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Olvidar... ¿para (no) repetir?

por Perrotti, Natalia

Telón de fondo

En el presente trabajo ofreceremos un análisis de un episodio de la película “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”, dirigida por Michel Gondrya, a raiz del circuito de la responsabilidad. El personaje que tomaremos para nuestro desarrollo es Mary, secretaria de la empresa Lacuna Inc., la cual se dedica al borrado de recuerdos displacenteros de la mente de quienes solicitan sus servicios, mediante un procedimiento innovador creado por el doctor Howard Mierzwiak, quien se encuentra a cargo de la empresa. El procedimiento consiste en que el paciente [1] lleve al consultorio todos los objetos que posea que estén vinculados a los recuerdos que desea borrar; [2] mire cada uno de los objetos y relate un recuerdo que se le asocie; [3] se deshaga de todos esos objetos; y [4] se someta a un procedimiento mediante el cual, durante la noche, mientras duerme en su casa con la ayuda de un sedante, un técnico (Stand) borra los recuerdos siguiendo por computadora un mapa mental que había sido construido previamente, a partir de la información obtenida en el paso [2] del procedimiento descripto anteriormente.

En su primera entrevista con Joel [1], uno de sus pacientes, el doctor Mierzwiak dice con respecto a la novia de aquél: “la señorita no era una mujer feliz y quería empezar de nuevo. Nosotros proporcionamos esa posibilidad.” [2]

El circuito de la responsabilidad

La responsabilidad subjetiva “se configura a partir de la noción de sujeto del inconciente; sujeto no autónomo que, por definición, no es dueño de su voluntad e intención” (Salomone 2006: 118). El recorrido del circuito de la responsabilidad subjetiva, no sigue una lógica cronológica, sino que sigue una lógica de retracción, es decir, vuelve sobre una acción que ha sucedido previamente (Cfr. D’Amore 2006: 152).

Este circuito está constituido por tres tiempos. Un primer tiempo, en el que se desarrolla una acción, una conducta determinada en el supuesto de que su accionar se agota en los fines para los que se llevó a cabo. Este tiempo se caracteriza por la certidumbre. El segundo tiempo se caracteriza por los indicios que el sujeto recibe de la realidad, de que algo no es correcto, de que fue más allá de lo esperado (Cfr. Fariña 1999: 3). En este momento, se quiebra aquella certidumbre que estaba presente en el tiempo uno, tambalea el universo particular, y surge una pregunta acerca de la posición del sujeto frente a sus circunstancias, frente a sus actos. El sujeto se ve interpelado por los elementos disonantes; y es esta interpelación la que lo hace retornar sobre lo anterior produciéndose, así, una resignificación del tiempo uno. La interpelación subjetiva permite la apertura de este circuito. El tercer tiempo es el tiempo de la responsabilidad. El sujeto no es el mismo que en el tiempo uno. Es el sujeto del deseo, que debe poder responder por sus actos.

La palabra responsable proviene del vocablo latino respondere. Responsable es aquella persona de la que se espera una respuesta, la cual tiene que suponer un cambio de posición del sujeto frente a sus circunstancias (Cfr. D’Amore 2006: 146).

Responder por el olvido

La escena seleccionada comienza en la habitación de un hombre llamado Joel que está siendo sometido al procedimiento de borramiento de la memoria. Allí se encuentran Stand y Mary, quienes estaban pasando una noche de diversión y excesos sobre la cama donde se encuentra durmiendo el paciente. Éste no es un dato menor, dado que es allí, en la cama, donde se resuelven los asuntos del amor. Ubicamos aquí el primer tiempo del circuito de la responsabilidad.

Todo se desarrolla como fue planeado, pero en este momento, el azar quiere que ocurra un accidente: el sistema informático que realizaba el procedimiento de borrado de recuerdos advierte a Stand de que algo está fallando. Aquí ubicamos el segundo tiempo que abre el circuito.

