Inicio > Acceso Docentes > cuatrimestre 2010 > El secreto de sus ojos >

por 

UNIVERSIDAD NACIONAL DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGIA
Psicologia Etica y Derechos Humanos
Cátedra I - Prof. Haydée Montesano
Segundo Parcial
Sobre “El Secreto de sus ojos”

Alumnos: Paula Lambertini (30.720.885); Miguel Ángel Andrei (30.945.492)
Comisión : 12.
Cuatrimestre: 1°
Año: 2010

Introducción
Existen dos dimensiones de la responsabilidad: la responsabilidad jurídica y la responsabilidad subjetiva. Cada una de ellas interpela de un modo distinto al sujeto.
La responsabilidad jurídica base de las doctrinas de derecho de la modernidad, y por lo tanto el sistema judicial, se funda en la idea de un Sujeto instituido en la Razón y como tal sujeto autónomo, esto es: no determinado por razones instintivas, naturales o desconocidas. El inicio de la Modernidad establece que el carácter propiamente humano es la Razón y de ella se desprende la Voluntad Autónoma en tanto intención de los actos basada en el deber ser con el otro kantiano: “el Imperativo Categórico” . Es así como se juzgan los actos moralmente buenos, en tanto direccionados por la Voluntad Racional que determina si las acciones son justas y por lo tanto universalizables. Estos dos elementos: razón y voluntad o intención son los que configuran la responsabilidad jurídica en tanto obligan a responder sobre el valor moral de sus actos frente a la ley, a dar cuenta de los actos cometidos, a determinar si alguien es responsable y por tanto culpable. El campo de la moral si bien no se agota en lo jurídico, forma parte de esta dimensión particular de la responsabilidad.
La noción de responsabilidad subjetiva da cuenta de un modo específico de entender al sujeto y al campo de la responsabilidad. Esta dimensión se configura a partir del Sujeto del Inconsciente en tanto se funda en aquello: “(…) que perteneciéndole al sujeto le es ajeno” . Entonces, esta concepción, dista de la idea moderna de sujeto autónomo cuyo accionar está determinado por intencionalidad y la voluntad consciente o racional en la que se basa la responsabilidad jurídica; la verdad no será la verdad objetiva, particular, moral ni jurídica establecida a partir de una realidad material, sino la verdad para el Sujeto: el deseo inconciente, aquel que rige la realidad psíquica. Esta dimensión es del orden de lo singular.
En la película “el Secreto de sus Ojos”, entendemos que el personaje de Morales, centralmente, nos propone el análisis de los dos planos de la responsabilidad: la responsabilidad moral y la responsabilidad subjetiva. Sin embargo, mencionaremos algunos elementos significativos que están presentes en el personaje de Espósito.
Morales, Espósito y la dimensión de la Responsabilidad Moral
La trama de la película religa lo social, lo político y lo singular como parte de una misma realidad. La historia singular de Morales, su actitud frente al asesino y violador de su mujer, se inscribe en la impunidad perpetrada por el estado durante el Gobierno de Isabel Perón, en nuestro país. Morales encarna en palabras de Fariña, la figura del “Justiciero Solitario” . Lejos de analizar su conducta en términos de venganza, entendemos que él viene viene a saldar la impunidad de la que es objeto cuando el hombre que asesinó y violó a su mujer-y que había confesado sus crímenes- se libera a partir de la intervención de un integrante de la Triple AAA que había sido compañero de trabajo de Espósito . La perspectiva histórico- social configura una trama de impunidad donde las instituciones del poder judicial y las fuerzas de seguridad no sólo, no ejercen la justicia, sino que son cómplices y productoras de la injusticia cuando se muestra inoperantes tanto en la investigación del crimen de Liliana como, una vez comprobado el crimen en la liberación de Gómez. En respuesta a la pregunta de qué debe hacer un sujeto frente a la injusticia perpetrada desde el Estado, cuando un régimen constitucional se basa en particularismos, Morales actúa en relación a la Justicia, produce justicia. El criminal, entonces, debe responder por sus actos.
Sin embargo, entendemos que es digno de señalar una breve mención en lo referido a la demanda de verdad y justicia en la elaboración de hechos traumáticos producto de las dictaduras militares que fueron instrumento, en nuestro país, de la imposición de un modelo político, económico, social y cultural de dominación. La impunidad tuvo distintos modos de elaboración en tanto ésta fuera individual o colectiva. En el análisis de la dimensión de la responsabilidad moral , vemos que Morales frente a la imposibilidad de encontrar justicia por los órganos legítimos da testimonio con su vida, con su propia condena de la justicia anhelada. El accionar de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo implicó un proceso distinto. Hacer nudo, generar una elaboración colectiva de la demanda de verdad y justicia, corrió a estas mujeres del lugar de la angustia individual, el lugar de víctimas, para poner su reclamo en el orden social. Interpelaron a la sociedad en su conjunto para que el Estado retomara su demanda y cayeran, así “las leyes de impunidad”: la ley de obediencia debida y la ley de Punto Final. Hacer red, construir organización, frente a la impunidad generó las condiciones de posibilidad para trasformar esa realidad injusta y que hoy se estén juzgando a los responsables después de más de 30 años. Marcelo Viñar nos plantea: “El testimonio y la denuncia son una necesidad y una trampa, un compromiso ineludible donde hay que entrar y salir, no quedar capturado en la narración de la escena sádica. Testimoniar para matar el silencio, es un compromiso consigo mismo y con la historia pero debe llevar a un lugar más seguro que el de VOYEUR” . Este lugar de voyeur es del que Morales no puede salir, atrapado con el torturador de Liliana, viendo una y otra vez la escena traumática . Las Madres y Abuelas pudieron dar otras respuestas.
Por otra parte, entendemos que el personaje de Espósito, abre una grieta en el “No te metas” instaurado por los grupos paramilitares en los años 74 y 75 (Triple A) y continuado por la Dictadura Militar del 76, con el objetivo de construir legitimidad social para sostener el terrorismo del Estado. Este personaje pone en cuestión la matriz sobre la que se basa “la obediencia debida” dentro de una Institución Pública (Poder Judicial) y la “Teoría de los Dos Demonios” en tanto señala la responsabilidad de la sociedad en la legitimación de un régimen basado en el horror. Espósito podría haber olvidado el crimen, como funcionario del Poder Judicial, con la excusa de que él no era responsable central de que el caso no prosiga su desarrollo sino que el Juez Fortunato de la Calle le ordena dejar el caso a un costado. Espósito podría haber navegado por las aguas tranquilas de su trabajo. Tal como plantea D’Amore la figura de obediencia debida posibilita: “(…)la creación de figuras de desresponsabilización para poder desculpabilizar. Pues si alguien no es culpable entonces no es responsable: no es ob-ligado a responder” Pero Esposito abre una grieta: se responsabiliza de su rol como funcionario del poder judicial, en tanto sigue investigando el caso y se postula certero en la búsqueda de darle cauce a la Justicia durante 25 años. Dice: “Hace 25 años que me pregunto por lo que sucedió, no puedo olvidarlo. ¿Cómo se hace para vivir una vida llena de nada?”
A modo de síntesis, en la dimensión moral podríamos explicar la conducta de Morales como producto de una injusticia perpetrada por la impunidad reinante. Su destino será, entonces hacer justicia frente a la injusticia impuesta desde el Estado. Su decisión será condenar a aquel que ha matado y violado a su mujer frente al vacio de la justicia del derecho. Darle cadena perpetua al torturador, como le había dicho Espósito.
El encuentro de Espósito y Morales puede ser pensado desde la dimensión del azar. Espósito no quería tomar ese caso, decía que le correspondía a otra secretaría del Juzgado. Si este encuentro no hubiera ocurrido, probablemente Morales se hubiera encontrado sólo en la investigación del crímen de Liliana, nadie le hubiera hablado sobre la pena que le correspondía a Gómez. Este encuentro es obra de la casualidad, del azar.
El orden de la necesidad, en tanto sobredeterminación externa, está establecido a partir de la realidad de nuestro país en ese momento, en tanto hay algo que le sucede a Morales pero no encuentra su origen en él. No obstante, entendemos que la actitud de Morales no puede ser explicada únicamente a partir de las determinaciones históricas y sociales que lo hacen responsable de dar respuesta frente a esa situación de injusticia; de ocupar el lugar de Justiciero Solitario. Hay algo de la singularidad de Morales que lo compromete a estar condenado de por vida. En su texto, Juan Carlos Mosca sugiere que la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. Basta que se produzca una grieta, una vacancia entre ellos, para que la pregunta por la responsabilidad subjetiva adquiera toda su dimensión.
Entonces, nos preguntamos por la dimensión singular de este personaje: ¿Por qué hace Morales lo que hace, más allá de lo que él pueda responder?
Morales, Espósito y la responsabilidad subjetiva.
Dijimos anteriormente que la responsabilidad subjetiva se basa en la emergencia del deseo inconsciente, del cual el sujeto no puede dar cuenta: aquel saber no sabido. El sujeto no es responsable frente a la ley como frente a su propio fantasma, es responsable frente a su deseo porque es ante él que el sujeto cede. Morales ha quedado perpetuamente encadenado a hacer cumplir condena del asesino de su mujer. Su vida trascurre, en un tiempo que no avanza, está detenido. Toda su vida es dedicada a cumplir esa misión.
Espósito vuelve 25 años después y lo interpela. Se da cuenta de que Morales ha quedado suspendido en ese momento. Ve las fotos de Liliana intactas en la misma repisa, es una réplica de la situación vivida hace 25 años. Morales ha quedado velando por el crímen de su mujer. En la escena donde Espósito encuentra a Gómez encerrado en el fondo de la casa de Morales, entiende que este último, lejos de olvidar ha forzado su vida a castigar al torturador de su mujer. Morales está condenado perpetuamente a condenar al asesino de Liliana. Entonces, es necesario pensar una hipótesis clínica a esta situación: la escena traumática, la escena de la violación vuelve una y otra vez, dando cuenta del Segundo Tiempo del Circuito de Responsabilidad. Este segundo tiempo se estructura a partir del deseo Inconsciente: emergiendo en la frase: “Mi amor, basta por favor”, encarnada en Liliana en el trascurso de la violación, donde Morales queda como espectador de la escena traumática. Fariña plantea en el comentario de película: “ Esa escena que aborrece pero que no puede dejar de ver, lo compromete sin duda. Pero no tanto ante la ley como frente a su propio fantasma. Y nos permite conjeturar por qué no le habla a Gómez. Por eso no le habla. Porque a la vez que goza su secreto, teme escucharlo”. Este segundo tiempo, el de la interpelación del deseo inconsciente exige al Sujeto a dar respuesta para fundamentar su accionar, Morales intelectualiza su condena fundando un Primer Tiempo: “Usted, dijo perpetua”. En este tiempo 1, en su respuesta, hallamos la figura de culpa que se expresa a partir del mecanismo de la intelectualización y de proyección. D’Amore plantea: “La retroacción que genera la interpelación resignifica porque liga (ob-liga) a los elementos disonantes que se conviertan en un Tiempo 1, es decir el tiempo 1 es ya un tiempo resignificado por la interpelación a través de la culpa” Al ceder a su deseo inconciente, la interpelación de Espósito, hace que Morales responda a partir de justificar-racionalizar- su acto en la condena moral del indulto al asesino de su esposa, como Justiciero Solitario: “se merecía cadena perpetua” y al mismo tiempo, al otorgarle la frase a Espósito: “Ud djjo(…)” está proyectando en él la causa de su conducta.
Este circuito se cierra entre el Tiempo 2 y el Tiempo 1. Por repetición no habrá nada más para Morales que la condena perpetua: queda fijado a la escena traumática. Morales cede a su deseo inconsciente una y otra vez, encerrado en el sentimiento de culpa que configura un circuito hermético, cerrado. En este circuito, él encarna una repetición que lo deja como espectador de su propia vida: queda impedido de desarrollar el duelo. Entonces, podemos plantear que no se desarrolla una respuesta singular, ética, sino óntica porque la respuesta particular que desarrolla-Tiempo 1- no permite que Morales asuma su deseo inconsciente sino que se explique así mismo a partir de las palabras de Espósito.

