Inicio > Acceso Docentes > cuatrimestre 2009 > El sueño de amar >

por 

“Love Comes Softly”

Título original : Love´s unending legacy
Año de estreno: 2007, USA
Reparto: Erin Cottrell, Holliston Coleman, Braeden Lemasters
Producida por: Brian Gordon, Erik Oslon

Love comes Sofltly es un una adaptación de una serie de novelas de la autora norteamericana Janet Oke para Hallmark Channel.
La película elegida es la sexta de nueve películas que completan la serie. Toda la serie se desarrolla en el medio oeste cuando los primeros pueblos cobraban vida. Para estas alturas, la protagonista, Missie Lahaye queda viuda después de que su esposo, Sheriff del pueblo donde vivían, muere en ejercicio de su deber. Tiempo antes había perdido a su hija de pocos meses de muerte súbita. La escena inicial de la película nos pone de sobreaviso que esta mujer se encuentra atravesando un duelo (el de su marido) y que por no poder lidiar con la gerencia del campo que tenían juntos, parte junto a su único hijo pequeño al pueblo de sus padres. Missie es docente y regresa a su casa con el fin de volverse la maestra del pueblo.
Una vez de regreso en su pueblo natal, se entera que en la iglesia local se organiza un reparto de chicos huérfanos que necesitan gente que los adopte. Frente a esta noticia, la madrastra de Missie le pregunta si adoptará un niño y su hijo Matt, reclama un hermanito. Sin embargo, Missie está completamente convencida (eso dice ella) que no puede hacerse cargo de otro ser humano en sus condiciones socio económicas y familiares.
El día de la entrega de los niños, Missie pasa con su carreta por la puerta de la iglesia y sin saber por qué, se detiene. Entra y ve que sólo quedan dos niños por ser adoptados. Una niña, Belinda de catorce años y un chico, Jacob, de nueve. Un matrimonio granjero que no tenía más interés que adoptar un chico para ponerlo a trabajar como peón, adopta a Jacob llevándoselo de mala manera. El pastor le dice a la niña que salvo que alguno de los presentes decidiera adoptarla, debería volver al orfanato. El Sheriff y el Pastor miran a Missie y ella se acerca a la niña y le dice que si a ella no le molesta no tener comodidades, la recibirá en un su casa. Sólo puede darle amor y buen trato, aunque sea por un tiempo. La niña acepta de mala gana y no duda en manifestarle a su madre adoptiva, que nada quiere de esa familia. Ella está esperando a su padre que los dejó en Nueva York pero que según dice en una carta, volverá a buscarla.
En un momento de la película donde la relación entre madre e hija parece insostenible, ocurre una escena que da cambia el rumbo de la relación. Missie y su mamá están conversando acerca de Belinda; Missie le dice que no sabe porqué está haciendo esto, que la niña no quiere saber nada de ella y que no puede ir contra su voluntad. La madre emite un juicio que hará reflexionar a Missie y la preparará para la escena que sigue. Ella dice: “quizás no lo veas ahora pero ella puede tener lo que vos necesitás, y vos, lo que ella necesita”. En ese momento, Matt, entra corriendo y dice: “vengan que uno de los cachorritos ha muerto”. Ambas salen corriendo y también lo hace Belinda que se entera de la noticia. Cuando parece que todo está perdido, Belinda toma al perro entre sus brazos y le realiza respiración boca a boca. El perrito revive y todos aplauden a Belinda pero ella inexplicablemente sale corriendo quebrada en llanto. Missie corre tras ella y le pregunta: “¿por qué llorás si hiciste algo hermoso?” Frente a esta interpelación, Belinda responde que ella tenía una pequeña hermana que por el trabajo de la mamá, estaba a su cuidado. La niña sufría una afección pulmonar pero como no tenían dinero, no podían pagar un médico. Un día la niña se quedó sin respiración y Belinda, haciendo caso de las indicaciones de su mamá, le realiza respiración boca a boca, infructuosamente. La niña llora amargamente y dice sentirse culpable. Missie le dice que la comprende porque ella tampoco pudo salvar a su hija. En ese punto Belinda le dice que si bien antes no pudieron hacer nada, ahora tienen la chance de salvar a Jacob, su hermano que está siendo golpeado y maltratado por sus padres adoptivos.