Stand se acerca a la computadora e intenta solucionar el inconveniente, pero al darse cuenta de que sus intentos son infructuosos decide llamar por teléfono al Dr. Howard Mierzwiak para solicitarle asistencia. Este último, que se encuentra en su domicilio durmiendo junto a su esposa, comienza a hacerle una serie de preguntas acerca de los momentos previos a que se produjera el error en el sistema. Stand se ve imposibilitado de responder dado que ha decidido pasar una noche de sexo y diversión con Mary y, para ello ha colocado el sistema en piloto automático y sólo se acerca a controlar su funcionamiento cuando recibe la advertencia de la falla. Ante esta situación, el doctor Mierzwiak decide acercarse al domicilio del paciente para solucionar el problema.

Tanto Stand como Mary se apuran para poner en orden el departamento del paciente, vestirse y arreglarse debido a la llegada inminente del doctor Mierzwiak. Mary se muestra especialmente preocupada por las condiciones en que se encuentra y desea evitar dar, ante él, una mala imagen, pero, a pesar de la insistencia de Stand en que Mary abandone el lugar, ella se niega a hacerlo y se muestra decidida a permanecer allí. Al llegar al departamento, el doctor se sorprende ante la presencia de Mary. Stand improvisa una excusa para explicar la situación: la secretaria ha venido a ayudarlo debido a que su compañero se sentía mal y se había retirado. En este momento, Stand decide salir a tomar aire dejando a Mary y al doctor a solas en el lugar.

Mary comienza a hablarle al doctor mostrando su admiración por él mediante elogios hacia su talento y hacia su trabajo. Luego le recita dos citas famosas: la primera, “benditos sean los que no tienen memoria porque de ellos será el paraíso” [3]; la segunda, “qué dichosa es la riqueza sin culpa de Vestal / el olvido del mundo por el mundo olvidado / eterno brillo solar de la mente impecable / cada plegaria aceptada y cada deseo resignado.” [4] Al terminar de recitar la primera frase, el doctor le responde pronunciando el nombre de su autor. A esto ella replica: “quería poder decirle algo que no supiera” [5]. Luego, ella recita la segunda frase y él dice no conocerla, entonces ella le dice: “es de Pope, Pope Alexander” [6], y él la corrige: “Alexander Pope” [7]. Vemos en estas dos situaciones carácter idealizado del médico como alguien que todo lo sabe. Esto cobrará mayor relevancia más adelante, ya que, en este momento, Mary aún desconoce el verdadero alcance de ese saber. El médico sabe no sólo acerca de su disciplina, sino que además conoce los mecanismos del recuerdo y del olvido, y, aún más, conoce aquello que sus pacientes han olvidado de sus propias historias.

Mary deslumbrada ante la figura idealizada de Howard, se abalanza sobre él y lo besa. Howard se muestra sorprendido frente este hecho pero ella se aparta y le confiesa que está enamorada de él desde hace mucho tiempo. Él comienza a hablarle diciéndole que, como ella sabe, está casado y tiene hijos, lo cual impide que entre ellos se desarrolle alguna relación sentimental.

En la siguiente escena se los ve en un breve diálogo, para nosotros inaudible, dado que la cámara los toma desde exterior del departamento. Ambos protagonistas se besan, esta vez, al parecer, de manera consensuada. En este preciso momento, llega al lugar la esposa del doctor, quien sospechando de su salida nocturna lo sigue hasta el domicilio del paciente. En la puerta del edificio se encuentra Stand que, al ver lo que sucedía al interior del departamento y al ver que la esposa del doctor estaba presenciando la escena, toca la bocina de su camioneta para alertar a Mary y al Howard de la situación. Ellos se separan, miran por la ventana y ven a la señora Mierzwiak retirándose en su vehículo. El doctor sale corriendo tras ella y Mary lo sigue. Él intenta explicarle a su esposa que ese no fue el motivo inicial de su presencia en el lugar. Mary lo cubre diciendo que él tiene razón y haciéndose cargo de la situación: “soy una pobre estúpida enamorada como una colegiala” [8]. Al escuchar estas palabras de la boca de Mary, la señora Mierzwiak se dirige a Howard y le dice: “No seas un monstruo, dile la verdad a la chica”. Mary le pregunta a qué se refiere y la señora Mierzwiak le responde: “quédatelo, total ya lo hiciste.” La señora se retira y Mary, desconcertada por sus dichos, interpela a Howard preguntándole a qué se refiere su esposa. Él, sin otra alternativa, le confiesa la verdad: ambos habían tenido un romance previamente y ella había decidido someterse al procedimiento de borramiento de la memoria para olvidar esa relación y comenzar, así, una nueva vida.