Tiempo 2
Escena traumática
“Mi amor , basta por favor”

Tiempo 1
“Ud. dijo perpetua”
Intelectualización
Proyección

En relación al personaje de Espósito vemos que el circuito de responsabilidad subjetiva tiene una salida diferente, una salida singular: ética. Él también ha quedado durante 25 años capturado por ese momento de su vida por su amor imposible con Irene enlazado a la investigación del crimen de Liliana, al amor de Morales por ella. La hipótesis clínica se establece a partir del supuesto de que la imagen del Amor Ideal de Morales por Liliana no es más que una proyección de su propio deseo inconsciente: desarrollar un Amor Ideal con Irene, que para sostenerse como tal, nunca debe ser concretado.
El circuito de responsabilidad se vislumbra a partir de su reencuentro con Morales, después de 25 años. Espósito se ve interpelado cuando percibe que Morales se ha condenado a sí mismo a repetir la escena traumática una y otra vez, condenarse a condenar al torturador de Liliana. La interpelación, en palabras de Fariña se establece a partir de que Espósito: “Se da cuenta que eso no era amor, era otra cosa”. Se estructura, entonces, el Tiempo 2: Espósito cede a su deseo inconciente, a su ideal de amor que lo deja imposibilitado a encarar una relación con Irene, a declararle su amor. En retroacción, se establece un Tiempo 1 en el que Espósito afirma en la relación de Morales y Liliana, el temor de declararle su amor a Irene: “Ud no sabe lo que es el amor en los ojos de ese hombre, es amor puro, infinito. Es como si la muerte de su mujer lo hubiera dejado detenido”. Encontramos así la respuesta de Espósito frente al sometimiento a su propio deseo inconciente, desde el campo de lo particular. Se explica así, mediante el mecanismo de proyección, en la relación de Liliana y Morales, su propia imposibilidad de salir del Ideal de Amor para concretar la anhelada relación con Irene.
Cuando Morales lo interpela con su actitud, Espósito revoluciona su posición subjetiva, se da cuenta de que tiene que cerrar (o abrir?) ese capítulo de su vida. Puede dar respuesta a esa situación, estableciendo un Tercer Tiempo: TeAmo. Esta respuesta singular le permite elaborar su deseo inconciente, cae el ideal de amor, entonces Irene le pide que, esta vez, cierre la puerta. Él la cierra.

Tiempo 2
Deseo inconciente: Ideal de Amor

Tiempo 1
“Morales tiene amor eternamente a Liliana”

Tiempo 3
“TeAmo”
Le declara su amor a Irene

Morales, Espósito e ibbieta: de la sanción moral a la responsabilidad subjetiva
Encontramos similitudes del desarrollo de las conductas de Morales y Espósito en esta película con el cuento “El Muro” de Jean Paul Sartre en relación al caso de Ibbieta.
Sartre narra hábilmente la situación donde Ibbieta, un militante republicano de la guerra civil española, se encuentra en soledad con la inminencia de su propia muerte. En primera persona, Ibbieta, nos cuenta sobre la intrascendencia de su vida, que pareciera dejar de tener significado. Nada queda en pie: nada por lo que valga la pena vivir, ni su compañera, ni la causa por cual lucha, ni sus compañeros; nada por lo que valga la pena morir. Solo la muerte y él, nada más. Lo esfímero de la vida humana se presenta ante sus ojos. Pero cuando se supone que todo había dejado de tener sentido, le dan la oportunidad de intercambiar su vida por la de Gris siempre y cuando les dijera la verdad sobre su paradero. Ibbieta elige hablar. Entonces, intentando burlar a los falangistas, dice a modo de chiste: “Gris está en el cementerio”. Entendía que éste estaba refugiado en la casa de su primo. Luego se encuentra con Garcia-un compañero de militancia- y se entera que Gris ha sido asesinado, que los falangistas han dado con él en el cementerio. El cuento concluye con una última escena donde Ibbieta, entre risas y llantos asume lo acontecido.
