, pero estas frases resuenan en Michael de una forma especial: “conozco todos tus pecados, todos tus secretos”. Ese instante, esa frase, esas palabras, ya no tienen el mismo efecto que las otras, son distintas, son singulares. Es allí, en ese preciso instante, en el cual un nuevo recuerdo se hace presente en Michael. Esta nuevamente junto a su padre en el velorio de su madre y en su mano detrás de la espalda tiene una cruz que intenta doblar con todas sus fuerzas y lo logra; de frente el féretro de su madre, en sus espaldas la cruz doblada. La muerte de su madre borra en él todo tipo de creencia en algo divino. ¿Cómo creer en algo que se llevó a su madre para siempre? En ese preciso instante todo pareciera cobrar un sentido nuevo para Michael. Toma la cruz que tiene en sus manos, doblada como en el funeral de su madre y comienza a enderezarla. Enderezarla quizás para doblar su camino de “no creencia” y allí, bajo gritos intensos, como no había tenido a lo largo de todo el film, ni aún en los momentos más difíciles, comienza a repetir: “¡¡Yo creo, yo creo!!”.
Ubicamos en esta escena el segundo tiempo del circuito de la responsabilidad, más precisamente a partir del momento en que surgen en Michael estos recuerdos tras escuchar las palabras del diablo atrapado en el cuerpo de Lucas. Este segundo tiempo tiene la propiedad de interpelar al sujeto sobre la naturaleza de la acción emprendida en el primer tiempo. La escena antes descripta interpela en Michael su posición de no creencia. Es un tiempo que tiene la propiedad de decirnos que la acción emprendida en el tiempo uno fue más allá o más acá de lo que se esperaba, y esa distancia no es ni por azar ni por necesidad. La acción de ir al curso para demostrarle a su superior que él no cree en religión alguna y por lo tanto poder así abandonar los hábitos, no se agotó en este fin. Fue más allá de eso. El segundo tiempo re-significa esta acción que fue emprendida en el primer tiempo. Podríamos pensar que el ir al curso de exorcismo para demostrarle al otro que no cree se re-significa en un ir al curso porque hay algo que le hace a Michael querer creer, porque está buscando su ser. Podríamos entender a este “querer creer” como un deseo inconciente determinado por los significantes maternos. Sin embargo consideramos que Michael va más allá de lo que podría situarse como marcado por un mandato materno, él busca su ser. Es él quien endereza la cruz al grito de un ¡Yo creo!, quien deja de cargar con esa cruz doblada que pesaba sobre su espalda aunque obviamente esta acción no puede resultar ajena a su historia familiar.
Se abre entonces un tiempo tres, el de la responsabilidad subjetiva. Esta “(…) queda instalada en la grieta entre la necesidad y el azar” . La necesidad entendida como algo que está presente más allá de la voluntad de cualquiera, como una relación de causa-efecto. Necesidad que se presenta como forzosa, rigurosa, inflexible. Necesidad que queda ubicada en esa tormenta intempestiva que cancela los vuelos e impide que viaje a su ciudad natal y que el padre Xavier pueda asistir a Lucas, dejando sólo a Michael en esta situación. Por otra parte, tal como se lo ha señalado anteriormente, el azar también hace su jugada; entendido este como algo casual, accidental, contingente, fortuito. Quedando ubicado por un lado en la coincidencia entre la fecha en que se dicta el curso de exorcismo y el intento de Michael de abandonar los hábitos, y por otro lado, en la coincidencia entre la tormenta que cancela los vuelos impidiendo el retorno de Xavier y el actuar extraño del padre Lucas producto de la presencia de un demonio en su cuerpo que hace que Michael no pueda dejarlo solo.