A raíz de esto, ella decide revisar los registros de la clínica y buscar los archivos que contienen información sobre su caso. Encuentra una carpeta con algunos papeles y una grabación que no duda en reproducir para escucharla. En esa grabación, Mary se encuentra con su propia voz relatando la historia del romance que había vivido con el médico y hablando acerca de los recuerdos que ya no posee. Al escuchar la grabación, Mary comienza a llorar angustiada.

La angustia constituye una de las figuras de la culpa, característica del segundo tiempo del circuito de la responsabilidad, que da cuenta, además, de la interpelación subjetiva. Vemos cómo a partir de este segundo tiempo se resignifica el primero y ello nos permite conjeturar una hipótesis clínica.

Esa noche, Mary fue al departamento de Joel para pasar una noche de excesos con Stand. Pero la intervención, fuera de todo cálculo, del azar hizo que esa noche resultara ser una noche de revelaciones para ella, quien estuvo allí, no para pasar una noche de diversión con Stand, como había creído inicialmente, sino para (re)encontrarse no sólo con su viejo amor (Howard), sino con su propio sometimiento al proceso de borramiento de la memoria y, por consiguiente, con sus antiguos recuerdos, entonces olvidados.

La huella de lo imborrable

La posibilidad de borrar a voluntad los recuerdos de su memoria ubica al sujeto en una posición de omnipotencia absoluta, ya que si todo se puede olvidar, entonces sería posible realizar cualquier acción. [9]

Ahora bien, ¿cuáles son los alcances y las limitaciones del borramiento de la memoria? Mary se somete al procedimiento para olvidar la relación que tuvo con Howard y comenzar una vida nueva, pero fracasa. Esto que se presenta como fracaso desde el punto de vista de los objetivos de la acción llevada a cabo por el sujeto, aparece como un éxito a nivel de la subjetividad, ya que permite el develamiento de una verdad que no es la verdad de los hechos, sino la verdad del inconciente. El fracaso en el intento de no saber pone al sujeto sobre la pista exacta de lo opuesto: el saber. Pero éste es un saber acerca de algo que emerge como una verdad inconciente, un saber acerca del propio acto, un saber acerca del deseo, una verdad que interroga al sujeto en relación a su ser y a su acto. Un saber que reubica al sujeto en el circuito de la responsabilidad, convocándolo a responder justamente por aquello de lo que quería no saber.

El hecho de no poder recordar lo sucedido impulsa a Mary a la repetición de su historia. Ya Freud decía, en su artículo “Recordar, repetir, reelaborar”, que aquello que no puede ser recordado se repite en acto, “[el sujeto] no lo reproduce como recuerdo, sino como acción; lo repite, sin saber, desde luego, que lo hace" [10]. Por otro lado, el no poder ser recordadas no les quita a las representaciones su eficacia. Mary, mediante el procedimiento, borra de su memoria los recuerdos que no desea conservar, pero no puede deshacerse de la eficacia que ellos tienen de todos modos, y tampoco logra comenzar una nueva vida –objetivo inicial que la condujo a decidir someterse al proceso de borramiento de la memoria- ya que se encuentra compelida, a causa del no-recuerdo, a repetir una y otra vez la historia que quería dejar atrás.

Una nueva vida no es posible sino por la vía del recuerdo, ya que para poder comenzar una nueva vida es necesario recordar aquello que se desea no repetir. No recordar no significa poder desprenderse de la barradura subjetiva: “lo ineliminable es la castración: lo que se juega en cualquier amor serio entre un hombre y una mujer” [11].

Bibliografía

D’Amore, O.: “Responsabilidad subjetiva y culpa” en Salomone, G. & Dominguez, M. E. (2006): La transmisión de la ética: clínica y deontología; Buenos Aires; Letra viva

Dominguez, M. E. (s/f): “La obsesión por borrar… ¿El resplandor del sujeto?”

Fariña, J. (1999): The Truman Show (versión resumida de la clase dictada en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNLZ)

Freud, S. (1914): “Recordar, repetir, reelaborar” en Obras completas; Buenos Aires; Amorrortu Editores

Salomone, G.: “El sujeto dividido y la responsabilidad” en Salomone, G. & Dominguez, M. E. (2006): La transmisión de la ética: clínica y deontología; Buenos Aires; Letra viva



NOTAS

[1Joel decide – a modo de venganza, podríamos decir – borrar los recuerdos de una relación amorosa que tuvo con Clementine, dado que se ha enterado de que ella había hecho lo mismo primero.

[2Cita extraída de la película.

[3Frase de Nietzche en “Más allá del bien y del mal” citada por Mary de su libro Bartlett, un libro de citas. [Dominguez, M. E. (s/f): “La obsesión por borrar… ¿El resplandor del sujeto?”

[4Pope, A.; citado en Dominguez, M. E. (s/f): “La obsesión por borrar… ¿El resplandor del sujeto?”

[5Cita extraída de la película.

[6Idem.

[7Idem.

[8Idem.

[9Cfr. Dominguez, M. E. (s/f): “La obsesión por borrar… ¿El resplandor del sujeto?”

[10Freud, S. (1914): “Recordar, repetir, reelaborar” en Obras completas; Buenos Aires; Amorrortu Editores

[11Dominguez, M. E. (s/f): “La obsesión por borrar… ¿El resplandor del sujeto?”





COMENTARIOS

Mensaje de Agustín Fernández  » 7 de noviembre de 2011 » agustin.fernandez83@gmail.com 

Natalia: muy bueno tu trabajo. En principio, me llevé una sorpresa y me gusta que eso pase. Pasó que primero pensé que era un análisis más de la situación del protagonista (Joel), pero enseguida llevaste el foco de la acción a esos otros personajes no tan secundarios y sus enredos amorosos.

En cuanto al borramiento de huellas, me hiciste acordar por el planteo que hacés, al "Seminario sobre la Carta Robada", de Lacan. Ahí él trata algunos de estos temas y recuerdo que dice en un momento que la memoria con la que trabajamos los psicoanalistas no es la memoria biológica, es decir, traduciéndolo a los términos de la película en su organicismo un poco básico y atrasado(ya que hoy por suerte los planteos son más complejos y más interesantes), los datos guardados en la memoria de la corteza cerebral. No trabajamos con esto sino con el lenguaje como memoria. Podríamos decir, la cadena significante como memoria. Es decir que ya no se trata de un dato inscripto, positivo, sino un significante que se define por oposición (marcado por los tiempos de anticipación y retrosignificación que vos marcás) y que no es propiedad privada de alguien, como pudiera ser: Joel, Stand, Mary, Howard o su esposa.

Creo que podemos acordar en que el dato que fue borrado de Mary, aparece con todos los efectos de su insistencia gracias a la participación de todos estos actores; tal vez, podríamos armar un paralelo con la carta demorada, o en "souffrance", de la que habla Lacan en el seminario que mencioné. A Mary le es revelada la verdad, cuando ese borramiento, ese lugar vacío actuó con su insistencia: -en la elección de un trabajo cercano a Howard, -en el plan de Stand para aprovechar la situación en su propio favor, que lo lleva a arrojarla a los brazos de Howard, en la atracción que siente Mary por ese "saber" que posee el profesor y, finalmente, -en el beso que Howard finalmente consiente. Estos eventos se van concatenando, al ritmo de ese secreto compartido, ya que, por ejemplo, los datos fueron efectivamente eliminados de la memoria de Mary y por lo tanto, ella sola nunca hubiera llegado a saber esos datos, si no fuera porque Howard no pudo dejar de responder en virtud de la información que él sí posee, ni este "encuentro" hubiera ocurrido si no fuera por el plan de Stand o precipitado por la intervención de la esposa de Howard.



Mensaje de Gabriel Guralnik  » 31 de octubre de 2011 » gabriel.guralnik@gmail.com 

Muy buenos el artículo de Natalia y el comentario de Martín. La película está en muchas bases de datos clasificada como "drama". Lo que llama un poco la atención, ya que si bien es lo que se suele llamar (en una clasificación hollywoodense) "drama", tiene también un fuerte componente de ciencia-ficción: una tecnología inexistente para borrar la memoria en forma selectiva.
Por supuesto, no es el componente de ciencia-ficción el que más sobresale, ya que se usa sólo como pretexto para darle sentido a la trama. Pero no deja de ser sugestivo que acompañe a toda una corriente que, desde fines del siglo XX, plantea la posibilidad de alterar aspectos básicos de la subjetividad cambiando los recuerdos y/o las percepciones del entorno. Sin duda hay un componente conductista, pero parece más dominante la confianza en una versión muy primitiva del cognitivismo (la primera metáfora del esquema de Von Neumann).
Hay notables anticipos en el cine de esta temática, como Brainstorm (1980), Death Watch (1983) y Videodrome (1983). Y, por supuesto, Solaris (1972). Pero el tema (que en literatura es muy antiguo, y en filosofía lo es más) retorna simplificado, de la mano de las representaciones sociales asociadas a la Web y a la tecnología multimedia.
En "Eterno resplandor..." hay un planteo ético básico, cuya violación (por parte de Elijah Wood) hará avanzar la trama, ya que es él quien viola la confidencialidad de los datos de Clementina y los manipula para su (fallido) beneficio. En el fondo, el simplismo del esquema tal vez nos obliga a reflexionar sobre la actitud no menos simplista con la que algunas películas juegan, en reemplazo de la complejidad de la dimensión subjetiva. Hay algo de esto en "Dark City", donde, por lo menos, queda claro que con la manipulación de memorias no se consigue desentrañar la subjetividad de los sujetos manipulados. En esto me parece muy acertada la referencia de Natalia al texto de Freud. El comentario de Martín sobre la omnipotencia del sujeto cuya memoria pudiera ser borrada me sugiere, al mismo tiempo, un matiz, ya que el saber-poder sobre la memoria del sujeto lo tiene, en última instancia, el médico. La medicina dispondría, en este escenario, de un saber-poder cuyo dispositivo subyacente habría sido el sueño de muchos estados en la primera mitad del siglo XX (y tal vez aún hoy lo sería).
En referencia al dispositivo que podría emerger de una tecnología (pseudo)médica como la de "Eterno resplandor..." sería tal vez interesante contrastar el texto de Freud citado por Natalia con uno que Freud publicó en la misma época: "Observaciones sobre un amor de transferencia". La película parece cumplir, puntualmente, con todo lo que Freud desaconseja en un proceso de análisis.



Mensaje de Smud Martín  » 26 de octubre de 2011 » msmud@psi.uba.ar 

¡Qué película “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”! Muy interesante el análisis de Natalia, para el cual toma a un personaje aparentemente secundario como Mary, la secretaria de la empresa que quita los recuerdos, los borra, de una empresa que mediante procedimientos “científicos” toca la tecla de delete y chau el pasado.

