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Psicología, Etica y Derechos Humanos
(Profesor Regular Titular: Juan Jorge Michel Fariña)

Segunda Evaluación (2do. Cuatrimestre 2009)
Alumna: Calzetta, María Lorena
D.N.I.: 20.452.289
Comisión nro. 1

EL SECRETO DE SUS OJOS

El personaje de “El secreto de sus ojos”, elegido para la realización del presente trabajo, es el de Espósito (interpretado por el actor Ricardo Darín).
Espósito, personaje protagónico del film, se encuentra en su casa, escribiendo lo que será su primera novela. Inspirada ésta en la historia de un asesinato no resuelto por la Justicia Federal. El asesinato de Liliana Colotto, víctima de una violación seguida de muerte, y sepultada, junto a su expediente, en los archivos de Tribunales.
Pero, algo de esa “sepultura”, la del expediente y causa de Colotto, lo roza a Espósito, al punto de no dejarlo vivir? Tal vez, algo de la culpa que reclama por la causa cerrada (sin cerrar) de Colotto, y quizás, algo de la culpa por la muerte ¿“azarosa”? de Sandoval, su compañero de trabajo y amigo, que muere en “su lugar”, en el lugar de Espósito, su propia casa… O es Espósito el que se ha sepultado en vida junto a esa causa inconclusa, que no cierra, dejando abierta una puerta por la que se puede salir o se puede entrar…, una puerta que invita a la incertidumbre de qué será mejor? o peor…
La idea de escribir una novela, la intención consciente del personaje protagónico, es, ya que recientemente ha sido jubilado, y según lo expresa a su antigua jefa y actual fiscal de Tribunales, donde él trabajó de oficio, la de distraerse, la de “seguir entreteniéndose” con dicha creación.

Retrospectivamente se nos presenta, en el comienzo del recorte tomado para este trabajo, un texto escrito sobre un cuaderno, cuyos párrafos se leen, de abajo hacia arriba (de adelante hacia atrás en cuanto a lo temporal), y que narran lo siguiente:
1º/3º) “El también corrió veloz hacia el final del tren, y vio cómo ella, toda su figura, que hasta ayer era gigantesca, se achicaba en el andén hasta quedar pequeña a sus ojos, pero cada vez más grande en su corazón.”
2º/2º) “Primero, fue sólo su mano queriendo romper la ventana que los separaba, pero luego fue ella toda, corriendo, llorando, negándose a la realidad.”
3º/1º) “El desgarro que le provocaba su partida, la amarga sensación de no mirar sus ojos, lo llenaban de un impredecido dolor. Cuando entonces la vio.”
Espósito, devenido escritor de no-velas, tacha lo escrito, corta la página del cuaderno en el que desliza su lápiz en un intento de dar inicio a La novela, su novela primaria, hace un bollo con el papel y lo tira al tacho de basura.
Luego, toma una nueva hoja en blanco y continúa escribiendo, imaginando escenas, olores, sabores, colores, sonidos:
“El 21 de junio de 1974…” , así comienza la descripción de la escena del te con limón (que también, al final de su escritura, hará un bollo y arrojará con bronca) , en la que Liliana Colotto y su esposo Morales, desayunan plácidamente, y que culmina con una sonrisa de Liliana sostenida en el fonema A. Al igual que el gutural sonido de Espósito: “Aaaaaaaaaaaa!!!!!”, que se superpone a la risa de Liliana, expresando éste fastidio por no dar con el texto buscado. Y que, enigmáticamente, antecede al grito desgarrador de Liliana (también apoyado en la A) de la escena “imaginada” por él, durante la cual el agresor viola a la víctima mientras que ésta le ruega, entre llantos y cuasi pedidos de auxilio: “¡¡Por favor, nooooo, te lo pido por favor!! Escena en la que, como una ilusión auditiva, el espectador (y quizás el mismo Espósito), cree escuchar, entre súplicas, la palabra AMOR, como un fantasma, ¿como un deseo?, como algo que, en definitiva, se escapa… para dar lugar al dolor, al terrible dolor de lo real que allí emerge: la muerte copulando con lo indecible… con lo indecible de la muerte?... que, inexorable, se presenta ante sus ojos.
La escritura de este último ensayo de comienzo de novela, es arrancada lentamente del cuaderno, pero no es arrojada al vacío del basurero, como los anteriores “comienzos”, sino que, con cierta delicadeza, la dobla y la deposita sobre su escritorio, sin más, o como “algo más” que se deja a un costado, que se corre, que se aparta, pero que sigue ahí, insistiendo, aunque lo rompan en mil pedazos. Por eso, tal vez, bastó con dejarla ahí.
Tres Aes, entonces, que se dan, podríamos decir en canon, sin interferencia de otros sonidos. “La Triple A”… La A de la sonrisa, de la satisfacción. La A del fastidio, de la insatisfacción. La A del dolor, de la muerte. Y, paradójicamente, en el instante de la proximidad con la muerte, del contacto cuerpo a cuerpo, cara a cara, con el fin de los tiempos, del tiempo en singular, es donde aparece, donde irrumpe, fantasmáticamente, la A del Amor, como un suplemento de la triangularidad previa?, como una cuarta A que intenta desestabilizar el universo particular, interpelando, no ya para Liliana Colotto, sino para Espósito, algo que excede, algo que se cae del terreno de las certezas? Habrá una cuarta A, aunque sólo sea una ilusión?
Recortaré de la película, lo redactado hasta aquí, para proponerla como el Tiempo 1 del circuito de los tres tiempos lógicos de la responsabilidad subjetiva. Tiempo 1 en el que, según la cita de J.J.Michel Fariña: “…el personaje lleva adelante una conducta con determinados fines, en el supuesto de que su accionar se agota en los objetivos para los cuales fue concebida…”.
Espósito dice (su yo consciente), que se dedicará a escribir con el objetivo de entretenerse, de “seguir entreteniéndose”, como ya mencioné anteriormente.
Es, entonces, que siguiendo el devenir de la conducta del personaje elegido, analizaré los respectivos tiempos del circuito de la responsabilidad subjetiva, para dar cuenta de si hubo o no responsabilidad subjetiva, si hubo o no un proceso que le permitiera al sujeto un cambio de posición respecto de aquella que poseía al comienzo. Responsable es, como dice D’Amore, aquel de quien se espera una respuesta. Y el Sujeto está ob-ligado a responder. No puede evadir esa exigencia. Claro que para responder posee un abanico de opciones. Dependerá de cuál sea la opción dada para declararlo o no “responsable de su acto”. Acto que lo constituye como Sujeto. Responsabilidad es otro nombre del Sujeto, como dice J.J. Mosca.
El tiempo 2 del circuito (el de la interpelación), comenzaría a partir de la escena en la que Espósito aparece durmiendo en su dormitorio, y en un momento de sonambulismo, enciende la luz del velador, toma una lapicera y escribe algo en un anotador que dejó sobre la mesita de luz. Luego, el personaje se “despierta”, a la mañana siguiente, y lee lo escrito en estado de sonambulismo la madrugada-noche anterior: ”TEMO”.
Recurriendo, nuevamente a Michel Fariña, cito de su autoría lo siguiente: “…En un Tiempo 2, recibe de la realidad indicadores que lo ponen sobre aviso respecto de que algo anduvo mal. Las cosas fueron más allá –o más acá- de lo esperado. El sujeto se ve interpelado por esos elementos disonantes. Algo de esa diferencia le pertenece…”
“TEMO”. Una palabra que interpela, que invita a preguntarse, que sorprende, como lo sorprendió a Espósito descubrirla esa mañana. Su asombro se inscribió en la expresión de su rostro al leerla. Expresión que es ya una forma de comenzar a responder.
Continuando con Fariña: “…El Tiempo 2 se sobreimprime al Tiempo 1, resignificándolo. La hipótesis que explica clínicamente este movimiento es la que abre la potencialidad de un Tiempo 3, el de la responsabilidad. El sujeto que adviene en ese Tiempo 3 no es el mismo que dejamos en el Tiempo 1. Sin embargo, es en la acción emprendida en el Tiempo 1 donde el sujeto anticipa, sin saberlo, una verdad que se evidenciará sustancial para su existencia.”
La hipótesis clínica nos permitirá comprender algo del deseo inconsciente del personaje, al tiempo que nos ayudará a conjeturar sobre qué cosas éste debe responder, en términos de responsabilidad subjetiva. Es decir que, a través de dicha hipótesis, se tratará de hallar una ligazón (un lazo asociativo para Freud), entre el Tiempo 2 en el que algo ha emergido desligado del universo particular del personaje, y el Tiempo 1 (sustentado en las certezas del yo).
La hipótesis clínica que plantearé es la siguiente:
Espósito, durante toda su vida a “cedido a su deseo”. Como diría Lacan, “de eso es culpable”. Agregando en su Seminario IV, que el neurótico obsesivo trata de montar un espectáculo ilusorio del cual sacar su coartada. Todo lo que hace lo hace con fines de coartada, donde el juego que se juega no es donde él está implicado como Sujeto. Y así resulta que “la vida está en otra parte”, y como esa no es su vida, tampoco lo amenaza la muerte…
Según Néstor Braustein, “el sujeto debe jugar su partida, debe hacer la jugada acorde con el deseo… y someterse a las consecuencias”. Pero Espósito no ha jugado aún su papel, no se ha dado la posibilidad de “saber no saber”, no se ha permitido la opción de jugar y perder, no quiere ver la falla, se niega a aceptar que algo no cierre, no soporta que algo falte (como la letra A, y otra vez la A, de la máquina de escribir), como los “defectos” de su amada jefa Irene (que él no percibe porque la cree perfecta) y por eso la aleja, para no verla, o “cuando entonces la vio”, como relata el texto de la primera escena tomada para el Tiempo 1, al final de su 3er/1er párrafo, vio también “cómo ella, toda su figura, que hasta ayer era gigantesca, se achicaba en el andén hasta quedar pequeña a sus ojos”, y ante el inminente y seguro alejamiento de su deseo de ella, la “guarda”, “cada vez más grande en su corazón.” Mejor, ante la incertidumbre, tomar distancia, porque “es demasiado complicado” asumir la castración.
Pero algo de esa causa, la de Morales, como Espósito la llama, lo toca, como ya dije. Él se identifica con algo de esa historia inconclusa, y con Morales, en su amor devoto hacia esa bella mujer que ha adquirido las dotes de la perfección (idealizada por un duelo patológico).
El Tiempo 2 ya a emprendido su cuenta regresiva y se introduce en la vida de Espósito, dejando su huella, como nos dice J.C.Mosca: “La segunda vuelta plantea una marca, siendo imposible volver ya al mismo punto, ni simplemente repetirlo”.
El Tiempo 2 se presenta en una secuencia de intermitentes interpelaciones que lo conducen a Espósito a preguntarse, a interpelarse sobre el por qué del Tiempo 1.
Cuando él dice, ante su “Alteza” (como la nombra ni bien se re-encuentra con ella, con el personaje de Irene): “Quiero escribir, ¿qué tiene de malo?. Y quiero escribir sobre la causa de Morales” (la causa del asesinato de su esposa Liliana Colotto). Ella, su Alteza, lo interpela ya con un largo silencio, que es también una forma de interpelar-lo. Y Espósito, luego de ese “vacío” lleno de tantas palabras, le responde: “No sé por qué. Me estuve acordando. En realidad nunca más hablamos de eso. ¿Por qué nunca más hablamos de eso? Y continúa diciendo:” Igual sospecho de que no corremos peligro porque arranqué como cincuenta veces y nunca pasé del quinto renglón”. Irene le entrega la vieja máquina Olivetti que se “comía” la Aes y, ante ésto, Espósito agrega: “Me parece que ahora no me quedan excusas, voy a tener que escribir”.
Intentando resignificar, a partir de este Tiempo 2 que se despliega, interpelando:
¿Por qué correrían peligro? ¿De qué? ¿De recomponer un tiempo perdido, una historia inconclusa, una vida truncada por no animarse a jugar, por encontrar a cada paso una excusa para correrse a un costado y dejar pasar el deseo, cederlo a cambio de que vivir no sea tan “complicado”?
Las escenas en las que Espósito es interrogado, llamado a responder, se suceden a lo largo de todo el film, encarnadas en varios personajes, pero creo que es Irene, la que más lo interpela, la que insiste, la que exige una respuesta. Una respuesta que Espósito debe estar dispuesto a dar, pero además, y eso es lo que “complica” la situación, a escuchar y a escuchar-se.
Es, quizás, cuando consigue dar con el paradero de Morales, quien después de veinticinco años de fallecida su esposa, aún conserva en un mueble de su casa, sobre un estante, la foto de Liliana (intacta y más bella que nunca), es en ese instante, cuando Espósito se enfrenta a la perplejidad provocada por las resquebrajaduras de su universo particular. Es este el momento en el que concluye El Tiempo de La interpelación. Pero las fisuras de ese universo previo de certezas, comenzaron a emerger en ese “TEMO” que irrumpió desde lo más profundo de su inconsciente, con un gran signo de interrogación que se dibujó en los ojos de Espósito, al leerlo. Es allí, en lo de Morales, cuando Algo de todo lo que lo interpeló hasta entonces, se inscribe en él, promoviendo un cambio de posición subjetiva en el personaje protagónico. “Los ojos hablan”, dice Espósito en una de las escenas de la película, y agrega: “Pero es mejor que no digan nada” . Los ojos también ven, y los ojos de Espósito lograron ver. Es mejor que los ojos vean, al menos, algo… Como los suyos, que un poco espiando, al principio, la vida de los otros, pudo ver, al fin, su propia vida. Ese amor puro, infinito, eterno de Morales, ya no era, para Espósito, Amor. Eso no podía ser Amor. Morales se había inventado una excusa, algo para “seguir entretenido”, porque es demasiado “complicado vivir”… Morales se había condenado a la muerte por miedo a la vida. ¿Igual que Espósito?
Y es, podría afirmarse, en el momento en que Espósito queda perplejo ante esa foto intacta de Liliana, que comienza a darse el Tiempo 3 del circuito de la responsabilidad subjetiva. Es ahí donde comienza a producirse el efecto Sujeto. Cambio que se manifiesta en el hecho de que, ya en su casa, Espósito logra inscribir esa letra que faltaba, la A, que interviniendo en el originario “TEMO”, lo convierte en “TE AMO”. La A de Amor que llega para suplementar ese resquebrajado universo de la “Triple A”.
El efecto Sujeto implica la dimensión Etica y su noción de acto ético, en el que se produce un sujeto de deseo inconsciente, en donde la responsabilidad subjetiva es la relación ética del sujeto con el deseo. Esto tiene que ver con actuar, no en el sentido del bien, sino en el de lo que desea, aún a sabiendas de que las consecuencias sean “demasiado complicadas”.
El acto ético realizado es suplementario respecto del universo particular, de la moral, un universo que se presenta con fisuras, “un horizonte con quebraduras”, pero que es ampliado por el acto ético mismo. Y lo que devino singular, pasa a ser parte del universo ampliado del personaje en cuestión.
No se trata de un cambio de posición respecto de la moral, si bien podríamos pensarlo debido a su decisión de hablar, ahora sí, a puertas cerradas con Irene, más allá de las dificultades civiles, en cuanto a su actual y largo matrimonio con Alfonso. Se trata de un cambio en la subjetividad del personaje, un cambio que deja marcas, que inscribe una posición diferente a la anterior y suplementaria de ella, dejándolo hacer y ser allí donde no podía…



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