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La emergencia subjetiva en el sistema de educación formal

por Oneto, María Guadalupe, Ugolini, Florencia Andrea

Pensar la escuela hoy, implica cuestionarnos en qué medida la misma se constituye en un dispositivo capaz de alojar la singularidad del estudiante, para que el aprendizaje sea posible.

Pablo Usón, director del film “Entre maestros”, nos muestra la experiencia educativa consistente en el armado de un dispositivo paralelo a la escuela secundaria en España, en el año 2013, a fin de lograr encausar algo de esta mirada particular de la educación vía el alojamiento de lo singular, lo propio que cada alumno aporta a las clases, para que el acto educativo advenga.

El Profesor Carlos González fue docente titular a cargo del área de Matemática y Física en nivel medio durante veinticuatro años. Motivado por la propia percepción de sentirse “enjaulado” en el sistema educativo formal y, registrando las dificultades que esto le traía para llegar a sus estudiantes, decide renunciar y comienza a trabajar en el armado de un dispositivo paralelo al sistema del cual formaba parte. Las preguntas:¿Cómo armaría mis propias clases si no hubiera marco institucional al cual responder?, ¿Cómo me vincularía con mis estudiantes en una propuesta diferente?, fueron la brújula de su recorrido que dio como resultado la escritura del libro “Veintitrés maestros de corazón: un salto cuántico en la enseñanza”.

Así, el film problematiza sobre el sistema de educación formal, arrojando luz respecto de ciertas cristalizaciones de sentido que obturan los procesos de enseñanza-aprendizaje. Se contribuye de este modo al debate que se sostiene históricamente desde las diferentes corrientes de pensamiento pedagógico.

Las ideas fundacionales de la Pedagogía Positivista siguen los lineamientos propuestos por Augusto Comte para pensar la ciencia. En este sentido, para esta corriente pedagógica, la educación debe ser medible, cuantificable, observable y predecible; sin aparente lugar para la emergencia de lo singular.

En contraposición, Moacir Gadotti (2003) expresa que el optimismo pedagógico presentado desde el positivismo de principios del siglo XX, no soportó la violencia desplegada en las dos guerras mundiales y fue reemplazada por una posición crítica radical. Generan las bases para la emergencia de la denominada Pedagogía Crítica, el filósofo Louis Althusser y los sociólogos Pierre Bourdieu y Jean Claude Passeron; quienes coincidían en la idea de que la educación formal reproduce las condiciones propias de una sociedad, siendo la escuela un aparato ideológico del Estado y parte activa de la maquinaria propiciadora de violencia simbólica. Es decir, rompen con el ideal de una escuela para todos en un intento de arrojar luz sobre aquello que opera de manera velada: la escuela como reproductora de las ideas dominantes y las divisiones de clases.

La película muestra cómo lo que comienza siendo un escrito literario termina convirtiéndose en material audiovisual. Para ello, se seleccionan a once jóvenes de un total de cien que se presentaron para participar de clases de Matemática y Física que, sin que ellos lo sepan anticipadamente, serían orientadas a lo largo de las clases, por el Principio Socrático “Conócete a ti mismo”. El criterio de selección de los jóvenes participantes se efectuó a partir de la escucha de sus propios discursos; es decir, de poder ubicar allí sus dichos en relación a cómo eran ellos como estudiantes, qué cuestiones sentían que les obstaculizaba el sistema formal, y sobre todo cómo maniobraban con la propia frustración al sentir que tienen que estar obligatoriamente en un dispositivo del que consideran no apropiarse, viviéndolo como algo ajeno e impuesto por otros.

El objetivo del proyecto propuesto por González es, entonces, lograr que en doce días estos jóvenes puedan vivenciar el despertar del propio conocimiento a partir de producir lazos con otros; generando un rol activo en ellos y partiendo de considerar a cada alumno, en tanto sujeto supuesto saber.

Allí, la única vía que encontraron el director y el profesor para que la ficción literaria se encarne en la realidad, fue crear una experiencia educativa que se inicia como un escenario filmográfico pero que, más temprano que tarde, genera efectos en todos y cada uno de los participantes. Las vivencias educativas presentadas en el film nos invitan a hacernos pregunta sobre la posibilidad de pensar una educación sistemática y masiva con estas u otras características, diferentes a las instituidas en la actualidad, que den lugar a la subjetividad de quienes habitan la escuela. Nos preguntamos, además, qué sucede con aquellos sujetos que no logran ser incluidos por alguna de las categorizaciones que suelen instalarse en las instituciones escolares.