Es un procedimiento tan eficaz que una vez comenzado no hay vuelta atrás. La lógica es tan sencilla como implacable, si no hay recuerdos, se puede volver a comenzar desde cero. Es el viejo ideal del conductismo de la tábula rasa. Si no hay recuerdos, no debería haber repetición pero algo retorna desde lo real. Es el sujeto que desespera dentro de un sueño que no puede despertar, gritando que se equivocó que por favor paren la máquina, el procedimiento. Prefiere repetir, sufrir antes que le saquen parte de su historia, de sus sentimientos. No es como si fuera una borrachera de una noche, como intenta explicarle el doctor Howard Mierzwiak, es el destronamiento absoluto del sujeto del inconsciente. Es lo que muchos han ansiado tratando de enterrarlo.

Pero el personaje principal, Joel se arrepiente en la momento que está ocurriendo el procedimiento mientras que Mary y Stand bailan sobre la cama desnudándose.
Es muy sugestivo la increíble perversión de estos supuestos técnicos que como lo vimos durante la segunda guerra mundial con por ejemplo Eichmann se escudan en la obediencia para llevar la maquinaria a su máximo brillo, y todo anda tan bien que Stand puede drogarse y tener sexo mientras tanto. Y ¿con quién? Con Mary.

Como escribe Natalia en su texto, existe un circuito de la responsabilidad que si se borra, pierde la lógica de la retroacción, podríamos decir que se “psicotiza” su tiempo, no se la puede responsabilizar por la posición frente a sus circunstancias.

Cuando Mary descubre que ha sido parte del juego del doctor y de una posible decisión que no sabe que ha tomado (porque no la recuerda ni la puede recordar) monta en cólera y decide avisar a todos los pacientes de lo que ha pasado con sus recuerdos.

Y es interesante lo que ocurre en la otra escena, la escena de amor entre Joel y Clementina. Ellos han logrado reencontrarse a pesar de no recordar lo que pasó entre ellos, por un momento, el reencuentro podría ser posible desde un volver a comenzar. Se podría olvidar esa tremenda impulsividad de ella, que al no querer él tener un hijo con ella, decide tirar todo por la borda y empezar sin recuerdos, y también se podría olvidar la temible venganza de él que se presta al mismo procedimiento “borrativo”. Pero reciben una carta de Mary y una cinta cada uno con sus propias voces explicando porque quieren olvidar absolutamente al otro, y ahora lo que parecía un volver a comenzar de cero, se vuelve siniestro, muy cercano al retorno de lo reprimido. No se puede comenzar de cero, parece decir Mary, cuya acción resulta fundamental tanto para ella para los que han realizado la supresión de una parte de su historia. La historia vuelve en esos casetes como retorno de lo reprimido pero de manera siniestra.

Como sostiene Dominguez: en el texto “La obsesión por borrar… ¿El resplandor del sujeto?”: “La posibilidad de borrar a voluntad los recuerdos de su memoria ubica al sujeto en una posición de omnipotencia absoluta, ya que si todo se puede olvidar, entonces sería posible realizar cualquier acción”.

Y para terminar este pequeño comentario, un texto de Natalia Perrotti: “El fracaso en el intento de no saber pone al sujeto sobre la pista exacta de lo opuesto: el saber. Pero éste es un saber acerca de algo que emerge como una verdad inconciente, un saber acerca del propio acto, un saber acerca del deseo, una verdad que interroga al sujeto en relación a su ser y a su acto. Un saber que reubica al sujeto en el circuito de la responsabilidad, convocándolo a responder justamente por aquello de lo que quería no saber”.

Martin Smud



Película:Eterno resplandor de una mente sin recuerdos

Titulo Original:Eternal sunshine of the spotless mind

Director: Michel Gondry

Año: 2004

Pais: Estados Unidos