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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
Facultad de Psicología

Psicología, Etica y Derechos Humanos

2º PARCIAL

Cátedra: I
Prof. Tit. Reg: J.J. Michel Fariña

Comisión: 5
Ayudante T.P: Ormart, Elizabeth

Alumnas:
Llorca, Mariela L.U: 32636337-0
Sala, Catalina L.U: 33241657-0

1º cuatrimestre
2010
Introducción:
El siguiente trabajo está basado en la película “El Sustituto”, dirigida por Clint Eastwood. Ambientada en Los Ángeles en el año 1928 y basada en un hecho real, la película narra la historia de una madre soltera, Christine Collins (interpretada por Angelina Jolie), que trabaja como supervisora en una central telefónica y que vive con su hijo Walter, de 9 años.
Un día Christine debe ir a trabajar en un horario no habitual, teniendo que dejar solo a su hijo en casa. Al regresar se enfrenta a la peor pesadilla de cualquier madre: su hijo ha desaparecido. Lo denuncia ante la policía y empieza una minuciosa y desesperada búsqueda. Walter ha desaparecido sin dejar rastro. Cinco meses más tarde, la policía local le entrega un niño, sin embargo, al verlo inmediatamente ella asegura que no es su hijo. Aunque el niño (sustituto) se hace llamar Walter Collins y la reconoce como su madre, ella lo niega. Por lo tanto, se encuentra Christine ante una disyuntiva con la policía que para convencerla de que el niño encontrado es verdaderamente su hijo, intenta intimidarla acusándola de no querer reconocer al niño para desligarse de las responsabilidades maternas. A partir de allí, Christine emprende una lucha sin pausas para encontrarlo, pero esta búsqueda no resulta nada fácil, debiendo enfrentarse a una policía extremadamente corrupta que en vez de ayudarla empeora aún más el difícil escenario.

Análisis del circuito de la responsabilidad:
Centraremos nuestro análisis de la responsabilidad subjetiva en el personaje de la madre, Christine Collins. Gabriela Salomone defina a la misma de la siguiente manera: “Se llama responsabilidad subjetiva a aquella que se configura a partir de la noción de sujeto del inconciente; sujeto no autónomo que, por definición no es dueño de su voluntad e intención (rasgos que definen al sujeto llamado autónomo del discurso jurídico).”
Ubicamos como tiempo 1 el momento en el cual Christine recibe el llamado telefónico de una compañera de trabajo, en el cual le comunican que debe hacer un reemplazo (tratándose de un día feriado), lo que implica que debe dejar a Walter solo en casa, a lo cual no estaba acostumbrada.
Si bien es notable que esto le genera cierto temor, toma en cuenta que son sólo unas horas y que es un vecindario tranquilo, y decide –con todas las recomendaciones y cuidados propios de una madre- dejar a su hijo solo en casa. Se considera que esta situación está dentro del universo previsible.
El Tiempo 2 lo situamos desde el momento en que Christine llega a su casa y encuentra que su hijo Walter no está. Desesperada lo busca por todo el barrio pero Walter no aparece. Llama entonces a la policía para hacer la denuncia pero le dicen que debe que esperar 24h. Pasan dos semanas y el niño no aparece. Recién 5 meses más tarde, la policía dice haber encontrado a su hijo. Sin embargo, cuando acude a su encuentro, se da cuenta de que el niño que la está esperando no es su hijo. Le entregan a un sustituto. Este segundo tiempo, en el cuál Christine sufre algo tan trágico como es la desaparición de un hijo, produce una interpelación del primero. La interpelación subjetiva es la puesta en marcha del circuito, siendo luego la culpa la que “ob-ligue” a dar una respuesta a esa interpelación. Por lo tanto, es a partir de este segundo tiempo que se funda en su resignificación el tiempo 1, es decir la retroacción que genera la interpelación liga los elementos disonantes que se convierten en un tiempo 1, resignificado por la interpelación a través de la culpa.
Christine se cuestiona su accionar, haciéndose preguntas tales como: ¿por qué lo dejé solo?, ¿por qué no dije que no al pedido de reemplazo?, ¿por qué justo en este momento tenía que pasar esto?
Según Oscar D´Amore, se abre como respuesta a la interpelación, de un modo general, un abanico de posibilidades; a saber: el sentimiento de culpa, la proyección, la negación, la intelectualización, y en líneas generales la formación sintomática. El autor destaca el importante hecho de que sin culpa no hay responsabilidad subjetiva.
En este caso podemos ubicar, en un principio una de las figuras de la culpa que aparecen en la película. Si bien Christine sabe que el niño que le devuelven no es el suyo, aturdida por los fotógrafos y la policía, acepta ser fotografiada por los periodistas abrazada al niño y acaba llevándoselo a su casa. Es decir, Christine sigue las indicaciones de la policía que la inducen a llevarse al niño en cumplimiento de su función de madre. Se juega algo relacionado al eje de lo particular, ya que Christine responde mediante aquello que se espera de ella, aquello que en la sociedad es considerado adecuado a una madre en la época en la que se desencadenan los hechos. Esta posición tomada en un principio es una forma de negar lo que ocurre, llevándose al niño a su casa, de algún modo Christine niega que ese no sea su hijo.
Podríamos hablar entonces de la negación como figura de la culpa.
Sin embargo, a medida que avanza la película vemos como ciertas modificaciones se abren paso. Una vez alojado el sustituto en su casa Christine empieza a tomar otra posición, pasada la posible confusión del frustrado encuentro, la mujer se afirma cada vez más en su convicción, el niño entregado es mas bajo que su hijo y está circuncidado, ya nadie podrá convencerla: ese niño no es su hijo.
Todo esto va dando lugar a lo que ubicamos como un tiempo 3 en el cual ella adopta una posición diferente, y que será el cual dará paso a la responsabilidad subjetiva y al efecto sujeto. Es decir, hasta aquí ubicamos una respuesta por parte del personaje desde lo particular. Según D´Amore: “No hay singularidad en la vuelta al surco de la moral porque la respuesta resulta un taponamiento de la dimensión ética”
Frente a lo que le sucede, lejos de continuar en una figura de la culpa sustancializada, lejos de acatar al pedido, que progresivamente va tornándose amenaza, de aceptar a ese niño como suyo por parte de la policía, lejos de sustituir a su hijo por otro, Christine comienza una búsqueda desenfrenada. Esta madre no se calla, no se detiene, y por supuesto, no es sin un costo. Christine es encerrada en una clínica psiquiátrica, objeto de maltratos, al igual que el resto de las internadas, y presa de una espantosa negociación: si acepta que el niño entregado es Walter será libre, de lo contrario seguirá siendo una “loca” y continuará siendo tratada en función de ello. Sin embargo Christine no negocia, y tampoco parecen importarle los maltratos, su único objetivo es encontrar a su hijo.
Es así como finalmente, gracias a la ayuda del reverendo Gustav Briegleb, logra enfrentar la corrupción policial dando lugar a una profunda investigación sobre el caso y al juicio final. Si bien el final de la película queda abierto, por lo cual no conocemos qué fue lo que realmente ocurrió con Walter, las acciones de la madre permiten una ruptura, no sólo en relación a la sociedad, al contribuir a desenmascarar a la policía, sino también en relación a su propia posición frente a lo sucedido, lo cual le permite poder comprender un poco mejor qué fue lo que ocurrió con su hijo, y adoptar una postura definida: no rendirse, no detener nunca su búsqueda. Es allí entonces donde ubicamos una respuesta desde la dimensión ética, que rompe con el particular previo.

Elementos de necesidad y azar:
Encontramos en la película algunos elementos de azar y necesidad, sin embargo es necesario aclarar que no se trata puramente de azar o necesidad, lo cual excluiría todo análisis de responsabilidad subjetiva.
Ubicamos el azar en relación a que, justo el día en que ella tiene que dejar solo a su hijo, se produce el encuentro de este con el asesino. Son azarosos los motivos que generan que tanto el asesino como Walter se encuentren en el mismo lugar y momento, indicados para propiciar el secuestro.
Este hombre, que secuestra niños para asesinarlos pasa por ahí y se lleva a su hijo, que podemos suponer que estaba jugando en el jardín de la casa, solo o con algunos vecinos (esto no se sabe en la película, pero es de suponer ya que finalmente nos muestran cuál era el método empleado por este hombre para secuestrar a los nenes). Es azaroso también que justo ese día una compañera suya se haya enfermado y que Christine haya tenido que reemplazarla.
También podemos hablar de necesidad, ya que Christine deja solo a su hijo en casa porque tiene la necesidad de hacerlo, ya que se lo solicitan en su lugar de trabajo, por lo cual no tiene mucha posibilidad de decir que no. Además, necesita la plata para alimentar a su hijo y no tiene con quién dejarlo. Por otro lado, también hay necesidad en relación al asesino, psicópata, en la clase de niños que busca y el tipo de cosas que les hace.

Hipótesis clínica:
Cuando a Christine la llaman por teléfono para que haga el reemplazo laboral, duda en aceptar debido a que ello significa dejar solo a su hijo en casa, pregunta si no puede ir otra persona en su lugar, a lo que le responden que no. Por lo tanto en esta escena, al principio encontramos en ella ciertos indicios de duda. Sin embargo, en determinado momento mira a su hijo, piensa, y decide finalmente aceptar las horas extras.
Creemos que allí se juega en ella algo que va más allá de su yo, relacionado con el deseo inconciente, que permitiría articular el tiempo 1 y 2, explicitados previamente. En palabras de Fariña: “La pregunta por la responsabilidad no supone un cuestionamiento a la persona sino la interpelación al sujeto. Se trata, evidentemente, del deseo inconsciente. Para Freud, esa descripción tiene carácter fundante, como se hace evidente ya en el título de su artículo La responsabilidad moral por el contenido de los sueños” .
Cuando Christine le explica a su hijo el motivo por el cual su padre los dejó antes de conocerlo dice: “El día que naciste también llegó otra cosa por correo, iba en una caja un poco mas grande que vos, ¿sabes que era? Una cosa llamada responsabilidad, y para algunas personas la responsabilidad es la cosa mas aterradora del mundo”. Esto nos lleva a pensar cómo se juega la crianza de un hijo en una madre soltera. Siendo Walter pequeño, Christine debe ser incondicional a él, estar siempre presente, darle todo lo que necesita para satisfacer sus necesidades, cuidarlo, protegerlo, brindarle enseñanza, amor y todo aquello que se espera de una madre.
Christine es una mujer joven, atractiva, sin embargo está sola, y por lo que vemos sólo dispone tiempo para su hijo y para su trabajo. No hay espacio para nada más en su vida. Como hipótesis clínica planteamos entonces que la decisión de dejar a Walter solo, con las consecuencias ya mencionadas, puede estar relacionado con su deseo inconciente de que Walter crezca, con su deseo de que su hijo sea un ser independiente, y de que pueda poco a poco desprenderse de ella, dándole un espacio a ser ocupado por otros aspectos en la vida de una mujer.

Comparación con el caso de Ibbieta, del cuento “El muro” de Sartre:
A continuación situamos algunas diferencias y semejanzas en relación al cuento “El Muro” de Jean Paul Sartre. Por un lado, en ambos casos encontramos factores de necesidad y azar. En el caso de “El muro”, el factor necesidad está dado por la presión a la que está sometido Ibbieta: “o lo delatas o das tu vida”. En “El sustituto”, como señalamos anteriormente, se presenta la necesidad de Christine de ir a trabajar para hacer horas extra un día feriado y no tener con quien dejar a su hijo debiendo este quedar solo.
Con respecto al azar, en “El muro” Ibbieta hace una jugarreta diciendo que Gris está “en el cementerio” (creyendo que estaba diciendo una mentira, y haciéndolo para postergar su asesinato y reírse de los falangistas), resultando su amigo estar efectivamente en el cementerio en ese momento. Se trata de una coincidencia temporal. En el caso de “El sustituto”, el azar se juega en el momento en el que Walter es secuestrado, ya que no era previsible que justo ese día en que Christine había tenido que ausentarse de la casa, un secuestrador se lleve a su hijo.
Otra coincidencia entre los relatos analizados es que en ambos hay un tiempo 3 en el circuito de la responsabilidad. Si bien, como diferencia, encontramos que en “El sustituto” aparecen figuras de la culpa luego de que el tiempo 2 interpele al primero, hay finalmente un tiempo 3, en el que el sujeto en cuestión (en este caso Christine), adopta una posición singular, independizándose de lo particular del caso. Con respecto a “El muro”, aparecen la risa y el llanto, como lo singular de la situación: remitiéndonos a Freud, esto tiene que ver con que lo que es satisfacción para un sistema es insatisfacción para el otro. Además, este mismo autor nos habla del sentimiento inconciente de culpa, siendo el acceso al deseo lo que genera este sentimiento.
Por otro lado encontramos como ambos sujetos son llevados a la fuerza a tomar una decisión similar, a la que responden también de modo similar. Ibbieta es enfrentado a la conflictiva de decidir: delatar a su amigo y salvarse o dar su vida, Christine en el momento del psiquiátrico también debe decidir: dejar de buscar a su hijo y salir del encierro del psiquiátrico o permanecer allí. Es decir, ambos deben elegir entre sus vidas y la de un ser querido. Ante ello ambos responden de manera heroica, no se dejan amedrentar, priorizando en ambos casos salvar al ser querido. Sin embargo, más allá de sus elecciones se produce lo inevitable: la muerte o supuesta muerte de ese ser querido.

Conclusiones:
El hijo de Christine ha desaparecido y ante ello la la policía le exige abandonar su búsqueda imponiéndole un remplazo, cambiar un objeto por otro. Esto, tal como lo señala Fariña en el comentario de la película, está íntimamente relacionado con lo ocurrido en la última dictadura militar. Tanto Christine como las Abuelas de plaza de Mayo son forzadas a elaborar un duelo, a abandonar sus búsquedas y dar por muertos a sus desaparecidos, pero ¿cómo hacerlo, cómo dar por perdido a quien ni siquiera se sabe si lo está?
Frente a la imposición de sustitución, estas mujeres por el contrario llevan a cabo una política de restitución, de manera de poder restituir una historia, de poder poner palabras allí donde se pretende el silencio, de recordar donde se exige el olvido.
Por otro lado, destacamos como la desesperación, la incertidumbre respecto de una pérdida, de una ausencia, puede ir más allá de las fronteras de lo particular, para inscribir un acontecimiento social y singular.

BIBLIOGRAFÍA

D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Fariña, J. (1992). Ética profesional. Dossier bibliográfico en salud mental y derechos humanos. Acápite 3.3: el status de la responsabilidad sobre los actos.

Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.

Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984

Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.

Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

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