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Responsabilidad y culpa en "El sueño de Cassandra"

por González, María Florencia

La película “El sueño de Casandra” conmueve diferentes preguntas ya que varios temas sobre la responsabilidad, la moral y la culpa se ven inmiscuidos en ella.

En este escrito me interesa indagar acerca de la responsabilidad de Terry, uno de sus protagonistas.

La película cuenta una historia acerca de dos hermanos: Ian y Terry, dos muchachos de clase media con aspiraciones y ambiciones pretenciosas. Al comienzo del film ellos compran un barco de segunda mano para salir de paseo los fines de semana. Terry es un aficionado al juego pero su ambición de querer más, de “salvarse” económicamente, lo lleva a perderse en el juego y se ve involucrado en una deuda feroz. Deuda que su tío Howard decide liberar no sin cobrárselas en el campo de lo subjetivo y la moral a otro precio.

Su tío Howard les pide a los hermanos que asesinen a una persona que está, a su entender, perjudicándolo. Es interesante el discurso que tiene Howard al hacerles semejante pedido, a saber:

- Howard: La lealtad familiar funciona en las dos direcciones… Gracias a dios nunca tuve que pedirles nada… pero ahora necesito su ayuda… Según parece tengo un pequeño problema… Bueno en realidad es un poco más serio… Después de pensarlo bastante no veo muchas opciones… Dentro de unos meses habrá una inspección de mis negocios de la fundación y mis clínicas… Un supuesto empleado está dispuesto a revelar cosas que podrían perjudicarme mucho… Creo que hay que quitar del medio a Martin Burns… Si él no desaparece iré a la cárcel y quizá para siempre

- Terry: Dios mío, ¿qué has hecho?

- Howard: ¡A mí no me hables así!

- Terry: Perdona

- Howard: ¡He tomado decisiones muy difíciles para no arruinarme! Al tomarlas, yo sabía que me estaba arriesgando pero había mucho en juego, tú sabes lo que es eso…

- Terry: Lo he dicho sin pensar

- Howard: Con rectitud no se logra tanto

- Ian: No quería molestarte

- Howard: No cuestionaban mi ética cuando me pedían algo

(…)

- Terry: No puedo matar a nadie

- Howard: ¿Y asunto cerrado? Claro, acudían a mi cuando su madre y su padre no podían llevar comida a la mesa. Acudían a mí para todo.

(…)

- Howard: ¿Cómo voy a poder ayudarlos si me estoy pudriendo en una cárcel?

(…)

- Howard: Con lo que he hecho por ustedes deberían ayudarme sin pensarlo.

Los hermanos quedan sorprendidos, estupefactos ante semejante pedido. Quedan sorprendidos no solo por la magnitud del pedido, sino también porque este pedido venía de parte del tío Howard a quien ellos tenían en “un altar”, en algún punto este tío hubiera sido aquel padre que ellos querían tener. Médico, adinerado, lleno de millones, y amado y adulado por su propia hermana, la madre de Ian y Terry quien les daba lecciones a sus hijos sobre su amado hermano Howard. Ella les dice:

- ¿Tendríamos ésta casa sin la generosidad de mi hermano? ¿Habríamos vivido de sus míseros ingresos? ¿Quién pagó las vacaciones? ¿Quién nos prestó el dinero para montar el restaurante? (…) Howard empezó con nada y se pagó su carrera de medicina. Ahora es millonario… Pero nunca olvidó a su familia. Que les sirva de lección. Al final con lo único que cuentas es con la familia ¡No lo olviden!

El discurso materno es bien claro y preciso.

La situación que les presenta Howard pareciera enfrentarlos a un pedido “infernal”. Y digo infernal porque el pedido en sí tiene las características del mismismo infierno. La religión católica dice “no matarás” y a su vez habla de un gran padre que todo lo ve, aquel que registra en su retina ocular todos los actos terrenales. Un Dios, el Nombre del Padre, que está allí en el cielo mirando y señalando las conductas humanas. La escena de la película también es representativa de este infierno: en medio del pedido de asesinato de Howard a sus sobrinos el cielo se pone negro y una lluvia torrencial comienza a desplegar algo que será de otra magnitud: otro escenario que “habla” en la película.

Quedar perplejos ante el pedido de “Dios” que dice: “si matarás” es lo mínimo que podría ocurrirles.

Pero el tío Howard tiene un discurso que pone a jugar la duda en la respuesta de los hermanos, él les dice: “No cuestionaban mi ética cuando querían algo de mi. La familia es la familia, la sangre es la sangre”.