El caso se presenta como dilemático en el terreno de lo moral, sin embargo es necesario recalcar que el azar jugó una mala pasada porque es claro que Ibbieta no sabía que su compañero estaba en el cementerio. Por tanto, no vemos necesario que Ibbieta deba dar cuenta de la responsabilidad moral frente al crímen de Gris. En todo caso son aquellos que lo asesinaron, los franquistas, quienes deben dar respuesta jurídica frente a la injusta muerte de Gris.
Sin embargo adherimos a lo planteado por Juan Carlos Mosca: “Invocar el azar, lo no determinado, como principio no es más liberador de la alienación del Sujeto, porque en esa forma se borra el Sujeto de toda responsabilidad, borrando su acto” . Entonces hay una dimensión de la que Ibbieta tiene que dar cuenta de su acto, la dimensión de la responsabilidad subjetiva.
En esta dimensión de la responsabilidad, sostenemos que la Hipótesis Clínica da cuenta que a pesar de su creencia conciente Ibbieta cede a su deseo inconciente: “Deseo de Vivir”. Es responsable de haber deseado vivir. Por eso habla, genera un enunciado por el paradero de Gris. El chiste (“Está en el cementerio”) aparece, entonces, como una formación sintomática en la que emerge su deseo inconciente, resultado de la transacción entre sus distintas instancias psíquicas.
Cuando García lo interpela, diciéndole que Gris ha muerto en el cementerio, empezamos a vislumbrar el circuito de responsabilidad. Entonces el Tiempo 2, se establece en la pregunta que Ibbieta se hace a sí mismo: “¿En el cementerio?”da cuenta del burlador-burlado. Hay algo de su acción que tuvo consecuencias inesperadas. En retroacción, se construye el Tiempo 1, en el que Ibbieta decide hablar con los Falangistas. Esta actitud que se desarrolló con determinados objetivos-burlarse de los falangistas- se ve resignificada a partir de la interpelación de García. Encontramos allí, la emergencia de un Tiempo 3: Ibbieta se dice a sí mismo: ¡En el cementerio! El sujeto admirado por aquello que a producido por ceder a su deseo: Rie y llora a la vez.
Tanto en la película como en el cuento, encontramos que los personajes Morales, Espósito e Ibbieta, se encuentran inmersos en situaciones donde los particularismos devienen hegemónicos, a partir de la utilización de la violencia. Por ello, los actos de los personajes podrían aparecer como dilemáticas desde el campo moral-“esta actitud fue correcta”, en Morales y Espósito, o “esta actitud fue incorrecta”, en el caso de Ibbieta- otorgándole a la responsabilidad un único horizonte, el de la responsabilidad moral o jurídica. Entendemos que en ambos casos se nos plantea la necesidad de ir más allá, de sustraernos de lo moral para bucear en las coordenadas del inconciente que nos permitan dotar de sentido las decisiones tanto de Morales y Espósito como de Ibbieta. En este recorrido, nos encontraremos con que no hay leyes prefijadas para analizar las conductas de los personajes, sino es la singularidad en situación la que nos permite que devenga el sentido para el Sujeto. De lo que hablamos, entonces, es de la responsabilidad subjetiva, de aquello que el sujeto no puede dar cuenta en tanto voluntad conciente ya que no es dueño de sus actos pero si es responsable en tanto se origina en “la razón deseante” . Allí donde el azar y la necesidad no dan cuenta acabadamente de lo que le sucede, sino que encontramos desiciones tomadas a partir de la emergencia del deseo inconciente: el sujeto siendo en acto. Estas situaciones son del orden de lo singular y son pausibles de analizar en la medida en que emergen en una situación específica en un sujeto en particular.
Por último, retomamos las palabras de Viñar, en tanto nos indica un camino posible en relación al rol del psicoanalista: “Explorar cómo cada persona singular se inscribe en el abanico de respuestas de lo que socialmente llamamos traumatismo o catástrofe social. Leer en cada quien su sufrimiento y su silencio, leer con él lo que es reconocimiento y lo que es negación frente a lo acontecido.”

