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Cine y desmentida
por Michalewicz, Alejandro
Título original: Elefante blanco

Pablo Trapero / Argentina / 2012

“El `hospitalito´, fétido mamotreto de más de trece pisos de altura y algo así como sesenta metros de ancho, uno de los mayores signos urbanos de nuestras desidias e indolencias, nuestros odios, nuestros insensatos revanchismos. Y ahí mismo, frente a la avenida Piedrabuena, en el descampado de lo que alguna vez fue una desabrida canchita de fútbol, como una metáfora acabada e inverosímil, se alza una anacrónica estructura de caños y maderas de utilería que simula ser un obrador: es un set de filmación. La industria nacional del cine está filmando una película sobre la miseria. De seguro, el film humedecerá nuestros ojos y motivará sesudas discusiones de sobremesa.”

(Tasín, J., El paco, la historia como fracaso, p.16)

Introducción

Este escrito surge de una pregunta que se me plantea cada vez que salgo de ver en el cine una película que retrata crudamente alguna dolorosa realidad social: ¿cómo puede ser que luego de esto todo siga igual? ¿Cómo puede ser que retornemos a nuestra realidad cotidiana luego de ver “con nuestros propios ojos” el sufrimiento que existe actualmente en alguna lejana o cercana parte del mundo?

Luego de ver “Elefante Blanco” y experimentar una vez más dicha sensación, decidí escribir acerca de esto; para que al menos a la sensación no se la lleve el viento. Reflexionando sobre la situación se me ocurrió que el concepto freudiano de la desmentida podría ser de utilidad para trabajar la cuestión.

Todos los que hayan visto la película en el cine (y también todos los no lo hicieron pero podrían haberlo hecho) son quienes se incluyen en el “nosotros” utilizado retóricamente a lo largo de este escrito.

-“Ahora vamos a tomarnos un whisky”…

…–me profirió un anónimo compañero de fila mientras pasaba por delante mío en su camino hacia las escaleras. Yo había quedado petrificado en mi asiento luego de semejante crudeza; nada que no supiera en realidad, pero lo audiovisual suele impactar de otro modo.

La película de Trapero -oscilando por momentos entre la tragedia y el “documental”- nos ofrece la posibilidad de viajar al corazón de una villa de Buenos Aires, sumergirnos hasta la claustrofobia en sus desgastantes sonidos y sus monótonos colores; experimentar en carne propia la tensión constante de vivir en un lugar semejante, a unos pocos kilómetros de la más moderna sala de cine de esta capital. Las historias retratadas por Trapero –con su cercanía geográfica- nos implican de una manera diferente que películas como “Ciudad de Dios” o “Slumdog millionaire”; sus protagonistas hablan nuestro idioma, comparten muchas de nuestras costumbres, son habitantes de nuestra misma Ciudad. Aún así no nos identificamos completamente con ellos; no podemos imaginarnos sinceramente viviendo una vida como la suya.

Lo que me interesaría desarrollar aquí es acerca del después: ¿qué nos ocurre luego de ver una película así? Exceptuando los casos de quienes salgan del cine decididos a “hacer la revolución” y los de quienes se vayan de la sala pensando que vieron “una de ciencia ficción”, la pregunta podría plantearse en estos términos: ¿cómo hacemos para continuar con nuestras vidas de la misma manera luego de ver y oír que a pocos metros de nuestra casa vive tanta gente en esas condiciones? ¿Cómo hacemos para convivir cotidianamente con el anoticiamiento (uno más) de que hay otros que sufren de esa manera? ¿En que se transforman a la mañana siguiente la indignación, la vergüenza, la angustia o la compasión?

No pretendo plantear que sea demasiada la gente que se desayuna con la realidad de las villas a partir de una película; sólo trato de recortar la situación tomando la experiencia del cine como disparador de emociones y pensamientos que, en mi hipótesis, no pueden simplemente esfumarse.