El problema será aceptar o no aceptar la plata de Howard, que implica algo más que un problema. Se les presenta un dilema que está en el campo de lo moral y la ética y que tendrá consecuencias: matar o no matar a este sujeto del que Howard les habla será un antes y un después.

Ian y Terry entran en un debate al respecto. Ninguno está convencido de llevar a cabo el plan de Howard, pero el “apuro” por el dinero y la necesidad de cumplir ante el pedido del tío los lleva a decidirse: matarán a este sujeto. Ian se convence primero pensando en que si estuvieran en el servicio militar deberían matar gente. Esto se puede comprender en la necesidad de buscar una supuesta aprobación. Pero la cuestión es que no están en ese particular que podría ser el servicio militar, sino que la situación que se les presenta es de otra índole.

Terry busca la forma de que la acción de cometer el crimen sea minúscula, inventa un arma, tal como lo había hecho una vez de niño, como si el mismísimo hecho de asesinar a alguien podría traducirlo en una “travesura de niños”. Esa arma estaba hecha en madera, con una pieza de metal que disparaba una bala, “una pistola casera” y es perfecta para él porque no deja pistas, ya que una vez que terminen de usarla puede ser prendida fuego y así borrar la acción.

Tomado por la situación y las palabras de su hermano Ian, realiza la acción que creyó, se agotaría en si misma.

Pero una acción de semejante “calibre” no es sin consecuencias, aunque el arma sea casera. Lejos de ser descubiertos por la policía, Terry comienza a ser perseguido. No por la justicia sino por su propia conciencia.

Un sueño interpela aquella acción que creyó haber borrado en el mismo momento en que prendió fuego el arma. En el film no se ve el sueño en sí, sino que se encuentra Terry despertando desesperado, transpirado y angustiado. También se lo ve desvelado por la noche, donde los ruidos del tiro remuerden su conciencia y aunque Terry trata de calmarlos con alcohol y pastillas entra en pánico, un pánico que va creciendo día a día, sin ceder. La culpa se hace sentir en el cuerpo de Terry y en su ánimo, entra en una profunda depresión, comienza a hablar solo, toma pastillas, alcohol y él mismo dice que ya no puede vivir así. Ian en cambio, continúa con su vida llevando adelante sus ambiciosos proyectos.

La culpa en Terry es una respuesta para borrar su responsabilidad subjetiva y de ésta forma la tapona. Es pues la única respuesta posible que Terry puede dar, ya que él mismo se debate en el dilema de “hacerse cargo” del asesinato y piensa declararse culpable ante una policía que, insisto, no lo busca. Este “hacerse cargo” no habla sin embargo de su responsabilidad subjetiva ya que no se encuentra el efecto sujeto en él, sino que aspira a un acto guiado por su moral: ir a la comisaría y declararse culpable. Declararse culpable, no responsable.

Dice D´Amore: “Anestesiada la culpa, no hay responsabilidad subjetiva
 [1]

Aparece un proceso de culpa que hace tapón en ella dando por resultado un no-advenimiento del sujeto. Terry “cuadra perfectamente en las coordenadas de una responsabilidad moral u objetiva [2]

Él quiere borrar la acción cometida: primero prendiendo fuego el arma con el que mataron al sujeto y ahora, yendo a la comisaría a declararse culpable. Declararse culpable es bien distinto a “saberse culpable”, ya que el acto de saberse culpable implica “pasar por una experiencia analítica de deseo inconsciente que (…) ob-liga”. [3]

No aparece en Terry una pregunta acerca de su deseo implicado en su accionar. Las cosas podrían confundirse en este punto, punto que sería interesante aclarar: el deseo no tiene que ver con “un muchacho feliz”, el deseo también puede ser deseo de muerte, lo cual no sería algo “feliz”. Tampoco se puede decir que la culpa es “mala” y el “deseo” es bueno. Esto no es así. Si observamos la superficie del caso podría inferirse esto y no se corresponde con la pretensión de este escrito, ya que la propuesta es ¿Desde qué lugar Terry responde? ¿Qué goce se juega en la culpa de Terry?

La culpa en Terry lo inhabilita para preguntarse por su deseo. Lo inhabilita porque no puede advenir en él la responsabilidad subjetiva, un efecto sujeto que en la trama de la Ley simbólica del deseo ob-ligue a volver sobre su accionar.

