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FACULTAD DE PSICOLOGÍA

Psicología, Ética y Derechos Humanos

Cátedra: 1
Titular: Prof. Adj. Reg. Juan Jorge Fariña
Docentes ayudantes: Lic. Fernando Pérez Ferrreti
Lic. Patricia Gorocito

Alderete Vicenta Yanina LU.: 32.678.008/0 Comisión 2

Gómez Andrea Noemí LU.: 30.314.698/0 Comisión 1

Curso de Verano 2011

Psicología, Ética y Derechos Humanos

En el presente trabajo abordaremos el tema de la responsabilidad subjetiva, las categorías: universal, singular y particular; así como también los factores de necesidad y azar en relación a la responsabilidad. Para nuestro desarrollo tomaremos como referencia el film “El ultimo Samurai” (2003), y a partir de un recorte del mismo realizaremos un análisis poniendo el acento en el personaje central, encarnado por Tom Cruise, el capitán Nathan Algren.
El film hace referencia a un héroe de la guerra civil norteamericana conocido como el capitán Nathan Algren, quién fue contratado por los japoneses para entrenar al ejercito imperial. Nathan es un hombre a la deriva, las batallas que libró en otro tiempo parecen ahora lejanas e inútiles; arriesgó su vida por el honor y por la patria - en Antietam (Maryland) y Gettysburg (Virginia) - pero en los años transcurridos desde la Guerra de Secesión estadounidense, el mundo ha cambiado. El pragmatismo ha reemplazado al valor, el interés personal ha ocupado el lugar del sacrificio y el honor no se encuentra por ninguna parte - especialmente en el Oeste, donde su papel en las campañas contra los indios acabó en desilusión y tristeza. En algún lugar de las implacables llanuras junto a la ribera del río Washita, Algren perdió su alma. En un mundo completamente distinto, otro soldado ve como su modo de vida está a punto de desintegrarse. Es Katsumoto (Ken Watanabe), el último líder de un antiguo linaje de guerreros, los venerados samuráis, que dedicaron sus vidas a servir al emperador y a su país. Del mismo modo que el estilo de vida moderno invadió el Oeste americano, acorralando y condenando a los indios americanos, también acabó con el Japón tradicional. Las líneas telegráficas y los ferrocarriles que llevaron el progreso amenazan ahora los valores y los códigos por los que los samuráis han vivido y han muerto durante siglos. Pero Katsumoto no se irá sin pelear. Los caminos de estos dos guerreros convergen cuando el joven emperador de Japón, cortejado por los intereses norteamericanos que codician el mercado japonés en expansión, contrata a Algren para preparar el primer ejército de reclutas moderno de Japón. Pero cuando los asesores del emperador tratan de erradicar a los samuráis como parte de los preparativos para un gobierno más occidentalizado y favorable al comercio, Algren se encuentra inesperadamente impresionado e influido por sus encuentros con los samuráis, sus fuertes convicciones le recuerdan al hombre que en otro tiempo fue.
Inmerso ahora en un territorio duro y desconocido, con su vida y, tal vez lo que es más importante, su alma pendientes de un hilo, el atormentado soldado norteamericano se encuentra en medio de una violenta y épica lucha entre dos épocas y dos mundos, contando sólo con su sentido del honor para guiarle.
Esta lucha cuyo objetivo era crear una nación moderna y transformar a Japón en un país tradicionalista de samuráis a una potencia industrial y militar, ¿a cambio de qué?, del exterminio de los samuráis. Esto da cuenta del efecto particularista, sumando la pretensión de que un rasgo particular devenga condición universal. El hecho de querer erradicar a los samuráis como parte de los preparativos para un gobierno más occidentalizado y favorable al comercio hace caer en un particularismo.
El capitán Nathan Algren había participado en la batalla contra los aborígenes, por esto había llegado a ser condecorado y muy reconocido por toda la comunidad norteamericana, considerándolo muy valiente y altamente capacitado para este tipo de trabajos. Sin embargo, puede verse como aquello que lo había ubicado en el lugar de héroe frente a los demás despertaba en el remordimiento, arrepentimiento y los más profundos sentimientos de culpa. Esto se debe a que en su lucha contra los aborígenes , él había respondido a la orden de matar en una aldea donde la mayoría de los habitantes eran mujeres, niños y ancianos, a quienes él consideraba de manera consciente que nada tenían que ver con los ataques, eran seres inocentes, excluidos de tal lucha. Este suceso lo llevo a padecer un gran sentimiento de culpa, los recuerdos sobre aquel brutal ataque invadían su mente y buscaba refugiarse en el alcohol para olvidar el profundo dolor que todo esto le generaba.
