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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA

Psicología, Etica y Derechos Humanos

Cátedra I
Fariña, Juan Jorge Michel

Alumnas: Kessen, Dominique DNI: 34139085

Corredera, Vivian Andrea DNI: 20771940

Comisión: 3

Docente: Kleinerman, Lucila

Ayudante: Hudson, Vivian

Fecha de entrega: 7 de junio de 2010

Segundo parcial domiciliario

Film: “El secreto de sus ojos”
Desarrollo

A partir del comentario “Fantasmas. A propósito de El secreto de sus ojos” realizado por Fariña, se podría decir que el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva es Ricardo Morales, el “vengador”, quien decide hacer justicia por mano propia encarnando el rol de carcelero de Isidoro Gómez: actor de la muerte de Liliana Colotto (esposa de Morales) violador, asesino, convicto y confeso.
Fariña, en su comentario sobre el film, propone “una conjetura o hipótesis clínica acerca de aquello respecto de lo cual se espera una respuesta de parte de…” Morales. (Fariña, 2010). Establece una posible relación entre las variables de la compleja situación. Dicha relación permite desligar de toda la responsabilidad a la necesidad o el azar e intenta nominar aquello que excede a éstas. Intentando “ob-ligar” los elementos disonantes de esos excesos, Fariña se hace una primera pregunta: “¿Por qué no le habla Morales a Gomez?”, y responde: “Porque a la vez que goza su secreto, teme escucharlo.” Morales se sitúa como espectador perpetuo de una escena insoportable, esa escena que, por más que aborrece, no puede dejar de ver, lo compromete sin duda. “Pero no tanto ante la ley como frente a su propio fantasma.” “La realidad puede funcionar como fuga del encuentro con lo real.”(Fariña, 2009). Es decir, aquel momento donde Morales decide ejecutar él mismo la condena perpetua de Gomez, ya no se habla de la reclusión impuesta a Gomez por la ley sino que se interpreta aquel encierro perpetuo al que se sometió Morales.
En pos de explicitar el arribo a la hipótesis clínica mencionada anteriormente se propone realizar un recorrido a través del circuito que deriva en la posibilidad de detectar indicios respecto de la responsabilidad subjetiva del banquero Ricardo Morales.
En primer lugar, es importante clarificar que la noción de responsabilidad con la que se trabajará para realizar dicho recorrido es intrínseca a la de un sujeto interpelado más allá de su YO. En otras palabras, un sujeto del inconsciente. La importancia de esta clarificación respecto a la responsabilidad subjetiva es debido a su diferencia en relación a la de la “responsabilidad jurídica”, planteada en función de la noción de un sujeto autónomo, restringida al terreno de la conciencia, de la intención y la voluntad. El sujeto del derecho es aquel capaz de hacerse responsable de sus acciones, sus elecciones y decisiones, quien al perder esta capacidad de autonomía , está eximido de su responsabilidad jurídica y pasa a ser, para el derecho, inimputable.
Para el campo del psicoanálisis, el sujeto es responsable por definición, por el determinismo inconsciente que confronta al sujeto con aquello que perteneciéndole, le es ajeno. Por eso se puede decir que el sujeto siempre es imputable, pero no ya en el campo, moral, o jurídico, sino en términos éticos.
De lo dicho anteriormente se deriva que el circuito con el que se trabajará será entonces el de la responsabilidad subjetiva, no en el campo jurídico o moral, sino en el sentido ético, el del psicoanálisis.
El recorrido de este circuito no se debe pensar en un sentido cronológico sino que más bien en relación a una temporalidad lógica de retroacción, es decir que hay una acción posterior que hace que se resignifique una anterior.
El recorrido teorizado se materializa en el escenario del filme “El secreto de sus ojos” donde es posible detectar la emergencia de una singularidad en situación. (Fariña, clase desgravada 2010). Siguiendo el recorrido de los tiempos lógicos de la responsabilidad subjetiva, se localiza un tiempo primero donde Ricardo Morales “lleva adelante una acción, una conducta determinada para un determinado objetivo y entendiendo que tal iniciativa se agota en los fines para los cuales fue concebida”. (Fariña, clase desgravada 2010). Decide ir todas las tardes a las diferentes estaciones de trenes para ver si “ve” al asesino, ya que era del interior y supone que llegará a Buenos Aires en tren. Dedica su vida a eso, durante un año, sin saber que la causa se ha cerrado. Este hecho, “ese amor” interpela a Benjamín (se podría pensar otro circuito de la responsabilidad del personaje de Benjamín el cual sólo se menciona por una cuestión de espacio) quien impulsa a la reapertura de la causa. Morales, luego de que Benjamín hubiera “visto” en las fotos eso que nadie vio: “la mirada de Gómez hacia Liliana”, comienza a indagar. De esta manera se arriba a la tercer escena que plantea Fariña en su comentario: Morales llama por teléfono a la casa de Isidoro Gómez. “Habla con la madre, quien le informa que su hijo no está, que hace tiempo se ha mudado a Buenos Aires. Angustiado y excitado por saberse en la buena pista, intenta averiguar su paradero. Recibe un dato ambiguo pero prometedor… y cuando debería cortar la conversación, se quiebra y menciona el nombre de Liliana. Recibe entonces, transido por la desesperación, su infierno tan temido: Isidoro Gómez y Liliana Colotto habían sido noviecitos en Chivilcoy. Y ella no se olvidó de él como tampoco él de ella. No siempre la verdad es el mejor puerto para nuestras incertidumbres.” (Fariña, 2009).
Es la interpelación subjetiva la que hace poner en marcha el circuito, la ley simbólica del deseo obliga a retornar sobre la acción inicial, pudiendo esta primera pensarse en términos más particulares o del lado de la moral, una interpelación que el sujeto recibe a partir de indicadores que lo ponen sobre aviso de que algo anduvo mal. Su acción iniciada en el Tiempo 1 fue más allá o más acá de lo esperado. (Fariña, clase desgravada 2010).
Dicho de otro modo, el circuito se pone en marcha en un tiempo 2, el de la interpelación, que genera retroacción y produce una resignificación porque liga a los elementos disonantes que se convierten en un tiempo 1, haciéndose necesario, a través de la culpa, una respuesta. No hay forma de no responder.
Se abren dos posibles respuestas a la interpelación: una sería para volver al surco de lo moral, la respuesta sería particular, un taponamiento de la dimensión ética, no hay singularidad en esta respuesta. O la posibilidad de una respuesta diferenciada a la interpelación, donde se tendría un efecto sujeto y la correspondiente disolución de la culpa, en este caso se detectaría un sujeto responsable “culpable de lo que dice y lo que hace”.
Gómez finalmente es apresado en la cancha de Racing, le corresponde cadena perpetua pero frente a la falla del sistema judicial queda en libertad por ser un protegido político, Morales decide hacer justicia por mano propia, lo atrapa y lo enjaula a fines de garantizar que Isidoro cumpla con la condena que le toca cumplir.
Esta es una “especie de respuesta” que Morales realiza, no es una respuesta diferenciada a la interpelación, sino una que opera de taponamiento, responsabiliza a la justicia que por sus fallas no ha permitido que el asesino purgue su culpa y ha quedado libre. Esto hace que él tome justicia por mano propia, pero no se manifiestan en Morales indicadores de sentimiento de culpa. Conscientemente, él lleva a cabo aquello que la justicia no ha hecho y esto lo tranquiliza.
Y aquí nos planteamos nuevamente la pregunta inicial: ¿Por qué no le habla, a qué responde esto? Podría haberlo encerrado y hablarle, para que viva esa vida vacía como él quería, de manera perpetua. Pero además decide, no hablarle.
Entonces, aquí se está frente a otro tipo de respuesta.
Respuesta que llega de la mano de otra culpa, Una culpa estructural, no ya el sentimiento de culpa del yo, sino aquella ligada a la responsabilidad subjetiva, que siempre aloja algo de verdad, que lo obliga a dar una respuesta. “No hay responsabilidad subjetiva sin culpa”. Es aquí que el film muestra algunos indicadores que pueden ser pesquisados en ese camino. Es a través de esta culpa que es posible, interrogándola, rastreándola, ubicarse en camino de esa responsabilidad: después de 25 años la foto de Liliana aún está allí, Morales ha alienado su vida a ese amor, no ha podido hacer su duelo, no ha vuelto a casarse, ni a rearmar su vida.
Benjamín Espósito, “el de tribunales”, se presenta en su domicilio luego de veinticinco años a cobrar una deuda: “¿Cómo hizo para aprender a vivir sin ella?”. “¿Se pasó un año buscando a un tipo que sólo vio por fotos y usted no hizo nada?”. Morales se ve sorprendido, definitivamente algo anduvo mal. Se abre, entonces, el interrogante por la responsabilidad subjetiva del sujeto: ¿Qué hizo Morales, qué tiene que ver, qué vio, qué hizo con SU vida?
“¿A usted qué le importa? Si es mi vida, no la suya”. Nuevamente, Espósito le contesta: “Es mi vida también”. Luego de que Benjamín le cuenta que a Sandoval no lo mató Gómez porque si este hubiera estado allí lo hubiese matado a él, Morales toma una decisión y decide mentir: a Gomez lo mató él.
Finalmente, Espósito sorprende a Morales haciendo de carcelero de Gomez frente a lo que este responde: “Usted dijo perpetua”. Aquí, aquel primer momento donde Morales había decidido hacer justicia por mano propia cobra un nuevo significado. Él mismo aparece como condenado, condenado a una vida “llena de nada” o llena de todo, de todo aquello que aborrece. Nuevamente, aparece la posible respuesta a aquel interrogante: no le habla porque teme escuchar pero a la vez goza su secreto. Como se puede ver, Morales es responsable. Es responsable jurídica y subjetivamente. Ha hecho justicia por mano propia y ha vengado la muerte de su mujer. Muerte en la que “algo tuvo que ver” y frente a la cual se perpetuó en un duelo imposible, eterno. El goce de Morales en su secreto se convierte en un bien con el que paga materializando la culpa. (D´Amore). Es por esto que no quiere escuchar cuando Benjamín le dice que pensó en ese profundo amor que veía que lo unía a Liliana, no puede responderle ¿cómo hizo para seguir con esa vida vacía? y lo hecha de la casa en esa escena después de 25 años, le dice que no piense más, que se olvide…¿Que se olvide? ¿Morales se traiciona a sí mismo? Intenta realizar un cierre, volver al surco de la moral. Sin embargo, sabemos que el deseo inconsciente es reprimible pero no indestructible, se ilumina en el acto mismo: “usted dijo perpetua”. La situación misma es un castigo, el precio de la culpa con la que paga. (D´Amore)
Se nos ocurre un interrogante para plantear. Podemos pensar que algo del orden del saber, está en juego, el saber lo tiene el Otro. Se ve enfrentado a La castración. ¿Yo castrado y el Otro completo? Por eso no le habla, ¿para no enfrentarse con su castración?.
En este castigo se plasma la responsabilidad jurídica de Morales, por encerrar a una persona, privarla de libertad y la responsabilidad subjetiva, por no hablarle, para no saber, y privándose así de su libertad, quedando así sujetado a su deseo. Ha Cedido ante él.
Como se puede vislumbrar a partir del recorrido realizado, la distancia entre el primer y el segundo tiempo no lo es sin factores del orden de la necesidad y el azar. De hecho, toda la historia del film se desenvuelve en un halo de complejidad donde el azar, la necesidad y la responsabilidad subjetiva se entraman y articulan mutuamente.
En primer lugar, es interesante detectar cómo se conectan las vidas de Benjamín Espósito y la causa de Liliana Colotto: “El doctor Romano dice que es nuestro turno” y, a pesar de las quejas que realiza Benjamín al doctor Romano, el juez Fortuna la Calle (¡vaya casualidad!) decide que en pos de seguir “el riguroso turno”, Espósito debe atender a dicha causa. “La necesidad es aquello que rige por fuera de la intervención del sujeto en situación”.(Fariña, clase desgravada). Benjamín debía cumplir con la orden del juez por necesidad y, a su vez, por “azar” ya que en su turno le “tocó” trabajar sobre la causa de Liliana Colotto.
Ahora bien, en el momento en que Benjamín se desliga de toda responsabilidad: “Yo no tengo nada que ver…”, en ese preciso momento, ve a Liliana Colotto, sus ojos perdidos en la nada, muerta, tumbada con las marcas de una tortura sobre su cuerpo. Alguien cierra los ojos de Liliana y Espósito decide ver a Ricardo Morales. Es evidente que se empieza a abrir una grieta entre la Necesidad y el Azar donde comienza a emerger el lugar para la Responsabilidad Subjetiva. Es este el momento, luego del primer diálogo que se produce entre Morales y Espósito que el director de la película decide colocar como primer plano un recorte de la novela que Benjamín escribe sobre la causa de Morales: “Morales pudiera empezar a avisorar su propio futuro. Y comprobar que, sin lugar para el equívoco, su futuro era nada.”
Si bien en determinado momento pareciera que las vidas de Morales y Espósito no se entrecruzarían más, por necesidad, ya que la ley había decidido archivar el caso Liliana Colotto. El azar quiso que en un determinado día y a una determinada hora, la mirada de Espósito se encontrara con la imagen de Morales sentado en un banco de la estación. Ahora bien, la necesidad y el azar son campos de determinación del sujeto pero en función de lo que el sujeto decide hacer con ellos. ¿Cuál fue la respuesta de Benjamín ante esta metida de cola del azar? Hablarle a Morales y negarle que la causa había sido abandonada. Una vez más, la responsabilidad subjetiva abre paso: ¿qué hizo que Benjamín le mintiera?
Es interesante descubrir que en el transcurso de la película ocurren muchas situaciones que hacen al avance de la trama que se ubican en el límite de la necesidad y el azar. A grandes rasgos, pareciera que Espósito da con el autor del crimen por mera casualidad: descubre a Isidoro “in fraganti” mirándola a Liliana en todas las fotos (¿Qué vio Benjamín en esa mirada?), encuentra las cartas que éste le enviaba a su madre y a partir de su contenido, y con la ayuda de Sandoval, decide ir a buscar a Gómez a los partidos de Racing donde era muy improbable que lo encontrara y, sin embargo, lo hace debido al azar. Al momento de hacerlo confesar, casi por casualidad, Irene descubre la mirada de Gomez fijada en su escote que se escapaba debido a que, sin querer, azarosamente, Benjamín le había quitado el botón. Esto la conlleva a interrogarlo y, finalmente, hacerlo declarar su culpabilidad.
A partir de lo dicho se podría conjeturar que remitir el avance de la historia al azar y necesidad, al terreno de las coincidencias podría ser una forma de desresponsabilizar a los sujetos del campo del deseo pero frente a los cuales los personajes de la película responden y responden en vías del cumplimiento de éste.
A partir del recorte realizado de “el Secreto de sus ojos” en función del recorrido del circuito de responsabilidad, es posible realizar una comparación conceptual con el cuento “El Muro” de Sartre. En primer lugar, se destaca que tanto en el cuento como en la película se produce un distanciamiento entre el segundo y el primer tiempo que no se debe únicamente a la necesidad y al azar y es justo allí en esa grieta donde aparece la responsabilidad subjetiva de ambos.
Se podría decir que Ibbieta y Morales son responsables por haber cedido ante su deseo. Uno frente al deseo “de la vida “ y el otro frente al deseo “del no saber” . En un determinado momento, para ambos hombres la vida dejó de tener el sentido que ellos creyeron que tenía. Ambos, se posicionan más allá del bien y del mal: Ibbieta desafía al azar y Morales a la necesidad. Era improbable que Gris estuviera en el cementerio y, Morales decidió no saber, no hablar, condenándose así junto con Gómez a la cadena perpetua, a una vida sin vida.

Bibliografía

D´Amore, O. (2006): Responsabilidad y culpa. En: La transimisión de la ética. Ciencia y Deontología. Vol I: Fundamentos. Letra Viva.

Michel Fariña, J. J. (2009): Fantasmas. A propósito de El secreto de sus ojos. En la página web de “Ética y Cine”: http://www.eticaycine.org/El-secreto-de-sus-ojos

Michel Fariña, J. J. (2010): Clase desgrabada titulada “Responsabilidad: entre necesidad y azar”.

Mosca, J.C. (1998): Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En: Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Salomone, G. Z. (2006): El sujeto dividido y la responsabilidad. En: La transimisión de la ética. Clínica y Deontología. Vol I: Fundamentos. Letra Viva.



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