Bibliografía de referencia

 Desastres y catástrofes. Ficha de la cátedra. Mimeo. Publicado también en la página web de la cátedra www.psi.uba.ar
 Viñar, M. (2005). Especificidad de la tortura como trauma. El desierto humano cuando las palabras se extinguen. Psicoanálisis APdeBA - Vol. XXVII - Nº 1/2 - 2005
 Lewkowicz, I. y Gutiérrez, C.: “Memoria, víctima y sujeto”, en Índice, publicación de la DAIA, 2005.
 Viñar, M.: La transmisión de un patrimonio mortífero: premisas éticas para la rehabilitación de afectados. En Territorios, número 2. MSSM. Buenos Aires, 1986.
 Ulloa, F.: La ética del analista ante lo siniestro. En Territorios, número 2. MSSM. Buenos Aires, 1986.
 Gutiérrez, C. (2002): Diagnóstico y responsabilidad. En Revista Argentina de Psicología, APBA, Número 45, pp. 93-98.
 Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.
 Calligaris, C.: La seducción totalitaria. En Psyché, 1987.
 Kletnicki, A.: Niños desaparecidos: lógica genocida y apropiación ilegal. En Daniel Feierstein y Guillermo Levy (comp.): Hasta que la muerte nos separe. Poder y Prácticas Sociales Genocidas en América Latina. Ediciones Al Margen, Buenos Aires, 2004.
 Walsh, R.: Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, en Operación masacre, La biblioteca argentina, Barcelona, 2001.
 Michel Fariña, J. (1992). Ética profesional. Dossier bibliográfico en salud mental y derechos humanos. Acápite 3.3: el status de la responsabilidad sobre los actos.
 Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.
 Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.
 Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
 Alemán, J. (2003): "Nota sobre Lacan y Sartre: El decisionismo". En Derivas del discurso capitalista: Notas sobre psicoanálisis y política. Miguel Gómez Ediciones, Málaga.
 Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
 D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
 Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página web de la cátedra.
 Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.



NOTAS

Película:

Titulo Original:

Director:

Año:

Pais:

Otros comentarios del mismo autor: