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Sobre la Responsabilidad.
La pregunta de sus ojos .

Paula Danziger – Juan Augusto Laplacette

Introducción

Cuando pensamos ¿Qué consecuencias puede tener nuestro acto?, podemos reflexionar desde dos campos diversos, tanto en sus concepciones como intervenciones: el de la responsabilidad jurídica y el de la responsabilidad subjetiva. En el presente trabajo se expone el análisis de situaciones seleccionadas de la película argentina “El secreto de sus ojos”. Se sugiere el circuito de la responsabilidad subjetiva que organiza la situación y se formulan posibles hipótesis sobre la misma. A partir de los conceptos de azar y necesidad, se rastrean y presentan indicadores situacionales. Finalmente se establecen puntos de comparación entre el cuento “El Muro” (de Jean Paul Sartre) y situaciones seleccionadas de la película “El secreto de sus ojos” (dirigida por Campanella, basada en la novela “La pregunta de sus ojos” de Eduardo Sacheri).

“El secreto de sus ojos” es un film argentino actual (estrenado en 2009) que narra la historia de un hombre, Benjamín Espósito, que luego de haber sido empleado, por muchos años, en un Juzgado Penal se jubila. En este momento de su vida decide escribir una novela basada en una historia de la que él ha sido testigo y protagonista: la historia de la violación y homicidio de Liliana Colotto durante la Argentina del año 1974 y de la búsqueda y el hallazgo del culpable, Isidoro Gómez. La película, entrecruza dos géneros clásicos del cine: el policial y el romanticismo. Es así que detrás de esta trama policial, en la búsqueda de un violador y asesino, se encuentra una historia de amor silenciada, entre Benjamín Espósito y su compañera de trabajo, Irene. Es ella quién acompañará a Espósito en esta aventura. Luego de 25 años en Jujuy, Benjamín regresa a Buenos Aires decidido a resolver el caso que tanto le preocupó siempre y que nunca olvidó. Redescubriendo y recordando los hechos de esta historia Espósito logra mirar su pasado y echar “luz sobre su vida, sus acciones, sus decisiones, sus irreparables equivocaciones, develando así verdades que se ocultan de los recuerdos. Espósito sabe que tiene que continuar hasta el final para entender lo que ocurrió, para comprenderse a sí mismo y para enfrentar de una vez por todas a esa mujer que ama” .
En base a este enigmático personaje, Benjamín Espósito, es que reconstruiremos el Circuito de la Responsabilidad Subjetiva. Ésta se configura a partir de la noción de sujeto del inconsciente, “la referimos a la singularidad de un Sujeto en acto” ; no autónomo. “El campo de la responsabilidad subjetiva confronta al sujeto con aquello que perteneciéndole le es ajeno (…) En este campo, el sujeto es siempre imputable; pero ya no en términos morales o jurídicos, sino éticos” .
El circuito mencionado se inicia con una acción que el personaje lleva adelante, una conducta orientada por un objetivo específico que se cree haber agotado en los fines para los cuales fue concebida. Aquí, en un Tiempo 1 (tiempo lógico), ubicaremos la siguiente escena: Caminando apresurados, dentro de la estación de trenes de Retiro, Benjamín le dice a Irene: "Esto es una locura, una locura", y ella contesta: "Una locura sería que lo encuentre a ese hijo de su madre"; Benjamín: "y… ¿usted? la va a ir a buscar a usted", Irene responde: "No, ya le dije a mi papá...él sabe con quién hablar, el tipo labura para Romano y conmigo Romano no se va a meter, no se preocupe yo voy a estar bien" (en un tono apresurado). Benjamín dice: "Pero jujuy! Por Dios!", Irene interrumpe: "ah... (Suspira), mis primos son señores feudales ahí, no le van a tocar ni un pelo, ni Romano ni nadie". Benjamín: "Pero ¿que voy a hacer yo en Jujuy?", Irene responde: "y lo mismo que acá...firmas, sellos, ya te tiene listo hasta el escritorio...", interrumpe Benjamín: "No, no, no, no, no Irene, no, no, no puedo, no puedo, yo, yo tengo mi vida acá... tengo mis viejos, tengo... (La mira, baja la vista, y luego la vuelve a mirar) tengo todo...", Irene dice: "¿Y qué vamos a hacer...acá...nosotros? Digo... vos y yo". Se miran unos segundos en silencio. Benjamín baja la mirada y entonces Irene mirándolo le dice: "No podemos hacer nada...". Se siguen mirando en silencio, y en un juego de acercamientos, aproximan sus labios sin tocarse, mostrándose conectados, pero temerosos, hasta que se dan un frío beso en la mejilla. Irene cierra sus ojos. Benjamín le dice: "Chau" (casi susurrando), y comienza a caminar con su valija hacia el andén. Irene lo mira mientras éste camina de espaldas, su rostro expresa el dolor por la desilusión, un dolor de impotencia. Cuando Benjamín sube el primer escalón del vagón del tren, gira su cabeza y observa a Irene, quien no dejó de mirarlo, ahora con sus ojos inundados. Lo saluda con su mano. Benjamín sube al tren y se sienta. El tren arranca, Irene corre por el andén junto al tren. Benjamín la ve por la ventanilla. Ponen sus manos en forma paralela detrás del vidrio, el tren aumenta su velocidad, se va alejando de Irene, Benjamín trota (mostrándose cansado) por el pasillo del vagón, hasta llegar al final del tren, y por la ventanilla redonda observa a Irene, quien sigue corriendo por el andén. El tren se va (Ver en DVD “Sobre la Responsabilidad. La pregunta de sus ojos”, Video: “Tiempo 1”). En esta movilizante escena ubicamos el Tiempo 1 del circuito de la responsabilidad subjetiva. Es en esta situación donde encontramos la acción que lleva adelante el sujeto: ante la posibilidad que le da Irene para irse a Jujuy, y refugiarse (ya que estaría en peligro su vida, luego del asesinato por error, en su propia casa, de su amigo Pablo Sandoval), Espósito elige irse a Jujuy, lejos de Buenos Aires (donde está Irene)… pero... ¿de qué se refugia: de la muerte o del amor? Es también entre este tiempo 1 y el tiempo 2 en el que tendremos que preguntarnos el porqué de esta acción ¿Porqué Benjamín se va a Jujuy? ¿Por qué no lleva a Irene con él (pregunta que 25 años después le hará ella misma)? ¿Qué tiene que ver Benjamín con esa acción específica, con ese irse a Jujuy? Estas preguntas nos llevan a plantear una Hipótesis Clínica; hipótesis que se centrará en el sujeto del inconsciente, en su deseo, y como diría Lacan, la relación que este sujeto tiene con su propio deseo (fundamento teórico de la clínica psicoanalítica). Podemos ubicar claramente el deseo de Benjamín en torno al amor que siente por Irene, un deseo pasional y puramente pulsional que tiene por objeto a Irene. Un deseo que en este primer tiempo es temido (gráficamente expresado en la escena que Benjamín escribe en un papel, entre sueños, la palabra: “temo”). Entonces nos preguntamos ¿será ese temor al amor, a enfrentar su deseo el que moviliza a Benjamín a escapar, a irse a Jujuy? ¿Qué hay del deseo en torno a la acción del exilio? ¿Huye? ¿De qué? Dice Juan Carlos Mosca sobre el deseo: “Lo real de la pulsión, la singularidad del goce, es el núcleo de la singularidad del Sujeto. Esto abre un campo de impredecibilidad (…) Justamente allí, donde el neurótico podría declararse no responsable, Freud lo hace responsable de su deseo (…) con Lacan decimos: sólo se puede ser culpable de haber cedido en su deseo”. Ahora bien, continuando en la reconstrucción del circuito de la responsabilidad subjetiva, nos encontramos con un segundo tiempo, un Tiempo 2, en este momento adviene una interpelación que el sujeto recibe a partir de indicadores que lo ponen sobre aviso de que “algo anduvo mal”, es decir, de que aquella acción iniciada en el Tiempo 1 fue más allá de lo esperado, las motivaciones inconscientes se expresaron más allá de la voluntad e intención del yo. Dice Gabriela Salomone: “Freud nos alerta de una responsabilidad que atañe al sujeto en relación a aquello que desconoce de sí mismo (…) la responsabilidad que indica Freud aparece vinculada a ese propósito desconocido para el sujeto (…) Es en este punto donde Freud ubica la responsabilidad: en relación a aquel propósito inconsciente que, ajenamente a la voluntad del yo, propició la acción” . Es en el Tiempo 2 que la interpelación, retroactivamente, lleva al sujeto a resignificar aquella acción, aquella formación del inconsciente (esto se ve claramente en el ejercicio de creatividad durante el sueño que hace Benjamín cuando escribe la palabra “Temo”, como formación inconsciente, y que luego, como veremos, encontrará su significación). Ahora bien, lo que interpela al sujeto es un punto sin-sentido, una hiancia, un punto de inconsistencia que llama al sujeto responder. Momento que ubicamos en la siguiente escena: Luego de 25 años en Jujuy, Espósito vuelve a Buenos Aires, y busca el paradero de Morales (con la ayuda de Irene), como si quisiera cerrar algo que quedó abierto en esta historia. Se dirige en su auto por una ruta que atraviesa extensos campos. Llega a la casa de Morales, abre una tranquera y estaciona su auto. Es una tarde soleada, sólo se escucha la brisa del viento que golpea en lo tupidos árboles y el canto de los pájaros. Benjamín golpea sus manos dos veces, pero nadie sale de la casa. Va a su auto y toca la bocina. Por el costado de la casa sale Morales y dice: "¿qué busca?". Benjamín lo mira (pareciera sorprendido) y le dice: "Morales. ¿Cómo le va, se acuerda de mí? Espósito de tribunales...hace como...25 años", Morales deja la bandeja que tenía en sus manos sobre un banco y acercándose a Benjamín dice: "pero qué sorpresa", Benjamín: "Sí ¿no?... perdón". Se acerca, se miran unos segundos como si no supieran qué hacer, y extienden sus manos para saludarse. Benjamín dice: "tanto tiempo...". Morales contesta: "mire usted que sorpresa eh?". Entran en la casa. Morales le ofrece un café y le cuenta que él está todo el día en el banco, que se fue enseguida para ese lugar porque "quería empezar de nuevo, cortar con todo". Mientras Morales prepara el café en la cocina, Espósito observa que hay, sobre una biblioteca en el living, un portaretrato con la foto de Liliana Colotto. Se queda unos segundos mirándola sorprendido, y se acerca a ella lentamente, la sigue mirando. Morales le pregunta: "¿se acuerda de Liliana?", Benjamín responde: "Sí, claro... como no" (pensativo). Vuelve su mirada hacia Morales y dirigiéndose a la cocina le dice: "Y usted... ¿cómo anda? (...) digo...si sólo? si se casó?", Morales le responde: "No, la verdad que no. Me parece que yo ya, a esta altura... bajé la persiana. No probé...pero sabe que pasa? Es muy complicado...". Benjamín le dice: "Yo en cambio, me casé...un tiempo... pero tampoco funcionó...no sé, no sé si era yo...", y dicen los dos: "es muy complicado". Luego de leer la novela que Benjamín escribió sobre el caso Colotto, y su involucración en la historia, Benjamín dice: "lo que pasa que lo recordé siempre (refiriéndose al caso Colotto)", Morales le dice: "Hace mal. Debería olvidarse... (Y deja la copia de la novela sobre la mesa) hágame caso. Después de hablar sobre el posible paradero de Gómez, Benjamín se acerca a Morales y le dice: "sabe...hay algo que le quisiera preguntar porque no sé cómo es... ¿Cómo hizo para aprender a vivir sin ella?", Morales le responde: "pasaron 25 años Espósito", Benjamín: "Yo estaba seguro de que usted no iba a poder", Morales interrumpe: "Pasaron 25 años (en un tono más nervioso y firme), Benjamín: "más con el tipo suelto...por ahí... ¿y cómo hizo para empezar todo de nuevo?", Morales vuelve responder (esta vez con un tono de enojo): "pasaron 25 años! olvídese". Benjamín mira hacia el suelo en silencio, mientras Morales se dirige hacia el comedor. Benjamín le dice: "si no hubiera sido por mí, usted no habría llegado hasta acá... se acuerda de eso?... me debe una". Morales le contesta: "Yo no sé qué quiere que le diga, no sé de qué me está hablando", Benjamín: "Me va a decir que se quedó lo más pancho con el tipo vivito y coleando por ahí?", Morales responde: "Sí, no podía hacer nada". Benjamín: "ah... ¿no?", Morales contesta: "no!", Benjamín enojado y en un tono más fuerte dice: "ah !¿no?!", Morales le contesta que no. Benjamín: "se pasó un año buscando a un tipo que conocía solamente por fotos, lo largan y usted no hace nada?", Morales gritando dice: "Sí! me pasé un año yendo en estaciones de trenes, lo agarran y lo sueltan... ¿Qué quiere que haga?", Benjamín: "Y ya está se terminó... se pasa el resto de su vida poniendo sellitos..." Morales le dice (señalándolo): "Y mira quién habla!". Espósito le dice: "usted es mejor que yo", Morales le contesta: "A usted ¿qué le importa?, si es mi vida, no la suya (se levanta de la silla y se dirige a la cocina)". Benjamín lo sigue y le dice: "No Morales, no. Es mi vida, también! Su amor por esa mujer nunca jamás volví a ver... en nadie, en nadie... nunca...", Morales: "Váyase de mi casa! (abre la puerta), ahora por favor. Es mi vida, no la suya". Benjamín le responde: "Perdóneme, son cosas de viejo...que va a ser...a lo mejor es eso... lo que pasa es que le di tantas vueltas...". Morales le dice: "Vaya a su casa a darle vueltas". Al acercarse a la puerta, Benjamín le cuenta a Morales que a Sandoval no lo mató Gómez, le cuenta la escena y su hipótesis sobre cómo mataron a su amigo Pablo. Luego de su relato, Morales le dice a Benjamín que espere, que se siente, y le dice que en una especie de confesión, que mató a Gómez contándole que le dio cuatro tiros. Benjamín le pregunta a Morales: "¿valió la pena?", Morales le responde: "No piense más, no piense más... ¿qué importa? mi mujer está muerta... su amigo está muerto, Gómez también está muerto, están todos muertos. No le de más vueltas, va a empezar con que si hubiera estado...si no hubiera estado... va a tener mil pasados y ningún futuro. No piense más, hágame caso. Se va a quedar sólo con recuerdos. Yo le debía una ¿no? Ahora estamos a mano". Benjamín pone en marcha su auto, y se va de la casa de Morales (Ver en DVD “Sobre la Responsabilidad. La pregunta de sus ojos”, Video: “Tiempo 2”). En esta escena, el director parece haber creado un ambiente propicio para que el yo sea interpelado y tenga que responder. Es una escena plagada de preguntas: ¿Cómo hizo para aprender a vivir sin ella? ¿Cómo hizo para empezar de cero? ¿Valió la pena? ¿Qué importa? ¿Qué quiere que haga?, son algunos de los interrogantes que se disparan entre los personajes. Es un momento en el que Benjamín se encuentra frente a un sin-sentido en su propia historia, un punto de inconsistencia que lo llama a responder, y que por momentos pareciera quedar alienado en la historia de Morales (“Es mi vida, no la suya”, le dice Morales). Aquí, como dice Fariña, Benjamín “puede reconocer que lo de Morales era otra cosa. Que eso que envidió y cuya sombra lo inhibió durante tantos años, era nada” . Creemos que son, principalmente, también las frases finales de la escena de Morales las que interpelan la acción en el Tiempo 1 de Benjamín: "No piense más, no piense más... ¿qué importa? mi mujer está muerta... su amigo está muerto, Gómez también está muerto, están todos muertos. No le de más vueltas, va a empezar con que si hubiera estado...si no hubiera estado... va a tener mil pasados y ningún futuro. No piense más, hágame caso. Se va a quedar sólo con recuerdos”. Benjamín, atado a su pasado, a un pasado alienado a otras historias que velaban la propia, se encuentra frente a la pregunta: ¿Qué tengo que ver yo con mi pasado y mi presente? ¿Qué quiero para mi futuro? ¿Qué hice? ¿Qué debo hacer? Aquellos recuerdos, que hasta ese momento parecían ser “solo recuerdos” comienzan a impulsar una respuesta, algo debe responder ante ese agujero en lo simbólico. Decimos que este segundo tiempo resignifica la acción del tiempo anterior, le da un sentido. Aquí tomaremos a Lacan, como fundamento teórico para comprender esta operatoria. Sabemos que un significante por sí sólo no significa nada, y que es necesario que otro significante en nexo con el anterior para lograr el efecto significado. En nuestro análisis, aquél primer significante se representaría en la huída de Benjamín a Jujuy (expresada gráficamente en el “temo”), pero es necesario un segundo significante que dé sentido a esa acción enigmática, algo que interpele al sujeto y que exija responder. En este punto ubicamos al segundo significante representado por la situación del presente de Morales, su encuentro 25 años después con Benjamín, y los interrogantes que mencionamos más arriba que circularon durante el diálogo (lo que expresado gráficamente representaría la “a” que faltaba en el “temo”: “te amo”), (Ver “Anexo” del presente trabajo donde presentamos el esquema del efecto retroactivo de la cadena significante: la significación). A partir de este segundo tiempo, entonces, se inicia la operatoria de la resignificación, en sentido retroactivo (Ver “Anexo” del presente trabajo donde presentamos la escena que consideramos como el “momento de resignificación” y Ver en DVD “Sobre la Responsabilidad. La pregunta de sus ojos”, Video: “Resignificación”). Es importante notar, que aquella significación que se da a partir del “temo”, no sólo involucra el agregar la letra “a” en la palabra, sino además un espacio, para que la palabra se vuelva frase. En ello vemos la separación de otra historia, diferente o similar pero ajena, y por lo tanto una salida de aquella alienación, para asumir la propia historia, la singularidad; como diría Viñar “re-habitar la propia historia personal”, re-personalizarse, re-habitarse (re-subjetivación). Lo que abre un tercer tiempo, un Tiempo 3, en el que hay efecto sujeto, una respuesta ética, que implica el asumir el propio deseo y responder en base a él, como sujeto del inconsciente. Ubicamos en la película, con respecto a este tercer tiempo del circuito, la siguiente escena: Benjamín va al cementerio y deja flores a su amigo Pablo Sandoval. Luego, en su casa, se encuentra en el escritorio, cociendo el lomo de su novela, como si la hubiera terminado finalmente. Observa entre los papeles de su escritorio, aquél block de notas en el cuál había escrito la palabra "temo", y escribe una "a" en aquél espacio entre "te" y "mo", formando la frase "te amo". Inmediatamente después, inicia la escena en que Benjamín se dirige a tribunales hacia la oficina de Irene, y al verla (él desde la puerta, ella en el escritorio), se dicen todo con la mirada. Pareciera estar decidido a decirle aquello que siempre calló a esa mujer, su amor. Cierra la puerta de la oficina (Ver en DVD “Sobre la Responsabilidad. La pregunta de sus ojos”, Video: “Tiempo 3”). Entonces, en este momento del circuito nos preguntamos ¿Cómo responde el sujeto a esa interpelación? Fariña propone que es frente a la brutal confesión final de Morales, que Benjamín “puede emerger de su propio calvario” (emergencia de un sujeto que responde a la interpelación con su deseo: efecto sujeto, diremos, acto ético). La hipótesis de Fariña, sobre la responsabilidad subjetiva, se fundamenta en que: al reconocer Benjamín que lo de Morales, ese “amor que envidiaba y consideraba tan puro”, era otra cosa, puede permitirse ir al encuentro de ese amor que durante años temió, “transformar su pesadilla en sueño” (de un “temo” a un “te amo”). Ubica que la responsabilidad del sujeto aparece allí, cuando Benjamín sale, “decidido”, a responderle a esa mujer, de una vez y para siempre, la pregunta de sus ojos” . Nosotros consideramos que, es claro, con la escena narrada, que hay un efecto sujeto, que aquél yo dividido por la palabra responde ahora en base a su deseo, y responde en acto. Por eso decimos que el acto ético coincide con el efecto sujeto: la singularidad en situación. Y también de ello se desprende el axioma “no hay responsabilidad subjetiva sin culpa”. Dice Gabriela Salomone al respecto: “la culpa de la que hemos hablado hasta aquí, depende de una operación eminentemente simbólica: la interpelación subjetiva” . Es una culpa que hace que el sujeto responda, que permite que el sujeto ya no se excluya de los interrogantes, sino que forme parte de los mismos. Sabemos que las formas de responder son diversas. Benjamín, como se observa en la última escena narrada, responde en base a su deseo, no ya cediéndolo, sino asumiéndolo, por eso se dirige decidido a hablar con Irene, y confesarle aquello que temía: “te amo”. Es hasta este punto que llegamos en la reconstrucción del circuito de la responsabilidad subjetiva, que como dijimos al comienzo del trabajo, es aquella que interpela al sujeto más allá de las barreras del yo, sujeto del inconsciente; y que difiere de la responsabilidad jurídica, ya que esta última parte de una concepción diversa de sujeto: un sujeto autónomo, restringiendo la responsabilidad al terreno de la conciencia y la intencionalidad (voluntad e intención). Pensar la situación de Benjamín desde el campo de la responsabilidad subjetiva, es encontrarlo culpable en términos de haber cedido su deseo (como dice Lacan), pero no culpable en términos jurídicos ¿Podríamos pensar en la responsabilidad jurídica en el campo del amor?
Otros de los conceptos que nos permiten abordar el campo de la responsabilidad del sujeto tienen que ver con la noción de: azar y necesidad. Juan Carlos Mosca dice que “la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar” . Esto nos advierte que si necesidad o azar dominan por completo la situación no sería pertinente la pregunta por la responsabilidad. Pero “basta que se produzca una grieta (…) entre ellos, para que la pregunta por la responsabilidad adquiera toda su dimensión” . El Azar tiene que ver con la incertidumbre, lo casual, lo accidental, lo fortuito, lo que no se puede calcular porque es ajeno a la decisión, al deseo y a la voluntad del sujeto. Continuando con el análisis de la película “El secreto de sus ojos”, que Pablo Sandoval hubiera estado en la casa de Benjamín Espósito, justo cuando éste no estaba, y que lo mataran en su lugar, es producto del azar. Resultó ser algo no calculable. Y más aún, si lo pensamos de la siguiente manera: el día en que, por fin, Benjamín iba a cenar con Irene y (deducimos) decirle lo que sentía, fue el día en que tuvo que llevar a Pablo a su casa (ya que otra vez se había emborrachado) y luego ir a hablar con su mujer (para que lo perdona otra vez), por lo que no pudo asistir a la cita. Allí intervino el azar (podríamos pensar… “lo salvó la campana”). Por otro lado, Necesidad refiere a aquello sobre lo que el hombre no puede incidir, lo forzoso, lo riguroso, lo inflexible, lo inexorable. Y en este punto es interesante pensar en dos temas enigmáticos para el ser humano que él mismo Freud plantea: sexualidad y muerte. Cosas que escapan a lo simbólico, que se caracterizan por su dimensión puramente real y disruptiva, y sobre todo que implican callejones sin salida para los seres humanos. En la película, tanto la muerte como el amor tienen su papel protagónico. Pero si pensamos en la situación que elegimos para el análisis del circuito de la responsabilidad subjetiva, claramente nos encontramos frente a una necesidad: el amor mismo. Una necesidad frente a la que Benjamín no puede escapar (y no podemos decir que no lo ha intentado), es inexorable, aquello frente a lo cual no hay palabras (aunque uno se las arregle en lo imaginario, para evitar los angustiante de lo real e innombrable). Entonces, podemos ubicar claramente estos dos elementos que juegan en la situación (azar y necesidad), pero que por la grieta que hay entre ellos (ya que ninguno de los dos puede explicar completamente la acción del sujeto en base a su deseo: lo que sí podría darse en un “accidente”), es pertinente la pregunta por la responsabilidad: ¿Qué está implicado del deseo del sujeto en su accionar? Proponemos en base a este análisis, una comparación con el cuento de Jean Paul Sartre “El Muro”. En aquél clásico texto, el personaje llamado Ibbieta, ante la interrogación por el paradero de su amigo Gris, hace una broma en forma de burla. Sabiendo que su amigo está escondido en la casa de su primo, dice que “Gris está escondido en el cementerio” (Tiempo 1 del circuito de la responsabilidad subjetiva). Los falangistas encuentran efectivamente a Gris en el cementerio y lo matan, por eso no matan a Ibbieta, por haber “confesado” el paradero de su amigo (Tiempo 2). Es así, como la acción del sujeto va más allá de su intensión y voluntad (consciencia). Se abre entonces la pregunta por la responsabilidad del sujeto. Pero lo que nos interesa en este análisis, es encontrar, más allá del relato del cuento, aquellos indicadores que comparten criterios conceptuales con la película trabajada. Entonces, ubicaremos un primer punto de comparación, que refiere a la noción de azar expresada más arriba: en el cuento de “El Muro”, interviene el azar, y eso podemos pensarlo en relación a que efectivamente, la confesión en términos de burla de Ibbieta, se correspondía con la realidad, Gris estaba justo en el cementerio. Allí lo que sucede es que matan a Gris, en lugar de a Ibbieta. En “El secreto de sus ojos”, también ubicamos el componente azaroso de la situación con respecto a la muerte de uno de los personajes: el asesinato de Pablo Sandoval. Ahora bien, aquí también un personaje muere en lugar de otro. El azar interviene en la situación, y en el momento en que debería estar Benjamín Espósito en su casa, se encuentra su amigo, y confundiéndolo (con ayuda de Sandoval para que se dé la confusión misma), lo asesinan. Recordemos que con respecto a este hecho Morales, en su encuentro 25 años después, le dice a Benjamín: "No piense más, no piense más... ¿qué importa? mi mujer está muerta... su amigo está muerto, Gómez también está muerto, están todos muertos. No le de más vueltas, va a empezar con que si hubiera estado...si no hubiera estado... va a tener mil pasados y ningún futuro. No piense más, hágame caso. Se va a quedar sólo con recuerdos”. En estas palabras podemos ubicar claramente lo azaroso, aquello inevitable, aquello que no alcanza con pensar “si hubiera estado… si no hubiera estado…”, porque intervino algo del campo del azar. El segundo punto de comparación entre el cuento mencionado y la película trabajada podría ser pensado en torno al concepto de necesidad: en el cuento la muerte aparece como representante de lo inexorable, de lo inevitable, y tiene efectivamente su papel protagónico. En la situación que seleccionamos para el análisis de la película, la necesidad gira alrededor del amor, de lo imposible de escapar al amor, de lo fallido que resulta la huída a ese sentimiento tan humano. Es sobre estos grandes temas que gira la vida humana (como decíamos tomando a Freud en otros párrafos): muerte y sexualidad. En líneas generales, ambas situaciones presentadas (en el cuento “El Muro” y la seleccionada sobre “El secreto de tus ojos”), nos señalan que muchas veces, las acciones que iniciamos para un determinado fin no se agotan en tales objetivos, y es en esas situaciones en las que existe la posibilidad de que emerja el deseo y que el sujeto responda respecto de él: allí ubicamos la responsabilidad subjetiva.

Bibliografía

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-  Salomone, G. Z.: El sujeto autónomo y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
-  Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
-  Viñar, M.: La transmisión de un patrimonio mortífero: premisas éticas para la rehabilitación de afectados. En Territorios, número 2. MSSM. Buenos Aires, 1986.

Anexo

-  Esquema sobre la “Resignificación” desde Lacan:

-  Escena del momento de “Resignificación”:
Luego de presentarle la novela basada en el caso Colotto a Morales, y de una tensionante charla con éste, Benjamín sube a su auto, y se dirige por la ruta. Piensa, e invitándonos a pensar con él, situándonos en el lugar de su yo, la escena nos regala un compilado que parecería entretejer diversas situaciones de la vida de Benjamín: Escucha la voz de Morales que dice "No piense más... no piense más", su propia voz dice "le di tantas vueltas...", Morales: "¿qué gano metiéndole cuatro tiros?". Se intercalan imágenes de la reciente charla con Morales, y del relato de éste. Se escucha un tren que pasa mientras. La voz de Morales dice: "Es mi vida, no la suya... vaya a su casa a darle vueltas", la voz de Pablo Sandoval dice: "ya lo vamos a encontrar". Un primer plano de los ojos de Benjamín mientras conduce, y su voz que dice: "Hace 25 años que me pregunto... (Mientras se observa la escena en que Benjamín le dice "chau" a Irene y toma el tren)... no fue otra vida, fue ésta". Se escucha la voz de Sandoval y se ve su imagen: "el tipo puede hacer cualquier cosa para ser distinto...", Morales dice: "¿Qué gano metiéndole cuatro tiros...?", Sandoval continúa: "...pero una cosa que no puede cambiar, ni él, ni vos, ni yo, nadie Benjamín..." (se escuchan los supuestos cuatro tiros de Morales a Gómez). En un primer plano se vuelve al rostro de Benjamín, a su mirada que parece haber encontrado la luz. Estaciona su auto al costado de la ruta. Allí, caminando, se dirige a la casa de Morales otra vez, y espera entre los árboles. Cuando observa que Morales sale de su casa, en silencio, sigilosamente, lo sigue, y descubre la verdad: Morales tenía en su casa, en una especie de galpón, en una habitación con rejas, a Gómez, preso, sin hablarle, condenándolo él mismo a prisión perpetua. Cuando Morales ve a Benjamín (quién ha quedado en absoluto silencio) le dice: "usted dijo perpetua". En esta escena podemos ver, junto con el personaje, cómo los puntos oscuros comienzan a iluminarse, y los agujeros comienzan a llenarse. Es el momento en que se da el efecto de significación.



NOTAS

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