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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Cátedra I Profesor Regular Titular: Juan Jorge Michel Fariña
Segunda Evaluación

Alumnos:
-  Gargiulo, Verónica Andrea LU: 30035024/0
-  Patti, Pablo Damián LU: 30340919/0
Comisión de Trabajos Prácticos: 5
Docentes a cargo: Prof. Elizabeth Ormart
Prof. Carolina Pesino

Segundo Cuatrimestre 2009
En el presente trabajo intentaremos dar cuenta, a través de cuento “Emma Zunz” de Jorge Luis Borges - contenido en la obra El Aleph - los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad, explicitando la hipótesis clínica respecto de qué responde el sujeto, en términos de responsabilidad subjetiva, centrándonos para ello en el personaje de Emma Zunz. Asimismo incluiremos las categorías de necesidad y azar, culpa y responsabilidad, así como lo universal- singular, la moral de lo particular, y si es posible el acto ético y el efecto particularista.
Datos del cuento
Título: Emma Zunz
Obra: El Aleph
Autor: Jorge Luis Borges
Año de publicación: 1949 (Revisado por el autor en 1974)

Reseña del cuento
El 14 de enero de 1922, Emma Zunz recibió una carta por la que supo que su padre había muerto. Lloró hasta el fin de aquel día el suicidio de Manuel Zunz. Recordó los veraneos en una chacra, trató de recordar a su madre, recordó la casita de Lanús que les remataron, recordó los amarillos losanges de una ventana, recordó el auto de prisión, el oprobio, recordó los anónimos con el suelto sobre “el desfalco del cajero”. Emma cumpliría en abril diecinueve años, trabajaba en la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal; y los hombres le inspiraban aún, un temor casi patológico. Ella sabía desde 1916, que Aarón Loewenthal, antiguo gerente y actual dueño de la fábrica de tejidos había sido el ladrón, había sido el culpable por el hecho que se acusó a su padre. El mismo día que Emma recibió la noticia tramó su plan para hacer justicia y vengar a su padre. Pensó que la etapa final sería menos horrible que la primera. Había en la fábrica rumores de huelga, el día sábado Emma llamó a Loewenthal por teléfono, e insinuó que deseaba comunicarle algo sobre la huelga y prometió pasar por el escritorio al oscurecer. Esa misma tarde fue al puerto, entró a dos o tres bares, vió la rutina y los manejos de las mujeres. Dió al fin con hombres del Nordstjärnan, de Malmö, que zarparía esa noche del dique 3, información que Emma había leído en La Prensa. De uno, muy joven, temió que le inspirara alguna ternura y optó por otro, más bajo que ella y grosero, para que la pureza del horror no fuera mitigada. El hombre la condujo por una escalera a un vestíbulo (en el que había una vidriera con losanges idénticos a los de la casa en Lanús) y después a un pasillo y después a una puerta que se cerró. Mientras sucedían estos hechos graves Emma pensó una vez en el muerto que motivaba el sacrificio, y en ese momento peligró su desesperado propósito. Pensó que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían. Este hombre, sueco o finlandés, fue una herramienta para Emma como ésta lo fue para él, pero ella sirvió para el goce y él para la justicia. El asco y al tristeza la encadenaban, pero Emma lentamente se levantó y procedió a vestirse. Salió sin que la advirtieran y conforme a su plan subió a un Lacroze, que iba al oeste, y eligió el asiento más delantero para que no le vieran la cara. Viajó por diversos barrios y se apeó en una de las bocacalles de Warnes. Aarón Loewenthal, esperaba de pie, junto a la ventana, el informe confidencial de la obrera Zunz. La vió empujar la verja y cruzar el patio sombrío. Los labios de Emma repetían la sentencia que el señor Loewenthal oiría antes de morir. Emma Zunz se había soñado muchas veces, dirigiéndose al firme revólver, forzándolo a confesar la miserable culpa y exponiendo la intrépida estratagema que permitiría a la justicia de Dios triunfar sobre la justicia humana (no por temor, sino por ser un instrumento de la justicia, ella no quería ser castigada) Luego, un solo balazo en mitad del pecho rubricaría la suerte de Loewenthal. Pero las cosas no ocurrieron así. Ante Aarón Loewenthal, más que la urgencia de vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje padecido por ello. No podía no matarlo, después de esa minuciosa deshonra. Sentada frente a Loewenthal, invocó las obligaciones de la lealtad, pronunció algunos nombres, dio a entender otros y logró que Loewenthal saliera a buscar una copa de agua. Cuando éste volvió del comedor, Emma ya había sacado del cajón del escritorio el pesado revólver, cuya existencia nadie ignoraba. Emma apretó el gatillo dos veces. Luego tuvo que hacer fuego otra vez ya que emanaban de la boca de Loewenthal todo tipo de injurias y malas palabras. Emma inició la acusación que tenía preparada: “He vengado a mi padre y no me podrán castigar…”, pero no la acabó, porque el señor Loewenthal ya había muerto. No supo nunca ni alcanzó a comprender. Emma desordenó el diván, desabrochó el saco del cadáver, le quitó los quevedos salpicados y los dejó sobre el fichero. Luego tomó el teléfono y repitió lo que tantas veces repetiría con esas y con otras palabras: Ha ocurrido una cosa increíble…El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga…Abusó de mí, lo maté… Y Borges termina el cuento diciendo: la historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.
Análisis del cuento.
A partir del recorte presentado del texto literario elegido intentaremos ubicar los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad.
Para ello partimos de la idea de que la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. “Es decir, que cuando rigen por completo Necesidad o Azar, o una combinación de ambos, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad. Pero basta que se produzca una vacancia entre ellos, para que la pregunta por la responsabilidad adquiera toda su dimensión” .
Podemos ubicar en el orden de la necesidad, entendida ésta siempre en términos situacionales, la muerte del padre de Emma. Esta categoría se refiere a los sucesos ajenos a la voluntad humana, aquello que rige por fuera de la intervención del sujeto. Si Necesidad establece una conexión entre causas y efectos, Azar desconecta tal relación. Podemos ubicar respecto del azar entonces, la coincidencia de los losanges de una ventana de su casa de infancia en Lanús y del lugar donde llevó a cabo la primera parte de su plan con el marinero.
En el Tiempo 1 el personaje lleva adelante una acción, una conducta orientada por un determinado objetivo y entendiéndose que tal iniciativa se agota en los fines para los cuales fue concebida. Situamos aquí la decisión de Emma Zunz de llevar adelante un plan para hacer justicia, para vengar a su padre.
Asimismo, dentro del circuito de la responsabilidad, podemos ubicar la interpelación subjetiva que implica siempre la dimensión de la culpa. “La interpelación subjetiva es la puesta en marcha del circuito” . Este tiempo 2 es el tiempo de la interpelación, como un llamado que ob-liga al sujeto a responder, liga los elementos disonantes que se convierten en un tiempo 1, es decir que el tiempo 1 es un tiempo resignificado por la interpelación. Entonces, dado el tiempo 2, se funda en su resignificación el tiempo 1, “facilita una respuesta que aunque no es considerada todavía tiempo 3 –aquel de la responsabilidad subjetiva- responde a la interpelación” . El Tiempo 2 es entonces donde el sujeto recibe de la realidad indicadores que lo ponen sobre aviso respecto de que algo anduvo mal. Su acción emprendida en el tiempo 1 fue más allá o más acá de lo esperado. El sujeto se ve interpelado por esos elementos disonantes, algo de esa diferencia le pertenece. Rastreamos aquí dos escenas de interpelación en el cuento:
La primera escena transcurre mientras Emma lleva a cabo la primera parte de su plan. Los hechos con el marinero del Nordstjärnan, le hicieron pensar una vez en su padre, el muerto que motivaba el sacrificio. No pudo no pensar que su padre (a quien quería vengar) le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían.
La segunda escena la ubicamos casi sobre el desenlace del cuento cuando Emma va a ejecutar la etapa final de su plan. Las cosas no ocurrieron como las había previsto. Ante Aarón Loewenthal más que la urgencia por vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje padecido por ello. No podía no matarlo, después de esa minuciosa deshonra. Emma termina matando al señor Loewenthal, pero no del modo que tantas veces había soñado. Luego de los disparos, inició la acusación que tenía preparada, pero no la acabó: “He vengado a mi padre, y nadie me podrá castigar…” porque Loewenthal ya había muerto, nunca supo ni alcanzó a comprender.
La distancia entre Tiempo 1 y Tiempo 2 autoriza la puesta en marcha de una suerte de conjetura o Hipótesis Clínica acerca de aquello de lo cual se espera una respuesta de parte del sujeto.
¿Qué tendrá que ver Emma en el plan que elaboró para vengar a su padre?
La muerte del padre indaga la posición de Emma frente a él, en tanto objeto de amor para su padre. Al momento de la muerte, el secreto, guardado por Emma respecto del robo por el que había sido acusado su padre, se constituye como el resto del vínculo entre ellos.
“Quizá creía que el secreto era un vínculo entre ella y el ausente. Loewenthal no sabía que ella sabía; Emma Zunz derivaba de este hecho ínfimo un sentimiento de poder”.
A su vez, la posición de Emma en relación a su padre, se puede relacionar con la idea de cómo es ser una mujer para un hombre. Podemos pensar aquí una identificación de Emma con su madre, en lo que respecta a ser objeto de amor para su padre. Ello nos podría conducir a la pregunta de Emma ¿qué es ser una mujer?
En el cuento encontramos las siguientes referencias: “Luego, se habló de novios y nadie esperó que Emma hablara. En abril cumpliría diecinueve años, pero los hombres le inspiraban aún, un temor casi patológico…”.
“Dio al final con los hombres del Nordstjärnan. De uno, muy joven, temió que le inspirara alguna ternura y optó por otro, quizá más bajo que ella y grosero, para que la pureza del horror no fuera mitigada”. En esta escena Emma pensó que “su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían”.
A partir de esta escena podemos pensar la siguiente asociación: Padre/Marinero y Madre/Emma. Por consiguiente, la pregunta por la posición femenina podría ser respondida como aquella de la cual se goza/ultraja.
En la construcción de la diferencia de los géneros el par masculino/femenino quedaría ligado, en este caso, a una diferencia de posiciones de poder, de actividad y pasividad. En esta línea el hombre es tal en tanto que somete a la mujer.
En consecuencia, el plan que elabora Emma para hacer justicia, puede configurarse entonces como una venganza hacia los hombres.
El circuito de la responsabilidad consta de tres tiempos lógicos. Habiendo dado cuenta del Tiempo 1 y del Tiempo 2, nos ocuparemos del Tiempo 3. Se trata del tiempo de la responsabilidad subjetiva, que implica el efecto sujeto, pero puede advenir o no. “El efecto sujeto claro está, es también una respuesta a la interpelación, pero ya estamos hablando allí de una dimensión ética. Y eso implica la noción de acto en la que el sujeto se produce. De modo que al hablar de efecto sujeto, estoy hablando del acto en que se produce un sujeto de deseo inconsciente” .
La interpelación exige respuesta. Dentro de las diferentes posibilidades, podemos ubicar, la producción sintomática, “en donde lo que retorna será siempre aquello que coincide con lo que se ha reprimido” , como el modo en que Emma responde a la interpelación subjetiva. La respuesta es particular, no hay singularidad en la vuelta al surco moral porque esta resulta un taponamiento de la dimensión ética.
La acción de Emma no se corresponde con un acto ético. Su posición como instrumento para impartir justicia, la aleja de la posibilidad de implicación. Estamos en el plano de la instrumentalización, en el sentido de un particularismo que no dice nada de su singularidad.
“Luego tomó el teléfono y repitió lo que tantas veces repetiría, con esas y con otras palabras: Ha ocurrido una cosa que es increíble…El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga…Abusó de mí, lo maté…”

Bibliografía
Borges, Jorge Luis: (1974). “Emma Zunz”. En “El Aleph”. Alianza Editorial.
Calligaris, C.: (1987) La seducción totalitaria. En Psyché.
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