Análisis
La película nos remonta unos cuantos años atrás, cuando Estados Unidos no era el país que hoy conocemos sino una serie de pequeños pueblecitos que comenzaban a surgir. Por iniciativa del presidente Jefferson, los ciudadanos se movilizaron a los territorios cercanos al océano pacífico en busca de éxito, progreso y riquezas. En este contexto es que Missie La Haye, protagonista de nuestro análisis emprende un viaje junto con su marido a un pequeño pueblo en desarrollo. Las cosas no resultaron como soñaron, por el contrario, en ese pueblo el destino quiso que perdiera a sus dos seres más queridos, una hija y su esposo. Todo se inicia con un duelo. Cuando parece que Missie ha superado la muerte de su hija, ocurre la fatalidad de su esposo. Una escena que se repite en su mente como un intento de ligar el exceso de pulsión de muerte que está en juego. Una emigración que toma un doble sentido: una mudanza y una huida de los recuerdos que mortifican. Sin embargo, no se puede huir del patrimonio mortífero salvo que se haga algo con él a nivel de la subjetividad (de hecho la verdadera madre de Missie muere cuando ella es pequeña dando inicio de este modo a la saga). ¿Podríamos pensar que en la historia se juega algo del orden del acting out, “una demostración de una parte de la historia familiar que ha permanecido sin texto en la transmisión de la genealogía familiar, pero ha sido transmitida”? .
Nuestra intención en este trabajo es pensar la singularidad del sujeto en situación, reflexionar sobre el “qué hacer” allí donde la situación se devela en un segundo momento como desbordante. Sin embargo, en nuestro caso se ve claramente como el acto del sujeto puede ser visto desde distintas lógicas que no son la de la responsabilidad subjetiva. El film nos habla de una familia que vive y se rige por normas religiosas. ¿Cuál sería la responsabilidad frente a la adopción desde lo religioso? Si bien esta vertiente no es la que nos interesa desde el psicoanálisis, podemos pensar que se juega en ella la moral particular de ese sujeto. Frente al abandono y el maltrato, Missie actúa paternalistamente, siguiendo las leyes divinas, adopta, nombra, da una familia (lo único que puede darle según ella), a esa niña. Tal como Dios hace con nosotros, somos hijos, nos adopta, formamos parte de una familia, familia de la fe. Si nos quedáramos con esta perspectiva de análisis, estaríamos pisando el terreno de lo particular, de la moral. El duelo con el que se inicia la historia también se relaciona con lo Particular, pero se articula con el campo de lo Universal – Singular. El trabajo del duelo, tal como lo describe Freud, es un proceso de desinvestidura de los objetos amados que requiere de tiempo para llevarse a cabo. Se realiza pieza por pieza y cada sujeto le imprime su singularidad. Missie deja atrás el pasado en ese pueblo que la vio casarse y formar un hogar y se proyecta un futuro en nuevas tierras lejos de aquello que desea olvidar. Sin embargo, no hay duelo singular sin rito particular. El rito fúnebre es lo Particular que sostiene ese Universal- Singular del duelo. Así como Antígona reclamaba una tumba para su hermano, Missie nos demuestra una vez más la importancia de la inscripción simbólica de se significante “muerte” que no tiene representación y que se presenta más del lado de lo Real, lo innombrable o indecible. Ella puede realizar un trabajo de duelo porque tiene una tumba donde llorar a su hija y esposo muertos.
La muerte se inscribe en el orden de la necesidad, de lo inexorable, ineludible, frente a lo cual no tenemos argumento posible, es la fatalidad, el destino que nos llegará a todos. Como dice J. Carlos Mosca: la determinación. El ser humano como tal, está determinado para la vida y para la muerte. La muerte de los familiares más queridos, la muerte de ese pequeño cachorrito, atraviesa como algo necesario todos los órdenes de la vida. Pero no todo es necesidad, hay algo que corta el nexo entre la causa y el efecto: el azar. La coincidencia, la casualidad, la suerte, quiso que justamente el día y la hora en que Missie se cuestionaba el por qué de su decisión de adoptar a Belinda, ocurriera la muerte del perrito. Hay en este punto algo del azar y de la necesidad, aunque no todo se limita a estos dos factores. Entre el tiempo uno del circuito de la responsabilidad y el tiempo 2, queda un resto, una distancia que le permite al sujeto preguntarse por esto. Abre el campo a la pregunta por el sujeto y su responsabilidad. Responsabilidad no ya jurídica, ni moral sino subjetiva. Una que se configura a partir de la noción de Sujeto no autónomo, que no es dueño de su voluntad toda (aunque él crea lo contrario). Un sujeto que recibe noticias de su inconciente, que lo hacen darse cuenta que no todo es voluntad y conciencia. La respuesta que se le puede demandar a un sujeto no es por la moralidad de sus actos sino por su deseo, por aquello que es desconocido para sí mismo pero que al marcar el punto de inconsistencia, de quiebre, es necesario interrogar ya que fue él, el que propulsó la acción. Hacerse responsable del contenido de los sueños, no desde la moral sino desde la subjetividad.
Sin embargo, no siempre aparece la posibilidad de hacer sujeto, de una respuesta desde la subjetividad. Muchas veces el yo intenta volverse autónomo nuevamente, sentirse en control y se responsabiliza moralmente por sus actos. Aparece entonces la culpa como respuesta imaginaria frente a aquello que lo incomoda, que lo interpela. “La culpa constituye el reverso de la responsabilidad” Cuando la responsabilidad del sujeto se encuentra ausente, aparecen los sentimientos atormentadores, diferentes modos de altruismo, el remordimiento, las distintas figuras de la culpa que no favorecen el efecto sujeto.
Antes de seguir ahondando en nuestro material acerca de las figuras de la culpa que hallamos y cómo ellas obstruyen el camino a la posibilidad de hacer sujeto, pensemos en aquella acción que la protagonista realiza creyendo dominar la situación, con un fin determinado en el cual debiera agotarse, en concordancia con el universo de discurso en el que se halla inmerso (el discurso religioso, moral). El momento en que Missie adopta a la niña es el final de una serie de sucesos que dan cuenta del primer tiempo del circuito de la responsabilidad. Missie decidió ir a la entrega de niños que se realizaba en la iglesia con el único fin de observar lo que allí ocurría. Cuando llega al lugar, sólo dos niños quedaban por ser adoptados, una de ellas Belinda, esta niña de catorce años. Para su moral particular, dejar que la niña volviera al orfanato significaría un sentimiento de culpa muy difícil de expiar. Es por esto (eso cree ella) que decide adoptarla temporalmente. Sólo para salvar la situación. Pero esta decisión se ve confrontada con un segundo momento donde el sujeto se ve interpelado por ciertos elementos disonantes, esa acción egosintónica deviene ajena cuando en este segundo momento se abre el inconsciente y surge lo sin sentido. Este segundo tiempo, lógicamente anterior al primero, lo resignifica dando cuenta “de una respuesta del sujeto que advierta un cambio de posición frente a sus circunstancias, de allí la potencialidad de un tiempo 3, el de la responsabilidad” . Missie creía que su decisión de adoptar a la niña era nada más por razones morales, religiosas, para cumplir con un deber, con una formalidad, con un mandato Superyoico, como un acto dirigido a Otro que la observa y aplaude por su compasión. Sin embrago, la escena donde la niña llorando le cuenta que no alcanza con haber salvado de la muerte al perrito si antes dejó morir a una hermana, hace quebrar la unidad yoica de Missie. Ella no lo sabía pero la niña también había dejado morir a una pequeña, la respiración que le había dado no había sido suficiente. Esta niña que antes se presentaba como una extraña desvinculada de la familia, compartía su historia. Quizás por esto ella la había adoptado. Había algo en esa niña, como le había dicho su madre: “ella tiene algo que vos necesitás y vos tenés algo que ella necesita”. Un exceso, algo del orden del deseo, de su falta de autonomía, la había movido a tomar esa decisión sin ella saberlo. Sin embargo, este segundo momento permite resignificar y fundar el primer tiempo del circuito, aquí es donde el sin sentido cobra sentido a precoupe.