Silvina Gvirtz (2007) propone pensar a la educación como el conjunto de fenómenos a través de los cuales una sociedad produce y distribuye saberes con el objeto de que sean apropiados por sus miembros y que luego estos hagan algo con ellos. De este modo se promueve la producción y reproducción del conocimiento propio de una cultura, en un tiempo determinado.

En esta línea, se puede pensar a la educación como un proceso de socialización por sí mismo, un hecho educativo que se gesta con un mínimo de dos personas, siempre a partir de su encuentro, triangulado por el contenido a ser aprendido, el contenido escolar. Pero ¿cuáles son las condiciones necesarias para que dicho encuentro se produzca efectivamente? En principio, es claro que excede la mera coexistencia de un alumno y un profesor en el contexto áulico.

Resulta de particular interés la posición del profesor González a lo largo del film. Es dable pensar que la verdadera oferta del docente no es sólo de contenidos educativos, sino la del marco de su deseo que incluye un vacío para alojar la particularidad del sujeto y desde ahí posibilitar el aprendizaje.

En palabras del Profesor González, fuera del libreto: “Todo mi trabajo en estos doce días es crear un clima en el que cada uno pueda reconocerse diciendo algo que su mente no es capaz de crear por sí sola, sino que viene de su sabiduría interior, y que no ha aprendido y que no repite lo que otro ha dicho [1]. Desde el psicoanálisis nos permitimos agregar que el desafío está en que el estudiante pueda reconocerse no solo diciendo aquello que no sabe que conoce, sino también en los puntos donde es Otro el que habla. Ahí, un campo fértil para preguntar y preguntarse por lo propio.

Por otra parte, siguiendo los lineamientos que plantea Hebe Tizio (2001), se educa en la medida que se consigue que cada sujeto, desde su predisposición a adquirir los contenidos culturales y desde sus propias posibilidades e intereses, logre vincularse con lo social. La educación es un proceso que orienta al sujeto a encontrar un lugar propio. Es por ello que, para que se produzca el proceso educativo, se deben crear las condiciones que posibiliten que cada educando, desde su singularidad, se apropie de dichos contenidos, vía su consentimiento a ser educado.

El sujeto, el alumno, debe de consentir a la oferta educativa, en este caso, la oferta particular que el docente Carlos González les formula a través del dispositivo montado para crear esta experiencia educativa singular; y en función de este consentimiento dirigir una demanda que se tome como tal.

En consonancia con lo expresado hasta el momento, pareciera necesario subrayar que se genera en el espectador una suerte de confusión. Se evidencian en el film momentos en los que se desdibujan los límites entre la ficción y la realidad, entre el personaje del alumno y el sujeto que lo compone, entre el personaje del profesor y el sujeto que aloja la singularidad de quienes están allí produciendo conocimiento, creyendo que actúan. Límites que se borran, quizás, por los mismos efectos que el dispositivo va generando en cada quien; excediendo los personajes que se suponen deben encarnar. Usón nos muestra que, aquello que sucede por fuera del libreto, es lo más interesantes para pensar dichos efectos.

Se trataría entonces de lograr que el trabajo educativo posibilite dar un lugar distinto al que el sujeto convoca, articulando una dialéctica diferente. Para posibilitar esto, es necesario que la relación educativa sea un espacio donde se permita la circulación y regulación de la palabra. Y, como se aprecia en el film, esto tiene sus efectos sobre los sujetos en posición de educandos.

En este sentido, es necesario pensar la oferta educativa como el pivote que posibilita el enlace entre lo singular de cada quien y lo social. Esto implica, para el educador, el esfuerzo de pensar en cada sujeto, desde sus posibilidades, para hacerse cargo del proceso educativo y la recepción tanto de la aceptación como del rechazo o la rebeldía, el enojo o la confrontación que cada propuesta educativa particular genera en cada educando.

Es notable como Usón nos presenta en diferentes escenas la imagen de jóvenes adoctrinados por el pasaje de un sistema con sus propios rituales, esquematizados frente a ellos y totalmente azorados frente a las diferentes propuestas que les acerca el docente. Se evidencian reacciones que oscilan desde el asombro hasta el enojo, dando cuenta este último de las resistencias que se levantan frente a lo novedoso.

Creemos en la importancia de que un cambio en la posición de cada educando se produzca, como condición de que una demanda educativa genuina se genere en ellos. Al respecto, Hebe Tizio (2002) refiere que la oferta educativa que se realice es lo que puede causar una demanda. Una oferta con posibilidades de futuro y de reconocimiento abrirá la posibilidad de realizar un nuevo pacto con lo social. Para ello un cierto cambio de posición en el sujeto debe operarse, debe reencontrar la capacidad de confiar en alguien y de ser reconocido como un sujeto, con márgenes de libertad.