La respuesta de Terry está del lado de “seguir taponando la falta”. Se puede pensar que Terry necesita seguir sosteniendo aquel deseo insensato materno que continúa siempre en la metonimia de la cadena significante del sujeto. Su madre desea a Howard, lo ama, lo adula y borra la función paterna, el padre queda desdibujado en el dibujo de aquel hijo aniñado: Terry. Su madre no desea solo a Howard, también desea a Ian, su “gran Ian”, el “cerebro”. Su madre ve en Ian a un futuro Howard y en una escena al principio del film le cuenta a la mujer de Terry: “A Ian le auguraban grandes cosas. Es guapo y con personalidad. Es extraño que no tenga más éxito”.

Terry como resultado se sustrae de la ley y actúa en función de aquella novela familiar que lo atravesó: su tío “el todopoderoso”, su padre “un fracasado” y su hermano Ian “lo más parecido a Howard”. Así es como su madre ha nombrado las cosas a través de la ficción de realidad que se vivencia en la trama simbólica de un sujeto.

Terry va a buscar a su hermano Ian a un evento y le dice:

- Terry: Quiero entregarme Ian. Hemos quebrantado la ley de dios

- Ian: ¿Dios? Terry, ¿qué dios? ¿qué dios, imbécil?

- Terry: No debí dejarte convencerme

- Ian: Yo no te convencí. Deja de engañarte

- Terry: Quiero quitarme este peso

- Ian: No puedes hacer eso Terry destrozarías tu vida, la mía y la del tío Howard

- Terry: No los involucraré a ustedes. Es mi decisión personal

- Ian: No podrás mantenernos al margen

- Terry: Si

- Ian: No, estás alterado, inestable. Tus mentiras se descubrirán

- Terry: Hasta he pensado en el suicidio

- Ian: ¿Por qué?

- Terry: ¡No preguntes siempre lo mismo!

- Ian: Pues suicídate, pero no nos metas a nosotros

- Terry: Quiero hacer borrón y cuenta nueva

- Ian: Estás pasando una pequeña depresión, eso es todo

(…)

- Terry: Quiero cumplir mi castigo y liberarme

(…)

- Terry: Estoy menos angustiado desde que me he decidido

La responsabilidad subjetiva en Terry queda imposibilitada y lo que aparece allí es la culpa, Terry lo dice claramente “Quiero hacer borrón y cuenta nueva” (…) “Quiero cumplir mi castigo y liberarme”. Tal como dicen Fariña y Gutiérrez

La culpa se constituye así en el reverso de la responsabilidad. Cuando la responsabilidad del sujeto se halla ausente, aparecerá como sustituto, como contraparte, el sentimiento de culpa [4]

Terry quiere ir a buscar alguna ley que lo desculpabilize, en este caso, la policía. Declarándose culpable, único medio posible pensado por Terry para aliviar su culpa, creyendo que así podrá vivir mejor. Ian aterrado ante la posibilidad de que Terry declare, habla con Howard para ver qué pueden hacer para frenarlo.

Como era de esperar (o no) Howard le pide a Ian que mate a Terry, que no habrá otro modo de hacer que Terry no hable. A su vez, la mujer de Terry también le pide ayuda a Ian, ella sabe que para Terry su hermano Ian es el único que puede sacarlo de la depresión en la que ha caído.

Ian angustiado pero convencido de las palabras de Howard hace un plan: matar a su hermano Terry. Bajo la excusa de pasar un día navegando en aquel barco que compraron una vez, prepara una mezcla de pastillas (las mismas que Terry consumía para tranquilizar “su alma”) para introducirlas en una botella de cerveza y así matarlo.

La situación se vuelve un tanto complicada: cuando Ian va a buscar la cerveza y la mezcla de pastillas para matar a su hermano, entre el llanto y la ira rompe la botella y aparece Terry. Ian violentado arremete contra Terry y gritando le dice “¿Por qué no lo olvidas de una vez? ¡Lo has arruinado todo Terry!”.

Terry para defenderse de la violencia de su hermano, lo empuja, Ian cae y muere en el acto. Terry queda perplejo frente a su hermano muerto.

Escena siguiente, dos policías en el puerto, reconstruyen los hechos: “Lo que pensamos que ocurrió, aunque no es seguro… es que uno mato al otro a propósito o por accidente, y después se suicido, se ahogó.”

La paradoja se desnuda en este final. Y cabe la pregunta: ¿Habrá actuado ésta vez Terry en conformidad con su deseo?

Bibliografia

- D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
- Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
- Fariña, J. M & Gutiérrez, C: Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3, 2006.
- Gutiérrez, C. y Montesano, H.: Farsa y ficción. En "Filiación: ciencia y arte. La restitución como problema epistemológico y como acto creador". Aesthethika, Vol 3 Número 1, 2008.
- Salomone, G.Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



NOTAS

[1D’Amore, O, Responsabilidad subjetiva y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y Deontología, p. 158

[2D’Amore, O, Responsabilidad subjetiva y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y Deontología, p. 155

[3D’Amore, O, Responsabilidad subjetiva y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y Deontología, p. 158

[4Fariña, J. M, Gutiérrez, C, (1996) Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.





COMENTARIOS

Mensaje de María Florencia González  » 11 de noviembre de 2011 » gonzalez_florencia@hotmail.com 

Me parece un muy bueno el aporte que haces Daniela! Pero sigo cuestionándome acerca del sucidio de Terry... actuó en conformidad con su deseo? O para pagar definitivamente la "fatal culpa"?



Mensaje de Daniela Noejovich  » 6 de noviembre de 2011 » dani_n_22@hotmail.com 

Considero que la película y el comentario de la autora son interesantes para, entre otras cosas, interrogarnos sobre lo siguiente: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar un sujeto para someterse y cumplir con el mandato de un Otro absoluto? Como se ve en el artículo, hay un discurso materno muy claro, que tiene efectos arrolladores sobre cada uno de los hijos. Se trata de un tío perfecto, todopoderoso y omnipotente, al que no es posible atribuirle falla alguna. Hay un desconocimiento materno de la Ley que propicia la perpetua circulación incestuosa del deseo. Ella ama y venera a su hermano Howard, y en el discurso que proclama ante sus hijos no cesa de invocarlo como el ideal al que deben aspirar. Desde el inicio, madre e hijos elogian al tío, mientras el padre trata de desprestigiarlo, de cuestionar esta supuesta perfección absoluta del hermano de su esposa. Ian aspira a una vida como el tío y siente pena por su padre y que además está perdiendo el tiempo atrapado en el mismo trabajo que él. La madre resalta que Ian no podrá conseguir el éxito si sigue en el restaurante como su padre, mientras éste intenta de algún modo recuperar su posición como padre y esposo, lo cual no es posible ya que la madre constantemente está humillándolo e invocando a su hermano como el único que puede ayudarlos, el que siempre se preocupa por ellos, del que siempre dependerán. Esto no es sin consecuencias: la defenestración continua del padre de sus hijos y el otorgamiento de lugares fijos que serán ocupados por cada uno de ellos. Basados en este discurso que, tanto desde su madre como desde su tío, pondera a este hombre, a la familia y a “la sangre” como valores máximos y absolutos, Ian y Terry harán lo que sea necesario para mantener la consistencia total de este universo en el que se encuentran sumidos, buscando para ello distintas excusas y justificaciones que los preserven de interrogarse verdaderamente por su implicación en la situación. No hay para ellos un posible deseo que los involucre como sujetos, sino un “deber hacer” que les permite seguir funcionando automáticamente subyugados a las mismas coordenadas. Promulgando un Otro supremo y sin falla, sus propias acciones quedan supeditadas a la voluntad de poder de este Otro que decide y les ahorra, a cada uno a su manera, la pregunta por la responsabilidad subjetiva que los habita. Terry está alienado al S1 que le da la madre: "vas a ser un fracasado como tu padre”; ella lo ubica en este lugar de fracaso: bebida y juego son las únicas soluciones que encuentra a los problemas. Esclavo de esta adicción al juego que no tiene límite y atestado de deudas, deberá acudir a su tío para que lo salve económicamente, tal como lo ha hecho tantas veces con su padre, incapaz de sostener a la familia y totalmente corrido de la función paterna. Es así como se perpetúa en ese lugar de hijo/sobrino dependiente y fracasado, incapaz de dar otra respuesta que no sea la impulsión al juego o al alcohol. Luego, como vemos en el comentario, se sentirá invadido por una culpa arrasadora y querrá cumplir con el castigo que le correspondería por su accionar y liberarse, poder seguir en su posición de no interrogarse por la causa de sus actos. Pero, por otro lado, vemos que Ian también de algún modo se encuentra cristalizado en el lugar que su madre le otorga: él es su hijo perfecto, el más parecido a su tío. Ian se siente en verdad como “un don nadie que presume en coches prestados”, y está dispuesto a hacer cualquier cosa para cambiar esta situación. Decide entonces acudir junto con Terry a su tío para obtener el dinero necesario para sus inversiones y ambos, luego de un momento de vacilación, deciden complacer a Howard y matar al hombre que puede perjudicarlo. A diferencia de su hermano, que se siente angustiado, sobrepasado por las circunstancias y presa de una culpa insoportable, Ian trata de intelectualizar la situación y de convencer a Terry, ya que siente que es lo correcto y lo necesario para alcanzar sus objetivos. A lo largo del film, parecería que Ian se va acercando progresivamente a ocupar la misma posición de ese tío que se cree capaz de decidir sobre la vida y la muerte según su conveniencia. Ian sigue viviendo tranquilamente luego de asesinar a M. Burns, llevando adelante su vida según el ideal de éxito que siempre tuvo, hasta que su hermano desbarata algo de esto con su idea de entregarse y revelar lo que hicieron. Se dirige a su tío a contarle esta situación y éste le dice que no ve otra salida que no sea matar a Terry antes de que se desenrede todo. Ian duda por un momento, dice que es su hermano, pero también que no puede permitir que se sepa la verdad. Otra vez el tío le pide que mate y vemos que Ian nuevamente parece dispuesto a hacerlo (por lo cual planea ir solos a navegar y prepara el coctel de pastillas para llevar a cabo el asesinato de su hermano y hacerlo parecer un suicidio). Hasta el momento, podemos pensar que hay una madre que sanciona el lugar que cada hijo debe ocupar, quedando ellos de algún modo petrificados en esa posición: un hijo como el padre fracasado, inútil, incapaz (adicto al juego, alcohólico, depresivo), y otro como el tío, todopoderoso, omnipotente (ambicioso, con grandes proyectos, guapo y con personalidad). Hacia el final, Ian sigue alienado a ese ideal de ser como Howard, dirigiéndose a matar a su hermano para sostener esa “vida exitosa” que le da consistencia. En cuanto a Terry, podemos llegar a entrever una grieta que pueda quizás dar paso a la responsabilidad subjetiva. Si bien está tomado por una culpa inmensa y una necesidad imperiosa de expiarla y “liberarse”, la última conversación que tiene con Ian nos muestra un posible atisbo de cambio subjetivo. Terry le expresa a Ian que es triste cómo salieron las cosas, que tomaron la decisión incorrecta; Ian le dice que no tenían mucha opción, pero Terry le responde que siempre se puede elegir, que ahora lo ve, que al principio pensó igual que él, que no tenían mucha opción, y le dice: “te estás engañando Ian”. Ian le contesta que “su declaración habría enviado al tío Howard a prisión por el resto de su vida” (refiriéndose al hombre que mataron), a lo que Terry responde: “quizás el tío Howard merecía la cárcel”. Ian le dice que lo olvide, que cree que han cometido un acto antinatural pero que no es así, que el mundo es cruel y está lleno de violencia, que está asustado porque se enfrenta a su propia naturaleza humana. Ian sigue tratando de justificar mediante intelectualización su accionar; admite que puede ser que hayan tomado la decisión errónea, pero que mortificarse por eso no lo arreglará, ya pasó, hay que dejarlo atrás. Terry le dice que no tendría que haberlo hecho, Ian entonces le pregunta “¿y por qué lo hiciste?” Y Terry le dice: “tenía que seguir adelante…como cuando el juego se me va de las manos…”. Pareciera entonces que Terry, por un lado, está comenzado a desconsistir a ese Otro absoluto que su tío encarna al reconocer que puede ser que merezca la cárcel -modo de registrar una posible falla- y, por otro lado, a advertir que hubo una decisión de su parte y algo de su propio goce involucrado en esa acción, tal como le sucede cuando juega, tiene que seguir adelante, no puede frenar ese exceso mortífero. Luego, Ian le dice que no quiere hablar más de esto, y es entonces que se desata la funesta escena entre ambos. Podemos pensar entonces que, por un lado, hay cierta vacilación en la posición y en la decisión de Ian de matar a su hermano, (si bien insiste alterado en que olvide lo que pasó y así puedan seguir “teniéndolo todo”) y, por otro lado, que ese atisbo de responsabilización que podíamos vislumbrar en Terry, queda finalmente anulado por el trágico final en el que se ven envueltos. Producto del forcejeo entre ellos Ian muere y él, tal como su hermano en un principio quería simularlo, termina suicidándose, tal vez, para apagar definitivamente su fatal culpa.



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Película:El sueño de Cassandra

Titulo Original:Cassandra's Dream

Director: Woody Allen

Año: 2007

Pais: Estados Unidos - Inglaterra - Francia