Volviendo a la culpa, podemos decir que ob- liga a una respuesta retroactiva. El tiempo 2 pone en marcha con su interpelación, el circuito de la responsabilidad. El sujeto “debe” dar una respuesta a esto que aparece como disonante en el tiempo 1. La interpelación genera una deuda en términos económicos, pero si la respuesta es desde la moral, estamos en el terreno de lo particular. No hay nada de la singularidad que pueda surgir. No estamos en el campo de la ética, al contrario, las respuestas morales taponan esta dimensión. En un primer momento, frente a la interpelación que produce el tiempo 2, Missie responde desde la lógica particular, moral, aparece una de las figuras de la culpa: el sentimiento de culpa. Ella también se siente culpable como Belinda (aquí vemos claramente una identificación entre estos personajes- identificación entre yo) por la muerte de su hija y de su esposo y lo manifiesta en la angustia que esto le genera. Si sólo nos quedáramos con el sentimiento de culpa, el circuito se cerraría allí y tendríamos una culpa que obtura, que tapona la emergencia de la subjetividad. Pero la otra vertiente de la culpa es aquella que devela la responsabilidad subjetiva. No hay responsabilidad subjetiva sin culpa, ésta es el reverso de la responsabilidad. Sólo a través de la culpa es que podemos rastrear el deseo que movilizó a ese sujeto aún sin saberlo, y ayudarlo a hacerse responsable por eso. El objetivo del análisis, en este caso de nuestra hipótesis, será intentar dar una respuesta diferenciada, que el sujeto pueda experimentar una relación más ética con su deseo.
Finalizada la escena del perrito que situamos como un tiempo dos, Belinda le pide a Missie, a quien llama madre por primera vez, que realicen un acto heroico, salvar a su hermano Jacob que se encuentra “preso” de una familia que lo explota y maltrata. Pero Missie no lo hace inmediatamente. No responde a esta demanda del Otro, no actúa desde la moral particular. No cumple con un deber que se le impone desde lo religioso o lo moral. Responder a esta demanda sería cerrar el circuito, quedarse en la posición de sujeto de lo moral y lo particular. Expiar el sentimiento de culpa con un acto de bien. No es lo que escoge Missie. Aunque los hechos culminan en el rescate de Jacob, la decisión de Missie no responde ya a la lógica de la demanda, sino a la del deseo, su deseo. Realiza un acto que denominaremos ético, donde adviene el sujeto de la responsabilidad subjetiva, “otro nombre del sujeto” . Este acto ético que produce un sujeto es el que diluye sentimiento de culpa. Se trata del sujeto y el sentido singular de su acto, alejado de lo genérico, es suplementario de lo moral (el horizonte ético no se colma por lo moral). Ese acto ético se realiza en “soledad”, en su singularidad, es la puesta en juego de lo Universal – Singular sobre una superficie particular. Ella decide rescatar a Jacob pero porque se da cuenta que hay algo de su deseo puesto en juego, algo de sí misma que la excede y la mueve.
Hipótesis Clínica:
Luego de haber situado los dos tiempos del circuito de la responsabilidad, es tarea del analista hallar el lazo asociativo que sitúe la naturaleza de esa ligadura. Re- ligar eso que apareció como des- ligado, como exceso en el segundo tiempo. Este “enlace asociativo” es el que dará cuenta de esa falla en el circuito que no es otra cosa que el lugar del deseo (indomesticable, que es “entre significantes”). Pero como bien nos indica Maria Elena Domínguez (2006), si nuestro único objetivo es mediante una interpretación, religar los elementos no ligados o disonantes, caemos en el error de seguir taponando fantasmáticamente esa apertura que abría la pregunta por el objeto a. La idea de la hipótesis clínica es poder poner a jugar la lógica del Universal- Singular como lógica del no-todo.
Desde el inicio de la película, podemos ver a la protagonista sentirse culpable de la muerte de su esposo. Aparecen sueños que la despiertan angustiada frente a la escena imaginaria de la muerte. Ella no estuvo allí, cuando llegó era demasiado tarde, ya no había nada que hacer. Idéntica situación había ocurrido con la muerte de su hija. Una niña sana, preciosa, vital. La habían acostado como de costumbre y a la mañana siguiente, cuando se acercan a la cuna; no respira. No hay aire que pueda darle esa madre que devuelva la vida. El aire que se respira es de muerte. Nuevamente llega tarde, demasiado tarde.
Cuando Missie se acerca a la capilla del pueblo, ésta vez, no llega tarde, aún quedan dos niños para ser adoptados. Esa niña, de unos catorce años, nada tiene que ver con su hija. La que perdió era una bebé, indefensa, que la necesitaba para vivir, aunque ella no pudo estar allí para garantizarle la existencia. Belinda, por el contrario, era independiente, formada, fuerte, o al menos pretendía serlo, parecía que Missie no tenía nada para ofrecerle. Sin embargo, en ese acto, en esa decisión que Missie realiza, se juega una puesta en acto de su sentimiento de culpa. La culpa por haber abandonado a su hija, por no haber estado, por no haber llegado a tiempo, se plasman en su decisión de adoptar a Belinda. Con esta sí había llegado a tiempo. En la escena de la muerte del cachorro se ve claramente el tema del tiempo. Matt, su hijo las llama diciendo: “vengan rápido”. Nuevamente el tiempo es la variable que se entrelaza en acto. Cuando todo parecía estar perdido, Belinda realiza una resucitación. El aliento que le da al perrito es aliento de vida, lo hace renacer. Lo opuesto al aliento que Missie pudo darle a su hija. No era ella sino otro quien había salvado una vida. Sin embargo, esa misma escena interpela a la protagonista, la historia de Belinda que parecía nada tener que ver con la suya, la interpela, toca algo de las coordenadas de su se deseo materno. La niña había dejado morir a su hermana, su soplo tampoco había sido de vida, pero el azar la ponía esta vez en una situación donde su accionar marcó la diferencia. Al igual que ella, Missie tenía la posibilidad de salvar la vida que no pudo, de cuidar de otro como no lo hizo aquella vez. Y sin quererlo, en su elección por esta niña, estaba cumpliendo algo de su deseo de dar un aliento de vida, de nutrir, de ser esa madre que no pudo ser porque la vida le arrebató el destinatario. Adoptar a esa hija y a ese hijo como lo hicieron con ella, no ya desde un sentimiento de culpa moral sino desde su deseo de ser madre. Como dice el título de la película: “el amor (el amor de madre) es un legado que nunca termina”.

Bibliografía
• Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página web de la cátedra.
• D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.
• Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap. III. Eudeba, Buenos Aires.
• Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.
• Michel Fariña, J. J.: El doble movimiento de la Ética contemporánea. Una ilustración cinematográfica. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos.
• Michel Fariña, J. (1998). Del acto ético (Cap. VI). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Salomone, G. Z.: El sujeto autónomo y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



NOTAS

Película:

Titulo Original:

Director:

Año:

Pais:

Otros comentarios del mismo autor: