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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

PSICOLOGÍA, ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS
CÁTEDRA I

PROF. A CARGO: LIC. JUAN JORGE MICHEL FARIÑA
AYUDANTE: CAREW, VIVIANA
CO-AYUDANTE: CALDERONE, JULIA

Comisión: 17
Alumnos:
Nombre: Alvarez, Alejandro E.
LU: 32.977.662/0

Nombre: Kastelic, Marcos A.
LU: 32.650.944/0

2do Cuatrimestre - 2009

CONSIGNA DE EVALUACIÓN
Elija un film, un texto literario o alguna otra producción narrativa en la que se despliegue y pueda ser recortada una singularidad en situación. En caso de elegir una creación cinematográfica, la misma debe haber sido realizada entre el año 2002 y el presente (salvo condiciones excepcionales, las cuales deben ser autorizadas por el docente a cargo de la comisión de trabajos prácticos).
En ese recorte, escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre.
Analícela ubicando sus coordenadas en los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad y explicitando la hipótesis clínica que establezca respecto de qué debe responder el sujeto, en términos de responsabilidad subjetiva.
Incluya las referencias relativas a las categorías de necesidad y azar, así como a las de culpa y responsabilidad.
Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente- el efecto particularista.

Desarrollo:
En el siguiente informe hemos decidido escoger la película “el secreto de sus ojos”, ambientada en la Argentina convulsionada de los años 70.
Creemos que en éste film hay cuestiones de responsabilidad en varios recortes de situaciones y acciones que ubicaremos en los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad. También desarrollaremos una hipótesis clínica que podría dar cuenta de la articulación de un deseo inconsciente de nuestro personaje (Esposito) y a la vez respecto de cómo actúa en función de este y el cambio que se produce al final de film. Se articularán las categorías de azar, culpa, lo universal-singular, lo particular.
Benjamín Espósito acaba de jubilarse después de trabajar toda una vida como empleado en un Juzgado Penal. Para ocupar su tiempo libre decide escribir una novela, basada en una historia real de la que ha sido testigo y protagonista. La novela que escribe es, en apariencia, la historia de un asesinato ocurrido en Buenos Aires en 1974, y de la investigación para hallar al culpable. Pero una vez abierta la puerta de ese pasado al propio Espósito se le volverá imposible cerrarla. Primero, porque la turbulenta Argentina de entonces se cuela en la vida de los personajes, con su carga de violencia y de muerte. Y, sobre todo porque aunque Espósito suponga que la historia que teje habla únicamente del pasado, su búsqueda ilumina de un modo descarnado su propia vida y su presente, y lo pone de frente con un dilema de amor que lo obsesiona desde hace demasiado tiempo. Reconstruir el pasado lo conducirá a bucear en sus propios sentimientos, sus propias conductas y decisiones. Hallar la verdad terminará por convertirse no en un objetivo literario, sino en la llave que le permita abrir la puerta para vivir el resto de su vida.
Una vez iniciada la causa por el asesinato de Liliana Colotto, Benjamín recibe la noticia por medio del juez de que han sido apresados los presuntos culpables de la causa. El protagonista decide ir a la comisaria para ver quiénes son y comprueba que dos inocentes han sido apresados y no solo eso, sino que uno de ellos ha sido brutalmente golpeado. Esposito iniciara una denuncia contra este colega. Una vez atravesado este desmán se iniciara la búsqueda oficial del violador y asesino de la víctima.
Sandoval será el compañero de viaje del protagonista. Este último se encuentra con el marido de la victima (Morales) quien le muestra un álbum de fotos, en el que Esposito ve que uno de los compañeros de la víctima, la mira con complacencia y aquí ya nos enteramos el nombre del posible asesino: Isidoro Gómez. Antes del hallazgo de este último, Benjamín junto a su compañero Sandoval irán a la casa de la madre de Gómez para hallar algún tipo de evidencia posible. El resultado de esta búsqueda son unas cartas que contentan solo parcialmente a Benjamín y Pablo. Parcialmente, porque la terminología de las cartas es aparentemente inentendible, ilegible. Solo tomaremos conciencia de lo escrito en ellas, a partir de que Pablo Sandoval (en el bar en el que siempre estaba, o por lo menos la mayor parte de su tiempo) descifra por uno de sus amigos apodado “el escribano”, el contenido de dichos escritos. Esto los lleva a Benjamín y a Pablo al estadio de Huracán en el que dan con el hombre buscado. Luego de esto es llevado a la Corte. En un juego llevado a cabo por Menéndez Heisting y nuestro protagonista llegamos a saber que Isidoro Gómez ha sido el autor material del crimen. Posteriormente es encerrado. Cuando Morales se entera de la noticia vemos un abrazo en la terminal de Retiro, ante la decisión llevada a cabo por la justicia.
Pasan meses y la película nos lleva a las situaciones paralelas de la misma (es decir que Sandoval no puede volver a su casa porque la mujer lo ha echado, así como las múltiples vueltas en la historia de amor trunco entre Esposito y la Dra. Menéndez, entre otras).
Una de las escenas más relevantes del film es en la que el protagonista recibe un llamado de Morales que le pide que prenda la televisión. Al hacerlo, Esposito se encuentra con una imagen inesperada en la que ve a Gómez en libertad, como custodio en un acto de Gobierno. Esto trae repercusiones graves, no solo porque Morales se siente impotente al ver la injusticia con sus propios ojos, sino también porque Gómez tome represalia contra Benjamín.
Podeos ubicar las categorías de necesidad y azar en una escena particular de la película en la que transcurre el asesinato de Sandoval. Este hecho transcurre en el momento en el que Esposito estaba tratando de convencer a la mujer de Sandoval, de que lo acepte en su casa. Ubicamos aquí la necesidad, definida como: “aquello que va mas allá de la voluntad del propio sujeto”, en el hecho de que un asesinato debía llevarse a cabo (el de Esposito).Quien va a morir en lugar de Benjamín, será Sandoval que, introduciendo aquí la categoría del azar, se encontraba justamente dormido en el sillón de la casa de nuestro protagonista.
Otro elemento que podemos discernir es el de la vergüenza. Benjamín dice que no puede llevarle flores al cementerio a su amigo fallecido, a causa de la vergüenza que siente. Elemento que nos expresa un ocultamiento de una respuesta que no se sabe dónde está y al mismo tiempo devela una posible respuesta. Esto será retomado cuando conceptualicemos la responsabilidad subjetiva
Benjamín debe exiliarse. Se va a Jujuy, a un campo de los padres de la doctora Menéndez.
En ciertos pasajes de la película vemos a un Esposito mayor, ya retirado, que decide escribir sobre lo ocurrido en la causa Morales. Expone esta idea a Irene quien al principio es reacia ante la decisión de su compañero, pero cuando ve que ella esta mencionada en dicho relato decide aceptarla e incluso dice que será una de las primeras personas en leerla.
Podemos situar un tiempo 1(en el que el personaje lleva adelante una conducta con determinados fines, en el supuesto de que su accionar se agota en los objetivos para los cuales fue concebida) Cuando Benjamín vuelve luego de 25 años visita a Morales en su nueva casa para mostrarle la novela que está escribiendo sobre el caso de su ex mujer.
Un tiempo 2 se nos hará visible en el momento en donde el universo particular se quiebra y se configura un momento propicio para la emergencia de una singularidad que demuestre la incompletud del universo. Porque su accionar tuvo otras consecuencias más allá o mas acá de las esperables por nuestro personaje.
Benjamín yendo por la carretera, se ve invadido por sus pensamientos, reproches y sentimientos. Decide volver a la casa de Morales pero no entrar por la puerta principal de la casa sino más bien por uno de sus costados. Penetra hacia un galpón y ve a Gómez apresado, viejo. Esposito ante esta imagen observa a Morales quien desde un costado de la prisión artesanal que ideo le dice: “usted dijo perpetua”. Esto interpela a nuestro protagonista. Esta nueva información interpela a Benjamín y lo hace replantearse cuál fue su responsabilidad en todo eso: La decisión convoca a la responsabilidad subjetiva. Allí no se trata de un sujeto ya consolidado y constituido que ubique algo del orden disponible, sino que es el sujeto mismo (estando seguro de la elección que toma) se ve sorprendido porque su elección toma un alcance distinto al que pensaba. De ese movimiento resulta una refundación del propio sujeto en lugar de aquel que teníamos antes. El sujeto de la decisión en un sentido fuerte es un sujeto que se define a posteriori del efecto de su decisión.

Si a estas conceptualizaciones expresadas en el circuito de la responsabilidad intentamos establecer una conjetura no contemplada, podemos decir múltiples cosas que dan cuenta de la singularidad del sujeto. Una de ellas es que Benjamín Esposito, “puede emerger de su propio calvario. Morales, ya lo dijimos, está condenado. Pero Benjamín, que durante años temió al amor, puede permitirse ir a su encuentro. Y lo hace cuando puede reconocer que lo de Morales era otra cosa. Que eso que envidió y cuya sombra lo inhibió durante tantos años, era nada. Y es recién entonces cuando puede transformar su pesadilla en sueño”.
Podemos dar paso aquí a un tiempo 3, el sujeto que adviene aquí no es el mismo que hemos dejado en el temprano tiempo 1. Pese a todo es en el tiempo 1 donde el sujeto anticipa, sin saberlo, una verdad que se evidenciara sustancial para su existencia. Esta es la paradoja del acto (aquella decisión adoptada en soledad, sin socios ni intermediarios posibles; el sujeto actúa consigo mismo): buscando respuestas, las encuentra. Pero estas en coordenadas alejadas de esa escena que inicio el circuito. Porque para hacer esto Benjamín debe encontrarse a sí mismo. Se sustrae, se aleja de la cadena perpetua del dictamen, de esa historia estancada, de ese no poder decir nada sobre si y sobre otros y emprende un viaje sin retorno alguno. Ahora bien la verdadera transformación de nuestro protagonista no consiste en que este puede llevar flores al cementerio para su amigo Sandoval o que accede a un encuentro amoroso con la mujer que lo volvía loco. La verdadera transformación radica en desmontar el estancamiento del que era preso el mismo.
Podemos conjeturar como hipótesis clínica el hecho de la procastinacion del deseo de amor de nuestro personaje hacia Irene. Esto se corresponde con su carácter obsesivo... esto puede verse en varias situaciones en cuales posterga su acto y luego se lamenta (ejemplo no decirle a Irene lo que siente y no poder pasar por el cementerio y dejarle flores a Sandoval). Al final del film, Benjamín mismo dice que: “estuvo 25 años distrayéndose para no pensar o asumir como hubiera sido su vida si hubiera dado paso a sus sentimientos”.
Existe un hecho que nos demuestra de forma fehaciente la cuota inconsciente del deseo de amor de Esposito y su relación con su accionar consiente. Nuestro personaje escribe semidormido la palabra TEMO, a la cual no puede darle explicación. Luego de la interpelación y el cambio de posición subjetiva, logra encontrar un significado a su escritura completándola con la letra A, se forma así la frase: TE AMO. Con esto queda descubierto su deseo.
Por otra parte, hay una identificación con la situación de Morales (su amor incomparable Liliana, la pasión que no podía dejar o cambiar). Identificación con el rasgo imaginario del sujeto según Lacan, aquella que se da en la diacronía. Este proceso da cuenta de la constitución de un ideal yoico. El ideal en este caso se ve representado por el amor que Morales propina a su mujer y que Esposito ve en sus ojos todo el tiempo. Una identificación con el imaginario que el otro refleja y que se constituye por esa imagen buena exteriorizada.
Benjamín se encontraba refugiado en sus convicciones y en su no avanzar en el tiempo, en quedarse en el pasado, en un caso sin resolver. El Esposito de la elección final nada tiene que ver con el que anhela y solo se queda en esto. El de nuestro tiempo 3 es el sujeto de la renuncia. El que se enfrenta a su existencia. El que: “está dispuesto a quebrar el último de los horizontes que aun permanecía intacto y abrir con decisión la puerta de la incertidumbre”. Este Benjamín que en un tiempo anterior estaba inmerso en una situación de identificación con la situación de Morales (quien no había podido duelar normalmente a Liliana; pauta de esto es la foto en la heladera 25 años después), puede, luego de verse interpelado por las palabras del viudo, hacer paso a sus propios anhelos. Dejar de lado reproches y culpas para encarar la realidad. Aparece en juego la ética como un horizonte en quiebra. Un horizonte que quiebra un universo y en el mismo movimiento lo amplía, lo que era singular pasa a formar parte del universo ampliado. Es a partir de esto que podemos decir que ubicamos en la situación elegida un tiempo tres, debido a que consideramos que nuestro personaje sea hace responsable subjetivamente de la relación con su deseo inconsciente.
Con respecto al terreno de la responsabilidad y la culpa, no ubicaremos la responsabilidad jurídica, es decir, de restringirla al terreno de la intencionalidad conciente (ya que se maneja con la noción de sujeto autónomo, de un sujeto capaz de decidir libre y voluntariamente sobre su propia vida), sino de ubicar la responsabilidad subjetiva, es decir, aquella que confronta al sujeto con aquello que si bien es de su pertenencia, le es ajeno, que aparece vinculada a un propósito desconocido para él. En este campo, y a diferencia del jurídico, el sujeto es siempre imputable en términos éticos y no morales. No hablamos ya de un sujeto autónomo sino de uno sujetado a la ley y al lenguaje, a los significantes. El sujeto es responsable también de aquello que desconoce de sí mismo y que puede ir en contra de sus valores morales, si se presentaran a la conciencia. La responsabilidad se encuentra en relación al propósito inconsciente que propició la acción y cada sujeto responderá (será responsable) de manera particular a ella. Lacan lo marca muy claramente cuando afirma que la única cosa de la que se puede ser culpable es de ceder ante el deseo. La culpa es lo que obliga a responder y depende de la interpelación subjetiva. La respuesta puede tomar varias formas, entre ellas, el sentimiento de culpabilidad, la proyección y la negación, ninguna de las cuales supone un efecto sujeto, es decir, ninguna implica una responsabilidad subjetiva.
Al hablar de efecto sujeto nos encontramos en la dimensión ética, la cual implica la noción de acto ético, en el que se produce un sujeto de deseo inconsciente y la responsabilidad subjetiva es la relación ética del sujeto al deseo. El acto ético implica la puesta en juego de lo universal-singular realizado sobre un particular y es suplementario respecto de la moral.

Bibliografía:

Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página web de la cátedra.
D’Amore, O.: Juan Jorge Michel Fariña. Responsabilidad: entre responsabilidad y azar
Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
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Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.
Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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