Como se mencionó anteriormente, este tercer tiempo es el de la responsabilidad subjetiva. ”Responsable es aquel de quien se espera una respuesta. Pero no una respuesta evitativa, negadora o renegadora de la situación. Una respuesta que suponga un cambio de posición en el sujeto” El sujeto que adviene en este tiempo ya no es igual al que situábamos en el primero. Michael deja de estar en una posición de no creencia, de escepticismo, de ausencia de fe. Ya no responde desde la lógica, desde la intelectualización . Michael se ubica ahora en otra posición, ahora cree. Ya no quiere dejar los hábitos y por lo tanto termina sus estudios en el seminario encontrando quizás allí, su ser, un ser que le resultaba tan ajeno, que lo condujo sin saberlo a aquello que ahora le resulta propio. Podríamos pensar entonces que queda -ubicado “(…) cómo el propósito inconsciente se abre paso aún a pesar de las intenciones consientes de limitarlo (…). La intención y voluntad consientes se revelan como insuficiente” Es decir, ubicaríamos un tiempo tres al convertirse finalmente en cura y en exorcista en el sentido que esto le aporta una respuesta diferenciada a la interpelación, más allá de lo que el yo quería decir. Donde ese particular previo de la “no creencia” cae.
“Este tercer tiempo, el de la responsabilidad subjetiva, es el que funda al sujeto. Es por esto que afirmamos que la responsabilidad subjetiva es otro nombre del Sujeto, del Sujeto en acto” . Podríamos ubicar el acto ético en la realización del deseo inconciente de Michael. El protagonista deja de ceder a su deseo. La acción emprendida en el tiempo uno “(…) ya no será una acción cualquiera, sin no una que recae finalmente sobre el sujeto, poniéndose este en acto” .
No obstante ¿es posible pensar que esta nueva ubicación no deja de ser un adormecimiento en los significantes del campo del otro? ¿No estaría saliendo de un universo para posicionarse en otro? De ser así ¿no tendría esto relación con un efecto particularista?
A modo de conclusión, el análisis de la historia de Michael, nos ha guiado por un camino que nos permite ubicar el circuito de la responsabilidad. Hemos descrito el primer tiempo en aquella acción de emprender el curso de exorcismo bajo la máscara de demostrarle al otro que su falta de fe sigue en pie. Máscara que Michael podría mantener por siempre. Cuando todo parecía reducirse a un círculo vicioso, las respuestas lógicas dejan de ser suficientes y el universo de Michael entra en cortocircuito, producto de la interpelación encarnada en el padre Lucas: “conozco todos tus pecados, todos tus secretos” Es allí donde Michael decide, en un acto ético, develar la máscara enfrentándose con su deseo. Decide pagar su deuda, pero no ya una deuda económica por sus estudios, ni una deuda con su madre. Una grieta se abre entre la necesidad y el azar. El joven decide responder subjetivamente a la culpa que la interpelación le impone. Encuentra un nuevo ser bajo la creencia. ¿Es esta posición como una nueva máscara? ¿Será un nuevo dormir bajo los significantes de un nuevo Otro? ¿Acaso asumir esta posición implica contraer una deuda con Dios? Es difícil saberlo ya que allí se termina el film pero como sea, el universo de Michael no será el mismo.

ANEXO: POSIBLE CIRCUITO DE LA RESPONSABILIDAD EN MICHAEL

¿Deseo de una creencia? ¿deseo de encontrar su ser?

Bibliografía

• D’Amore, O. (2006) Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontologa. Vol. I: Fundamentos. Bs. As. Letra Viva.
• Domínguez, M. E.(2006) Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Bs. As. Letra Viva
• Laplanche, J. y Pontalis, J.B.: Diccionario de psiconálisis. (1996) Bs. As. Paidós.
• Michel Fariña, J.: The Truman Show. Versión resumida de la clase dictada en Facultad de Ciencias Sociales de la UNLZ 8 de noviembre de 1999, inédito.
• Michel, Fariña, J. Responsabilidad: entre necesidad y azar.
• Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Bs. As. Eudeba.
• Salomone, G. Z. (2006) El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva.



NOTAS

Película:

Titulo Original:

Director:

Año:

Pais:

Otros comentarios del mismo autor: