por 

Universidad de Buenos Aires

Psicología, Ética y Derechos Humanos
2º evaluación.

Cátedra I: Prof. Tit. Reg. J.J. Fariña.
Comisión 23.
Ayudante: Corinaldesi, Ana.
Alumna: López, Victoria.
L.U.: 344426840.

El análisis del circuito de la responsabilidad en la novela “El Túnel”, de Ernesto Sábato, gira al rededor del personaje Juan Pablo Castel. Este pintor conoce a una mujer de nombre Maria en una exposición que realiza de sus cuadros, y la novela consiste en los avatares de la tortuosa relación que contrae con ella.
El primer momento del circuito lo planteo, entonces, en la forma en que Juan Pablo razona el motivo de su enamoramiento. El cuadro que presentaba en esa ocasión tenia un detalle, un sector del cuadro en el que se ilustraba a una mujer que miraba el mar por una ventana, detalle que los críticos de su arte pasaban por alto. Maria, en ese momento una muchacha desconocida, se detiene ante el cuadro sin dar importancia más que a ese detalle tan escencial para el artista. A partir de ese momento Juan Pablo no puede dejar de pensar en ella, ella es la única que entiende. El protagonista le supone un saber, un motivo por el cual ella podría comprenderlo. Luego de algunos encuentros fortuitos y atolondrados Juan Pablo es citado a la casa de Maria, quien había viajado a la estancia de un hombre despreciado por Juan Pablo, a buscar una carta que ella le había dejado. Una vez allí se encuentra con un hombre ciego, quien le dice ser en marido de Maria, y este le entrega un papel con el mensaje: “Yo también pienso en usted, Maria”. Juan Pablo relata esa escena poniendo énfasis en el asco que le produce leer esa carta delante del marido, en esa escena en la que están presentes los dos hombres mediados por Maria.
Al volver Maria del viaje toma lugar una escena simple que resignifica lo relatado hasta el momento y permite anticipar el posterior desarrollo de la historia, ordenándolo según ciertas coordenadas. Ambos personajes se encuentran en una plaza y mantienen una conversación trivial de la cual el protagonista solo tiempo después llegara a darse cuenta del profundo significado. Juan Pablo le exige respuestas a Maria de forma persecutoria y obsesiva, le pregunta si lo quiere, le exige saber por que viajo a la estancia con ese hombre superficial tan diferente a él. Ella hace silencio. En este momento Juan pablo intuye una sonrisa en el rostro de Maria, una sonrisa que acababa de estar, es decir el rastro de lo que hacia instantes había sido una sonrisa. Ante esto Maria se ofende y amenaza con irse, Juan Pablo empieza a dudar de la existencia de aquella sonrisa y se hecha la culpa. Olvida en ese momento sus razonamientos sobre Maria y recuerda el amor que siente por ella. Considero esta situación el segundo momento del circuito de la responsabilidad.

Esta segunda escena desarma la racionalidad de la primera, en la cual los motivos del amor se ubicaban del lado del gusto estético de Maria, su conocimiento del arte. Surge ahora algo más en la base de esta relación. Juan Pablo se enamora de Maria cuando le supone un saber, un saber que él mismo no comprende en ella, un saber que esta velado. Este saber hace que el protagonista idealice a Maria, lo que supone en ella la ubica en un lugar de consistencia que aplasta a Juan Pablo. Esto significa que lo que aparece en Maria es algo que se presenta como una mascara, aquello que permite que algo se suponga detrás, este es el verdadero motivo del amor y el deseo de Juan Pablo. Este saber supuesto lleva al protagonista a hacer de Maria un imposible, un ideal, un monumento, signo que designa lo deseado. Juan pablo de dirige a Maria suponiendo que ella lo comprende, que ella puede suturar su falta. Lo que hace que un sujeto ame es suponer al otro completo y omnipotente, sin embargo para que se produzca el amor se debe hacer del Otro un sujeto deseante.
En el momento del encuentro debería surgir también, la falta en el Otro, que el Otro sea también un sujeto deseante, ya que poner en juego dos deseos implica la puesta en juego de dos faltas. Sin embargo esto no sucede. Juan Pablo no encuentra el lugar de la falta en Maria, lo que supone que no hay lugar para que ella lo desee, lo necesite, lo ame. En este punto el busca apelar a un mas allá de ella, algún punto de inconsistencia, pero ella no da a conocer su deseo, este se mantiene como una incógnita para Juan Pablo. Este es el punto en que la sonrisa de la segunda escena resignifica retroactivamente la primera escena y marca aquello con lo que Juan Pablo tendrá que vérselas a lo largo de toda la novela. Aquella sonrisa es lo que puede llegar a dar a conocer algo sobre Maria, sobre la verdad de Maria, su deseo. La sonrisa es aquello que hace caer la mascara por marcar un punto de inconsistencia en ella, en el que lo enigmático de su imagen se deja des-velar. En la segunda escena Juan Pablo le pregunta cual es su lugar en el deseo de ella y ella responde con la sonrisa. Sin embargo esta es una sonrisa que acaba de estar, es rastro que, sin estar, indica que estuvo. En este punto Maria es inasequible y Juan Pablo vuelve a verse aplastado por su omnipotencia.
Este es uno de los puntos respecto del cual Juan Pablo deberá hacerse responsable. El primer aspecto de la hipótesis clínica es, entonces, que aquello que es causa de los razonamientos obsesivos en torno a la mujer es también causa del amor. La imposibilidad de encontrar una inconsistencia en Maria es generada por Juan Pablo, quien no le permite abandonar el lugar de mascara y de completud. Sostiene el amor idealizado de la primera escena, aquella en que le supone un saber, evitando encontrar la falta en ella. De esta forma se permite aplastar por la omnipotencia de Maria.
Existe, a su vez, otro punto de resignificación en relación a las dos escenas. El momento en que Juan Pablo interpela a Maria y le pregunta por su deseo, no solo pregunta que lugar ocupa él en su deseo, aspecto considerado en el punto anterior, sino que también pregunta por cual es su relación con el deseo del Otro. La pregunta por el por qué del viaje a la estancia de aquel hombre desconocido interpela a Juan Pablo, quien debe posicionarse de algún modo en aquella situación de tres de la primera escena. Si a aquella situación él fue llevado por azar, ya que no sabía sobre la existencia del marido de Maria, ahora es él quien esta haciendo entrar a otro hombre en escena con la pregunta. El valor de Maria como objeto entonces aparece en el momento en que ella es objeto de deseo del Otro, cualquier Otro. El asco de aquella primera escena se resignifica dando cuenta de algo en relación a un goce en esta relación con Maria mediatizada por el deseo de Otro, motivo por el cual insiste en preguntar por otros hombres, por el goce de Maria en relación a otros hombres.
Estos dos aspectos de la hipótesis clínica que planteo intentan dar cuenta del punto en que aquella conversación de la segunda escena obliga al protagonista a ocupar su lugar en las circunstancias de su relación con Maria. Esto significa que la explicación sobre el modo en que se enamora de ella y lo azaroso de la entrada en escena de un tercero se ve conmovido a partir de esta segunda escena. Aquellas determinaciones deben ceder su lugar a la responsabilidad subjetiva, en tanto que es según el deseo del protagonista que Maria se mantiene siempre inalcanzable y valorada en tanto este deseada por algún otro hombre.

En el segundo momento del circuito de la responsabilidad subjetiva se sitúa la culpa como aquello que hace al retorno sobre la primera escena, marcando sobre qué debe responder el sujeto. El momento en que aparece la culpa en Juan Pablo sitúa el quiebre de la intención y el azar de la primera escena. La afirmación de que no hay deseo sin culpa se identifica, en este caso, en el momento en que vuelve a ceder ante Maria, duda de la existencia de aquella sonrisa como quiebre en su consistencia. En ese momento la culpa desarma tanto la intencionalidad del yo en el momento del enamoramiento como las condiciones de la elección de aquella mujer, condiciones particulares. Aparece ahora algo del deseo en el punto en que es según su deseo que él entablo aquella relación que tanta insatisfacción le produce. La culpa se sostiene en tanto no se responsabilice por lo que produjo como sujeto de deseo. Esto mismo refiere, también, al segundo aspecto de la primera escena. En el momento en que aparece la culpa por las preguntas obsesivas sobre los hombres en la vida de Maria se vela la responsabilidad que permitiría situar algo del deseo como deseo del objeto del deseo del Otro en la escena del marido. La culpa indica la insuficiencia del azar para dar cuenta de aquella situación, en la que ese asco aparece resignificado como algún tipo de goce.
Las acciones que toman lugar a lo largo de la novela son consideradas por Juan Pablo como involuntarias, no se reconoce como actor de los avatares de su relación con Maria lo que implica que, como sujeto de deseo, no se hace responsable por el propósito de lo que hace o dice (el efecto de las preguntas ¿me quieres?; ¿lo quieres?) .Las acciones, pensadas retroactivamente, se separan de su sentido inicial, pero Juan Pablo no se implica en esa operación. Esto significa que hay un cierre particular del circuito que excluye la emergencia de una singularidad, de un efecto sujeto en el que Juan Pablo inscriba aquello que fue acción como acto. Decir que no hay, en esta ficción, acto ético implica decir que no hay momento en el que Juan Pablo comience a reconocerse allí donde se le presentaba una acción como ajena. El modo en que responde a la interpelación es a través de la proyección, la culpabilidad del otro lo exime de la responsabilidad. A lo largo de toda la novela se dedica a idear razonamientos yoicos que den cuenta de que es ella quien carga con la culpa de la complicada relación. Supone en Maria el motivo de su inaccesibilidad, en no poder llegar nunca a develar su ser (o falta), cuando es él quien retrocede ante ella. Los razonamientos obsesivos pueden pensarse como producción sintomática si se considera que allí lo que retorna es aquello que coincide con lo reprimido. En este sentido, Juan Pablo fantasea la posible relación de Maria con los hombres de su vida a través de estos pensamientos obsesivos.
Aquel cierre particular del circuito de la responsabilidad no da lugar a la responsabilidad subjetiva, a la inscripción del acto ético. Esto significa que, por mas que en el momento de la interpelación el horizonte de lo particular amenace con flaquear, este termina recomponiéndose en una respuesta particular, se responde desde la moral. Juan Pablo, entonces, elude la puesta en juego de su deseo en el momento en que responde desde las narrativas sobre el amor disponibles a nivel cultural, apelando a los celos y al desengaño en la construcción de sus explicaciones obsesivas sobre su relación con Maria. En este punto Juan Pablo elude la inscripción del acto ético, que solo adviene al quebrar el horizonte de lo dado, suplementándolo.



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