Aquí puede verse como la responsabilidad del sujeto en este momento, se halla ausente. La aparición del sentimiento de culpa, las constantes imágenes que retornaban en su mente son la marca y el precio de la responsabilidad eludida, reflejando un aparente cierre del circuito de la responsabilidad, mediante la aparición de esta figura de la culpa, teniendo en cuenta que en este punto se trata de la culpa como el reverso de la responsabilidad y no de la culpa como lo estructural del deseo, aquí aun no hay nada de eso. Sin embargo, podrá verse como a lo largo del transcurso del film, este circuito puesto en marcha, a partir de una determinada interpelación lo introducirá como sujeto conduciéndolo al tiempo de la responsabilidad subjetiva.
Con respecto al circuito de la responsabilidad, el mismo está compuesto por un tiempo 1, en donde se realiza una acción determinada en concordancia al universo del discurso en el que el sujeto se encuentra inmerso, y se supone que esta acción se agota en los fines para las que fue realizada. En este primer tiempo podríamos ubicar cuando Algren acepta la propuesta de entrenar al ejército imperial a cambio de una importante suma de dinero y se traslada a Japón para realizar su trabajo. Aquí dedica parte de su tiempo en leer libros que cuentan sobre los samuráis, aludiendo que nada le interesa de ellos sino que lo que quiere es conocer a su enemigo, su forma de luchar, sus tácticas.
Al poco tiempo se le imparte la orden de adelantar el ataque y a pesar de que demuestra a sus superiores que el ejército aún no está preparado, obedece la orden que le imparten.
Todo lo anterior podríamos ubicarlo en el eje de lo particular-moral, entendemos al mismo como aquel que comprende todas aquellas acciones del sujeto entre otros. Esto da cuenta que las acciones que el sujeto lleva a cabo están acordes al universo en el que este se encuentra inmerso, teniendo en cuenta siempre lo que el universo presente consideraba aceptable o no. Algren es ubicado por los demás y por él mismo en el lugar de “militar modelo” que cumple las órdenes de sus superiores llegando a resultados que son óptimos para ellos.
Como Algren había previsto que el ejército imperial fue masacrado por los samuráis y el mismo fue llevado como prisionero al pueblo de ellos. Es a partir de aquí que donde podríamos ubicar el tiempo 2 del circuito de la responsabilidad. En este punto puede verse la aparición de ciertos elementos disonantes que interpelan al capitán haciéndolo emerger como sujeto de la pregunta, como sujeto de la perplejidad.
El primer elemento que aparece como disonante para Algren es el hecho de que habiendo sido derrotado por los samuráis, Katsumoto haya decidido no matarlo y llevarlo como prisionero a su pueblo.
Un segundo elemento disonante aparece cuando Algren se entera que la mujer que curo sus heridas y lo atiende tan amablemente tomándolo como huésped en su hogar, es la esposa de aquel samurai que el mismo había asesinado en el ataque.
En tercer lugar puede ubicarse la forma tan gentil en que Katsumoto se dirige hacia él, a pesar de considerarlo su enemigo, lo cual leva a Algren a preguntarle a este de manera irruptiva: “¿qué es lo que quiere de mi?”. Frente a esta pregunta Katsumoto responde con otra pregunta: “¿qué es lo que quiere usted?”. Es aquí donde podríamos situar el momento en que Algren es llamado a responder sobre su implicación sobre los hechos. En este segundo momento, el sujeto no puede dejar de responder a aquello que lo convoca, que lo interpela. La formulación de esta pregunta por parte de Katsumoto lo lleva al capitán Algren a buscar alguna respuesta que le permita dar lugar a todo aquello que aun no logra comprender y que se le aparece como algo totalmente ajeno al universo en donde él se encontraba hasta el momento. Es así como comienza a conocer más a fondo la filosofía samurai, a compartir largas charlas con Katsumoto, a entrenar con ellos en el uso de la espada, etc. La interpelación permite que se ponga en marcha el circuito de la responsabilidad, un circuito lógico y no cronológico que genera deuda en el sujeto frente a la cual debe responder. Esto permite que se resignifique el tiempo 1, es decir la interpelación a través de la culpa resignifica ligando a los elementos disonantes que se convierten entonces en un tiempo 1.La acción que lleva a cabo el sujeto, en este caso el capitán Algren, en el tiempo 1 no es una acción que se haya realizado por lo que él creía de manera consciente (recibir dinero por comandar un ejército para el exterminio Samurai); sino que fue una acción movida por el deseo, asimismo es a este deseo al que se ve obligado a responder.