Es entonces, que nos preguntamos por el impacto que produciría en un adolescente, en plena constitución psíquica e identitaria, el hecho de ser ubicado como “aquel que posee un conocimiento” o “aquel que es diferente”, a la luz de la mirada de los diferentes actores institucionales.

Toda categorización, necesariamente, lleva a la exclusión debido a que para formar un conjunto cerrado este tendrá que tener una lógica propia, que no se comparta con otros. Carlos Skliar (2003) considera que la exclusión puede definirse como la muerte a ambos lados de la frontera, como la separación. Es el aniquilamiento del otro; es la negación a vivir la propia cultura, en la propia lengua, en el propio cuerpo, en la propia edad y sexualidad. Esto, que podría ser ubicado en infinidad de escenas en el marco del sistema de educación formal, siendo efectivamente excluido, no haciéndole lugar, se evidencia con un trato particular en el film.

González invita a los jóvenes a pensarse a sí mismos y al vínculo que logran generar o no con otros. Tres escenas son fundamentales para analizar este punto.

La primera. Un joven llamado Paul se siente cuestionado por sus pares a partir de un intercambio de opiniones en relación a la importancia de conocerse a uno mismo para que se produzca el aprendizaje. Mientras todos afirmaban que era esencial; el sostiene que el ser humano es un pedazo de carne que recibe influencias de otros y no hay mayor complejidad que ésta. Reacciona ante esta diferencia desplegando una actitud agresiva que incluye desde insultos hasta arrojar objetos a los otros. Los compañeros muestran reacciones pacíficas frente a esto. Paul desestima el espacio, catalogándolo de inútil, expresando que está perdiendo su tiempo. Se retira de la escena. El docente no interviene en ningún momento, y luego de que el joven se va sostiene el silencio. Luego interviene propiciando la reflexión respecto de lo sucedido. Llegan a la conclusión de que, en parte, lo que moviliza al ser humano es el reconocimiento del otro, sobre todo en los ámbitos en donde se juega el saber. Una compañera solicita permiso para salir un segundo y luego la cámara toma el retorno de ambos al espacio de trabajo. Aunque el espectador percibe la tensión en el cuerpo de Paul, el grupo se muestra sereno y lo reciben a pesar de lo sucedido.

La segunda. Hablando del miedo al cambio, de la supervivencia dentro de diferentes sistemas sociales, y de las expresiones de estallido social expresados en la Plaza Cataluña a partir del movimiento de “Los indignados”, los jóvenes registran que Lucy llora. Se le da la palabra y expresa que le impactó la composición del término “sobre-vivir”. La escena deriva en el relato de la joven respecto de sus intentos de suicidio. Varias clases después, Lucy vuelve a angustiarse y el profesor intenta hablar con ella. La consuela, pero se siente impotente frente a la imposibilidad que presenta la joven de poner en palabras aquello que le estaba sucediendo. Se retira de la escena y le pide a un compañero que vaya a escucharla y a entablar un diálogo en la medida de lo posible. Nada muestra el film de lo que le sucede a Lucy hasta el momento, solo puede verse que conversan. Al día siguiente, movilizada por lo que su par le dijo sin saber lo que a ella le pasaba, puede decir, en el seno de la clase, que los intentos de suicidio fueron motivados por situaciones de abuso intrafamiliar.

La tercera. Dos alumnas hablan mientras el docente explica un contenido teórico y un compañero les pide que hagan silencio. El profesor habilita para que quien requiera conversar algo personal se sienta en la libertad de salir un minuto del espacio de trabajo, de modo tal que, quien quiera atender, pueda hacerlo. La escena deja entrever cómo algunos jóvenes reciben este comentario al modo de un reto. Sin embargo, más tarde, se deja caer el sentido y aquello, que primeramente pareció un llamado de atención, cobra el valor de una invitación a sostener lo propio. Posteriormente, el docente, estando solo, explica que se le arma una pregunta en relación a cómo intervenir en este caso, puesto que no sabe qué es lo que está teniendo lugar en esa conversación y, en consecuencia, qué es lo que cortaría si recayera en el esperable acto de sancionar aquello como falta de respeto.

Escenas donde lo propio de cada quien emerge disruptivamente en el contexto de clase. Situaciones que probablemente tendrían otro cauce si la posición del docente fuera la de obediencia a la planificación anual, al marco institucional, a la propia investidura de poder, por creer que es quien posee el saber -entendiéndolo como total y acabado, estanco-. El sentido, en dichas escenas, se cerraría. La posibilidad de armar una otra demanda en cada sujeto y de producir un movimiento en cada uno de ellos, quedaría obturada.

Por otra parte, para pensar en un cambio de posición del alumno es necesario, en primer lugar, pensarlo en tanto sujeto de la educación, comandado por la causa de su deseo y no por el ideal. Para ir por este camino es necesario que emerja un sujeto deseante que se habilite con sus particularidades al saber y que produzca una demanda: ser educado. Consideramos que este es el punto de partida para pensar una educación posible y habilitadora de cada sujeto. No hay educación si no hay diferencias.

En este sentido, nos valemos del pensamiento de Cristina Corea e Ignacio Lewkowicz (2011) para ahondar las singularidades en situación. El pensamiento se organiza a partir de esquemas lógicos, categorías y saberes ya adquiridos; dando una entidad diferente al acto de pensar, el cual surge cuando lo disponible ya no nos alcanza para abordar la novedad que se presenta.

El saber se agota y frente a esto asumimos dos caminos: la lectura de aquello diverso, con las significaciones disponibles hasta el momento; o la resignificación de la novedad a partir de nuevas categorías construidas como consecuencia de la interpelación que la singularidad en situación efectuó por no poder ser abordada con los saberes previos.

En la primera posición forzamos los saberes, violentando su aplicación y borrando la singularidad en situación, esa subjetividad que emerge y se ahoga por no tener lugar; mientras que en la segunda se abre todo un campo de significación nueva, que permite ampliar el universo de conocimiento y hacer algo distinto a lo que se venía sosteniendo.

Nos preguntamos entonces por qué, para pensar un encuadre de trabajo tan diferente a lo que conocemos, como el que se plantea en el film, hubo que recurrir a espacios por fuera de los dispositivos ofrecidos en el sistema de educación formal. ¿Qué lugar hay para lo novedoso y para la circulación de la palabra de cada sujeto en dicho sistema? ¿Por qué se dificulta tanto sostener un encuadre que propicie el encuentro con el otro, la emergencia de lo singular que cada sujeto porta?

No se trataría entonces de normalizar, acallar, sancionar las diferencias al interior del contexto escolar; a ese otro diferente que desde el discurso social, escolar, médico “debe corregirse” hasta fundir sus características singulares que tanto suelen inquietar. Por el contrario, se trataría de esperarlo en otro lugar, más allá de los diagnósticos o las diferencias que estigmatizan, en el lugar del enigma, en el lugar del interrogante que cuestiona y que nos cuestiona en nuestra función específica como educadores.

Creemos que, para que el verdadero acto educativo advenga, es necesario un dispositivo educativo tal que permita hacer lugar a un vacío que posibilite alojar al sujeto y su particularidad. De este modo, se recupera la dimensión del deseo vía la palabra y su circulación, habilitando el cambio de posición del educando, abriendo espacio para una verdadera demanda educativa por su parte.

Es por ello que, pensar al psicoanálisis en el contexto institucional es posible en tanto y en cuanto se sostenga la posición ética desde la escucha, respetando los principios freudianos de neutralidad y abstinencia. En este sentido, más allá de los dispositivos de intervención específica dentro de las instituciones educativas, consideramos que aquello esencial que puede hacer una diferencia es el deseo y la posición que encarna aquel que recibe a los alumnos. Por lo que, si esta es la posición que orienta su práctica, entonces estará dada una de las condiciones fundamentales para el devenir del aprendizaje.

Tal vez, nuestro desafío actual, como miembros de un departamento de orientación escolar de una institución educativa, consista en continuar sosteniendo el ejercicio de las preguntas y de la interrogación sobre la propia práctica en relación al quehacer docente, evitando la alienación que se genera en toda dinámica institucional.

Bibliografia

Corea, C. y Lewkowicz, I.: “Pedagogía del aburrido. Escuelas destituidas, familias perplejas” Editorial Paidós. Buenos Aires, 2011.

Gadotti, M.: “Historia de las ideas pedagógicas”. Editorial Siglo Veintiuno. Buenos Aires, 2003.

Gvirtz, S.: “La educación ayer, hoy y mañana: El ABC de la Pedagogía”. Aique Grupo Editor. Buenos Aires, 2007.

Lewkowicz, I.: Singularidades codificadas, en “La transmisión de la ética clínica y deontología” Editorial Letra Viva. Buenos Aires, 2008.

Tizio, H. et al.: “Reinventar el vínculo educativo: aportaciones de la Pedagogía Social y del Psicoanálisis”. Editorial Gedisa. Barcelona, 2001.

Tizio, H.: Sobre las instituciones, en Núñez, V. (coord.): “La educación en tiempos de incertidumbre: las apuestas de la Pedagogía Social”. Editorial Gedisa. Barcelona, 2002.

Skliar, C.: “¿Y si el otro no estuviera ahí? Notas para una pedagogía (improbable) de la diferencia”. Editorial Miño y Dávila. Buenos Aires, 2003.

Usón, Pablo: “Entre maestros” en página web https://www.youtube.com/watch?v=wPaQOT4ybw0



NOTAS

[1En el minuto 16:30 del film “Entre Maestros”





COMENTARIOS

Mensaje de Florencia Andrea Ugolini  » 4 de octubre de 2016 » florenciaaug@gmail.com 

Comparto lo expresado en los comentarios anteriores y agradezco el espacio de intercambio. Pensaba mientras los leía que sería interesante abordar la educación no en términos de "lo que falta" sino "de la falta", entendiendo a la primera como un intento de llenar con sentido un sistema obsoleto; mientras que el segundo invitaría a hacer con eso tan propio del sujeto que habita el campo escolar (entiendo que no se reduce solamente a los estudiantes).
Aprender a hacer con la falta es necesario, sobre todo en este sistema escolar que busca flexibilizarse pero con la gran paradoja de continuar sustentado en las bases que vieron nacer a la institución educación. Creo que a pesar de realizarse algunas modificaciones en los marcos regulatorios del sistema educativo en nuestro país, debemos continuar trabajando en pos de comprender que lo más singular de cada sujeto es, efectivamente, aquello con lo que tropieza cada vez, y eso no se posible de convertirlo en una norma para todos. Allí el desafío.



Mensaje de Gustavo Ramallo  » 2 de octubre de 2016 »  

El análisis del film muestra efectivamente como los sistemas educativos modernos tienen como objetivo principal la reproducción. En ningún momento tienen como interés la emergencia de la subjetividad, porque cuando ésta emerge aparece disruptivamente, pues a los docentes les genera cierta incomodidad, debido a que se sale de la currícula diaria. Por lo tanto, los encargados de brindar la educación no están abiertos a generar un “espacio donde se permita la circulación y regulación de la palabra”, ya que esto no solamente tiene efectos en los educandos sino en los educadores. Creo que es necesario que el deseo circule en los educadores para que pueda ser transmitido a los educandos, este espacio, como lo transmiten las autoras del artículo, posibilitará una “demanda educativa”. A mi entender, esta demanda educativa es la que permitirá pensar a la educación con otra lógica, no únicamente con la lógica de la reproducción, sino con una lógica transformadora y liberadora.
Lo que destaco del artículo es que me invitó a pensar. Muy bueno el recorrido que hicieron.



Mensaje de Guadalupe Oneto  » 15 de agosto de 2016 » guadaoneto@hotmail.com 

Elizabeth Ormart acuerdo en que las instituciones educativas tienen un largo recorrido por realizar en relación a poder alojar a cada alumno en su singularidad. Por ejemplo, en la Argentina, con la Ley Nacional de Educación,se fundamentaron las bases para pensar en una educación que tienda a la igualdad y la equidad y por ende a desterrar la tendencia a la homogenización del alumnado.Pero eso no basta, porque aún quedan muchos alumnos que son desalojados y no representado por el actual sistema educativo. La propuesta de un cambio debe partir del deseo de cada uno de los actores institucionales para pensar y mirar desde otro lugar al alumno, alojar sus particularidades y saber hacer con ello. Esta película nos confronta éticamente con ese desafío y nos hace pensar en cómo encausarlo.



Mensaje de Elizabeth Ormart  » 14 de agosto de 2016 »  

Efectivamente, lo instituido tiene un peso enorme en las instituciones educativas que sofoca la emergencia de lo singular. Hacer caminos singulares y dejar espacios para estos recorridos es una tarea que difícilmente pueda ser emprendida en los actuales espacios escolares. La propuesta de instituciones alternativas, en esta película como en Precious, muestran que las instituciones escolares tradicionales no dan respuestas a cientos de niños y brindan estructuras obsoletas a otros tantos. La ética en tanto respeto de lo singular se encuentra interpelada.



Película:Entre maestros

Titulo Original:Entre maestros

Director: Pablo Usón

Año: 2013

Pais: España