La desmentida

A partir del concepto de desmentida, Freud plantea que existen circunstancias en las que el yo, para defenderse de una advertencia del mundo exterior sentida como penosa, desmiente las percepciones de la realidad objetiva que lo anotician de ese reclamo (Freud, S.; 1980b, p.205).

Películas como “Elefante blanco” no sólo clausuran la posibilidad de alegar ignorancia respecto a ciertas realidades, también permiten observar la potencia con que opera la desmentida en la multitud de espectadores que suelen conviertirlas en éxitos de taquilla. ¿Podría pensarse que es la operación de la desmentida lo que sostiene la posibilidad de seguir viviendo como parte del sector favorecido de una cultura que, no sólo “deja insatisfecho a un número tan grande de sus miembros” (Freud, S.; 1980a), sino que los condena al sufrimiento de la más profunda miseria?

Ahora bien, ¿qué es lo que se desmiente en estos casos? Y sobre todo ¿por qué se lo desmiente? En busca de analogías que nos permitan pensar el asunto tomaremos nuevamente a Freud, particularmente su descripción del niño que se encuentra atravesando la experiencia de la amenaza de castración: “El yo del niño se encuentra, pues, al servicio de una poderosa exigencia pulsional que está habituado a satisfacer, y es de pronto aterrorizado por una vivencia que le enseña que proseguir con esa satisfacción le traería por resultado un peligro real-objetivo difícil de soportar. Y entonces debe decidirse: reconocer el peligro real, inclinarse ante él y renunciar a la satisfacción pulsional, o desmentir la realidad objetiva e instilarse la creencia de que no hay razón alguna para tener miedo, a fin de perseverar así en la satisfacción.” (Freud, S.; 1980c, p.275) Freud plantea que ante esta situación algunos niños responden simultaneamente con dos reacciones contrapuestas: “Por un lado, rechazan la realidad objetiva con ayuda de ciertos mecanismos y no se dejan prohibir nada; por el otro, y a renglón seguido, reconocen el peligro de la realidad objetiva, asumen la angustia ante él como un síntoma de padecer y luego buscan defenderse de él.” (Freud, S.; 1980c, p.275) No creo que constituya un forzamiento de la teoría tomarla como modelo para pensar la situación en cuestión; hagámoslo, aunque sea, para ver hacia donde nos conduce.

Siguiendo el esquema de Freud, existen situaciones en las cuales el anoticiamiento de un peligro real-objetivo lleva al imperativo de renunciar a determinada satisfacción pulsional. En los casos en que el yo intenta persistir en dicha satisfacción, ello empuja a rechazar la realidad objetiva, es decir, a desmentirla. Retomemos esto y veamos en qué nos orienta para responder las preguntas que habían quedado planteadas: ¿qué es lo que se desmiente en relación a cierta realidad social dolorosa? ¿Por qué se lo desmiente? ¿Cuál sería la satisfacción pulsional que se ve amenazada por el anoticiamiento del profundo padecimiento en que se encuentra sumida una parte importante de la sociedad en la que vivimos?

La decisión de no renunciar

Existe un punto central en esta cuestión que tiene que ver con las relaciones entre la realidad que se ve en la película y la realidad que vive cotidianamente su espectador promedio. En la película se muestran dos “mundos” bien diferenciados, marcándose un claro contraste entre las tomas realizadas dentro de la villa y las que tienen lugar fuera de ella (esto se construye a partir de imágenes, sonidos e incluso de la música utilizada como ambientación). Parecieran compartimentos estancos, mundos paralelos, que sólo se intercomunican a partir de ciertos episodios; se revela constantemente una lógica de adentro-afuera.

Sin embargo, lo que torna “peligroso” el anoticiamiento de la realidad de la villa para quienes viven fuera de ella es, justamente, el no constituir ambas realidades compartimientos estancos; lo amenazante tiene que ver con las interrelaciones que existen entre ambos mundos. Lo “peligroso” para los “incluidos” es el anoticiamiento de que en el actual sistema capitalista, su modo de vida conlleva inevitablemente a la exclusión como la otra cara de la moneda. Ello los amenaza en la persistencia de cierta satisfacción pulsional: la que se obtiene a partir del consumo desmedido de bienes y servicios.

No sólo las fortunas de los mega-millonarios se sustentan en un sistema cuyas reglas -y la distribución de la riqueza que de ellas emerge- condenan a la miseria a gran parte de la población mundial, en un modelo de producción cuya prolongación en el tiempo no puede tener otro destino que la aniquilación del planeta, también el modo de vida del ciudadano “incluido” de cualquier metrópoli occidental debe su existencia a dichas condiciones.

Siguiendo esta lógica, la necesidad de operar la desmentida no se sustentaría en el horror producido por el sufrimiento del otro, lo que empujaría hacia ella tendría que ver con el rechazo a tener que renunciar a la propia satisfacción: ante la imposibilidad de cambiar la forma actual de organización de la sociedad –o más bien ante la decisión de no hacerlo- se desmiente el dolor que ésta produce a buena parte de sus miembros.

Tal vez Trapero haya elegido el título de su película en referencia a todas las realidades que existen aunque no las queramos ver. O, mejor dicho, las que –como un enorme elefante blanco- no podemos dejar de ver pero, aún así, decidimos creer que “no existen”.

Referencias

Freud, S. (1980a) “El porvenir de una ilusión” En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras completas: Sigmund Freud (Vol. 21, pp. 1-55). Buenos Aires: Amorrortu. (Trabajo original publicado en 1927)

Freud, S. (1980b). “Esquema del psicoanálisis”. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras completas: Sigmund Freud (Vol. 23, pp. 133-210). Buenos Aires: Amorrortu. (Trabajo original publicado en 1940)

Freud, S. (1980c) “La escisión del yo en el proceso defensivo”. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras completas: Sigmund Freud (Vol. 23, pp. 271-278). Buenos Aires: Amorrortu. (Trabajo original publicado en 1940)

Tasín, J. (2012) El paco, la historia como fracaso. Buenos Aires: Yotser Libros.


Notas






Comentarios
Mensaje de Fernanda Casaroli  » 4 de noviembre de 2012 » fcasaroli@yahoo.com 
Elefante blanco

Hola a todos, me pregunto a partir del articulo que escribis aludiendo a la desmentida que a mi me suena màs a desinterès que a no percibir la realidad, creo que hay sujetos que leen esa problemàtica absolutamente de manera diferente a lo que vos planteas y con marcada crueldad.Tengo la impresiòn que hay situaciones que solo con la desmentida no se pueden explicar.Es importante plantearnos que alcances tiene ese mecanismo hoy.
Gracias por el articulo.


Mensaje de Florencia Andrea Ugolini  » 28 de octubre de 2012 » florenciaaug@gmail.com 
Elefante blanco

Primeramente, quisiera felicitar al autor del presente artículo por la claridad en su expresión y por traer a este escenario la película elegida para el análisis.
Admito que, al comenzar mi lectura, esperaba encontrarme con el abordaje de algún personaje puntual; y sin embargo me sorprendí gratamente al ver que intenta ser un análisis social del impacto generado por el film y sus posibles efectos.
Lo único que quisiera agregar, aunque creo que de alguna manera ya esta dicho, es que a mi parecer, lo que el "espectador promedio" desmiente es el hecho de que cualquera de nosotros podría ser aquel al que el sistema capitalista se encargó de excluir. Nada más ni nada menos que la Ley Universal de la Castración, ley que la historia se encarga de demostrarnos lo difícil que es asumirla.
Si bien no es posible generalizar, basandomé en el imaginario social podría decirse que el ciudadano jerarquizado en la clase media realiza cierto esfuerzo por diferenciarse de aquello caracterizado como lo diferente, lo menor, lo deshechable. Quizás a veces, en algún momento de la vorágine de nuestra cotidianeidad resconozcamos a quienes duemen en las calles o en las villas como seres humanos, advenga la culpa y/o la lástima; para luego seguir en nuestro mundo. O no, o haya personas como Trapero que, con su arte, denuncia permanentemente las situaciones más degradantes que tiene como consecuencia aceptar y sostener este sistema.
Del otro lado, de este lado, pertenecer da seguridad, genera identidad, establidad. Y, haciendo una forzada transposición de los conceptos freudianos al campo social, podría decirse que roper con este sistema capitalista, donde la moral imperante es la del consumo, sería a mi entender abandonar cierta satisfacción pulsional para sublimarla en otra cosa, en la contrucción de otra realidad, que acepte al ser humano como tal, sin precio, sin valor en tanto objeto, sin que sea medible por su capacidad de consumo.


Mensaje de alejandro michalewicz  » 28 de octubre de 2012 » alemicha@yahoo.com 
Elefante blanco

Muy interesante el aporte de la viñeta de Mafalda licenciada. Muchas gracias!


Mensaje de Tamara García Karo  » 28 de octubre de 2012 » tamigk@hotmail.com 
Elefante blanco

Me resulta interesante el análisis que hace el autor desde la perspectiva de la desmentida.
Recuerdo que cuando salí de ver el film en el cine, la indignación, impotencia y angustia se hicieron presentes. En esos días, estaba leyendo Mafalda de Quino, y me pareció tan actual lo que aparecía en una de las historietas del año ´74. Quisiera compartirla porque me parece que representa lo que el autor nos transmite en su artículo.
Transcribo el diálogo que se produce entre Mafalda y Susanita:

Mafalda: “Hoy en el diario sale una noticia deprimente EN TODO EL MUNDO TRABAJAN 43 MILLONES DE CHICOS EN CONDICIONES DEFICIENTES... ¿te das cuenta?; y es un informe de la organización internacional del trabajo y que se yo! ¡43 Millones de chicos deben trabajar para vivir!”

Susanita: “¿Y? ¿Tenemos nosotros la culpa? ¡NO!- ¿Podemos nosotros solucionar semejante problema? ¡No! Lo único que podemos hacer es indignarnos y decir ¡Qué Barbaridad!

y dice Susanita al aire ¡QUÉ BARBARIDAD!...le dice luego a Mafalda: “Listo. Decí vos también qué barbaridad, así nos despreocupamos de ese asunto y podemos ir a jugar en paz”.

Respuesta similar a la que al autor le profirieron en el cine: "ahora vamos a tomar un whisky", desmentir la realidad, como si nada hubiese sucedido.


Mensaje de Larroca Torres Melina Daniela  » 26 de octubre de 2012 » larrocatorresmelinadaniela@gmail.com  
Elefante blanco

Hola Alejandro, realmente me gusto mucho este articulo, sinceramente no había pensando en la desmentida cuando pude ver el film, pero si se habían despertado en mi las conclusiones en relación al mensaje que nos deja el film. En especial el poder observar de cerca aquellos seres humanos que el sistema deja por fuera, sumiéndolos en la pobreza, utilizándolos como soldados del narcotrafico y a los logra incluir como una atracción cinematográfica que de todas maneras persigue un fin comercial... toda una paradoja.

saludos, Melina.


Mensaje de alejandro michalewicz  » 16 de octubre de 2012 » alemicha@yahoo.com 
Elefante blanco

Estimada Mónica, creo que es eso justamente lo que intenté hacer en el artículo. Lamento no haber sido lo suficientemente claro.

Saludos cordiales,
Alejandro


Mensaje de Mónica Peisajovich  » 16 de octubre de 2012 » mbpeisajovich2@yahoo.com.ar 
Elefante blanco

Estimado Lic Michalewicz:

en primer lugar quiero agradecerle el anàlisis que presenta de un film que tanto habla de diversas problemàticas.
Me gustarìa si pudiera responder a las preguntas que tan valiosamente ud se formula en la primer parte del trabajo y , si fuera posible: relacionarlo con el tema eje de su trabajo: la desmentida.

Un cordial saludo



 

 
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