La hipótesis clínica se hallaría en la respuesta del capitán Algren frente a los verdaderos motivos que lo llevaron a Japón, puesto que el mismo se pregunta: “¿qué hago yo aquí?”. Podríamos decir que no se dirigió hasta allí para entrenar al ejercito imperial a cambio de una fuerte suma de dinero por sus servicios, sino para recuperar su honor y de esta manera ir mas allá de lo que hasta ese momento había sido: “alguien que mataba cumpliendo ordenes”.
Posteriormente cuando se produce el ataque sorpresivo del ejército imperial sobre el pueblo de Katsumoto, Algren inesperadamente pelea a favor de los samuráis. Aquí situaríamos el tiempo 3 del circuito de la responsabilidad, el de la responsabilidad subjetiva, en donde se produce una respuesta diferenciada del sujeto que causa sorpresa en el mismo. La mirada de Algren que le dirige a Katsumoto una vez finalizada la lucha nos indicaría la aparición de la singularidad del sujeto, que como tal no es premeditada y por eso causa sorpresa en él. Aquí hablaríamos de efecto sujeto, donde la dimensión del acto que destotaliza el universo previo en el que el sujeto se encontraba inmerso exige la universalización, creando un nuevo universo que redirecciona la posición del sujeto conectándolo más con su propio deseo inconsciente. Es así como Algren quien comenzó siendo un prisionero enemigo ha cambiado rotundamente su posición peleando a favor de los samuráis.
Por otra parte, teniendo en cuenta que toda circunstancia humana tiene tres coordenadas para su interpretación: azar, necesidad y responsabilidad podríamos ubicar como azaroso el hecho de que Algren haya sido elegido por los japoneses para entrenar al ejército imperial, así como el hecho de que Katsumoto tome la decisión de perdonarle la vida y llevarlo como prisionero a su pueblo, a pesar de haber asesinado a su cuñado Hirotaro.
La necesidad podría establecerse en el hecho de que Katsumoto obligo al capitán Algren a permanecer todo el invierno en el pueblo.
Todo esto constituyo un campo de determinación externo al sujeto, pero que sin embargo lo desafío a tomar una decisión. Algren no pudo permanecer ajeno a eso y al sentirse interpelado se vio obligado a responder ubicándose en una nueva posición que lo llevo a ese tercer tiempo, el de la responsabilidad subjetiva.
Si tomamos como referencia el caso de Ibietta y hacemos una pequeña comparación con el film analizado, podemos ver como allí también se pone en juego el circuito de la responsabilidad llegando a un tiempo 3.
En el primer tiempo Ibietta decide jugar una broma a aquellos militantes que lo interrogaban sobre el paradero de Ramón Gris. Ante ésto, y luego de ofrecerle su vida a cambio de la de Gris responde: “En el cementerio”. Aquí al igual que el capitán Algren (quien va a luchar por dinero), Ibietta llevó a cabo esta acción bajo un fin determinado creyendo que la misma se agotaría en tal fin. En el segundo tiempo, el de la interpelación y a partir del cual se resignifica este tiempo 1, Ibietta es interpelado por el panadero cuando le cuenta que a Gris lo atraparon y lo mataron en el cementerio, ante lo cuál la reacción de Ibietta fue decir: “¿En el cementerio?”. Recordemos que en el caso de nuestro film Algren es interpelado por la pregunta: “¿Qué es lo que usted quiere?”.En ambos casos los personajes de estas historias son llamados a responder sobre esto que los interpela. Responder a esto implica dar una respuesta sobre su propio deseo ubicándose en relación a él de una manera totalmente diferente al tiempo 1. Da cuenta en ambos casos, como el sujeto se ubica como tal barrido por la castración, es decir, como éste responde a la falta.
En conclusión, se podría plantear que Ibietta se enfrenta a su deseo de vivir, mientras que el capitán Algren se enfrenta a su deseo de reivindicarse y luchar como siempre lo hizo, pero por una causa , a su entender, más noble y válida.

Bibliografía:

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 Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

 Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

 D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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